Las transformaciones de la Revolución Cubana: ¿desde abajo o desde arriba?

(Foto: Envato)

Si bien la Revolución Cubana de 1959 tuvo enorme apoyo popular, especialmente en sus años iniciales, ese apoyo no se reflejó en iniciativas autónomas de poder desde abajo. Ese no fue el caso durante la frustrada revolución del 1933, cuando la clase obrera desempeñó un papel mucho más importante que en 1959.

Así lo señaló, en 1935, la Foreign Policy Association en su conocido estudio Problems of the New Cuba, donde cita el gran número de huelgas ocurridas en agosto y septiembre de 1933, cuando no menos de treinta y seis centrales fueron ocupados por los trabajadores, quienes además formaron «soviets» en varios de ellos, como los del Mabay, Jaronú, Senado, y Santa Lucia (183). Dichas acciones fueron luchas autónomas desde abajo, similares a las acaecidas en las revoluciones de México y Bolivia, entre otras en la América Latina, así como en la Revolución Rusa de 1917 y la Húngara de 1956.  

Es significativo que a principios de la Revolución de 1959 en Cuba, cuando algunos comunistas procedentes del Partido Socialista Popular (PSP) que todavía se mantenían a cierta distancia del Gobierno Revolucionario fomentaron la ocupación de tierras por campesinos, Fidel Castro condenara pública y enérgicamente esas acciones.

En entrevista televisada el 19 de febrero del referido año, el máximo líder se opuso a la distribución «anárquica» de la tierra e insistió en que las personas involucradas en cualquier reparto previo a la nueva ley, perderían el derecho a obtener los beneficios que la misma otorgara. Asimismo, denunció como criminal cualquier iniciativa independiente para distribuir tierras que pasara por alto al Gobierno Revolucionario y a la futura ley de reforma agraria.

Durante las semanas anteriores a que la ley fuera emitida, se perfilaron otros aspectos que caracterizarían el modus operandi desde arriba del gobierno presidido por Fidel Castro. Por un lado, casi todos los cubanos, sin distinción de clase, se declararon partidarios de la todavía desconocida normativa. Los diversos «apoyos» prometidos al nuevo orden agrario por una extensa gama de grupos sociales incluyeron hasta el de los grandes hacendados y colonos, que donaron tractores y otros implementos con el pretendido propósito de apoyarlo, aunque por supuesto mantuvieron que esta reforma debía preservar sus enormes propiedades agrícolas.

Por otro lado, nadie sabía en realidad qué incluiría la ley y cuán radical sería. Cuando por fin fue decretada, el 17 de mayo de 1959, ni siquiera había sido discutida por el gabinete del Gobierno Revolucionario —mucho menos por ninguno de los grupos u organizaciones revolucionarias. De hecho, fue redactada por un pequeño grupo de líderes del Partido Comunista (PSP) y del ala del Movimiento 26 de Julio cercana al PSP, durante una serie de reuniones en la casa de Ernesto Che Guevara, en la playa de Tarará.

Fue sin duda una ley radical en el sentido de que de un golpe eliminó el latifundio en Cuba. Su radicalidad es particularmente evidente cuando se le compara con la muy modesta Ley #3 de reforma agraria que Fidel Castro dictó el 10 de octubre de 1958 en la Sierra Maestra y que fue una breve declaración de principios que prometía que el futuro gobierno se enfrentaría con el tema agrario y su primer paso consistiría en garantizarle al campesino cubano su permanencia en la tierra.

Más allá de eso, los pronunciamientos respecto al asunto evitaron cualquier tipo de promesa específica y evadieron temas escabrosos, como la compensación a los viejos propietarios por las tierras confiscadas por el estado, cuestión que menos de veinte años antes había dividido a los constituyentes de 1940. Esa falta de especificidad caracterizó la política social moderada adoptada por los líderes revolucionarios aproximadamente desde 1956 hasta 1958, para evitar desacuerdos dentro de la amplia coalición opuesta a la dictadura batistiana.

Fidel Castro junto al doctor Osvaldo Dorticós, ministro Encargado de la Ponencia y Estudio de las Leyes Revolucionarias, firma la Ley de Reforma Agraria, el 17 de mayo de 1959. (Foto: Sitio Fidel Soldado de las Ideas)

Fue durante esa época que Fidel Castro se alejó, por las mismas razones tácticas, de los pronunciamientos sociales y económicos más radicales de La Historia Me Absolverá de 1953, con el fin de acomodar el creciente apoyo de la clase media cubana e inclusive de algunos capitalistas importantes. Al mismo tiempo intensificó su militancia contra Batista, lo que resultó en una política que combinaba la militancia armada con una postura moderada en cuestiones socioeconómicas.

Es significativo que el breve giro moderado de Fidel Castro en materia socioeconómica fuera aceptado incluso por toda la oposición armada. En tal sentido vale notar que cuando el Buró Obrero del supuestamente más izquierdista Segundo Frente, dirigido por Raúl Castro en Oriente, se declaró a favor de una reforma agraria, lo hizo también en términos muy generales.  

La Ley de Reforma Agraria de mayo del 1959 gozó de enorme apoyo por parte de una población cada vez más radicalizada debido a las medidas que el Gobierno Revolucionario había adoptado, como la reforma urbana que redujo substancialmente los alquileres, y por el creciente sentimiento antimperialista que provocara la hostilidad de Washington y la mayoría de los medios de comunicación norteamericanos a la Revolución.

La gran popularidad de la mencionada ley no detrae del hecho de que fue una reforma de arriba hacia abajo, de la misma manera que las otras reformas lo habían sido: anunciadas de repente como un fait acompli, sin ningún proceso previo de discusión sobre su contenido organizado por las organizaciones revolucionarias y por el gobierno.

El gobierno se aseguró también de mantener su control durante la etapa de implementación de la ley, otorgando ese papel al Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) y al Ejército Rebelde. Se aseguraba así de no involucrar la actividad autónoma de los campesinos deseosos de obtener sus propias tierras, aunque hubieran seguido al pie de la letra lo dispuesto en la nueva legislación.

La popularidad de la reforma agraria y otras medidas adoptadas por el Gobierno Revolucionario, se evidenció en las enormes manifestaciones de carácter plebiscitario que también caracterizarían el proceso. Todo lo cual pone de manifiesto que, si bien hubo un amplísimo apoyo y participación popular en la Revolución, esto no se reflejó en un control democrático desde abajo. El gobierno decidió cada paso y se encargó de impedir cualquier acción independiente organizada desde abajo; la población apoyó las decisiones del gobierno pero no participó en la toma de decisiones.

La reforma agraria del 1959 fue un paso muy importante en la consolidación del modus operandi desde arriba del Gobierno Revolucionario. Le confirió a Fidel Castro y a su grupo un enorme poder y la libertad para ejercerlo con un mínimo de obligaciones limitantes.

El formidable capital político acumulado en los primeros meses de la Revolución, no solo les permitió consolidar la política agraria, sino también radicalizarla y reorientarla hacia la propiedad estatal de la agricultura con la Segunda ley reforma agraria, dictada cuatro años más tarde, el 3 de octubre de 1963. La misma limitó la extensión de tierras que podían poseer los campesinos privados de 402 a 67 acres (5 caballerías), al tiempo que extendió considerablemente las Granjas del Pueblo (del estado) hasta convertirlas en la institución principal de la agricultura cubana.

Hay que advertir, sin embargo, que mientras la reforma agraria de 1959 significó la satisfacción de los grandes anhelos campesinos y populares, no se puede afirmar lo mismo respecto a la reforma agraria de 1963, que significó, más que nada, el anhelo burocrático de un régimen que ya se había declarado «socialista» y estaba abiertamente tratando de implantar una versión caribeña del modelo soviético de colectivización de la agricultura.

Eso no quiere decir que los campesinos, obreros y el pueblo en general se opusieron al monopolio estatal de la agricultura y la industria. Mientras las grandes mayorías sintieron que se habían beneficiado por las acciones del Gobierno Revolucionario —a través por ejemplo de la reforma urbana y la movilidad social—, continuaron su identificación con la política antiimperialista del gobierno y siguieron apoyándolo. Los que se opusieron al régimen tuvieron que pagar un alto precio, como su exclusión de la educación superior y discriminación en el empleo. Y si estas medidas no eran suficientes para doblegar a los descontentos, siempre quedaban la represión sistemática de la Seguridad del Estado, la cárcel y el paredón.

Transición del sistema político hacia el control desde arriba

Es cierto que en 1959 Fidel Castro y su grupo de allegados tuvieron que lidiar con otra serie de individuos y grupos relativamente independientes que no se ajustaban fácilmente a sus orientaciones políticas. Aprovechando hábilmente las oportunidades que iban surgiendo, las fue eliminando una a una. Así ocurrió en los casos del presidente Manuel Urrutia, forzado a dimitir en julio del 1959 y del Comandante Huber Matos, acusado de traicionar a la Revolución por haberse atrevido a renunciar a su cargo y condenado, en octubre de 1959, a veinte años de prisión; o como en el caso de la prensa y medios de comunicación independientes, que desaparecen a mediados de 1960 con el control por el gobierno de casi todos los periódicos y estaciones de radio y televisión en la Isla.  

Más importante aún fue el control del movimiento sindical por el nuevo régimen revolucionario. Fidel Castro intervino personalmente en las elecciones del liderazgo obrero nacional en el X Congreso de la CTC, llevado a cabo en noviembre de 1959, para asegurar la victoria de los elementos procomunistas en el movimiento sindical.

El proceso de elecciones a la convención del Congreso había iniciado en la primavera del 59 con elecciones libres a nivel local, seguidas por elecciones a nivel provincial. Desde un principio fue claro que los candidatos asociados con el Movimiento 26 de julio eran los grandes ganadores; en tanto, los comunistas obtuvieron solamente alrededor del diez por ciento de los puestos sindicales (aunque es necesario reconocer que algunos candidatos electos que pertenecían al 26 de julio simpatizaban con el PSP).  

Los resultados de las elecciones a nivel nacional para escoger delegados al Congreso fueron muy similares. Era claro que los comunistas serían derrotados y excluidos del liderazgo obrero. Fue entonces que Fidel Castro intervino para impedirlo, imponiendo su propia lista que, si bien no incluyó a los comunistas sindicales más conocidos, puso el control de la CTC en manos de los llamados elementos unitarios del Movimiento 26 de julio, favorables a los comunistas y encabezados por el líder sindical Jesús Soto.

Después de la conclusión del congreso, el Ministerio del Trabajo, en colaboración con los sindicalistas comunistas y unitarios a la cabeza del sindicalismo nacional, purgaron como al cincuenta por ciento de los líderes sindicales que se habían opuesto a los comunistas. No lo hicieron a través de nuevas elecciones, sino de comisiones de purga y asambleas sindicales cuidadosamente preparadas y manipuladas. Este sería el primer gran paso para establecer un sindicalismo totalmente controlado por el estado.

El XI Congreso de la CTC, en noviembre de 1961, no pudo haber sido más diferente del celebrado dos años antes. En ausencia de una real competencia entre candidatos que representaran diferentes corrientes autónomas del movimiento obrero, los nuevos líderes, previamente aprobados por los personeros del régimen, fueron electos por aclamación. A la cabeza de ellos estaba Lázaro Peña, antiguo líder sindical estalinista, que asumió el cargo de secretario general.

El origen ideológico del poder ejercido desde arriba

La política que Fidel Castro estaba implementando era coherente con las ideas sobre el poder y la revolución que había articulado cuando estuvo preso en Isla de Pinos (1953-1955) por motivo del fallido ataque al Cuartel Moncada. Probablemente impresionado por lo que describiera como caos, desorden y falta de disciplina que presenció como activista, tanto en la fracasada expedición de cayo Confites organizada con el propósito de derrocar al dictador Trujillo en República Dominicana en 1947, como en la gran explosión social y política (llamada Bogotazo) en Colombia en 1948; reaccionó situándose al otro extremo. Desarrollaría, en consecuencia, una visión monolítica de lo que debía ser una organización revolucionaria.

Así escribe, por ejemplo, el 14 de agosto de 1954 en el diario que mantenía en el mal llamado Presidio Modelo de Isla de Pinos:

No puede organizarse un movimiento donde todo el mundo se crea con derecho a emitir declaraciones públicas sin consultar con nadie; ni puede esperarse nada de aquel que se integre por hombres anárquicos que a la primera discrepancia toman el sendero que estiman más conveniente, desgarrando y destruyendo el vehículo. El aparato de propaganda y de organización debe ser tal y tan poderoso que destruya implacablemente al que trate de crear tendencias, camarillas, cismas o alzarse contra el movimiento.  

Años más tarde, el periodista de Radio Rebelde Carlos Franqui escribe sobre el liderazgo poco colectivo y democrático de Fidel Castro cuando colaboró con él en la Sierra Maestra, a finales de 1958:

He observado que muchas de nuestras reuniones son más bien una especie de consulta. O una conversación, casi siempre la prodigiosa conversación de Fidel, en la que se da por sentada una decisión, sin que casi nunca se tome un acuerdo ampliamente discutido por todos. Situación por lo que todos somos responsables por acción y omisión.  

Fidel Castro, Camilo Cienfuegos, Juan Almeida y Carlos Franqui.

No cabe duda de que las tendencias revolucionarias, pero políticamente autoritarias y desde arriba de Fidel Castro, no eran originales ni se limitaban a su persona. De hecho, esas tendencias facilitaron la creación de un grupo cercano y leal al líder cubano que compartía su visión revolucionaria y políticamente autoritaria, y que habían sido adquiridas, o por lo menos reforzadas, en sus experiencias dentro o cerca del movimiento comunista.

Así, por ejemplo, Raúl Castro había sido miembro de la Juventud Socialista (ala juvenil del PSP) a principios de los cincuenta; y el Che Guevara desarrolló una orientación procomunista muy a favor de Stalin a mediados de la misma década, durante su estancia en Guatemala, aunque nunca se unió al partido comunista de dicho país. Es obvio también que la ideología estalinista del PSP (el viejo partido comunista cercano a Moscú) poseía una «afinidad electiva» con las ideas y prácticas autoritarias de Fidel Castro y sus colaboradores cercanos.

                     El contexto socio-político del poder desde arriba

La gran popularidad de Fidel Castro y su indudable habilidad política no hubieran sido suficientes para lograr imponer con tanto éxito sus perspectivas políticas y controles organizacionales de no haber existido una serie de coyunturas políticas que le fueron sumamente favorables. No olvidemos que llegó al poder contando con una hegemonía revolucionaria indiscutible, ya que ni el Directorio Revolucionario ni el PSP estaban en condiciones de cuestionar, y mucho menos de oponerse, a sus pronunciamientos y decisiones, pues no disponían de su abrumadora popularidad.

Por su parte, los partidos políticos que fueran importantes en vísperas del golpe de estado del 10 de marzo de 1952, como los ortodoxos y auténticos, habían colapsado años antes de 1959. En contraste, consideremos la revolución política ocurrida en Venezuela exactamente un año antes, en enero de 1958, que derrocara al dictador Pérez Jiménez.  

A diferencia de Cuba, en vísperas de su revolución política Venezuela contaba con partidos políticos significativos y estables, como Acción Democrática y Copei, organizaciones que poco después de la victoria sobre Pérez Jiménez llegaron al Acuerdo de Punto Fijo, en octubre de 1958, precisamente para garantizar el estatus quo político y económico del país y evitar una revolución social. Esos partidos venezolanos no tenían equivalente en la Cuba de 1959, por lo tanto, Fidel Castro no tenía contrincantes políticos con la fuerza necesaria para obligarlo a ceder o negociar acuerdos.

En la Cuba de 1958 tampoco existían formaciones oligárquicas integradas por los estratos superiores de la burguesía, la Iglesia Católica y la alta oficialidad de las Fuerzas Armadas que hubieran podido funcionar como bastión contra las fuerzas revolucionarias. Como se mencionó anteriormente, en vísperas de la Reforma Agraria de 1959, los hacendados y colonos, conscientes de su falta de poder político para evitar una reforma radical, trataron inútilmente de seducir al Gobierno Revolucionario.

Respecto al ejército de Batista, era dirigido por un cuerpo de oficiales de origen de clase media y baja, que se había convertido en casta privilegiada y generalmente corrupta sin ideología alguna que justificara su poder. Cuando el coronel Ramón Barquín y varios oficiales de carrera denunciaron la corrupción en el ejército durante el Consejo de Guerra a que eran sometidos por conspirar contra Batista en 1956, fueron burlonamente denominados «los puros», lo que ilustra claramente la actitud cínica prevaleciente en las fuerzas armadas en la Cuba de Batista.

Un ejército así es por naturaleza débil, y solamente pelea mientras los beneficios recibidos justifiquen los sacrificios. No por gusto las fuerzas armadas batistianas colapsaron cuando tuvieron que combatir en serio al Ejército Rebelde.

Fidel Castro tuvo además muy buena suerte respecto a situaciones sumamente difíciles y peligrosas, un factor que los estudiosos a veces rehúsan considerar. La «buena suerte» en sobrevivir en este contexto se refiere a una serie de eventos concretos que suceden fuera del control de los actores políticos y que tienen gran impacto en la vida política de ellos y de la sociedad.

En el caso de Fidel, un ejemplo fue la muerte en combate tanto de José Antonio Echevarría, líder del Directorio Revolucionario, como de Frank País, uno de los líderes principales del Movimiento 26 de Julio, en 1957. Ello eliminó del escenario político revolucionario a dos figuras que pudieran haber realmente competido con él por el supremo liderazgo.

Cadáver de Frank País. (Foto: Archivo Cubadebate)

Aún más impresionante fue el hecho que, de los ochenta y dos combatientes que habían partido del puerto mexicano de Tuxpan en el Granma, a finales de 1956, menos de veinte sobrevivieron al desembarco en el suroeste de Oriente. Esa representa una tasa de sobrevivencia de menos del veinticinco por ciento, si se la compara con la tasa de sobrevivencia de las decenas de miles de tropas que participaron en la invasión de Normandía, la que varió entre el treinta y cuatro y el cincuenta por ciento en dependencia de la naturaleza de las unidades combatientes. 

Los dos períodos del Gobierno Revolucionario y las presiones desde abajo

Es pertinente notar, sin embargo, que en el caso de Cuba se manifiesta una diferencia significativa en la manera en que el gobierno se ha comportado entre el período que va de 1959 hasta el colapso del bloque soviético en el 1990, y desde esa fecha hasta ahora.

Si bien tuvo que admitir ciertas licencias durante la primera etapa, como la apertura de mercados campesinos en los ochenta, en general la ayuda material del bloque soviético compensó en gran parte los serios daños causados por el bloqueo económico norteamericano, y permitió al gobierno mantenerse firmemente en el poder sin dar muchas concesiones, presidiendo sobre una austeridad que generalmente satisfacía las necesidades más básicas de la población, y una significativa movilidad social, en parte generada por la emigración de amplios sectores de las clases medias y altas.

No obstante, desde que comenzaran las crónicas y profundas crisis económicas causadas por la desaparición de la URSS, y el subsiguiente descenso en el apoyo popular y legitimidad política del régimen, este último se ha visto obligado a una serie de concesiones, algunas de ellas importantes, como la significativa relajación de la posibilidad de emigrar para los cubanos (excepto los cientos de «regulados» políticos a los cuales no se les permite).

Por todo esto, no sorprende que mientras por una parte las crisis económicas y políticas han hecho al régimen más vulnerable a cierto tipo de presiones sociales y económicas; su relativa debilidad política lo torna decididamente represivo, como demuestran las largas condenas de prisión a cientos de cubanos acusados de participar en las protestas mayormente pacíficas del 11 de julio del 2021.

Es necesario aclarar que las estructuras políticas y sociales de Cuba distan del grado de pluralismo implícito en muchas de las nociones sobre el supuesto poder de las «presiones desde abajo», tanto en la etapa temprana de la revolución cubana como en la etapa actual. Por supuesto, eso no quiere decir que al gobierno no le importe lo que la gente piensa o quiere, o que no haga todo lo posible por manipular al pueblo para evitar no solamente explosiones populares como las del 11 de julio de 2021, sino cualquier manifestación independiente de descontento por pacífica que sea.

Es por eso, por ejemplo, que antes de que se aprobara la Constitución de 2019 por la Asamblea Nacional del Poder Popular, fueron organizadas discusiones para que la gente expresara opiniones e hiciera sugerencias sobre el texto constitucional.

Pero vale notar dos características claves de estas discusiones: las autoridades decidían sin consulta democrática de ningún tipo cuáles sugerencias serían adoptadas y cuáles rechazadas, característica típica de la cooptación burocrática desde arriba; y más que nada, los cubanos que asistían a esas reuniones no tenían la posibilidad ni el poder de coordinar sus propuestas con las de otros compatriotas que asistían a reuniones en otros lugares, y muchísimo menos podían utilizar los medios de comunicación para hacer propaganda y agitar a favor de sus propuestas u objetar otras.

Basta comparar este tipo de cooptación con el amplio debate público en periódicos, revistas y emisoras de radio, y las elecciones libres de delegados entre los muchos candidatos de todos los partidos políticos, incluyendo notablemente al Partido Comunista, antes de la Convención Constituyente de 1940, para apreciar la enorme diferencia entre los dos procesos constitucionales.  

Entre los constituyentistas de 1940 había seis comunistas y tres mujeres entre los delegados. En la foto, Salvador García Agüero y Juan Marinello. (Foto: Trabajadores)

La Reforma Agraria: ¿radicalizada por presiones desde abajo?

Quizás porque la ley de Reforma Agraria de 1959 marcó un punto de inflexión en la radicalización de la revolución, algunos estudiosos han argumentado que fue la «presión desde abajo» la que explica el rumbo radical tomado por el gobierno revolucionario. Así lo hace un estudio conducido en 1972 por los científicos sociales Juan y Verena Martínez Alier, en los archivos del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) en el que concluyeron que cuando la clase obrera rural demandó tierra o trabajo, esta demanda creó una gran presión de clase sobre el gobierno cubano que causó su radicalización.

Es importante notar que los investigadores no reportaron nada que demostrara impaciencia, descontento o desconfianza de los campesinos respecto a las acciones y políticas del Gobierno Revolucionario, lo que generalmente sucede cuando un campesinado inquieto y demandante confronta a gobiernos moderados, cautelosos o vacilantes de tipo reformista, liberal o conservador.

En todo caso, los principales líderes cubanos ya hacía mucho que se habían radicalizado, aunque antes de la victoria, como se señaló, se mantuvieron muy discretos. Más que nada, Fidel Castro y sus colaboradores cercanos disfrutaban, sobre todo en aquellos años, de un enorme crédito político con el pueblo, y especialmente con los más desposeídos, así que por lo menos en aquel momento tenían poco de qué preocuparse, en particular cuando no existía ninguna fuerza política significativa que los pudiera rebasar, después de mayo de 1959, al proponer una política más anticapitalista que la de ellos.

Por supuesto, los líderes revolucionarios, así como la gran mayoría de los cubanos, estaban sumamente conscientes de las grandes expectativas populares respecto al logro de una mejora apreciable en su nivel de vida, lo que en realidad ya estaba ocurriendo a un grado importante en 1959 e inicios de 1960, antes que se destaparan las crisis económicas y en especial agrícolas en el país.

A la luz de esa realidad, es posible que las expectativas populares puedan apreciarse como un tipo de presión, excepto que no fue ejercida como una fuerza externa que alterara el rumbo de los líderes revolucionarios, que es el modo en que lo asumen Juan y Verena Martínez Alier en «”Tierra o trabajo”: Notas sobre el campesinado y la Reforma Agraria, 1959-1960”, en Cuba: Economía y Sociedad, París, Ruedo Ibérico, 1972, 109-208).

A la referida obra hay que añadir un trabajo reciente de Sarah Kozameh que propone igualmente que las presiones populares alteraron el rumbo de los líderes revolucionarios. («Agrarian Reform and the Radicalization of Revolutionary Cuba», Cuban Studies, #51, 2022, 28-46.) Kozameh asume que los avances de la Reforma Agraria, después de su aprobación en 1959, se debieron a presiones que los campesinos cubanos ejercieron sobre el gobierno cuando este actuaba de una manera que ella califica como «moderada» (sin que explique cuál hubiera sido entonces una actuación «radical»

Basándose en las cartas enviadas a las oficinas del INRA, Kozameh concluye que los campesinos presionaron al gobierno a conceder los beneficios prometidos cuando se aprobó la ley de reforma agraria, presionó al INRA a actuar contra los intereses de los terratenientes y, de esta manera, propulsó la radicalización de la revolución.

No hay duda de que la autora estudió archivos del INRA, pero dudo que haya leído con cuidado los periódicos y revistas de la época, que la hubieran informado acerca del radicalismo del gobierno antes y después de mayo de 1959, especialmente cuando ignora o le da poca importancia al rol del Ejército Rebelde en el proceso de Reforma Agraria. (Por cierto, fue el Ejército Rebelde el que en la Sierra convocó, en 1958, a los campesinos a organizarse y no al revés, según sostiene Kozameh).

Es claro, como afirma la autora, que los terratenientes y latifundistas trataron por todos los medios de mediatizar, sino eliminar, la reforma agraria. Pero fue el INRA, obviamente apoyado por el gobierno y el Ejército Rebelde, el que, por ejemplo, despidió a Manuel Artime, líder católico que había tratado de «moderar» la reforma agraria desde las mismas filas del INRA. Y, como señalé antes, fueron el Ejército Rebelde, los funcionarios del INRA y no los campesinos mismos, los que en la práctica diaria llevaron a cabo las «intervenciones» de tierras que establecieron los fundamentos de la revolución en el campo.   

Finalmente, la gran mayoría de quejas al INRA no pueden ser  consideradas presiones de índole política. Quejas sobre posible corrupción, decisiones erróneas y mal implementadas, ineficiencia, y lo que seguramente constituyeron numerosos errores administrativos dada la falta de experiencia de los nuevos funcionarios agrícolas; no significan de manera alguna «presiones políticas» en el sentido de lo que Kozameh reclama radicalizó a los líderes revolucionarios.

En el actual edificio que ocupa el MINFAR, se encontraba el INRA.

De hecho, el primer ejemplo de protesta citado por Kozameh es acerca de un tal Juan Triana Fernández, a quien los funcionarios del INRA en Matanzas le confiscaron los bueyes indispensables para transportar sus cosechas y hasta permitieron que un rebaño de doscientas vacas pisotease sus tierras lo que incidió en que perdiera la cosecha de arroz.

Triana fue claramente víctima de una increíble incompetencia, negligencia y abuso burocrático, que hubiera requerido por lo menos el reemplazo inmediato de los funcionarios responsables. Pero eso no tiene que ver con la supuesta presión desde abajo para radicalizar la legislación agraria. Por supuesto, nada de esto quiere decir que no existieran conflictos reales entre campesinos y terratenientes.  ¿Sin embargo, cómo actuaron en esos casos los funcionarios locales del INRA y los oficiales del Ejército Rebelde? Es poco probable que hayan apoyado a los antiguos propietarios. De haber ocurrido así, cuando los campesinos escribieran al INRA para quejarse y protestar vigorosamente, eso sí sería una verdadera «presión política».  

Los motivos de estas interpretaciones

Varios estudiosos de la Revolución Cubana siguen la pauta de lo que pudiéramos denominar «la Historia desde abajo, pero al revés». Hay dos factores principales involucrados en tales procesos: primero, las usanzas académicas, que frecuentemente tienen una relación complicada y no necesariamente directa con imperativos políticos. La influencia intelectual de los enfoques relativamente nuevos «desde abajo», que en general considero muy positivos, pueden sin embargo crear presiones académicas para que los estudiosos los traten de aplicar de manera acrítica en condiciones poco propicias.

Segundo, hay también motivaciones, sobre todo políticas, cuando los estudiosos, comprensiblemente, tratamos de aplicar raseros y preferencias ideológicas a tareas académicas e intelectuales. Para los que simpatizan con el régimen cubano no es fácil demostrar, por razones obvias, que ahora, o aun en 1959, este haya estado sometido a controles populares de índole democrática desde abajo.

Entonces, como no pueden pretender que ha existido control democrático por parte de la población, tratan de mostrar que existieron presiones populares desde abajo que han tenido impacto significativo en las decisiones políticas del gobierno, tratando de crear de esa manera una visión más positiva y aparentemente más democrática, aunque irreal, del mismo.

Textos relacionados

Producto Nacional Bruto y servicios profesionales al exterior

La solución no la tiene «el médico chino»

El «otro comunismo» chino

15 comentarios

El inagotable, Orlando J Martinez 20 junio 2022 - 8:39 AM
Copio Compensación a los viejos propietarios por las tierras confiscadas por el estado.. Decia mi tia Isabel que en paz descanse. (Esa gorda era un angel) Me quitaron mis tierras porque yo no las trabajaba. Tengo 69 años, pero no estaban improductivas. Deje en las Villas a un administrador que las atendia ¿COMPENSACION? TAMBIEN LE QUITARON UNAS CASITAS QUE ALQUILABA. La dejaron sin medios de vida y le asignaron una renta vitalicia de 100 pesos cubanos y . Solo le dejaron una casita La casita, se la regala a una sobrina ,por adopcion, que se caso con un señor que era un comecandela y ella se fue a vivir con una hermana (Era un angel de bondad) Por supuesto. Muy revolucionaria. Ja ja ja Compro el Diario del Che en Bolivia y me lo regalo. "Orlandito, no lo voy a leer. Se han comido un caballo podrido. ¿QUIEN VA A QUERER HACER LA REVOLUCION COMIENDO CARNE PODRIDA? JA JA JA. No se dio cuenta del poder que tienen las ideas. Ja ja ja
Zenon 20 junio 2022 - 10:03 AM
Artículo extraordinario, muy bueno y fundamentado!!!
Manuel Figueredo 20 junio 2022 - 10:40 AM
Muy buena cronología para que sepan hasta donde llegó y el porqué de una revolución fallida.
Ramón García Guerra 20 junio 2022 - 1:32 PM
Sucede que entre 1937 y 1969 sucede el ciclo populista en Cuba, que se distingue de los ocurridos en Suramérica en varios aspectos. Luego, los años de 1960 fueron la etapa de reapropiación de los contenidos más populares del proyecto populista más radical --hablo de Eduardo Chivás y el PRC Ortodoxo. La etapa en cuestión tuvo dos momentos; uno de definiciones políticas, (1961-1965) y otro de radicalización ideológica (1966-1970). Ahora, en ese contexto histórico y político, ocurren dos procesos en paralelo: a) uno de proletarización de la sociedad, que viene de finales de los años 1940, b) otro de estatalización de la economía, que fue una tendencia de posguerra. Explica esto la rapidez, la profundidad y la eficacia de la sovietización del país ocurrida en tan breve plazo (1971-1989). Luego, hallo otro aspecto no considerado en este artículo se refiere a la articulación de un Estado autoritario-policial que perdura hoy en nuestra sociedad. Esto no niega la existencia de movimiento de contestación al régimen que han afectado al mismo. Pienso en una línea de pensamiento crítico y activismo social-comunitario que se manifiesta en los ámbitos artísticos, académicos y populares. Esto es algo que se advierte en momentos de crisis de realización, que se dieron en ciclos de 8 años, en continúo de ofensiva, repliegues y contraofensivas. Este es un déficit de los estudios subalternos en Cuba; aunque se ha hecho muchísimo en materia de rescate de la memoria histórica y colectiva de ese proceso.
Sanson 20 junio 2022 - 2:40 PM
Los cubanos, a diferencia del resto de los mortales nacemos con una obligacion heredada que consiste no ya en labrarse un futuro por medio del esfuerzo. Nacemos con una tiraniia feudal sobre nuestras cabezas y desde la posicion de siervos tenemos solo la alternativa que servirla, soportarla y fingir que no queremos otra cosa mas alla de eso ya que otra alternativa solo conduce al total fracaso social y al fracaso de nuestras vidas en todos los sentidos. Nacemos con una ideologia fallida que desde que empezamos a balbucear algunas palabras tenemos que acatar como si fuera una religion barbarica con dioses y todo. Acaso alguien es tan iluso como para pensar que si los EEUU le quitan las sanciones al regimen enemigo que mandan los castro y sus esbirros se arreglaran las cosas para los cubanos mas alla de unas infimas limosnas que siempre vendran convolladas con un cumulo de obligaciones?. Habria que ser , como digo, un total iluso. Dejaran acaso de aparecer en las redes sociales el disfrute de las propiedades y prebendas que obstentan los nietos del antiguo dictador y sus acolitos?.Acaso piensan que los cubanos podran evitar que sus hijos vayan a prision ante cualquier muestra justificadisima de descontento? Acaso alguien piensa que los abusivos organos de la SE van a dejar de hostigar al que se aleje de la adulacion al rejimen y sobretodo a la casta que malgobierna?. No pienso asi. Al tirano fidel castro le estaba vedado por razones obvias abrazar el capitalismo, aun cuando el vivia como un magnate capitalista y disponia de seres y hacienda como si fueran de su propiedad. Los dictadores herederos no piensan asi y solo esperan a que se levanten las sanciones para poder libremente restregarnos sus riquezas y aprovecharse de nosotros como cualquier ricachon en cualquier paisejo tercermundista corrupto aun sin reconocer que la miseria y la falta de derechos son producto del largo gobierno impuesto por su antecesor el Tirano en Jefe. Consejo sano. No les hagamos mas el juego con falacias como las de los "Puentes de amor" o acuerdos entre "cubanos". Eso nunca va a funcionar. Solo cuando todo el que ha estado jodiendo y aprovechandose de los cubanos este tras las rejas, las sanciones economicas desapareceran y a partir de alli nos corespondera elegir nuestros gobernantes, nuestros aliados y nuestro futuro.
Habanero 21 junio 2022 - 4:36 AM
Sansón: Dice usted ponerlos tras las rejas. Creo que está equivocado. Mejor será darles una libreta de abastecimientos y hasta un cuartico en un barrio marginal y que vivan (sobrevivan) como cualquier cubano común. Eso si, dar mucha propaganda televisiva, mostrar sus caras, que se conozca quiénes son... No le parece mejor?
Juan Pin 21 junio 2022 - 4:13 AM
La foto son Fidel, Camilo, Almeida y el Comandante del II Frente Oriental, Agusto Martínez Sánchez
Oscar+Alvarez 22 junio 2022 - 11:05 AM
Tienes razon Juan Pin, al que quieren identificar com Carlos Franqu es Augusto martinez Sanchez, promotor de la Ley de Justicia Laboral 1166 posteriormente derogada tras la muerte de Lazaro Pena, por la burocracia del PCC y la CTC por favorecer a los trabajadores.
Oscar+Alvarez 21 junio 2022 - 2:24 PM
Un analisis producto de un conocimiento claro del proceso revolucionario que comenzo en diciembre de 1957 y cuyo fantasma recorre la isla aparentando que es de carne y hueso y no un hectoplasma quqe se niega a desaparece. Este brillante articulo de Samuel Farber nos ilustra cual es la raiz de los problemas de la Cuba de hoy. Esa raiz esta en un proceso que, por la voluntad de un hombre genial, pero sumamente autoritario con un ego descomunal, se impuso a todos y creyo que el podia hacer una revolucion sin contar con las opiniones del resto de la poblacion cubana. Una revolucion verdderamente socialista y por ende, democratica, no puede funcionar cn la presion desde arriba. Fidel Castro fue sin dudas genial como politico y como estratega, quienes lo nieguen se estaran enganando, pero tambien, sin dudas, fue tiranico y nos lego un modelo que sin su presencia voluntariosa, esta manejado por dirigentes sin carisma, sin suficiente inteligencia y carentes de audacia. Ellos llevaran al pais a su desastre final. Lamentable, porque la revolucion pudo terminar de otra manera.
Sanson 21 junio 2022 - 10:36 PM
Siento diferir. No connsidero que castro fuera un hombre genial ni nada que se le parezca. Eas sencillamente un populista que utilizo el camino y los metodos mas que trillados por los populistas anteriores y posteriores. Hitler por ejemplo. O Trump. No existe diferencia y de ahi dejan a sus ciegos seguidores con la sensacion que sin ellos no podia hacerse. Castro solo se encargo de demonizar a personas que hasta su llegada habian sido parte de la savia nacional y plenamente aceptados por el resto aun con sus virtudes y defectos y no vacilo en despojarlos y destruirlos..El primer resultado de un populista es dividir radicalmente, hasta el odio, a los que un dia convivieron juntos. Castro repartio lo que no era de el a mano abierta y demonizo a los que no creyeron en su accionar bandidesco. Nada nuevo. Carisma ?. Claro. De no existir un discurso ofensivo y vehemente ninguno de los tres casos que nombro hubiera llegado a nada y es debido a eso que a los tres todavia hay gente que suenna con revivirlos para hacer la misma mierda que annoran y ven perdida. La mayoria que los apoya es no debido a que aman a los mismos que ellos aman sino por considerar que el lider comparte con ellos un odio que manifiesta constantemente. No se dejen engannar. Todos recelan de las personas con cerebro y decencia y poco a poco se van rodeando de mediocres sumisos. Quieren ejemplos? Y eso de genial como politico es un disparo al aire. Digo si preferimos no mezclar la politica con el jineterismo internacional. Nadie es politico cuando se pliega a quien lo mantiene y se burla y reprime a sus compatriotas contrincantes.
tony ctrespo 22 junio 2022 - 8:29 AM
Un enfoque psudo romántico a lo Hollywood de lo que fue en realidad el desastre irreparable de la ROBOLUCION y su capitán araña que engañó a toda una nacion
Oscar+Alvarez 22 junio 2022 - 11:24 AM
Bueno, se puede negar la genialidad de Fidel Castro, pero como explicar que su revolucion y subrayo su, porque fue su invento, pudo sobrevivir a decenas de intentos de asesinato y a la hostilidad manifiesta de los Estados Unidos, explicar como se coloco, en medi de un mudo complejo y salir indemne de situaciones como la invasion de giron o bahia de cochinos, , como gusteis llamarla y de la crisis de los misiles en 1962/? Suerte? casualidad? Tuvo errores, si, los tuvo, pero ciertament pasara a la historia y ninguno de nostros lo hara y, como pasara? no como un criminal o un vulgar ladron, sino como un lider mundial de la segunda mitad del siglo XX. yo no digo que me guste, pero pienso que es lo que realmente es objetivo.
Sanson 23 junio 2022 - 7:00 AM
Que "su" revolucion pudo sobrevivir?. Creo que no tiene claro lo que significa sobrevivir. "Su" revolucion murio hace muchos annos.y hoy la gente se escapa de Cuba como el que asiste a un velorio y tiene que saltar por las ventanas de la funeraria cuando los olores de la descomposicion del cadaver se hacen insoportables y no se vislumbra en que momento va a ser el entierro.
Wolf_05 23 junio 2022 - 3:23 PM
Hola buenas tardes, considero oportuno mostrar en este blog esta idea que estamos formando unos pocos cubanos en Telegram https://t.me/debatepsdm ; PSDM (Partido Social-Demócrata Martiano) Tenemos nuestros propios documentos base. Actualmente es un grupo de debate y estamos optando por ganar mas personal para la formación oficial del partido de carácter clandestino.
Las transformaciones de la Revolución Cubana: ¿desde abajo o desde arriba? — La Joven Cuba | Cuba Nuestra: Pensamiento 27 junio 2022 - 4:32 AM
[…] Las transformaciones de la Revolución Cubana: ¿desde abajo o desde arriba? — La Joven Cuba […]

Los comentarios están cerrados.

Agregar comentario