Tristes desfiles: ridículo, cinismo y desamparo

Si algo no podrán quitarnos los burócratas empoderados es el arma de la risa: el choteo —ah, Jorge Mañach— que fustiga implacable cuanto sinsentido nos rodea. Y miren que hay absurdos para carcajearse.

El más reciente, que recibió como era menester su lluvia de trompetillas en las redes, fue el flamante desfile del Ministerio de Comercio Interior durante el pomposo Encuentro Nacional de Técnicas Comerciales; que incluyó desde un modelo disfrazado de bloque de construcción, con una jaula de cabillas en su antebrazo hasta otro ataviado como una mesa, con mantel blanco y dos muslos de pollo cual esperpénticas motonetas.

Mención aparte para el que debió encarnar a las compotas «Osito», con una caja gigante de este producto en la cabeza y un tierno peluche delante de su sexo, y para la fantasmagórica representación de la plataforma de pago digital Transfermóvil, con signo de peso en uno de los senos de la modelo, unas uñas largas de criatura diabólica y un aspecto general de zombi, que no hubo pupila que no irritara.

La gente, como era de prever hasta por los sesudos que fraguaron la «actividad cultural», fustigó de inmediato la grotesca exhibición. Cheo, anacrónico, ridículo, patético, fueron varios de los calificativos que le colgaron. Algunos, hurgando un poco más hondo, señalaron la crueldad, el desatino o el simple cinismo de hacer pasarela con productos que hoy por hoy cuestan un ojo y la mitad del otro a cualquier compatriota.

Compotas que solo llegan en dosis pequeñísimas —seis cajitas al mes— a niños de hasta tres años; pollo cuyos paquetes implican sangre, sudor y lágrimas en colas de días para capturarlo; bloques que ya se venden entre 30 y 35 pesos cada uno en el mercado informal, encareciendo aún más la mínima acción constructiva en una casa; verduras y aceite que son prohibitivos para las mayorías… En fin, el desastre.

Pero, pensándolo bien, no es del todo errado abrir ese o cualquier evento, congreso, seminario, simposio, de los muchísimos que se gastan nuestros egregios gobernantes —logística y publicidad incluidos—, con un aparatoso desfile. A fin de cuentas, la vida cubana de las últimas décadas, más allá de la moda, ha sido un eterno desfilar.

Desfiles de revolucionarios —ómnibus repletos de estudiantes y trabajadores madrugando en las calles— para recalcarle al enemigo histórico que no le tenemos ni un tantico así de miedo. Y para gritar consignas hasta rajarnos el pulmón y que desde la tribuna (sea un 1ro de Mayo, un 26 de Julio o un 1ro de Enero), los mandantes nos sonrían, agiten levemente sus banderitas y comprueben cuán dispuestas a morir por ellos están las masas.

Desfiles de luchadores —no de greco o libre, sino de «la luchita diaria»— zapateando campos y ciudades cada jornada para conseguir desde una libra de tomates hasta medio cartón de huevos o unos pellejos de cerdo, al precio o el canje que sea, porque «la cosa» está durísima y no hay con qué resolver los tres problemas fundamentales de la filosofía criolla: desayuno, almuerzo y comida.

Desfiles de balseros, caravanistas centroamericanos, negociantes con los coyotes, o cualquiera de las especies de emigrantes que han ido lamentablemente retoñando en el país, porque irse es el mejor y casi el único horizonte que jóvenes y no tan jóvenes encuentran como proyecto de vida.

Desfiles de ancianos derruidos, cada cual con más abandono, frustrados tras haber dado la existencia a un sueño que los traicionó, o mejor dicho, una utopía cuyos adalides resultaron ser mafiosos en toda regla, que se cargaron la patria mientras pedían sacrificio, austeridad y heroísmo.

Desfiles (en carro) de dirigentes, que han pretendido que les creamos son iguales que nosotros, ciudadanos de a pie, pero que desde la A a la Z son «más iguales» que el resto de sus compatriotas, y sus hijos no integran los contingentes de sinsueños que integran los nuestros y sus refrigeradores no enfrentan la anemia crónica que los de nosotros; y sus familiares no fallecen sin oxígeno ni tienen que pagar miles de pesos por una pastilla de azitromicina.

Desfiles, en fin, de desesperanzas, de ganas de hundirnos en el mar luego de ver cómo se mancilló la gloria que nos creímos.

Y claro, de tanto desfilar —los de abajo—, ya rompimos las piedras con las piedras de nuestros callos; y casi que solo nos alienta la vaga ilusión de que algún día, por fin, los dueños, exprimido el hollejo de la Isla hasta el tuétano, inicien su marcha definitiva —en primera clase y seguramente con las maletas llenas—, a otro paraíso «fermoso» que ojos humanos hayan visto.

Si a alguien le quedan fuerzas, entonces, comenzaremos a levantar los escombros.

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11 comentarios

Charito 22 febrero 2022 - 3:06 PM
Triste, pero muy triste nuestra realidad.
Jagger Zayas Querol 22 febrero 2022 - 4:06 PM
La casta gobernante, por encima de las Leyes y la Constitución, de lo que más carece es de civismo: por el desastre en que han sumido el país, lo menos que podían hacer es renunciar. Pero eso es pedirle peras al Olmo, no tienen lo que hay que tener para dar ese paso...
manuel figueredo 22 febrero 2022 - 4:31 PM
La miseria,mal gusto y ridiculez es lo que nos muestra un gobierno en decadencia.
Sanson 22 febrero 2022 - 4:32 PM
Todo lo relativo a Cuba, produce en la gente decente una inmensa verguenza ajena Eso si eres cubano. Si no eres cubano solo te inspira burla e irrespeto como cada vez que el designado a dedo abria la boca en la reunion de la CELAC. Tambien produce una mezcla de lastima cuando los ves amontonados en las embajadas o en los aeropuertos tirados en el piso. Lo que me produce una mezcla de todos esos sentimientos mencionados arriba es cuando los veo volver a meterse en el redil despues que lograron escapar.
maría teresa* 22 febrero 2022 - 5:30 PM
Tantas casas de cultura, decenas de escuelas de instructores de arte graduando a cientos de jóvenes, miles de trabajadores de la cultura, ¿para que sirven? Cuando vi las primeras imágenes quedé abochornada. Que vergüenza.
Walber 22 febrero 2022 - 5:38 PM
Nuestra nación está en un proceso de decadencia total, el artículo así lo refleja, el tema está en a que profundidad nos encontramos y cuanto más podremos descender.
GB 22 febrero 2022 - 6:32 PM
cuba sera el nuevo haiti pronto
Daniel Torres 22 febrero 2022 - 6:43 PM
Excelente artículo, el bochornoso y ridículo desfile es la mejor muestra de la decadencia en que se encuentra el país.
Sanson 22 febrero 2022 - 8:56 PM
El imperio de la mugre y la cheada.
Alejandro Vega 22 febrero 2022 - 10:50 PM
Reina el caos!
Eva 24 febrero 2022 - 10:04 PM
Peor que Haití o igual Así va este panorama circense pero de muerte , no de risa

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