Con todos se ha de fundar

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Por Alan A. González Consuegra*

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«Cuba debe ser en lo político tan Isla como lo es en lo geográfico».

«Diles que ellos [los jóvenes] son la dulce esperanza de la Patria y que no hay Patria sin virtud, ni virtud con impiedad».

Padre Félix Varela

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«El destinatario simbólico de las Cartas a Elpidio es el joven de esperanza y, en este sentido, todos los jóvenes son “Elpidios”, porque —sean como sean o estén en donde estén—, son susceptibles de crecimiento integral. Podremos sintonizar con el Padre Varela, sólo si permanecemos siempre animados por esperanzas múltiples: ante todo en Dios, pero también, de otro modo, en tirios y en troyanos, sin cerrar —¡jamás! — la puerta con un portazo atronador, definitivo. Acoger el legado de Varela, exige, en primer lugar, el aprendizaje de la puerta entreabierta, de la confianza, de esperar por la otra oportunidad, aunque algunos estimen que sea contra toda esperanza».

Monseñor Carlos Manuel de Céspedes y García-Menocal

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1. Hace siete años tuve el privilegio de conocer y tratar en contadas ocasiones al ilustre cubano de estirpe mambisa cuyas palabras encabezan este artículo. Lo admiraba desde antes por su pensamiento intelectual, su cubanía, su sentido del humor, su capacidad de conciliar en sí mismo las contradicciones de su generación, de la época que le tocó vivir, las necesidades de su Patria, sus convicciones personales y el legado familiar; no obstante, su mayor grandeza residía en la humildad y en la sencillez de su persona, en su trato fraterno y sincero. Lo conocí en el ocaso de su vida y aun así fue una experiencia aleccionadora. El Padre Carlos Manuel murió amando devotamente a Cuba y a la Iglesia, sus dos pasiones.

2. De los «guatequitos» que celebraban los alumnos de algunos de los colegios privados de La Habana conocía monseñor Carlos Manuel a mi amiga Victoria Fernández de Alaíza y Galliano. Victoria me mostró una Cuba que desconocía, pero necesaria para tener una idea cabal del gran lienzo que es nuestra nación con su variopinta realidad. Tras su carácter prusiano y maneras propias de la rancia aristocracia, existía una mujer con fragilidades, sensible y de buen corazón. Estuvo entre los que perdieron mucho el 1º de enero de 1959, sin embargo, decidió quedarse en su Patria. No se podía imaginar viviendo fuera de esta isla por cuya independencia de España lucharon sus abuelos y tíos, terratenientes hijos de vascos. Era asimismo descendiente de hombres que lucharon en la Guerra del Pacifico e hija de un veterano de la Primera Guerra Mundial. «Ustedes, los jóvenes, hoy en día lo resuelven todo yéndose, a mí me ensañaron a ser patriota», me espetó un día. Victoria, quien hablaba con orgullo de José Antonio Echevarría, y a Juan Niury sólo le reconocía su perfecto dominio del inglés, murió octogenaria, adversando a Fidel y a la Revolución, pero amando a Cuba.

3. Por mediación de Victoria, conocí a su amiga Mary Ruiz de Zárate, otra descendiente de vascos y mambises. Con una historia de vida intensa y digna de contar —no exenta de polémica—, Mary era una cubana impetuosa que hoy sería un ícono feminista. Cienfueguera y marxista como Carlos Rafael Rodríguez, escogió ser parte de la construcción de la nueva sociedad sobreponiéndose a su origen social. Sus investigaciones históricas sobre Cuba y la América de los libertadores —plasmadas en escritos que publicó durante más de cuatro décadas en el diario Juventud Rebelde— todavía hoy son referentes necesarios. Mary, la abogada vehemente, la historiadora y periodista, falleció olvidada por casi todos en un ostracismo autoimpuesto, pero amando a Cuba.  

4. Por mis abuelos, a quienes sueño con amor y añoranza, aprendí a amar a Cuba. El sentimiento patrio, la admiración por Fidel y la entrega de ambos a la Revolución que les dio tanto —derechos y oportunidades a ellos y a sus hijos, provenientes de una familia humilde—, fueron fundamento del ambiente en que crecí. Me hablaron de las carencias e injusticias que experimentaron en la sociedad capitalista y también de los gratos recuerdos de tradiciones y amigos que desaparecieron con el tiempo. Fueron de esa generación que lo sacrificó todo por la obra soñada, dando por hecho que sus hijos serían «el hombre nuevo». En casa no conocí de racismos ni de odios a otros cubanos, tampoco de discriminación de cualquier otra índole. Podían existir discrepancias, discusiones acaloradas, pero al final se seguía siendo familia, amigos, vecinos, cubanos. Mis abuelos, antes de partir, miraban con preocupación y esperanza el futuro de su país y también murieron amando a Cuba.

5. El acervo cultural que me define como cubano, mis valores, mis principios, han sido enriquecidos por los ejemplos y las historias de estos y otros mayores que no menciono, pero me acompañan todos. En ellos siempre primó un sentimiento por sobre ideologías y creencias: amar a Cuba sabiéndose hijos de ella. ¿Cómo no hacerlo? Amar a la Patria implica reconocer en el otro a un hermano por cuyas venas corre la misma sangre de aquellos que tantas veces ofrendaron la suya propia para legarnos un gentilicio del cual nos sintiésemos orgullosos: cubano. No existe mayor altar que el de la Patria ni mayor condición que la de ser su hijo.  

6. Cuando tirios y troyanos cometen el error de confundir a la Patria con el proceso político, económico y social vivido en las últimas seis décadas, o con su gobierno, quien más pierde es Cuba. Tal confusión nos lleva a no reconocernos como compatriotas, hermanados por el suelo que pisamos y cobijados por la sombra de la misma palma que tan útil fue a los mambises cuando enfrentaron a muerte al poderoso Imperio español. En aquella gesta, la más grande, la que más sacrificios demandó de los cubanos, por un solo fin combatieron juntos hombres de diferentes ideologías, creencias y orígenes: hacer de Cuba una nación libre y soberana.

7. En el siglo XXI la humanidad se jugará su supervivencia como especie. El Antropoceno está haciendo de la Tierra un lugar cada vez más hostil para la vida. Los científicos más avezados pronostican en el futuro cercano enfermedades similares o peores que la pandemia que hoy azota al mundo, al tiempo que las contradicciones sociales se acentúan en todos los países como consecuencia —entre otras— de la incapacidad de los sistemas políticos existentes para resolver los conflictos e injusticias sociales. Estamos viviendo en época de la posverdad, pero también de la pospolítica. Tales tensiones ambientales, sanitarias, económicas, bélicas y políticas a escala global, inciden sobre el sistema de relaciones internacionales y afectarán a todos sus actores en menor o mayor medida. 

8. Si los cubanos no somos capaces de asumir nuestras diferencias ideológicas y las contradicciones que, acentuadas por el cambio generacional, emergen en la sociedad actual, y resultamos incompetentes para edificar sobre ellas un diálogo permanente que nos lleve a una reconciliación como nación y como pueblo (que es uno solo: el que vive dentro y el que vive fuera de la Isla); un diálogo que nos permita construir y desarrollar este país a tono con las demandas de este siglo y con el esfuerzo de cada cubano que por su tierra quiera hacer; entonces Cuba enfrentará endeble los inciertos, pero peligrosos desafíos que se cuecen en nuestros días y que son tan dignos de atención como la guerra que se libró por tener soberanía.

9. Pierde Cuba cuando sus hijos desperdician su talento y energías en enfrentamientos estériles y fratricidas, catalizados por el odio de quienes en ambos bandos se sienten seguros y dueños de la verdad, y manipulan conceptos y hechos a gusto. Preocupa ver cómo, desde ambas partes, se incita a la violencia sobre el otro, en las redes sociales, por el solo hecho de pensar diferente y pocas voces reflexionan sobre ello. Andar por ese camino nos conducirá al fracaso como nación hasta llegar a un punto en que nos miraremos al espejo y no seremos capaces de reconocernos a nosotros mismos.

10. Nos debemos construir un mejor país a partir de los derechos ganados por las generaciones precedentes, pero con la impronta de las actuales, donde cada cubano tenga su espacio, se propicie la prosperidad material y se fomente la virtud; donde podamos convivir con respeto y tolerancia en paz, una paz fruto de los consensos y no como la pax romana.

11. Sentiré siempre orgullo de todo cubano que haya contribuido a poner en alto el nombre de esta Isla, así haya sido pobre o rico, social-demócrata o marxista, ateo o cristiano. Sentiré siempre alegría de encontrar algún cubano por el mundo y disfrutar de ese trato que nos damos como si nos conociésemos de toda una vida, justo en ese momento, en un país extraño, sin ser relevante por quién votamos o en quién creemos. No olvidaré cuándo, estando en otras latitudes y observando los bosques germánicos, al escuchar La Comparsa de Lecuona y la Camerata en Guaguancóde Guido López-Gavilán, me vino a la mente Cuba. En un instante, el Atlántico se achicó, el ser completo se conmovió, y brotó la añoranza por el olor a salitre del mar que baña nuestra Isla. Como tampoco se olvida a Celia con su azúcar, al Benny, a Bebo, a Omara, ni debemos olvidar a White, a Brindis de Salas, a Esteban Salas, nuestro Vivaldi, y tantos otros que con su música han alimentado el espíritu de la Patria.

12. Quizá si existe un símbolo amado por todos y que hable de nuestra singularidad y diversidad, es la bandera. Esa bandera a la que hay que reverenciar con la cabeza descubierta, insignia de la soberanía que nos toca conservar en el relevo interminable que impide que la dejemos caer, la misma bandera que se yergue al pie de las tumbas de los mambises en Santa Ifigenia y en Colón, con la que muchos quieren cubrirse en el sueño eterno como lo quiso en España el que una vez fuera el hombre más rico de Cuba; la misma bandera que fue creada por un anexionista en New York y que se inspira en la star-spangled banner y en la de Texas; la misma bandera que defendieron Céspedes, Agramonte, Vicente García, Maceo, Gómez, Martí, y tantos otros; esa que custodia junto a sus hermanas de América la tumba del mambí desconocido en el Capitolio Nacional. Mambí al que todos rendimos honores, y no sabemos ni cómo pensaba ni como lucía, sólo que era un cubano que dio la vida por la libertad de su tierra. La misma que ondeó Fidel en una oscura noche de abril de 1995 en Playita de Cajobabo, en atípico ritual de tributo a esos grandes hombres. La historia a través del tiempo de ese estandarte que portamos con orgullo nos identifica, nos apasiona y nos une.

13. Ruego a Dios porque los cubanos encontremos la forma de entendernos escuchándonos. Cuba deberá ser, en el futuro, tan ecléctica como La Habana, donde convergen diversos y hermosos estilos arquitectónicos y urbanísticos en total armonía, escondidos detrás del musgo y el hollín que el tiempo bruñirá, y que hacen a la ciudad tan singular como a su gente. No sé dónde ni cómo, pero sí sé que yo también, como el Padre Carlos Manuel, Victoria, Mary y mis abuelos, moriré amando a Cuba y a sus hijos al igual que lo hizo Martí.

***  

A mi señor Néstor Ponce de León

Viene a decirme Capriles
Que alguien dijo en Broadway,
Que en mi discurso exclamé:
«¡Los anexionistas viles!».

¡Bien, y con mucha razón,
Me mandó usted el recado
De tenerme preparado
El espinudo bastón!

Miente como un zascandil
El que diga que me oyó,
Por no pensar como yo
Llamar a un cubano, «vil».

Viles se puede llamar
A los que al lucir el sol
Del Diez, con el español
Fueron, temblando, a formar.

Los que al hombro los fusiles,
Negra el alma y blanco el traje,
Ayudaron al ultraje
De su patria —esos son viles.

Vil viene bien, y no menos,
Al que por la paga vil,
Mata el ánimo viril
Entre los cubanos buenos.

Pero al que duda —¡yo no!
¡Yo no dudo!— que su tierra
Puede después de la guerra
Vivir con paz y con pro;

Al que comparta la fe,—
La fe que yo no comparto,—
En el cariño del parto,
Que pudo ser, y no fue;

Al que piensa —¡yo no pienso
Así!— que, en tanto desdén,
Es dable un inmenso bien
Sin un sacrificio inmenso;

Al que, por odio a la guerra,
Prefiera —¡yo no prefiero!—
El comerciante extranjero
A la virtud de su tierra;

Ese, ¡quién sabe si arguya
En vano! ¡si en la mar fía!
Pero si su tierra es mía,
También es mi tierra suya.

Y puede, de igual derecho,
En brazos de otro soñarla,
Como sueño en conquistarla
Mano a mano y pecho a pecho.

¿Qué dijera yo de aquel
De opinión diversa, si
Me llamara vil a mí
Por no opinar como él?

Quiero a Cuba amante y una;
Quiero juntar y vencer;
¿Y empiezo por ofender
Al que ha nacido en mi cuna?

No hiero al mismo español,
De quien la sangre heredé
¿Y fratricida, heriré
A mi hermano en pena y sol?

A mis hermanos en pena
No los he de llamar viles:
Los viles son los reptiles
Que viven de fama ajena.

Todo esto es muy simple, todo
Es que nos daban por muertos
El Diez, y al vernos despiertos
Cierran el paso con lodo.

¡Pero quisiera ver yo
Frente a frente al zascandil
Que dice que llamo vil
A mi hermano, y que me oyó!

Donde no nos puedan ver
Diré a mi hermano sincero:
«¿Quieres en lecho extranjero
A tu patria, a tu mujer?».

Pero enfrente del tirano
Y del extranjero enfrente,
Al que lo injurie: «¡Detente!»
Le he de gritar: «¡es mi hermano!»

En la patria de mi amor
Quisiera yo ver nacer
El pueblo que puede ser,
Sin odios y sin color.

Quisiera, en el juego franco
Del pensamiento sin tasa,
Ver fabricando la casa
Rico y pobre, negro y blanco.

Y cuando todas las manos
Son pocas para el afán,
¡Oh patria! Las usarán
En herirse los hermanos!

Algo en el alma decide,
En su cólera indignada,
Que es más vil que el que degrada
A un pueblo, el que lo divide.

¿Quién, con injurias, convence?
¿Quién, con epítetos, labra?
Vence el amor. La palabra
Solo cuando justa, vence.

Si es uno el honor, los modos
Varios se habrán de juntar:
¡Con todos se ha de fundar,
Para el bienestar de todos!

José Martí

(N.Y., 21 de octubre, 1889)

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*Este texto fue publicado originalmente en el blog Segunda Cita.

12 comentarios

Observador 2021 28 febrero 2021 - 4:07 PM

Curiosamente, ahora se ponen en la palestra y con preocupación los términos Patria, bandera, fomento del odio y la violencia entre hermanos, etc, cuando en 60 años de indetenible e intenso abuso de esos términos, el poder totalitario los utilizó como propiedad privada y arma legítima para imponer y defender los derechos que muchos entendieron y asumieron como irrevocables y legítimos. Y que no importara que el acceso al poder fuera logrado con la lucha y el apoyo de muchos (al precio de sus vidas y hasta de sus muertes) que terminaron en prision, en el exilio o en el insilio por no plegarse al carácter totalitario que en poco tiempo tomó el proceso revolucionario. En que todo debate y diálogo entre cubanos fue suplantado por la violencia y la imposición, destrozando todo marco institucional, en plena afrenta al apóstol que también fue incorporado de facto al inventario del poder, tambien con el apoyo tácito o entusiasta de una masa aprobatoria y complice.

Nadie escuchó en esas largas decadas el reclamo por expropiaciones de medianos y pequeños negocios, la velada o abierta persecución religiosa, el acoso al desafecto o al homosexual, la vejacion al que pretendía emigrar, la prohibición a la libre expresión. Todo era justificado por el clima hostil del enemigo y la necesidad de esa lucha de clase recetada por una ideología ajena a nuestra cultura, en un asalto enaltecedor al cielo y para llegar asi al futuro luminoso. Y todo expedito y asegurado bajo control por el hermético cerrojo a lo que no fuera pensamiento oficial.

Los tiempos cambiaron, el mundo cambió, las tecnologias de comunicación cambiaron y hasta el paraíso prometido también cambió y parece haberse convertido en un infierno real. Pero el poder insiste en mantenerse inflexible con su Partido-Estado-Patria blindado en una constitución que le asegura su continuidad y su vocación de cancerbero-protector de la nación.
Cambiar todo lo que deba ser cambiado, menos el papel de vanguardia del partido y su ideología y sistema anclados por decreto.

Habrá que orar mucho, habra que sonar mucho, habrá que luchar mucho y sobre todo habra que abrir mucho y de una vez por todas los ojos para que ese poder soberbio acceda con honestidad a dialogar y a permitir que otros ajenos a su manada construyan un proyecto de pais mucho mejor y muy diferente al que se nos pudre hoy en las manos.

Aunque algunos sigan cuestionando el derecho a reivindicar la patria, la libertad y la soberanía que unos han secuestrado para si.

Alfonso Rojas Arjona (@AlfonsoRojasAr2) 28 febrero 2021 - 4:51 PM

mientras no se abandone el marxismo-leninismo y el socialismo nunca habra reconciliacion, porque estas ideologias tienen algo en comun SON TOTALITARIAS, ellas no aceptan otro pensamiento politico, son excluyentes y no dan espacio al disenso, al debate y a la participacion politica de los que no piensen como los que profesan estas ideologias, es en suma un APARTHEID politico el que se practiuca en la Islka, tan repugnante como el apartheids practicado por el color de la piel o de .raza.

tony crespo 28 febrero 2021 - 6:34 PM

Alan Gonzalez por que si mencionas lo que tus queridos abuelitos ganaron con el castrismo y para ser justo contigo mismo y con ellos en el juicio que proclamas con orgullo no mencionas o ignoras tambié el costo de las libertades que perdieron a cambio de estos beneficios….. En la situación catastrófica del país hoy día, crees con toda honestidad que mereció la pena el sacrificio de la pérdida de toda las libertades por el el efimero disfrute de unos beneficios?

Sanson 28 febrero 2021 - 6:57 PM

Es una asfixiante mentira que «hacer una revolucion» sea arrebatar a una viejita que vive de una quincayita su forma de vivir o a un barbero. Tampoco quitarle su tierra a un campesino o el dinero ahorrado a los que habian podido hacerlo honradamente.
Tampoco es «hacer una revolucion» seguir a un aventurero que no vacilo en dejar a sus companneros embarcados y huir.
Cuando se deje de poner como ejemplo a fascinerosos que hundieron a Cuba en lo que es hoy para que sus descendientes hagan hoy negocios a costa de la ruina de un pueblo obligandolos a subsistir de limosnas se empezara a hacer una revolucion.
Esta revolucion debe nacer del rechazo a los que traicionaron y se desviaron para cumplir sus caprichos or ridiculos que fueran y nunca les importo sacrificar a un pais al que imponian la miseria y la falta de derechos.

tony crespo 28 febrero 2021 - 7:07 PM

Terminando de leer el postulado de Alan comprendo su honestidad e inocencia política por ignorar la verdadera historia de estos últimos 60 años…….
Ignora que el fideismo autoritario desde el primer día proclamó el dogma fundacional del hombre nuevo: la no historia, conmigo todo, contra mi nada….la sumisión total. Alan el un fiel ejemplo quizá involuntario e inconciente de los resagos que quedan de un adoctrinamiento sumergido, lo sufre y lo reciente pero eventualmente resurge en los pequeños detalles de su presentacion ante la triste realidad del que se niega a vomitar el adoctrinamiento sufrido a pesar del privilegio de intercambio con otras opiniones y haya visitado otros horizontes

Lince 28 febrero 2021 - 8:46 PM

En los tiempos coloniales muchos cubanos estaban a favor de España, cuerpo de voluntarios incluido. Ponían sus intereses económicos por encima de la libertad. Muchos cubanos eran fieles a la corona, tal es así que fuimos los últimos a independisarnos, esos eran los viles a los que se refiere Martí. Nuestra guerra de independencia casi parece una guerra civil. Muchas veces me pregunto como hubiera sido sin la intervención de USA. ¿Cuantos cubanos más moririan a causa de la reconsentración? ¿ como los mambises sin barcos ni cañones tomarían las plazas de Santiago y la Habana?. Es muy fácil desde la comodidad de la distancia en el tiempo criticar el desenlace. Pero que habría sentido ese campesino reconcentrado, muriendo de hambre e inanición (barbaridad solo igualada por Hitler en la segunda guerra mundial ) cuando los soldados americanos le entregaron su ración de tocino y galletas diciendole que todo terminó. Como cubanos que somos, en nuestro carácter, seguimos igual que hace 100 años.

Jose A. Huelva G 1 marzo 2021 - 1:31 AM

Lince, esa es una gran verdad que no se desconoce, pero se pretende constantemente obviar. Una mayoría de cubanos apoyaba el coloniaje español y hasta luchaba en sus ejércitos pagos en contra de sus compatriotas mambises. Es lo real. Nos han vendido aquello de la estirpe mambisa, inquebrantable e incorruptible de los Maceo, Gómez y Martí, pero una inmensa mayoría de cubanos no pertenece a esa estirpe que además fue diezmada en la guerra y en la otra guerra de los Independientes de color. Si los de EEUU no llegan a intervenir probablemente seguiríamos siendo colonia, a pesar de los pesares y de todo lo que ocurrió después.
Es esa estirpe de «lacayos rayadillos» la que mas se ha entronado en la isla. No la mambisa. Y por eso tenemos los resultados de hoy día. Son gente que no estima la libertad real, porque desconoce su valor. Su «libertad» es un «pan con jamón». Quien garantice que lo van a tener diariamente y va a tener un ejército zoombie a su disposición para lo que mande.
Súmele a eso la falta de valores fomentada a mas y mejor desde el 59 en adelante y ahí tiene a esa gente muy capaz de actos de repudio, gritar consignas y atacar a una mosca que tenga pintada en un ala «Patria y Vida» o que zumbe un tono parecido al susodicho tema, pero totalmente incapaz de protestar a su propio gobierno con las muchas verdades de latrocinios que los afectan cotidianamente y les hacen mucho mas daño que el que hace el enemigo externo.

Orl 1 marzo 2021 - 4:45 AM

Recuerda Fernández Era un suceso repugnante —despedir como apestados a compatriotas por mudar de casa, ultrajarlos, vejarlos, escupirlos, patearlos..

Yo solo vi ultrajes y vejaciones y me dije: «Aquí, a mí no se me ha perdido nada.

Joaquin Benavides 1 marzo 2021 - 11:51 AM

Alan Gonzalez, Excelente texto. No todos te comprenden, pero la idea martiana de Con todos y para el bien de Todos, prevalecera a la larga. Asi ha sido siempre. Francisco Vicente Aguilera, el hombre mas rico de Oriente en 1868 , fue de los iniciadores de las luchas por la Independencia y murio pobre y casi en la miseria en Nueva York al servico de la independencia de su pais sin reclamar otra cosa que el derecho a luchar y defender la libertad de Cuba. Simboliza tambien el espiritu del cubano. No pensaba igual que Cespedes ni que Agramonte, pero Cuba estaba por encima de las diferencias. El sentimiento de Cuba, Libre , Independiente y Soberana, a la larga prevalecera.

Daniel 3 marzo 2021 - 8:15 AM

LJC Raul Torres saco un tema hace 2 dias que ha sido tendencia en las redes sociales, ¿no piensan dedicarle un articulo?

LDD 3 marzo 2021 - 9:25 AM

No pocos comentarios sobre el artículo exteriorizan resentimiento y amargura ante eventos anteriores que han vivido sus autores. Por comprensibles que sean estas expresiones que emanan de circunstancias y experiencias propias, no bastan para salvar a la Patria. Hay que atreverse a dar el siguiente paso que nos lleve a encontrarnos como cubanos, que nos saque de las trincheras y nos acerque en pro del bien común. Ningún país está exento de atroces y oscuros episodios que alejaron a sus ciudadanos hacia otros confines, provocaron enormes injusticias que los llevaron al ostracismo o que incluso costaron numerosas vidas inocentes. Ni siquiera los que hoy se proclaman como los más excelsos paradigmas a ser tomados en cuenta están libres de estos capítulos.
El lamento y el resentimiento (que hay razones para tenerlos en ambos lados de la orilla) son reacciones normales pero persistir en ellos solo lleva a la amargura estéril. Toca trascender a eso o no nos encontraremos nunca: de eso va este iluminado artículo.

Manuel* 3 marzo 2021 - 7:11 PM

Está bien amar a Cuba, pero es mucho mejor amar a los cubanos.

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