La violencia traerá el caos

por Ivette García González
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Todas las cosas y los fenómenos tienen un límite. En el escenario político e ideológico, puede llegarse a buen puerto cuando las contradicciones se dirimen a través del debate, las leyes y las expresiones cívicas. Pero llegar al extremo de la represión y la violencia, institucionalizada o no, como está ocurriendo en Cuba, conduce al caos y se aleja de los mejores valores de la Revolución. Con ellos nos formamos muchos y en ellos hemos creído siempre.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la violencia como «el uso deliberado de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, (…) una amplia gama de actos que van más allá del acto físico para incluir las amenazas e intimidaciones».

La violencia, como forma de dominar y someter ejerciendo el poder, se manifiesta de diversas formas: física, verbal -que implica amenazas, desprecio, subestimación y, casi siempre, precede a la física directa-, de exclusión -impedir a alguien que participe en actividades sociales de su grupo u otros-, emocional -amenazas de privar de algo al otro, de lastimar a sus cercanos, etc.-, económica -privar del empleo, retirar el salario.  

La violencia estructural de base económica supone producir un daño en la satisfacción de las necesidades humanas básicas que afectan la supervivencia, bienestar, identidad o libertad; y que puede provocar violencia indirecta o directa en dependencia del grado de reacción de los desfavorecidos. Por otro lado, la de base política se manifiesta a través de actos violentos del Estado -instituciones militares- o de sus seguidores, contra quienes se pronuncian con objetivo político diferente.  

La denominada violencia cultural se emplea para legitimar las formas anteriores. Ocurre cuando cualquier aspecto de una cultura se utiliza para dominar. Es establecer una norma política, un conjunto de ideas desde el poder y entender que todo lo que choque con eso es políticamente incorrecto. Lo políticamente correcto y la censura, por ejemplo, forman parte de la opción totalitaria que asume el sistema.

Su éxito muchas veces descansa en la idea de que tenemos deseos miméticos. Asumimos la verdad de otros que creemos que son mayoría por miedo a quedar aislados. Así, aparecen más personas que supuestamente comparten los mismos presupuestos y con eso se sigue aparentando que hay una mayoría, cuando en realidad muchos de los que participan piensan lo contrario.

El sociólogo noruego Johan Galtung, se refiere a la variante cultural de la violencia como los símbolos que nos hacen acostumbrarnos a ella. Así se va imponiendo una cultura de violencia: los ciudadanos ven ese tipo de respuesta ante los conflictos como algo normal e, incluso, como la única manera viable de hacer frente a los problemas y contradicciones que se dan en la sociedad.

El peligro de descentralizar el monopolio de la violencia

El monopolio de la violencia es una cualidad consustancial al Estado, tal como expuso Max Weber en su obra La política como vocación. Le compete en un territorio que está bajo su control, como uso legítimo para preservar el orden, para lo cual cuenta con instituciones como la policía y los cuerpos militares. Todo uso paralelo, bajo otras modalidades, solo puede darse si es autorizado por el Estado y las leyes.

Los Estados que no controlan el uso de la violencia no son funcionales. Estado y Gobierno deben ser negociadores, capaces de solucionar en forma flexible y siempre activa los problemas fundamentales de la sociedad, integrar en redes a todos los grupos sociales, intereses y situaciones problemáticas. No debe olvidarse lo expresado por Isaac Asimov: «La violencia es el último recurso del incompetente».

En una escalada de violencia intervienen hasta los peores instintos de los que hablara Sigmund Freud. Facilita el enardecimiento de la gente sobre todo cuando es estimulada a ello. Para el padre del Psicoanálisis, así como para Nicolás Maquiavelo, Friedrich Nietzsche y otros, la violencia era algo inherente al género humano, pero hoy se sabe que es sobre todo conducta aprendida.   

El Marxismo original la vio como un producto de la lucha de clases para transformar las estructuras socioeconómicas de una sociedad. Consideró la existencia de una violencia reaccionaria que usa la burguesía para defender sus privilegios, y otra revolucionaria que destruye el aparato burocrático-militar de la clase dominante y socializa los medios de producción. No la concibe contra los individuos, sino contra una clase y las instituciones en que fundamenta su posición dominante. Por tanto, luego de esa transformación radical deja de ser un medio que justifica el fin.

En política, violencia y represión se relacionan de modo fatal. Represión viene del latín repressĭo, acción y efecto de reprimir -contener, detener, refrenar o castigar- a otros, llevado a cabo desde el poder para cohibir actuaciones políticas o sociales indeseadas. Aunque puede ser legal o ilegal, siempre implica una cierta dosis de violencia. Asume función ejemplarizante, porque también busca que los demás se auto inhiban y no reproduzcan esos actos. Si excede los límites legales, los represores anulan derechos legítimos como la libertad de expresión o de manifestación. 

Cuando para reprimir se usa a la masa, se apela a un recurso peligroso y dañino para la sociedad. No me refiero a multitudes, sino desde la Psicología social, al grupo de personas, independientemente del número, que tienen como meta la de reprimir a otro u otros bajo indicación o con la permisibilidad e incluso la protección de autoridades, uniformadas o no. Lo que un individuo hace bajo esas condiciones puede estar contra su naturaleza o disposición a hacerlo de manera individual.

El sociólogo francés Gustave Le Bon, en su libro Psicología de las masas, considera que la masa organizada o masa psicológica es una agrupación humana en apariencia heterogénea y espontánea. Un escenario donde se forma una especie de alma colectiva. Esa masa se caracteriza por una pérdida de control racional, de la personalidad consciente y se maneja con ideas cortas y firmes. Prevalecen sentimientos simples y exaltados, priman la imitación, el sentimiento de omnipotencia y el anonimato que permite al individuo sentirse eximido de responsabilidad.

La masa, que siempre es transitoria porque aparece de repente y se disuelve de igual forma al concluir su misión, se muestra tensa emocionalmente y con una tendencia explosiva que se forma también por contagio mental. El individuo supedita su idea a la movilización colectiva y obedece las órdenes de quienes lo llevan a un estado de fascinación que bloquea su capacidad de discernimiento. Por todo eso, también la masa puede atraer a psicópatas, delincuentes y ciudadanos que ven la oportunidad para actos de venganza personal.

La urgencia de imponer límites hoy en Cuba

Lo que está ocurriendo actualmente en Cuba en las materias descritas, no es nuevo, pero sí mucho más peligroso que antes. Urge privilegiar el sentido común, la memoria histórica y la ciencia para pensar sobre el problema, evitar una escalada y ayudar a transformar el país.

Muchos años tuvieron que pasar para comprender lo que me había ocurrido en un acto de repudio en el que pronuncié un discurso a mis escasos 14 años. Era contra una familia vecina que se iba del país -una señora modista, amiga de mi madre, y sus dos hijos menores con los que mi hermano y yo habíamos crecido-.

Escribir el discurso no fue difícil. Luego el audio estridente, la muchedumbre gritando consignas frente a la casa de ellos y, enseguida, mi turno. Comencé a leer el texto, pero no pasé de dos párrafos: rompí a llorar. Algunos me consolaron y mi madre me sacó de allí, donde según supe continuó una escena horrible. Para los vecinos, yo estaba indignada y me había emocionado leyendo mi discurso. También lo creí, esa noche lloré mucho.  

Tras varias conversaciones con mis padres asimilé aquello como una situación excepcional y extrema para la cual estaba demasiado chica. Pasados los años, comprobé que lo vivido en aquel meeting no fue excepcional y que mi experiencia era simple frente a todo lo que había ocurrido y ocurriría. En el 80 se lanzaron piedras, se golpeó a personas con palos y cadenas, se les escupió, se les arrojaron huevos, excrementos, pintura en sus fachadas, se les agredió verbalmente de modo grosero.  Muchas familias cubanas fueron víctimas de aquellas acciones bárbaras.  

Llegaron los 90, se reeditaron los actos de repudio y se crearon las llamadas Brigadas de Respuesta Rápida, a las que debíamos incorporarnos en escuelas, barrios y centros de trabajo. Mucho se hizo bajo ese ropaje. Antes y después hubo linchamientos públicos, violencia de todo tipo contra personas que quedaban indefensas, acusadas de delitos que la gente ni siquiera tenía como probar. 

También supe luego que esos actos de violencia no eran espontáneos, ni originarios de Cuba. En nuestra sociedad han subido o bajado de tono, han asumido gradualmente cierto grado de sofisticación y se han adaptado a los tiempos con la tecnología, por ejemplo, pero se han mantenido. Comparado con los 80, hoy se nota menos violencia física directa y pública a gran escala, acaso porque es más selectiva, encubierta o porque son menos masivos los enfrentamientos y hay muchos indiferentes. Al parecer son menos los jóvenes que participan y ya no siempre la masa se compone de los vecinos de quienes son objeto de represión.    

En versión 2020 han estado a la orden del día los mítines de repudio y acciones coercitivas o abiertamente represivas contra quienes disienten. Para eso se alternan autoridades, militares vestidos de civil y grupos de ciudadanos. Son las masas de Le Bon.

Se impide a personas salir de su casa, realizar manifestaciones pacíficas, se incautan celulares o se les borra la información registrada por sus dueños, se vociferan amenazas y obscenidades, se endilgan delitos a quienes disienten o denuncian arbitrariedades, se imponen multas exorbitantes y algunas arbitrarias en medio de una crisis extrema. Y se ha mantenido la separación de profesionales críticos de sus empleos como docentes universitarios, médicos, periodistas, etc.

Ni en los 80 ni ahora esta táctica de enfrentamiento ha sido espontánea. ¿Cómo se conocía en la cuadra quiénes se iban del país en los 80, si las familias lo mantenían en secreto? Si los medios de comunicación son del Estado y la información sobre quienes son críticos del proceso no se expone en ellos ni directa ni indirectamente, la mayoría de los ciudadanos no conoce las ideas y comportamientos de esas personas. ¿Cómo es que se suman para agredir y reprimir de palabra y/o acción a quienes ni conocen bien? ¿Solo porque los convocan y les dicen que los otros son contrarrevolucionarios, gusanos, mercenarios, traidores? Vergüenza para este país.

Represión en tiempos de COVID-19

Considero que el manejo de la pandemia ha sido excelente en Cuba. Pero otros países también lo han logrado sin cuarentenas tan largas, sin culpar a sus ciudadanos de todo lo que no se logra, al punto de que la gente se agreda y se culpe de lo malo que sucede o de las metas incumplidas; o que incluso pida medidas extremas sin calcular las consecuencias de dar un poder desmedido a las fuerzas del orden de cualquier gobierno.

La pandemia ha sido también una cobertura para el incremento de la represión, la violencia y el desconocimiento del Estado Socialista de Derecho que refrendamos hace año y medio. ¿Cuántas personas han sido detenidas o encarceladas arbitrariamente? ¿Cuántos cercos a viviendas, arrestos y contravenciones al amparo del polémico Decreto 370 de julio 2020 o fuera de este, sin denuncia previa ni el debido proceso? De eso no se habla en los medios oficiales. Al contrario, sobre el 370, Granma apenas dijo que había «generado algunas dudas» y «preguntas en las redes sociales», cuando en realidad provocó conflictos desde el principio, innumerables denuncias y una ola de protestas en las redes.

¿Por qué, si se consideran actitudes violatorias, no intervienen las autoridades destinadas al orden, con los procederes establecidos, y, por el contrario, se usa a ciudadanos comunes? ¿Cómo se explica que el Estado se muestre tan reticente a descentralizar lo que debe para permitir el desarrollo y, sin embargo, sí descentralice el uso de la violencia, que es legítimamente su atribución en cualquier parte del mundo? ¿Por qué? 

Esas prácticas institucionales y paraestatales deben parar. Así es imposible luchar por el socialismo. Así vamos al caos. El proyecto de la Revolución no se sostiene por la fuerza, ni se defiende usándola bajo ningún ropaje. No es posible que los órganos oficiales del orden deleguen sus funciones y presencien tranquilamente cómo unos cubanos agreden a otros. No somos una sociedad de bárbaros. Respetémonos, aprendamos de la memoria histórica, si no directa, al menos por las referencias de los que vivieron aquellos años. Esas actitudes solo generan más violencia, incentivan el odio, las fracturas de la familia cubana y de la Patria que, en definitiva, es de todos.

Para contactar con la autora: ivettegarciagonzalez@gmail.com

23 comentarios

Luis Enrique 9 noviembre 2020 - 9:35 AM

¡Excelente reclamo!
Ya estaba extrañando un artículo de LJC sobre este asunto tan serio y la manera impune en que las autoridades lo llevaba a cabo. Más moral prestada, con la agravante de que ni siquiera se explica o justifica… Simplemente se hace.
Para mí lo fundamental, y una de las grandes carencias en la sociedad cubana, es el marco legal institucional de amparo a la ciudadanía. Estamos simplemente confiando en que el gobierno y el estado son benignos y también sus representantes, la ausencia de instituciones y mecanismos legales de amparo nos hace un daño terrible al legitimar cualquier acción violenta de las autoridades, puesto que no existe contraparte ni procedimiento de reclamo.

Raül desde Costa Rica. 9 noviembre 2020 - 9:41 AM

Muy atinado el artículo. Sin lugar a dudas el proceso revolucionario ha derivado en una maquiavélica máquina represora cuyo único objetivo es preservar a la clase dominante de dirigentes acomodados en el poder a toda costa. Se tilda de contrarrevolucionarios y mercenarios a todos los que disientes y se organizan actos de repudio con una apariencia de espontaneidad que nadie en el mundo actual se cree. Los sentimientos de impotencia y cansancio hacia una ideología que se auto proclama progresista mientras utiliza métodos de represión cada vez más absurdos e injustificables van aumentando la porción de la población que cada vez se siente menos identificada con el proceso y cuando se adquiera la llamada masa crítica es posible un estallido social cuyos derroteros nadie puede ni siquiera imaginar. Sinceramente considero que el gobierno está llevando a la población a límites inauditos de minería económica y represión política que cada vez distancia a los dirigentes de su pueblo produciendo un rechazo intrínseco en una creciente mayoría de personas. Ya es pasado el tiempo en que se debió proceder con las reformas políticas y económicas que encausarán a la sociedad por la vía de un verdadero estado de derecho. Me temo que de no hacerse algo pronto al respecto, la desintegración social que se vive en estos momentos en Cuba conlleve a un caos que cueste demasiado a nuestro pueblo un futuro saneamiento de los valores cívicos y la reimplantación necesaria de todas las libertades individuales tanto económicas como políticas.

Jose A. Huelva G 9 noviembre 2020 - 11:22 AM

Este artículo trae a colación una idea que quizá no tenga mucho que ver con el artículo en si, pero que es algo que me da mas y mas vuelta en la cabeza. Desde que estaban en el M-26-7 los revolucionarios siempre fueron violentos. Muchos de los actos que hoy se recuerdan como heroicos hoy en día no serían mas que terrorismo puro y duro. Desde el Asalto al Moncada hasta la Noche de las 100 bombas, la «lucha revolucionaria» fué de todo menos pacífica. Pero en cambio casi toda la disidencia conocida en la isla es ‘pacífica’ y quiere cambios sin violencia. ¿Tendrá algo que ver el gobierno en la creación de tan conveniente disidencia?

Rubén M.Villena 9 noviembre 2020 - 11:49 AM

“Mas, ¿adónde marchamos, olvidándolo todo:
Historia, Honor y Pueblo, por caminos de lodo,
si ya no reconoces la obcecación funesta
ni aún el sagrado y triste derecho a la protesta?
¿Adónde vamos todos en brutal extravío
sino a la Enmienda Platt y a la bota del Tío?”

MENSAJE LÍRICO CIVIL

Lulu 9 noviembre 2020 - 12:17 PM

No son una sociedad de barbaros y violentos???? Y en cual sociedad se le prohibe entrar a decenas de miles de ciudadanos a su propio pais? Preguntele a mi madre que hace 7 años no puede abrazarme por yo ser medico y emigrar , o a mi abuelita que murio en 2015 y no me permitieron ni ir a verla mientras fallecia en el hospital. Es un gobierno criminal con una sociedad complice y canalla.

Eva 9 noviembre 2020 - 8:43 PM

Barbaros es poco no hay calificativos para semejante abuso de poder
Es uno de tantos , sin embargo Ellos, sus Hijos nietos parientes y demás si pueden maniobrar con dinero mal habido viajar abrir restaurantes con todo lujo, y darse una vida de millonarios y NO PASA NADA , cuando la verdadera escoria es de alta gama!! Son hipócritas y se sienten muy seguros pero este país cada día se parece más al mismo de 1959 en miseria y abusos represion es, la juventud es quien lidera esas protestas pacíficas bloqueadas y censuradas por gente sin ética que ni son comunistas ni son revolucionarios auténticos, se comportan identicamente igual que los esbirros de la historia pasada , porque acosar y amenazas a disidentes, a familiares y amigos es un abuso de poder y va contra el derecho humano elemental. Ninguno tiene moral para pisotear y denigrar la libertad y dignidad individual. Encima ni siquiera tienen el valor de hacerlo solos .Pena de país destruido económica y Espiritualmente año tras año.

Ivette García 10 noviembre 2020 - 1:10 PM

Comprendo su dolor Lulu, pero puede estar segura que la sociedad toda no es como usted la califica. Hay muchas personas, muchísimas estoy segura, que están en contra de lo que a usted le han hecho. El problema es mucho más complejo. Recuerde que la sociedad somos los 11 y tantos millones, muchos no saben hasta que tienen un caso cerca conocido, no tienen informacíón, otros muchos, entre los cuales hay no pocos afectados, temen ser reprimidos. Es preciso una labor de conciencia y que la gente tenga información para que pueda juzgar. La sociedad no ha participado de esas infelices decisiones. Créame que lo lamento.

Azul 9 noviembre 2020 - 12:39 PM

Desgraciadamente cierto,muy cierto. Y denigrante la posición de un gobierno, sí , de un gobierno que como único es capaz de afrontar sus falencias es a través de la imposición y de la fuerza.

Desde aquí se dice que allá al frente,el gobierno siempre ha sido rehén de la emigración cubana para atacarnos, y tal parece que el gobierno de aquí también se vuelve rehén para atacar a sus propios conciudadanos, acusando a los que discrepen de ser mantenidos por los de allá.

No olvidemos que aunque parezca absurdo, dentro del gobierno cubano hay muchos que prefieren las políticas de Trump, así es posible mantener la trinchera. Un cambio desde allá les desmoronaría todo el acomodo que disfrutan desde sus ideologías de confrontación.

Eva 9 noviembre 2020 - 8:33 PM

Cuando Obama comenzó a desbloquear,parecía que aquí abrirían pero solo duro 10 meses
El peor bloqueo está demostrado que está dentro de Cuba
Los funcionarios mienten descaradamente diariamente. Ahora la frase soberanía alimentaria se repite como antes – la repetida -cadena puerto transporte economía interna.
Nunca escuché a tantos y tantos cubanos queriendo emigrar de este país. El cansancio ya rebasó el vaso!! Nadie cree en ellos porque mienten constantemente. Es evidente que viven en su burbuja leyendo solo a los que les realzan y los chicharrones porque no tienen el coraje y la decencia de levantar su voz frente a lo mal hecho, o, quizás porque como ellos están acomodados en sus mansiones, con todo lo que no tiene el pueblo garantizado.
Da vergüenza este país y no veo nada lejos que la gente cansada de abusos se alce como hicieron los mambises
No son ejemplares ante el pueblo, al contrario, son despojas y exigentes sin moral para ello

Lince 9 noviembre 2020 - 12:47 PM

El hombre es un ser social, en su afán por ser aceptado por la mayoría partcipa en lo que cree que puede ayudarlo a ser insertado en esta. Pero, donde queda nuestra responsabilidad individual nuestros valores, e identidad . La autora del post nos dice que participó en un acto de repudio, siendo menor de edad. La culpa no es de ella, es de sus padres que permitieron que participara. Muchos otros padres no permitieron a sus hijos que lo hicieran. Que diferencia a unos padres de otros, simplemente el compromiso con la sociedad donde vivian, cuando la sociedad cambió, cambió su compromiso, pero tratar de justificar el hecho con engaños y manipulaciones de la masa enardecida descrita por tal o más cual autor no deja de demostrar hasta donde pueden llegar esas personas si la sociedad se lo permite, atribuir su comportamiento a que fueron engañados o utilizados solo demerita a quienes no lo hicieron.

Ivette García 10 noviembre 2020 - 1:36 PM

Concuerdo con su punto de vista Lince, hasta cierto punto, valga la redundancia.
No se debería juzgar a menores y a padres por el hecho de permitir o no permitir. No olvidemos que en un escenario descontrolado, que es por el cual llamo la atención antes de que lleguemos a eso, todo puede ocurrir.
El problema es más complejo de lo que a veces se ve.
En lo personal le puedo ofrecer otros dos detalles: mi padre estaba en misión internacionalista en ese tiempo y mi madre llegó y se encontró el espectáculo y a su hija dando el discurso. De todas maneras, las personas se parecen más a su tiempo que a sus padres, así es que no dudo que, no para que ejerciera violencia, pero para un discurso, gritar y eso hubieran estado los míos de acuerdo.
La participación de menores en hechos como esos y otros similares no fue solo en aquel momento, desgraciadamente. A veces intencionadamente y otras bajo el ropaje de una «actividad cultural» frente a una zona o casa donde se reúnen opositores, por ejemplo, incluso a veces en horario de clases y hasta con uniformes escolares. ¿Alguna vez usted supo que a los padres les pidieran permiso para eso? ¿Le consta que siempre lo supieron y pudieron tomar la decisión de que fuera o no fuera su hijo? Estoy segura de su respuesta negativa.
A veces también cuenta hasta la noción que tengamos de la «violencia» y la influencia de los medios y los líderes. Durante mucho tiempo me sentía con mi conciencia tranquila porque al menos nunca agredí, no tiré huevos, piedras, etc. Sin embargo, cuando pasan los años uno se da cuenta de que la violencia es incaceptable y que la única no es la física. Entonces encuentra las explicaciones y también se siente culpable.
Es un tremendo daño a la sociedad, pero la mayoría de los cubanos decentes que no hemos decidido nunca sobre esas cosas que vienen de quienes detentan el poder, hemos sido también víctimas.
Hago votos porque los cubanos de cualquier parte nos enfoquemos en un espíritu de reconciliación, por el bien de todos y por el bien de Cuba.

Fer 9 noviembre 2020 - 4:36 PM

Es un buen artículo, ya va siendo hora de rectificar determinadas actitudes que lo que hacen es hacerle daño a nuestra sociedad. Es imposible que todos pensemos igual, pero este hecho no implica ejercer violencia, marginar o coaxionar. Saludos.

Joaquin Benavides 9 noviembre 2020 - 6:03 PM

Estimada Ivette, la violencia en abstracto es injustificable. Sin embargo en la historia de la humanidad, incluida la nuestra es casi imposible encontrar algun avance historico, y tambien retroceso en que la violencia no haya estado presente. Incluso cuando uno lee el antiguo testamento encuentra violencia como un hecho normal, Las revoluciones, historicamente han sido violentas para luchar contra la violencia de sus opresores. Y lamentablemente, una vez obtenida la victoria no desaparece la violencia.
No hay un hecho historico importante que no este signado por la violencia. Quizas unicamente la lucha de Ghandi por la independencia de la India se baso en una filosofia no violenta y logro triunfar. Sin embargo en la propia India se ha convertido en uno de los metodos principales asesinar a los dirigentes para alcanzar el poder.
Esa realidad no se puede dejar de tener en cuenta y no se puede ser ingenuo. Sobre todo si tu enemigo es un especialista en la violencia que es capaz de asesinar utilizando drones a larga distancia y ademas tiene record mundial en desatar guerras y derrocar gobiernos.
No obstante no justifico ninguno de los hechos que tu mencionas. Claro, que despues de ocurridos es facil condenarlos y mas facil no justificarlos.
Lo correcto es hacer lo que tu haces, denunciandolos, luchar porque no sigan ocurriendo.
Mi opinion es que solo el imperio de la Ley y del debido proceso puede ir educando e imponiendo a los gobernantes y gobernados, en cualquier instancia y lugar erradicar las actitudes y actuaciones violentas.
Incluyo la represion en ello, pues es una consecuencia que se pone de manifiesto con mas freccuencia en el ejercicio del poder, que solo el imperio de la Ley podra erradicar.
Pero a largo plazo, pienso yo, ademas de denunciar cada vez que se produce un hecho concreto, la solucion dependera de la educacion y en la extension de una cultura de apego a la Ley.
Y coincido contigo en que el Socialismo a que aspiramos tiene que luchar por erradicar todas las manifestaciones de violenia y de represion.

Ivette García 10 noviembre 2020 - 1:50 PM

Gracias por su comentario Benavides, siempre arroja luces y una postura constructiva sobre los temas del debate.
Ghandi posiblemente es la excepción del carácter violento de la revolución a lo largo de la historia. Pero ante esa certeza de la violencia como regularidad de la revolución y de otros muchos fenómenos desde la antiguedad, no debemos pasar por alto dos cosas que a mi modo de ver son esenciales:
1) el mundo ha evolucionado y estamos en pleno siglo XXI, ya ni se esperan revoluciones porque la expansión de la democracia como vía para alcanzar el poder,, salvo excepciones, han sido incorporada a la cultura política en la mayor parte del mundo y
2) una revolución que derive en el uso de la violencia para confrontar a todo el que disiente y para sostenerse, pierde toda su legitimidad. Lo mismo digo del socialismo. Si encima usa métodos encubiertos, sórdidos tras una imagen edulcorada y engañosa monopolizando la información a los ciudadanos, es todavía peor porque se apoya en una manipulación de la gente y termina haciéndonos a todos cómplices.
Es triste y es una verguenza para el país

Observador 2020 9 noviembre 2020 - 6:12 PM

Muy buen artículo. Nunca se me olvida, por ser pregunta en un examen de mi ya lejano preuniversitario, una frase de un discurso de Dorticos referido a que “la violencia siempre ha sido la partera de la historia”.Los hitos más trascendentes de nuestra nación la tienen como protagonista peremne: la colonización, las conspiraciones del XVIII y XIX, las guerras de independencia, las luchas obreras y estudiantiles, la lucha insurreccional y por supuesto, todo el desempeño del poder post 59, en que de inicio y como estreno se dio una colosal patada en la mesa que se llevó toda la institucionalidad política, social, económica, jurídica, educativa y cultural que arrasó cualquier resistencia y disenso al programa revolucionario. Al tiempo que además se practicaban incursiones guerrilleras y posteriores intromisiones en numerosos paises del area y mas allá, todo amparado en una violencia revolucionaria justificada por la precedente ejercida por el enemigo.

Esos lodos amorosamente sembrados, incluyendo los fusilamientos tras juicios sumarios (tan extendidos hasta los cercanos 90 con los secuestradores de la lanchita de Regla), las expropiaciones forzosas, el desprecio a las clases pudientes, el cierre progresivo de la prensa y medios de comunicación opositores, apoyado todo por el júbilo de la población enardecida a la vez por el poder, trajeron esas tempestades de violencia y odio que hoy a algunos empalaga o hacen recapacitar ante el asombro. Todo el engranaje del sistema de poder actual, incluida la constitución y su sistema de leyes, con disimulo o sin cortapisas, se basa en esa violencia, justificada desde el poder y aceptada de hecho por las mayorías.

Parece tarde para intentar aplacar el mal. Ese lobo maneja a su antojo el disfraz de Caperucita Roja y como pez en el agua muestra su encantadora imagen de sacrificado y eterno protector de los desposeidos y vulnerables en todas partes y de heroico guerrero ante el asedio y el ataque de los enemigos imperiales. En absoluto blanco y negro, sin matices ni grises que compliquen el guion. Que reacciona viril ante la cobarde subversión y la miserable traicion de los desagradecidos, con la astucia de escudarse en la ira popular cuando no conviene mostrar la garra uniformada.

Parece improbable una reacción cívica y digna de esas masas desencantadas del paraiso prometido ante la violencia enmascarada o ejercida a plena luz. Paraiso devenido infierno, siempre es mas facil escapar que enfrentarse al diablo. Porque este también sabe abrir a tiempo las puertas de salida y mantener solo la presión necesaria para su mejor funcionamiento. Si en algo es bueno, definitivamente, es en eso, en transformar su imagen y mantener todo bajo control.

Ivette García 10 noviembre 2020 - 1:54 PM

Nunca es tarde Observador. Comprendo sus puntos de vista pero hablamos de Cuba y los cubanos.

Nilda Bouzo 10 noviembre 2020 - 9:29 AM

Magnífico artículo, Ivette. Una explicación detallada de lo que es violencia, para los ingenuos que piensan que solo una dictadura sangrienta lo pueda ser.
A pesar del disgusto de muchos hay que remitirse al marxismo y leer sobre este y más.
Lo que tú viviste en los 80 con solo 14 años era lógico que apenas comprendieras tu llanto por la injusticia de aquellas incuestionables salvajadas.
Afortunadamente ya yo tenia 38, y a esa edad nuestra ideología es sólida e invulnerable, pero no ciega, y se sabe decir un no rotundo a las barbaries que en aquellos momentos invitaban los CDR, los centros de trabajo, y se practicaron como todos sabemos.
¡Vergüenza de aquellos días!
Ese es uno de los grandes errores del pasado que este gobierno debería reconocer de alguna manera y prohibir terminantemente que ocurra en lugar de alentarlo en nombre de la Revolución. Hoy se produce, aunque no en la misma magnitud de aquel funesto evento del 80, pero sucede. Si éramos en aquel momento, y somos una sociedad socialista, como asegura el gobierno, quien vivió aquello, lo mismo cubano que extranjero (los vídeos andan por todo el mundo, es historia que no se puede borrar) y también hoy se repite por pequeños grupos aislados que en definitiva lo que hacen es soltar a través de esa violencia abusiva, su propia impotencia por la represión que ellos mismos sufren y soportan desde hace tanto tiempo.
Entonces es legal que muchos piensen que nuestro país está necesitado de jóvenes honestos y civilizados al frente… y también que se dude de «nuestro socialismo».

Ivette García 10 noviembre 2020 - 2:00 PM

Gracias Nilda Bouzo, concuerdo con su reflexión. Por eso es importante dudar, exigir argumentos en vez de consigna, exigir derechos y participar, levantar la voz. La experiencia ha demostrado que un pueblo que solo espera convocatorias y órdenes desde el poder, está condenado a las peores complicidades y a la verguenza. No fue para eso que se luchó tanto en Cuba

MIguel Saludes 10 noviembre 2020 - 9:56 AM

Oportuno y valiente análisis que comparto y aplaudo de corazón porque en observaciones de este nivel e encuentra una parte importante del camino de reconstruccion que debemos emprender sin tardar y que se ha retrasado desde hace décadas, desde aquellos terribles episodios de 1980 y el giro que tomó aquel esperanzador llamado hecho en 1986 sobre contruir un verdadero socialismo y que en mi opinion no fue el esperado, ni mucho menos el más correcto.

Ivette García 10 noviembre 2020 - 2:03 PM

Miguel Saludes, gracias por su comentario, que suscribo.
Yo creo que hasta el socialismo debemos repensarlo. Cuba merece un socialismo que no esté reñido con la democracia, definitivamente tiene que ser uno nuevo, reinventado por nosotros, porque las experiencias en otras geografías y en la propia tampoco lo hicieron realidad, lamentablemente.

Alex Garcia 10 noviembre 2020 - 4:48 PM

En 1980 yo tenía 12 años y estudiaba en la Escuela Secundaria Guido Fuentes del Vedado. Por entonces, el mejor profesor de Historia en la escuela, criterio casi unánime de alumnos y maestros, era un hombre llamado Isaac, nunca supe su apellido (cosa de niños). Tuve la suerte de que fuera mi maestro, jamás he vuelto a conocer a alguien que pudiese explicar la Revolución Francesa como lo hacia aquel negro fuerte, con voz de bajo y espejuelos.
Cuando sucedió lo del Mariel, ese hombre decidió irse, desconozco las razones y francamente me da igual cuales fueren.
Se había alcanzado un grado tal de “refinamiento” del “arte” de la vejación que se obligaba, a aquellos que querían salir, a presentar un documento que corroborara su baja del centro de trabajo al que hubiesen estado afiliados, esto me lo explicaron en casa. Ese documento, se les exigía que fuera solicitado, sin excepción, personalmente y ahí era donde se aprovechaba para que la “Masa” pudiera expresar su repulsa, en español llano, lincharlos.
Ya sabíamos todos que el Profesor había pedido su renuncia. Un dia se nos dijo, en medio de un turno de clases, que debíamos bajar al patio de la escuela para participar de un “acto” contra el “traidor”. Cuando llegué al lugar, ya el hombre, después de obtener sus documentos, trataba de avanzar hacia la salida, vi como la Directora, el Subdirector y algunos profesores orientaban las consignas a gritar y repartían huevos entre algunos elegidos, algunos reconocidos por su “espíritu revolucionario” y otros, casualmente, de los peores estudiantes provenientes de barrios pobres. El gentío me impedía ver que pasaba y me subí a un muro, desde allí pude ver como un grupo le rodeaba y trataba de acercarse a él para golpearlo, el hombre, que era un tipo fuerte, trataba de mantenerlos a distancia. Sentí rabia e impotencia, me vino a la mente lo que mis tíos, mi abuelo y mi padre, un revolucionario de valor más que probado, me repetían siempre ….”atacar en pandilla, atacar al débil, al indefenso, es cosa de pendejos”. Me baje del muro y me fui a casa. Al llegar, todos en mi familia, sin excepción, me dijeron que había hecho muy bien en largarme de allí y que NUNCA, el abuso, está justificado.
Después supe que le persiguieron por cuadras, que al final y por cansancio lo asaltaron y golpearon de una manera salvaje, el hombre terminó en el hospital con lesiones graves, años después alguien me dijo que no logró irse.
Desconozco qué antecedentes históricos, condiciones históricas objetivas, subjetivas o cualquier otra majadería pedante de guerreros de sofá, justifica o explica sin condenar tajantemente, el que se lance a un grupo de estudiantes, menores de edad para colmo de males, a que linchen a otro ser humano.

Harold D. Flores G. 12 noviembre 2020 - 9:53 PM

Valiente escrito.

Ivette García 12 noviembre 2020 - 11:55 PM

Su testimonio me conmueve Alex. Suerte que logró salir de allí. Tendremos que hacer un esfuerzo por reconciliarnos y la sociedad cubana, el poder en primer lugar, tendrá que pedir perdón un día a las víctimas.
Su vivencia confirma lo que respondí a alguien en este mismo foro, era y por veces es una práctica el uso de menores, así se ha cultivado una cultura de la violencia. Merecemos un futuro mejor.

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