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Desde el 21 de agosto del presente año Estados Unidos comenzó un despliegue de fuerzas navales y aéreas —a las que posteriormente se han añadido unas pocas unidades navales del Reino Unido y Francia— a lo largo de las costas caribeñas de Venezuela. Esta acción de EEUU descansa en que supuestamente Nicolás Maduro está frente a un narco-Estado culpable de grandes operaciones de narco-tráfico hacia Norteamérica y Europa.
Las fuerzas navales desplegadas incluyen destructores, anfibios para desembarcos, portahelicópteros y un portaviones, además de haberse colocado dos escuadrillas de aviones F-35 en territorio de Trinidad-Tobago, el más próximo al territorio oriental venezolano.
Desde el inicio de la operación militar, el país sudamericano respondió con una movilización de fuerzas y medios a lo largo de sus costas y del curso de sus mayores ríos, el Orinoco en primer lugar, que desembocan en el Caribe y el Atlántico.
Con este enfrentamiento se configura una situación de crisis mayúscula cuyo explosivo desenlace sigue dando lugar hasta hoy a toda suerte de especulaciones y vaticinios. En los primeros días todo el mundo estaba a la expectativa, pero al terminarse agosto las especulaciones comenzaron a enfriarse. No obstante, sigue sin poder explicarse a ciencia cierta cuál es la finalidad última de una operación tan aparatosa y costosa.
Antes de examinar las justificaciones y los posibles escenarios debo aclarar algo importante. A la memoria de muchos viene el recuerdo de la operación militar lanzada por EEUU contra el régimen de Noriega en Panamá y contra el cual se lanzaron varias decenas de miles de marines[1]. Salvo los argumentos (narcotráfico y todo lo demás), no proceden otros niveles de comparación pues Panamá no puede igualarse con Venezuela en términos de proporciones territoriales, demográficas, ni de fuerzas militares, importancia económica ni eventuales niveles de resistencia y pérdidas humanas.
En Panamá, se trataba de capturar a un hombre en particular (Noriega), en Venezuela se trata de un grupo de dirigentes sustentados en un amplio movimiento político. Las proporciones de un choque en Venezuela serían incomparablemente superiores en todos los aspectos, tanto en el número de fuerzas a enfrentarse como en la escala del teatro de operaciones, por lo tanto, tampoco pueden igualarse sus resultados finales.
Las justificaciones
Las principales justificaciones que ha dado EEUU para semejante operación descansan en que Venezuela supuestamente se ha convertido en un gran narco-Estado terrorista, que exporta cantidades enormes de narcóticos a EEUU y Europa por medio de organizaciones como El Cártel de los Soles y El Tren de Aragua, y que los responsables de todo esto son el presidente Maduro y demás dirigentes chavistas. ¿Qué hay realmente detrás de esto? Destaquemos algunos elementos claves para una mejor comprensión:
El uso del territorio venezolano como vía de tránsito por parte de los narcotraficantes colombianos se intensifica hacia fines de los 80 y comienzos de los 90 (no había chavismo por estos años). Como camino se empleaba el gran río Orinoco y su desembocadura en el Atlántico para envío menores hacia el mercado europeo.
Hacia comienzos de los 90 se inician otras vías, directamente desde los aeropuertos y puertos del caribe venezolano. Por entonces, un par de generales de la Guardia Nacional (policía militarizada) son acusados y sancionados. Algunos llamaron a esta operación «cártel bolivariano». Las cantidades involucradas eran incomparablemente menores a los flujos desde Colombia o México.
Hacia el 2004, medios opositores reactualizan el tema de un cártel (llamado de los Soles en alusión a las insignias de los generales) que, según esta narrativa, opera bajo la dirección de Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y otros dirigentes chavistas.
En un contexto de más polarización en torno al tema venezolano, una crisis reputacional del chavismo —luego de los señalamientos de fraude electoral—, y con un secretario de Estado en EEUU (Marco Rubio) con múltiples compromisos con el lobby cubanoamericano marcadamente antichavista, la administración Trump retoma el tema y lo agiganta a niveles insospechados: emplearlo hoy para justificar su despliegue de fuerzas y amenaza de intervención directa.
En este análisis se hacen imprescindibles un par de observaciones: Primero, el gobierno venezolano y la alta oficialidad no están integrados por «santos varones inmaculados». Ya desde los 90 —antes de la llegada de Chávez— se hacía evidente un número creciente de vínculos de altos oficiales con el tráfico de narcóticos hacia EEUU y Europa. No hay por qué suponer que semejantes vínculos hayan desaparecido. No es ocioso ni improcedente recordar el caso Ochoa-Abrantes, durante el cual nunca la DEA (la agencia de EEUU encargada de la lucha contra el narcotráfico) no se le ocurrió —ni se le ha ocurrido hasta hoy— culpar al gobierno cubano por semejante caso.
Por tanto, que altos funcionarios y oficiales en Venezuela puedan estar involucrados con el narcotráfico no es algo que podamos ignorar o desconocer, aunque de esto a culpar a Maduro y otros principales dirigentes venezolanos va un largo trecho, carente de evidencia tangible.
Por otra parte, es harto reconocido que el volumen de tráfico de narcóticos por Venezuela en comparación con otras rutas desde Colombia, México, Guatemala, Ecuador, entra en la categoría de «ligas menores». Son estos países antes mencionados los principales exportadores y que dos de ellos, Colombia y México son los principales productores.
Un claro ejemplo lo tenemos en el Ecuador, donde no se produce coca, pero desde el cual, en sus exportaciones agrícolas y de bananos en primer lugar, va hacia Europa el 57% de la cocaína colombiana, según un informe reciente de la Comisión Europea, citado por medios de comunicación ecuatorianos. Varios medios también acusan al presidente Daniel Noboa de complicidad con esta situación, pues su familia es dueña de parte significativa de las empresas bananeras en el país.
Por su parte, las autoridades de EEUU en febrero de este año reconocieron ocho grandes cárteles[2], solo uno era venezolano, el llamado Tren de Aragua. Se trata de una organización criminal venezolana surgida en la cárcel de Tocorón, en el estado de Aragua, que evolucionó hasta convertirse en un grupo transnacional presente en varios países de América Latina y Estados Unidos.
En julio, la Oficina de Control de Activos del Tesoro sancionó al Cártel de Los Soles, por brindar «apoyo material a organizaciones terroristas extranjeras que amenazan la paz y la seguridad de Estados Unidos, concretamente al Tren de Aragua [venezolano] y al Cártel de Sinaloa [mexicano]». En la comunicación oficial se afirmaba que dicha organización estaba «liderada por Nicolás Maduro Moros y otros altos funcionarios venezolanos».
Sin embargo, suponiendo que estas afirmaciones sean ciertas, no hay ninguna evidencia de que Venezuela tenga un peso en el narcotráfico que justifique tamaña intervención militar en sus fronteras marítimas.
El chavismo se ha defendido afirmado repetidamente que el 87% de la cocaína se produce en Colombia; y que desde el Caribe se exporta apenas un 8% de ella, y solo un 5% por el Caribe venezolano.

Si bien estas cifras no han sido comprobadas ni explicadas, las evaluaciones más recientes de la DEA indican que Colombia sigue siendo la principal fuente de cocaína ingresada en EEUU y que una parte significativa de los grandes cargamentos utiliza rutas marítimas que parten del Pacífico hacia México y Centroamérica para luego entrar a ese país.
En su informe del 2024 (5/9/2024), la National Drug Threat Assessment reconoció a México como productor y exportador directo de drogas hacia EEUU, con la particularidad de que en años recientes, a la cocaína, se ha sumado tanto la producción como la exportación la exportación de fentanilo y de metanfetamina (conocida popularmente como «tina» o «hielo»), narcóticos de efectos devastadores.
Un juicio bien fundamentado lo aporta el sociólogo italiano Pino Arlacchi, quien fuera secretario general adjunto de la ONU y director de la ONUDD cuando afirma que «ni Venezuela ni Cuba han tenido jamás extensiones de tierras cultivadas con cocaína». Otra valoración no menos importante ha sido la de James Story, quien fuera embajador de EEUU en Venezuela entre el 2018 y el 2023 (en pleno apogeo de la propaganda sobre el cártel de los Soles y la complicidad del gobierno venezolano), el que califica de «fábula» las teorías y propaganda para una posible invasión de Venezuela.
Entonces, teniendo todo esto en cuenta, podemos estar más o menos de acuerdo con el chavismo, pero no le falta razón en su argumento de que no tiene sentido cercar solamente las rutas venezolanas cuando no son las que están definiendo el flujo de la droga a Norteamérica.
A esto debe agregársele que estas operaciones están articuladas con organizaciones, mecanismos y negocios radicados en territorio estadounidense que compran y venden los millones de toneladas que entran por el narcotráfico en la región. De esto no se dice ni una palabra por parte de la administración Trump, a lo que cabe agregar una observación económica: hay narcotráfico porque se mantiene un gigantesco mercado en los EEUU, si este último no existiera, los narcos latinoamericanos tendrían que emprender otros negocios más lucrativos.
Los escenarios
Pasemos ahora a examinar los posibles escenarios que, eventualmente, pudieran aparecer en el presente conflicto:
1. Desembarco de la infantería de marina (marines) y tropas especiales mediante operaciones anfibias y aéreas (helicópteros y bombardeos de la aviación).
Este tipo de escenario, enfrentaría a EEUU al despliegue de masivas fuerzas venezolanas terrestres ya debidamente posicionadas y apoyadas por tanques, drones, artillería y medios aéreos y navales, además de miles de milicianos y amplio respaldo popular.
No debe olvidarse que, si bien el chavismo ha perdido popularidad en los últimos años, la gente tiende a reaccionar con unidad ante un caso de invasión externa. Y aunque la tecnología bélica estadounidense es muy superior a la venezolana, el costo económico y político de una operación así sería muy superior al episodio panameño, lo cual lo hace el escenario menos deseable por parte de EEUU.
2. Una operación de castigo aéreo enfilada a la destrucción de posiciones claves del gobierno: puestos de mando, concentraciones de tropas, bases aéreas y navales… hasta su eventual capitulación. Este escenario tendría un bajo costo en pérdidas humanas para EEUU, lo cual podría ser más defendible hacia lo interno de la política estadounidense. No obstante, también tendría que enfrentar una fuerte reacción política y diplomática en la región.
3. Una operación «quirúrgica,» así denominada por EEUU por estar dirigida muy selectivamente a golpear un objetivo específico y/o eliminar o capturar figuras dirigentes, civiles y/o militares, de su interés, como la ejecución de Osama Bin Laden, en mayo del 2011. El objetivo esencial de este tipo de acción sería descabezar la dirigencia en cuestión.
Una operación u operaciones de este tipo pudieran dirigirse contra el presidente Maduro, Diosdado Cabello (ministro del Interior), Vladimiro Padrino (jefe de las FANB y ministro de Defensa), y Delcy Rodríguez (vicepresidente). Pudiera concebirse mediante el uso de drones, en caso de contemplarse la destrucción inmediata y total del objetivo en cuestión. Tendría un bajo costo en bajas por parte de EEUU, y una implicación militar menos aparatosa, por lo cual podría ganar cierta preferencia dentro de los decisores estadounidenses. Sin embargo, su efectividad sigue siendo dudosa, y tampoco estaría exenta de cuestionamientos por parte de organismos multilaterales.
4. Mucho más seguro y probable aparece este último escenario que denomino «golpe interno». Consiste en que la presente amenaza provoque una ruptura exitosa en los altos mandos de las FANB (fuerzas armadas) y que los eventuales golpistas procedan a destituir, arrestar o eliminar el equipo dirigente del actual gobierno venezolano, esta variante necesitaría un importante apoyo de parte de la oposición venezolana.
Cabe destacar que ahora mismo la cabeza más visible de la oposición venezolana, María Corina Machado, ha estado celebrando y apoyando la presencia y amenazas de las fuerzas norteamericanas, cosa ésta que puede, eventualmente, restarle apoyo entre otros sectores opositores que se niegan a apoyar la invasión externa.
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Para concluir cabe citar la opinión que muy recientemente emitiera el embajador norteamericano James Story (a cargo hoy de la embajada de EEUU en Luanda), en su reciente entrevista con una emisora colombiana: «Veo muy poco probable que este grupo pueda hacer algo (contra Maduro) porque tiene la capacidad de bombardear, pero no tiene la capacidad de invadir. Eso son dos cosas distintas».
Casi termina septiembre y no ha pasado cosa alguna. Debo recordar una frase de un amigo en mi juventud: «La guapería a distancia no funciona». Sigamos esperando…
[1] La invasión de Panamá, conocida como Operación Justa Causa, fue autorizada por el presidente George H. W. Bush y comenzó el 20 de diciembre de 1989. Su objetivo era capturar al general Manuel Antonio Noriega, acusado de narcotráfico, y derrocar su régimen. En la operación participaron cerca de 27.000 soldados estadounidenses junto a cientos de aeronaves, y concluyó con la rendición de Noriega en enero de 1990.
[2] Tren de Aragua (Venezuela), Mara Salvatrucha/MS-13 (El Salvador), Cártel de Sinaloa (México), Cártel de Jalisco Nueva Generación – CJNG (México), Cárteles Unidos (México), Cártel del Noreste/Los Zetas (México), Cártel del Golfo (México) y La Nueva Familia Michoacana – LNFM (México).


No explicaste con que se enfrentaría un posible ataque aéreo de EEUU a Venezuela? Podrían las fuerzas Armadas repeler una operación de este tipo?
Usted hace un análisis muy bueno por ser objetivo. Sin embargo no menciona los grandes y poderosos intereses de Rusia y China en Venezuela y en toda la región ( Brasil, Colombia y otros). Estas potencias ya han advertido a EEUU que Venezuela no está solo. Y para completar Gustavo Petro ha hablado claro que respalda a Venezuela porque no va a permitir que se cumpla la teoría de la torre de dominó: detrás la primera ficha caerán las demás.
Yo creo de manera objetivo que último escenario lo poco probable debido que ya ya que la fuerza armadas ya tenido este tipo de insitaciones y no acuerdo , además el repudio que tiene maria Machado en el ejército es inmenso