La «era» Trump

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De lo que hoy somos testigos no es la simple sucesión presidencial en los EEUU; no se trata de un demócrata a ser sustituido por un republicano en un ejercicio de alternancia normal, de Truman por Eisenhower o de Bush por Obama. Se trata -según editorial del prestigioso periódico The New York Times- de toda una nueva era, la «era de Trump», lo que sugiere profundos y trascendentales acontecimientos.

No se trata de un político tradicional que emerge del «establishment» (término este que identifica la estructura de poder y su accionar en EE.UU. y que hoy los partidarios de Trump llaman «el Estado profundo (Deep State)» o más despectivamente, «el pantano (The Swamp)». El «establishment» lo percibe como un extraño, ajeno al funcionamiento normal de la política en EE.UU., el que desde 2016 ha pasado a dominar el Partido Republicano y no al revés, gozando de un mayoritario respaldo de masas como nunca antes se había visto. Cuando en el 2016 compitió por la candidatura presidencial lo hizo frente a 16 precandidatos republicanos y a todos los aventajó. Cuando fue derrotado en el 2020 incitó y exhortó a sus partidarios a desafiar y asaltar el Congreso que sesionaría en el capitolio para ratificar su derrota.

Ha sorteado con todo éxito dos impugnaciones (impeachment) gestadas por los demócratas. Ha enfrentado más de media docena de procesos judiciales por acusaciones de todo tipo (desde relaciones extra-matrimoniales hasta manejo indebido de documentación secreta) y saliendo relativamente libre de polvo y paja de todos ellos. Esto lo afirmo en el sentido de lo que no lo afectó en términos políticos ni electorales, pero sí a nivel histórico. Es el primer presidente de USA condenado por un jurado. Tiene alineada a su lado a la mayor parte de los nueve miembros que integran la Corte Suprema de EE.UU. (tres de ellos designados por él y otros tres conservadores que pueden corresponder con sus intereses). Si bien encuentra reservas y enemigos en importantes sectores de Wall Street (bolsa de valores en la que se expresan las principales tendencias económicas) que lo percibían como una especie de electrón suelto, otros lo respaldan activamente. Incluido el influyente lobby judío-sionista siempre alineado en el pasado con los demócratas. Pero, contrariando a Wall Street, los más poderosos y dinámicos sectores de la economía norteamericana representados hoy mayormente por las principales empresas de tecnología, se alineaban hasta hoy en su favor. Tras las elecciones de noviembre del 2024, Trump y sus partidarios reclamaban una victoria abrumadora, una verdadera «avalancha» (landslide), lo que distaba bastante de la realidad. Ciertamente, ganó por amplio margen a nivel del Colegio Electoral (votación por cada uno de los 50 Estados, donde la mayoría se define por el que gane 270 de los llamados votos electorales) donde se registraron 321 a su favor y 226 en apoyo a Kamala Harris, la candidata de los demócratas y vicepresidenta por entonces, pero (y este es un gran pero) a nivel del voto popular Trump ganaba con el 49.9% seguido por la Harris con un 48.3, esto es una votación popular agudamente escindida.

Es el primer presidente de USA condenado por un jurado. Tiene alineada a su lado a la mayor parte de los nueve miembros que integran la Corte Suprema de EE.UU.

A diferencia de su primer mandato (2016-2020), donde Trump se apoya principalmente en políticos y expertos conectados con el «establishment», esta vez escogería un equipo que muy poco tenía que ver con el «establishment», y sí mucho, muchísimo con su lealtad personal hacia Trump. En su mayoría conectados a la política del Estado de la Florida, empezando por su jefa de gabinete Susie Wiles, pasando por su secretario de Estado Marco Rubio y terminando por su asesor de Seguridad Nacional, Mike Waltz y por la fiscal general, Pamela Bondi. También otras muchas figuras sin credenciales políticas o profesionales previas como Pete Hegseth como secretario de Defensa y Robert F. Kennedy Jr., como secretario de Salud y Servicios Humanos, equipo en su conjunto muy cuestionado por sectores opositores e independientes.

Sus dos grandes temas de campaña habían sido la economía y la inmigración, particularmente atractivos a la mayoría del electorado, enfrentado a una inflación descontrolada, la más alta de los últimos 40 años (la gasolina en un 46% con sus efectos multiplicadores, para un promedio general del 19%) acompañada de agudos déficits en su comercio exterior (exportaba $2.1 trillones -doce ceros- frente a una importación de $3.3 trillones, creando un desbalance monumental) entre cuyos mercados principales se cuentan países como China, México, Canadá, India, Vietnam, Taiwán, Corea del Sur, y la Unión Europea (UE) junto a una «invasión» de inmigrantes ilegales por la frontera sur (México) estimada -según estudios de la BBC- en unos ocho millones. Sus acometidas iniciales se han caracterizado por una oleada masiva de arrestos de inmigrantes ilegales con elevados porcientos de personas con antecedentes penales (para ser regresados por la frontera con México, devueltos en aviones a sus países de origen como ya lo hecho con Guatemala y Colombia, unos treinta mil a ser encarcelados en su Base Naval de Guantánamo hasta tramitar sus regresos a sus países de origen y otros arreglos a ser negociados, principalmente con Venezuela y Colombia).

En el plano económico, su principal y único objetivo hasta ahora ha sido reducir sus déficits comerciales todo lo posible, pero no mediante un incremento de su productividad económica y exportaciones más competitivas o negociaciones o arreglos bilaterales con los países antes mencionados, sino que amenaza, y de hecho comienza, con una guerra comercial  que descansa en lo fundamental en incrementar sustancialmente, de manera unilateral, los aranceles entre un 10% y un 25% a las exportaciones de sus principales socios comerciales, principalmente con China (inicialmente con un 10%) y México y Canadá con un 25% (con la aplicación de una pausa por un mes hasta que estos países tomen medidas restrictivas que reduzcan sus exportaciones a EE.UU. Seguidamente, se ha anunciado la aplicación inmediata de una tarifa adicional del 25% a las importaciones de acero y aluminio, con lo que golpea directamente masivas exportaciones hacia EE.UU. de parte de Canadá, México, Corea del Sur y Brasil, entre otros, con lo que buscan ahorrar unos 50 mil millones de dólares. Las perspectivas de una complejísima guerra comercial con las principales economías del mundo aseguran una desestabilización del comercio mundial en el futuro inmediato. Pero, el objetivo de reducir la inflación se mantiene en veremos ya que no será obra de una varita mágica o un acto volitivo desde la Casa Blanca y es este uno de los temas más sensibles de su campaña. Mientras, continúa como una interrogante sin respuesta la forma en que encaminará sus acciones en esta dirección.

En el plano económico, su principal y único objetivo hasta ahora ha sido reducir sus déficits comerciales todo lo posible, pero no mediante un incremento de su productividad económica

No menos trascendental e impactante en sus primeros pasos de política interna ha sido, en primer lugar, una verdadera vendetta (venganza) en el mejor estilo siciliano contra todas aquellas figuras e instituciones que se le opusieron a sus aspiraciones reeleccionistas en el 2020, empezando por la presidenta de la comisión electoral, pasando por una depuración de figuras en los departamentos de Justicia, Buró Federal de Investigaciones (FBI), Agencia Central de Inteligencia (CIA), mandos militares como los generales Milley, Austin y otros. Esta operación vengativa no es algo a despreciar, pues Trump se enfrenta a una oposición cerrada de 22 gobernadores de Estados (de un total de 50) que se han comprometido a luchar contra todas sus políticas. A esto hay que sumar unos 300 jueces de diferentes niveles (94 de distritos y otros locales) que están, a diario, impugnando y bloqueando la ejecución o puesta en prácticas anunciadas por Trump, incluyendo la supresión de las llamadas «ciudades-santuarios», en las que los inmigrantes ilegales encuentran asilo y ayuda, contrariando abiertamente las acciones anti-inmigrantes que Trump ha puesto en práctica. A ello hay que sumar los complejos mecanismos de votación a nivel de Congreso (compuesto por la Cámara de Representantes y el Senado), en los que Trump sólo se asegura un margen muy estrecho representado por una mayoría de 8 miembros en el Senado (Republicanos 53, Demócratas 45, Independiente 2, que se alinean generalmente con los demócratas, para un total de 100 senadores)) y en la Cámara de Representantes de 220 Republicanos, 215 Demócratas para un total de 435 miembros). Esta es la actual correlación para el 119 período legislativo, estando programadas las próximas elecciones compresionales para el 2026, las que Trump deberá ganar, so pena de perder indispensable control del congreso.

Es incuestionable que uno de los temas más controvertidos de los inicios de «la era Trump», es el papel que este le ha asignado a Elon Musk y, sin discusión, su principal asesor, contra el cual se manifiestan no pocos republicanos aliados del magnate neoyorquino, como el senador Steve Cotton o Steve Bannon. Trump ha convertido —e impuesto contra todas las opiniones— a Musk como el gran auditor a cargo de un departamento nuevo creado para investigar y racionalizar de arriba hacia abajo toda la estructura de secretarías y agencias del gobierno bajo el nombre de Departamento de Eficiencia Gubernamental (siglas en inglés DOGE), apuntando inicialmente hacia el desmantelamiento del departamento de Educación (fundado durante la administración Carter, entre 1976 y 1980) y la Agencia de Ayuda al Desarrollo (USAID, fundada por John F. Kennedy, en 1961). Esto último, así como los anteriores temas ya ha comenzado a desatar no pocos conflictos de intereses, de competencias, de violaciones e intromisiones, que producirán no pocos choques entre la separación de poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial). Es probable que puedan desembocar en nuevos episodios de impugnación (impeachment) contra el presidente o algunos de sus más altos funcionarios. Serán, por seguro, cuatro años de intensas convulsiones internas en los EE.UU.

Sin quedarse atrás por su espectacularidad unilateral, sobresalen sus proyecciones en el campo de la política exterior -cuya prioridad número uno es su hostilidad hacia China en todos los planos -y que, además de la guerra comercial en ciernes, ha incluido acciones tales como sugerir la transformación de Canadá en el Estado # 51 de los Estados Unidos. Como era de esperarse ha encontrado tremendo rechazo del lado canadiense. También ha hablado de arrebatar por las buenas o las malas la isla-gigante de Groenlandia a su propietaria desde el siglo XVIII, Dinamarca. Por supuesto, esta idea ha sido rechazada por el gobierno danés, sus aliados europeos y la mayoría de la población autóctona de dicho territorio. Otra demanda ha consistido en exigirle a los estados europeos miembros de la OTAN que incrementen de un plumazo sus gastos de defensa de un 2% hasta un 5% -en una coyuntura donde la economía de la UE no registra sus mejores momentos- de su PNB (Producto Nacional Bruto), so pena de que EE.UU. abandone sus compromisos defensivos en el marco de dicha organización. Asimismo, prometió durante su campaña electoral liquidar el conflicto entre Ucrania y Rusia en 24 horas y después de un par de semanas de duda ha logrado en estos días sentarse a la mesa de negociaciones directamente con Rusia. Este movimiento ha enfurecido a los líderes europeos, que no atinan, hasta el momento en que se escriben estas líneas, una respuesta coherente. Habrá que ver si las negociaciones con Rusia llegan a buen puerto, pero ya está pactado un encuentro en Arabia Saudita entre los presidentes Trump y Putin a propósito de este y otros temas. Ahora la expectativa está en si invitan a Zelenski por la parte ucraniana o a algún interlocutor europeo y cuáles son los acuerdos. El asunto no pinta bien para Kiev.

Prometió durante su campaña electoral liquidar el conflicto entre Ucrania y Rusia en 24 horas y después de un par de semanas de duda ha logrado en estos días sentarse a la mesa de negociaciones directamente con Rusia.

La lista de lo espectacular en política exterior alcanzó una nueva cima al reclamarle a Panamá el cese de un supuesto control por parte de China sobre el Canal de Panamá, así como la supresión de los aumentos de los costos de tránsito para los barcos civiles y militares de EE.UU. Inicialmente, ¡Trump aludió incluso a la presencia de soldados chinos controlando el canal! Una falsificación total según declaró y reiteró el presidente de Panamá. Y los aumentos del costo de tránsito ha sido un proceso normal e inevitable, en correspondencia con el aumento de los costos de operación de esa vía, así como la del Canal de Suez. Trump subrayó en repetidas ocasiones que EE.UU. se vería precisado a recuperar la propiedad y operaciones del Canal de Panamá (criticando de paso a la administración Carter por haber reconocido la soberanía panameña sobre el canal). El rechazo de Panamá fue no menos enérgico y categórico, encontrando amplia solidaridad y apoyo de parte de toda América Latina y el Caribe. Y una cima de superior altura alcanza Trump cuando proclama que se apropiará de Gaza, desalojará a su población palestina y reconstruirá dicho territorio en una especie de «Riviera» a la francesa y que su control final pase a Israel, mientras los palestinos son «absorbidos» por Egipto y Jordania, desafiando así -una vez más- el ordenamiento internacional existente y la noción misma que respalda la existencia de un Estado palestino.

Para Cuba lo que parece reservarse en el «arsenal» de Trump es completar su guerra económica desatada desde el 2016. Mark Espert, quien fuera Secretario de Defensa con Trump por entonces, anotaba en sus memorias recientemente publicadas, que las tres prioridades de por aquellos años eran: a. Culminar la asfixia económica de Cuba, acosar y presionar al máximo a México por su supuesta responsabilidad con el narcotráfico, y c. Derrocar a Maduro, presidente de Venezuela. Todo parece indicar que, como hemos señalado, son otras las prioridades más señaladas e inmediatas y el enfoque en el tema de Cuba podrá demorarse un poco. Pero ahí estará Marco Rubio para recordarle a su debido tiempo sus tres prioridades del 2016-2020.  No por casualidad hace unos días, el representante cubano-americano por la Florida, Carlos Giménez -colega de Rubio- aseguraba que «lo que le espera a Cuba será de proporciones biblícas».

Para Cuba lo que parece reservarse en el «arsenal» de Trump es completar su guerra económica desatada desde el 2016.

¿Cómo explicar el fenómeno Trump en una sociedad tan institucionalizada, estable, solvente, su separación de poderes y balances entre estos, con todos sus consagrados alardes democráticos? Busco un adjetivo o término en la Real Academia de la Lengua Española y no lo encuentro. Creo que hay que echar mano a lo mejor de la sociología, y de la imaginación para procurar una respuesta atinada. Una profunda crisis de sus valores convencionales, de pérdida de confianza en Washington y lo que esta ha sido simbolizada hasta ahora, de total descrédito en el funcionamiento del «establishment» y de los hacedores de opinión pública y sus medios, todos los cuales apostaron a que Trump no ganaría…y ganó. ¿Qué lleva a una mayoría del electorado a optar por Trump y todavía concederle un respaldo mayoritario? Algo que se conecta con el ascenso en la Europa «democrática» con tendencias y partidos que se caracterizan como de ultraderecha y que requiere un análisis no menos novedoso y complejo que nos pueda acerca a una cabal comprensión de semejantes tendencias. Estas tendencias de derecha hoy en Europa enarbolan una consigna muy parecida a la de Trump. Este tiene como lema el «Hagamos a América grande de nuevo» (Make America Great Again). Hoy las derechas y ultranacionalistas de Europa proclaman «Hagamos a Europa grande de nuevo». Y así lo suscribieron en su singular cumbre sostenida en Madrid hace algunos días atrás bajo los auspicios del partido ultraconservador español VOX.

Para concluir una nota de humor, si me lo permiten. Dos de los mejores humoristas de EE.UU. y Gran Bretaña (Jon Stewart y John Oliver, respectivamente) en un animado diálogo a mediados de febrero discutían acerca de lo que estaba pasando en EE.UU., y «el desafío a todas las normas constitucionales» que se observaba y el británico Oliver sugería que «asistimos al comienzo de la monarquía de Trump» y agregando mejor «al imperio de Trump…».

Humor negro.

4 COMENTARIOS

  1. Si en Cuba surge un partido de «ultraderecha», como suelen llamarle ahora a los partidos (personas) que muestran sentido común, y la inmensa mayoría vota por el en contra del PCC cual seria la explicación, pues aplique lo mismo a EEUU y Europa, cansancio, se llama cansancio de inútiles malgastando los fondos públicos, imponiendo políticas woke, subiendo los impuestos, etc,etc. No hay que buscar mas razones, analice los precios de la vivienda, combustibles, alimentos y encontrara la respuesta. Trump es la respuesta y la única esperanza para millones de americanos hacer America Great Again.

    • TRUMP ES EL DEMAGOGO EN JEFE .FIDEL CASTRO SE QUEDO CHIQUITO.ES UN MISERABLE QUE SE BURLA DE LOS DESVALIDOS .UN DELINCUENTE CONVICTO

  2. Trump es la victoria de la insensatez debido a la inoperancia de lo «sensato». Todas las revoluciones terminan mal, con los pueblos arrepintiéndose amargamente de apoyar a demagogos, cosa que solemos hacer a derecha e izquierda, esto no será diferente.

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Domingo Amuchastegui
Domingo Amuchastegui
Analista político e historiador cubano

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