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En griego antiguo la palabra que se usa para designar al huésped, al invitado, y la palabra que se usa para designar al extranjero, son el mismo término: xénos.
George Steiner
Huésped, invitado, extranjero, forastero, inmigrante… Cuántas palabras que de una forma u otra pudieran encerrar el mismo significado. Pero ante los ojos de la humanidad no lo son. Los fenómenos migratorios se asocian prácticamente al origen mismo del hombre, cuando las condiciones del clima, la necesidad de recursos naturales como el agua, y la obtención de fuentes de alimento más estables se convertían en los principales motivos de cambio.
Con la evolución de la especie humana, el desarrollo, esa búsqueda de bienestar, ha acentuado en cierto grado el concepto de migración, sin renunciar a sus mismas esencias antológicas. Nada, que eso de «lucha tu yuca Taíno» que promueve el trovador Ray Fernández en su canción aplica como filosofía de vida cotidiana.
De ahí que una de las principales variables que promueve el flujo migratorio a nivel global, sea justamente insertarse en un sistema o sociedad que ofrezca mejores oportunidades económicas, entendiendo al empleo como uno de sus principales eslabones.
De hecho, fue ese uno de los móviles que sopesé junto a mi esposa antes de emprender nuestra cruzada migratoria. Esa y la de brindarle un futuro con mejores oportunidades que las que ofrece la Cuba actual a un Licenciado en Periodismo por la Universidad de La Habana y Máster en Marketing Digital, su esposa y nuestro pequeño hijo.
Lo primero que hice al llegar España, alternando con mi trabajo de editor Web en Telesur en el turno de la madrugada, fue pasear a un perro. Luego me recomendaron para iniciar como mozo de almacén en Acierta, una Empresa de Trabajo Temporal (ETT) que no tuvo inconveniente en contratarme pese a la condición de mi residencia como estudiante de postgrado e investigación, que no me permitía trabajar de manera legal las 40 horas semanales establecidas por Ley en España.
A Acierta y a Ricardo, su responsable de Recursos Humanos les agradezco, pese a haber sido declarado cesante y retornado en tres ocasiones en un lapso de poco más de cuatro meses. Justamente ese es uno de los inconvenientes que representa laborar en ese tipo de empresas.
Trabajé el turno de la noche y luego el de la mañana, entre nigerianos, marroquíes, latinoamericanos y españoles en menor medida, literalmente como un «animal». Movíamos jaulas con pallets de alimentos, aseo, bebidas, retractilamos de todo, pasé frío en la sección de productos congelados a 20 grados bajo cero, o bajo los embates del invierno español.
Trabajé el turno de la noche y luego el de la mañana, entre nigerianos, marroquíes, latinoamericanos y españoles en menor medida, literalmente como un «animal».
Tal fue el desgaste físico acumulado en ese tiempo que bajé casi ocho kilogramos de peso. Eso sí, un trabajo digno como muchos otros con matices de obreros, y al cual reitero, le estoy muy agradecido por el hecho de constituir mi primera fuente de ingresos sólida en España.
Conjugada con el salario de becaria de mi esposa, pudimos continuar pagando nuestros másteres, asumir gastos de diversa índole relacionados con nuestra nueva vida, sortear la inflación y hasta ahorrar mínimamente algo cada mes.
En febrero de 2023 apareció la oportunidad de reinventarme en el sector inmobiliario. Desde entonces me desenvuelvo como asesor inmobiliario en Redpiso, una de las empresas más prestigiosas del ramo, con 17 años de experiencia insertada en el mercado español y más de 250 oficinas en diferentes comunidades del país”.
Así se perfila desde mi perspectiva, el «idilio» del inmigrante con el mercado laboral español. En el que juegan además variables como el contexto inflacionario global; la edad como eslabón de mayor o menor atractivo para las empresas a la hora de contratar a personal nuevo, entre otras.
Inmigrantes en España
Según el portal Statista, España recibió en 2023 a 413.940 inmigrantes, para elevar la población residente sin nacionalidad española a unos 6.5 millones de personas, un incremento de aproximadamente un 7% con respecto al 2022.

Profundizando en este indicador, el Ministerio del Interior de la nación ibérica precisó que de esa cifra, 56 852 arribaron de forma irregular, con entrada fuera de los puestos fronterizos habilitados, cifra superior en 25.633 a la de los 12 meses precedentes, y segundo registro más alto de la historia, solo superado por el del 2018, cuando se cuantificaron 64.298.
Justo ahí introducimos la principal interrogante que nos compete: ¿Cómo se comporta el fenómeno de accesibilidad a empleo para los inmigrantes en esta nación?
Como suele suceder en la casi totalidad de los países del mundo la accesibilidad al empleo para los inmigrantes en España se relaciona con diferentes variables, como la situación o status migratorio que se posea, nivel de estudios y área del conocimiento en la que se desenvuelva el individuo, oficios que conozca, comunidad autónoma en la que resida, edad, sexo, barreras idiomática y cultural, y un factor que pudiera considerarse subjetivo, pero no menos importante: el grado de relaciones con el que se cuente.
Reunir más o menos de los mencionados elementos, desemboca en una tendencia que presupone la existencia de un grupo de empleos en los cuales los españoles no se desenvuelven en mayor medida, y que emergen como un nicho dentro del mercado ocupado mayoritariamente por inmigrantes.
A pesar de este panorama previo, la cosa no es cuestión de coser y cantar. Hay requisitos imprescindibles a la hora de emprender la búsqueda de empleo en España bajo el velo de la legalidad: resulta crucial poseer un documento de identidad, en este caso el Documento Nacional de Identidad (DNI) si se llega como ciudadano español, o Número de Identidad de Extranjero (NIE); tener asignado un Número Único de Seguridad Social (NUSS), y poseer una cuenta bancaria a su nombre.
La cosa no es cuestión de coser y cantar. Hay requisitos imprescindibles a la hora de emprender la búsqueda de empleo en España bajo el velo de la legalidad.
Con esos documentos comienza una carrera desenfrenada contra el tiempo en la búsqueda de trabajo, pues emprender un proyecto de vida lejos de su país natal, abandonar «la estabilidad económica» que se poseía, y echar mano de los ahorros acumulados a sangre y fuego durante años en un destino donde el nivel de vida es considerablemente superior al suyo, sin percibir que ese capital se puede reponer en un periodo de tiempo relativamente breve, genera incertidumbre, y añade un émbolo de presión al día a día de cualquier inmigrante.
Este paquete de condicionantes de primerísima urgencia es indispensable para obtener un contrato de trabajo. El vocablo contrato en gran medida se traduce en legalidad y estabilidad, más allá del período de prueba comprendido entre tres y seis meses al cual está sometido cada individuo, en dependencia del segmento o rango profesional al que se pertenezca.

Eso sí, existe un «universo paralelo» dentro del mercado laboral, conocido comúnmente como trabajo en negro. Encierra algunos riesgos, disminuye considerablemente la perseguida estabilidad y posee un flujo mucho mayor de empleados, a la vez que generalmente el pago se produce en efectivo, ante la carencia de un contrato formal, y es perseguido y penado por la Ley en caso de ser descubierta una entidad con trabajadores ilegalmente ejerciendo bajo dicha modalidad.
Sectores como la hostelería y turismo, la construcción, la mecánica, logística, limpieza, los trabajos relacionados con los servicios (repartidores), y las denominadas Empresas de Trabajo Temporal (ETT) son más propensos a tener empleados en negro, y en su mayoría dichas plazas son cubiertas por los necesitadísimos inmigrantes.
Números: ¿En qué lado de la huerta nos toca mayormente cosechar?
Para adentrarnos en este fenómeno del mercado laboral para inmigrantes en el contexto español es prudente analizar algunos datos de su comportamiento en el 2023. Según divulgó el Instituto Nacional de Estadística (INE) la economía española incrementó en dicho lapso a 783 000 nuevos ocupados, en correspondencia con la Encuesta de Población Activa (EPA).
Dicho aumento significó un nuevo récord en materia de generación de empleo anual, y en términos generales habla de un mercado laboral saludable.
A lo que cabe añadir que en el mismo periodo, el número de ocupados aumentó hasta los 21.246.900 trabajadores, con un crecimiento del 3.8%, casi el triple que en 2022.

De la misma manera se redujo el número de trabajadores desempleados en situación de paro en 193 400, para fijar el total en 2 830 600. Alentador el hecho de que, por vez primera en 16 años, ese indicador descendió de los tres millones de parados. Así, la tasa de paro oficial del país en 2023 bajó al 11.7% de la población activa.
En ese bloque indiscutiblemente recaban varios amigos y conocidos que no sin vicisitudes a día de hoy gozan de un empleo que les proporciona cierta estabilidad.
Para Arnay Toledo, ingeniero cibernético cubano, «todo depende mucho de la profesión de la persona, no solo en España; creo que un eslabón muy importante es el grado de cualificación y la profesión que se posea».
Llegó hace 12 años a España y comenzó trabajando en una panadería. Necesitaba trabajar desde el día uno porque carecía de ahorros suficientes como para enfocarse exclusivamente en realizar entrevistas y aplicar a procesos de selección.
«En ese proceso y durante seis meses como panadero rechacé varias ofertas de empresas que me ofrecían proyectos profesionales de seis meses o un año y tenía necesidad de una estabilidad laboral para poder traer en el menor tiempo posible a mi mujer y mi hija que todavía estaban en Cuba.
»Cuando hallé una empresa que me daba ciertas garantías en ese sentido pues acepté ese empleo. Anteriormente en mi currículum aparecía que había trabajado como freelancer para compañías estadounidenses y eso fue una buena carta de presentación verificable».
Arnay considera que el sector de la informática y las telecomunicaciones tiene una ventaja abismal respecto a muchas otras profesiones. «Es complicado para un abogado o un periodista insertarse en el mercado laboral».
Al criterio esgrimido por Arnay da fe el caso de Madelaine Cruz, quien llegó al país en calidad de acompañante de un estudiante de postgrado, y por consiguiente sin permiso alguno para trabajar, un 13 de junio y poco más de un mes después había conseguido empleo tras aplicar a varias empresas. Para poder materializarlo tuvo que previamente matricular una maestría que le permitiera de manera legal insertarse en el mercado laboral español bajo la modalidad de prácticas curriculares, por la cual, durante seis meses, percibió remuneración de becaria —600 euros mensuales por la jornada completa de ocho horas.
Considero justo abrir un paréntesis: muchas empresas prefieren contratar a becarios, pues los costes que estos representan por contribución a la Seguridad Social y al Impuesto sobre la Renta de Personas Físicas (IRPF) es considerablemente menor.
Otro caso es el de Fernando Santi, licenciado en Economía que después de muchos intentos de aplicar a trabajos relacionados con su perfil profesional, recaló en la hostelería en un bar y, después en un restaurante en Madrid, hasta que finalmente tras casi dos años de búsqueda pudo recalar en una empresa de la industria farmacéutica, ejerciendo en el área contable de esta.
Diferente le ha ido al ingeniero químico Layonel Díaz, que no se ha podido insertar en el mercado laboral más allá de en plazas relacionadas con la actividad comercial y ha llegado a estar hasta seis meses desempleado.
Por tanto, a pesar de las estadísticas positivas citadas con anterioridad, la situación del empleo para los inmigrantes en España continúa siendo sumamente difícil, sobre todo tratándose de empleo profesional, y amén de que dicho segmento poblacional representó más del 40% de los nuevos afiliados que tuvo la Seguridad Social en 2023.
A pesar de las estadísticas positivas citadas con anterioridad, la situación del empleo para los inmigrantes en España continúa siendo sumamente difícil.
Los casos son disímiles tanto para mis connacionales como para inmigrantes de otros países, sobre todo quienes se ven limitados, dada la carencia de estudios superiores, a optar por perfiles netamente obreros.
Pese a ello, y según una recopilación realizada por el portal estadístico de la Unión Europea (Eurostat), el 18.9% de la población migrante española nacida fuera de un país del bloque europeo se encuentra en situación de desempleo, indicador superior al 15,4% de los migrantes nacidos en un país europeo, y al 11.6% que poseen los nacidos en la nación ibérica.
En esa situación está Héctor González, graduado de ingeniero en automática en el ISPJAE con experiencia en mecánica automotriz, quien cursó un máster y matriculó una segunda maestría para prolongar su estatus migratorio legal y poder acceder a un empleo, mediante la bolsa de prácticas de la universidad en la que cursa dichos estudios de postgrado. En la actualidad, luego de obtener su residencia por arraigo, se encuentra desempleado y en búsqueda constante de trabajo.
Asimismo, Cristian Álvarez, graduado de Arquitectura, igualmente arribó a España a cursar una maestría presencial en MBA (Máster en Dirección y Administración de Empresas), y quien trabaja «en negro» en una pequeña empresa de proyectos, y en una pequeña compañía comercializadora de servicios, a razón de media jornada en cada una de dichas entidades. Tras dos años en el país y su residencia de estudios vencida, carece de estatus migratorio regularizado, por lo que legalmente le es imposible ser contratado.
Asociado a este panorama, el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones explica en su último informe sobre la inclusión de los migrantes en el mercado laboral, que la población en edad de trabajar nacida en España se ha reducido en más de un millón de personas desde 2022 a la fecha, mientras la nacida en el extranjero ha crecido en casi 4.2 millones.
El propio INE refuerza este criterio y alega que la mitad de los migrantes que arriban al país entre 16 y 64 años lo hace por trabajo.
Para tener una idea mucho más precisa: si los ocupados extranjeros abandonasen de súbito el mercado laboral español, el empleo global dentro de la economía descendería de 21 millones de ocupados hasta los 16.9 millones.
Todos estos datos certifican que en buena medida la población migrante tira con fuerza del mercado laboral español, a tal punto que el incremento de población activa producido en el último lustro se corresponde con la incorporación de este segmento a la fuerza laboral.
Pincelada y acercamiento a la realidad del empleo en Cuba
Con todo lo difícil que es el acceso al mercado laboral en España para los inmigrantes, el salario que se percibe en un hogar por una pareja alcanza para cubrir todo lo que se necesita para vivir, ayudar a la familia en Cuba, planificar alguna actividad en vacaciones y ahorrar un poquito.
Se trata de una realidad que contrasta considerablemente con la de Cuba, en la que según la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), el salario medio mensual al cierre del año 2022 era de unos 4209 pesos, lo cual equivale, según la tasa de cambio informal al momento de escribir estas líneas a 11,69 dólares; y a unos 34 en la prácticamente ficticia tasa oficial.
Ante este panorama y un desorbitado contexto inflacionario el interés por trabajar en la Isla disminuye, ya sea bajo modelos de gestión estatal o en la modalidad de trabajo por cuenta propia.
La propia ONEI reconoció que entre 2020 y 2022 se perdieron en Cuba 231.000 empleos, de ellos 194.689 en el sector privado, para un 84% del total.
Los resultados de la Encuesta Nacional de Empleo (ENE) de 2022 tampoco fueron halagüeños. La fuga de trabajadores de la empresa estatal hacia el sector privado se atribuye en un porcentaje considerable a los bajos salarios percibidos, los cuales no alcanzan para cubrir las necesidades básicas de las familias. Mientras, muchas empresas disponen de plazas para ingenieros y otros profesionales, que no han logrado cubrir por el hecho de que cada vez el éxodo de profesionales es mayor.
Con esos truenos, prácticamente la mitad de toda la fuerza laboral del país se halla formalmente desocupada. La ENE informó que existían entonces en Cuba 9.363,826 personas mayores de 15 años, de las cuales 4.680,928 trabajaban, y a las que se adicionaron otras 84,700 personas en búsqueda de empleo. Dichas cifras sumadas arrojaron una Población Económicamente Activa (PEA), de 4.765,628 de ciudadanos. Aunque la encuesta no lo explicitó, resulta tan claro como alarmante el hecho de que existiesen en Cuba 4.6 millones de personas aptas para trabajar carentes de un empleo formal.
Por si eso no bastara, dicho estudio constató que el 53% de los jóvenes entre 15 y 35 años no trabaja ni estudia, y oficialmente está desocupado.
Este prisma dentro del panorama de empleo en la Isla se perfila como alarmante y riesgoso de cara al futuro. Hablamos de un país con una curva ascendente en materia de envejecimiento poblacional, con indicadores productivos considerablemente deprimidos en los que décadas atrás fueran sus principales renglones económicos; y que precisamente en el afán de mitigar esa crisis dentro del sector productivo-industrial, tuvo que apelar a la exportación de bienes y servicios, y al turismo como «válvulas de oxígeno» emergentes.
A eso le añadimos un éxodo creciente del segmento poblacional económicamente activo, con un porcentaje considerable de profesionales, lo cual viene aparejado del notorio desinterés por acceder a empleos formales o vinculados al sector y la empresa estatal socialista.
Si a esto le adicionamos que el modelo de gestión privado todavía es mirado con cierto recelo y no acaba de despegar como una alternativa sólida para la economía, estaríamos hablando de una posible acentuación de los niveles de desocupación en el país, de disminución de la fuerza laboral, y por consiguiente del empobrecimiento de esa fuerza crucial en la urgencia de reactivar la economía nacional.
En conclusión, intentar acceder a empleo en España, o cualquier otro país ahora mismo, resulta mucho más gratificante o motivador que hacerlo inmerso en el gris panorama cubano, y no parece que eso vaya a cambiar en el corto o mediano plazo.


Excelente artículo!
Creo que ahora en muchas Mypimes la gente está ganando mucho dinero. Esto lo puedes ver en restaurantes, en personas que pueden costearse alquileres mensuales en Varadero y Santa Marta de 100 y hasta 150 USD, etc. Estoy de acuerdo en que el futuro es sombrío pero conozco a varios que viven en EU y tienen negocios en Cuba. Otros que van a hacer dinero y regresan a comprar aquí una casa, etc. Hay muchos países que viven de las remesas del exterior e incluso el caso de México el país históricamente con más inmigrantes en EU que las cifras comienzan a ser favorables para el regreso de los inmigrantes. Saludos Caridad
Me ha encantado el articulo ,un verdadero periodismo de investigacion, apegado a la verdad, además de tocar tema muy intresante, sobre todo porque esta relacionado con una de las cuestiones mas sensibles e importante para los inmigrantes, el empleo, para mi de lo mejorcito que he leido en este portal. saludos