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En estos días tanto perfiles en redes sociales, como influencers y medios han celebrado las acciones militares realizadas por Estados Unidos para capturar al presidente Nicolás Maduro, en las cuáles perdieron la vida 32 cubanos del equipo de seguridad de la presidencia venezolana. Estas celebraciones han estado acompañadas de peticiones de invasión para la Isla, sin importar las consecuencias humanas que podrían provocar.
Amén de la posición que se tenga en el conflicto político de Estados Unidos, Cuba y Venezuela, esta posición compartida por varios cubanos da alarma de un problema base que desde La Joven Cuba hemos venido alertando.
La deshumanización del «otro» es una manifestación de extremismo político, y una de sus consecuencias más nefastas. Este último, cuya esencia es la aniquilación del contrario desde presupuestos ajenos a la razón práctica, sigue escribiendo algunos de los capítulos más tristes de la historia humana. Y su expresión en el ámbito político local coloca tensiones a la conformación de un proyecto nacional de justicia, igualdad y derechos.
Para el extremismo existen condiciones psicológicas, culturales, históricas y políticas que lo amplifican, al tiempo que se relaciona con otros procesos como como la desdemocratización, el dogmatismo, y el fundamentalismo. La polarización afectiva, que genera hostilidad, desconfianza y odio basado en emociones, no en ideas, es el caldo de cultivo para la deshumanización.
Aunque a simple vista pudiera parecerlo, la deshumanización no es un fenómeno espontáneo, sino un proceso gradual —muchas veces promovido desde plataformas comunicacionales extremistas y anexas a intereses coloniales o de dominación— que prepara el terreno psicológico, social y político para la violencia masiva. Se trata de negar la humanidad completa de un grupo de personas, despojándolas de cualquier derecho, para convertirlas en algo inferior, peligroso, que debe ser aniquilado.
La deshumanización rara vez es el primer paso, sino parte de una escalada, a veces se queda solo en insultos o actos de repudio, pero sus últimos peldaños pueden llegar a holocaustos y genocidios.
Primero, ocurre una deshumanización lingüística y simbólica. Se emplea un lenguaje tóxico que animaliza o patologiza. En el caso cubano «gusanos», «carneros», «clarias», que deben ser «erradicadas» para «sanear» el cuerpo social. Ocurre también una desensibilización. La repetición del lenguaje deshumanizante en medios, discursos políticos y propaganda banaliza o justifica el odio. Al final, la violencia verbal termina normalizando la violencia física.
El «nosotros» vs. «ellos», que separa la sociedad en grupos homogéneos, niega las individualidades de cada uno de los integrantes de ese grupo, y los convierte en números, daños colaterales, pasos para alcanzar un objetivo. Así se borra el sufrimiento, las historias personales que pueden llevar a cada uno a donde está.
Es más fácil torturar, deportar o matar a un «gusano» o a una «claria» que a un vecino con nombre, historia y familia. Las normas que protegen la vida humana no aplican a lo «no humano», por eso la deshumanización sirve para superar inhibiciones morales y sociales. Por ejemplo, cuando se culpa a la víctima de ser una «amenaza», su aniquilación se enmarca como legítima defensa o una medida necesaria, no como un crimen.
Este mecanismo, no solo despoja a la víctima de humanidad, sino también corrompe al perpetrador y a la sociedad. Permite que funcionarios, soldados y ciudadanos comunes participen en el proceso (haciendo listas, administrando cuerpos de represión) sin sentir culpa por eso, sino como «técnicos» que administran o eliminan un «problema».
La solución a esta problemática no sólo es ética, de conciencia individual y colectiva, sino estructural y cívica. La respuesta al extremismo, que incluye la deshumanización, es construir instituciones y hábitos democráticos. Cultura cívica, información veraz, redes humanas cooperativas, participación, inclusión, equilibrio mediático, estado de derecho, diálogo, reconocimiento del otro, desarrollo democrático, reconciliación. Es un camino colectivo e institucional para (re)construir estructuras de convivencia y defender la humanidad, incluso del adversario.
Nuestra investigación «¿Cómo contrarestar el extremismo político en Cuba? Guía ciudadana para el cambio y autocuidado» ofrece una visión sobre el asunto, que contribuye a aunar fuerzas en la búsqueda de alternativas para poner límites a las manifestaciones y potencialidades del extremismo, fenómeno que atenta contra la posibilidad de encontrar un orden social que viabilice un proyecto de justicia, derecho y soberanía. Igualmente da herramientas para empoderar al ciudadano de a pie y fomentar una cultura política más sana y democrática.
El extremismo es un asunto más complejo y multifactorial de lo que habitualmente parece. No debe verse sólo como interpretación de y conducta ante la realidad, sino como ropaje de proyectos políticos que, en esencia, discriminan, excluyen, y niegan derechos.
La defensa de la humanidad compartida, incluso y especialmente, de aquellos con quienes discrepamos, es la primera trinchera contra la barbarie.


Es un ejercicio de expresion que fue orientada desde las escuelas revolucionarias, odiar y desumanizar, aniquilar la reputacion del contrario. No o creen ustedes que es casualidad de la vida?
No es acaso síntoma máximo de “extremismo político” cuando el Partido Comunista de Cuba y esa elite que lo domina se declara a sí mismo, y desde la constitución del país para ser más excluyente, definiéndose a sí mismo como UNICO Y PLENIPOTENCIARIO, excluyendo cualquier otro pensamiento valido de todos los cubanos. Entonces si ustedes están de acuerdo con esto, el primer paso para superar esa “interpretación de y conducta ante la realidad, sino como ropaje de proyectos políticos que, en esencia, discriminan, excluyen, y niegan derechos.” es restaurar la pluralidad y el reconocimiento de ideas diferentes igualmente validas, pero pasando a dar pasos concretos sin tantos debates teóricos y escaramuzas políticas para dejar todo como esta. En ese nuevo pacto social que ha de lograrse derivado del continuado fracaso político-económico y social de la Continuidad y lo que ellos representan, entonces coincido con su conclusión en cuanto a que “La respuesta al extremismo, que incluye la deshumanización, es construir instituciones y hábitos democráticos. Cultura cívica, información veraz, redes humanas cooperativas, participación, inclusión, equilibrio mediático, estado de derecho, diálogo, reconocimiento del otro, desarrollo democrático, reconciliación.”.
NADA de esto es lo que veo en el horizonte de acción de los que os gobiernan, atrincheramiento y extremar la polarización, una entrada del presidente cubano asegurando “Quienes culpan a la Revolución de las severas carencias económicas que padecemos, deberían callar por vergüenza.”, no matiza en nada, y para la mayoría de los Cubanos que hoy sufren de una crisis económica y social que se acrecienta, la vergüenza compartida del equipo de gobierno de La Continuidad por sus fracasos reiterados en política económica y social que han hundido el país a prácticamente la bancarrota económica actual.