Eduardo Sosa, más allá del horizonte

No por esperada, la noticia de la muerte de Eduardo Sosa deja de sobrecogerme. No fuimos amigos cercanos, éramos buenos conocidos. Artista talentoso y joven periodista echa´o pa´lante. Sin embargo, en cada evento cultural que coincidimos retomábamos las conversaciones muy rápido por una sencilla razón: éramos orgullosamente orientales. Él santiaguero, yo guantanamero. Y nos encantaba hablar «oriental».  

Lo he dicho en otro lugar. Además de sus muchas virtudes artísticas, es uno de los pocos orientales con gran visibilidad en los medios de comunicación que siempre ha llevado con orgullo su identidad a través del lenguaje. Puede parecer un detalle menor, pero permanecer en La Habana durante tantos años y seguir siendo oriental—mantener su forma de hablar, saludar con el «nagüe», conservar el canta’o— dice mucho de un cubano que ha convertido su lugar de origen y su cultura regional en un emblema. Siempre admiré eso en él. Ahora que ya no está, quiero dejarlo claro: lo agradezco muchísimo.

Otros versarán sobre su obra musical, a mí me gustaría recordarlo como un trovador que no cambiaba de actitud por la fama o el reconocimiento que le era dado. Compartía con el novel muchacho que le pedía consejo apenado en un festival y después miraba como aprendiz a Pancho Amat en primera fila. Eduardo era siempre de la misma forma, agradable, campechano, pero también podía ponerse muy serio. Se le notaba al momento cuando su rostro se contraía. Sus ojos se achinaban detrás de los espejuelos.

No obstante, era el músico que siempre querías en una descarga. Muy versátil, podía interpretar una balada suave para capturar a un público no muy sofisticado, o pasar a un son montuno en el próximo tema y ahí hasta donde quisiera. Llegó a dominar esa dramaturgia de forma magistral. Llevaba al público a disfrutar de una oferta musical de alto nivel y con una propuesta muy variada. Lo mismo Manuel Corona que Fito Páez, Matamoros que Pablo Milanés y, por supuesto, sus propios temas. Los suyos no eran menores. Era en esos momentos donde se podía apreciar su vocación de educador musical, de lo que se había graduado.   

Me gustaría llamar la atención sobre el timbre de Eduardo Sosa. Era extremadamente afinado, de los mejores que vi en Cuba, no digo nada nuevo, pero también tenía una virtud que es rara para los estándares de la trova contemporánea. Tenía también timbre de sonero. Hay en Youtube un video en el que interpreta a dúo el clásico de la trova espirituana «Pensamiento» con El Indio Sixto Llorente. Es una joya. Ahí se puede apreciar a dos soneros trovando de lo lindo, en su salsa.

Algunos le criticarán que siempre fue fiel al gobierno cubano. Cada cual sabe lo suyo. Yo vi a Eduardo Sosa criticar muy duro lo mal hecho en varios espacios, pero siempre se podía contar con él, hubiera dinero y recursos o no. Todo el mundo tiene su causa, sus maneras diversas de acompañar. Creyó en la Revolución Cubana. A su manera, con sus luces y sus manchas, y aunque quizás uno no lo compartiera, podía entenderlo si se le conocía un poco. Era y nunca dejó de ser un guajiro de Tumba 7, II Frente, Santiago de Cuba. Y los guajiros somos tercos…y fieles. Bien lo sé.

Eduardo Sosa no era perfecto. La vida de músico y de trovador puede parecer, a veces, una eterna fiesta, pero tiene un alto costo. Este ha sido el caso. Sosa ha muerto el mismo día que Santiago Feliú 11 años después.

Sosa se fue al otro mundo después de brindar su arte más puro a los guajiros de los montes guantanameros como parte de la Cruzada Teatral Guantánamo-Baracoa. Se fue después de cantar en short y pullover para familias que lo perdieron todo hace unos meses y que disfrutaron, me cuentan, de lo lindo con su música. Sosa no tenía que haberse ido ahora. Era demasiado pronto para toda la música que le quedaba, pero no puedo imaginar una manera más poética de morir para un trovador.

Eduardo Sosa se fue como un gran artista. Cubano entero. Admirado por tirios y troyanos. Con una voz que tardará en olvidarse, si alguna vez eso fuera posible.

Yo no podré.

Saluda al Blado, compay.  

5 COMENTARIOS

  1. Bello homenaje, coincido plenamente con tus argumentos. Con sus luces y sombras, Eduardo Sosa será por siempre un imprescindible de la música cubana. EPD.

  2. Muy bonita reseña de algunos aspectos de la vida y obra de Eduardo Sosa, a mí me gustaba mucho su trabajo, una voz muy melodiosa, todo él
    irradiaba sencillez y bondad, mi mas sentido pésame a todos los cubanos que lo admirábamos, a su familia y a sus amigos, lo recordaremos siempre, descansa en paz.

  3. En la cruzada tanto estudiantes como campesinos disfrutaron d su música embelesado y acompañándolo a coro, viajé con él al lado en la guagua q nos trasladó d Palenque a Gtmo, venía conversando , creo x eso me impactó tanto q pasado no creo más d dos horas cayera en ese estado, pero me enorgullece la atención q se le prestó, medica humana d todas partes le enviaron sus bendiciones y energías, nunca estuvo solo acompañaba el amor respeto y admiración d millones de personas como le ocurre a los grandes. Vuela alto Eduardo Sosa tu música siempre sonará

  4. Gran perdida para la cultura cubana, hijo insigne de nuestro Santiago, la trova y la cubanidad le corrían por la sangre. Patriota.
    Cuántas canciones no estarían por ahí todavía por cantar o escribir. Música de verdad. Tuve la oportunidad en la Universidad de compartir con él el viaje de regreso a Santiago después de participar ambos en un Festival de aficionados de la FEU, todo música el viaje, todo trova. Ay Compay, cuánto nos faltó por disfrutar tu arte, tu voz. Sigue cantando con el alma donde quiera que estés.🇨🇺😔

  5. Saludos. Lo has descrito muy bien , sobre todo su parte humana increíble, nunca se le subió la fama, siempre compartía con la gente como si los conociera de siempre. El si era sercano a mí aunque prácticamente no nos veíamos , pero cuando eso pasaba me abrazaba toscamente pero con mucho cariño como lo hacen los orientales y después del abrazo venía un apretón de manos y de su boca salían las palabras de siempre «como anda la cosa COMPAY».

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Darío Alejandro Escobar
Darío Alejandro Escobar
Licenciado en Periodismo. Tallerista de la Fundación Gabo 2017. Premio R.M.V. de Periodismo Cultural (2017 y 2022). Fue director de la revista Somos Jóvenes. Ha publicado en revistas como Anfibia y The Clinic. Especialista en Comunicación Estratégica

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