Por Eduardo

A todo hombre se le enseña en la vida a no hablar de si mismo más de lo que sea necesario. Sin embargo todo hombre tiene el derecho de hacer valer su verdad en descargo de su honor y sus principios. Es evidente que algunos del bando contrarrevolucionario que visita La Joven Cuba me perciben como el enemigo a derrotar. Un comunista de línea dura me llaman, otros me tildan de demagogo, otros insisten en mi supuesto inmovilismo, y casi ninguno entiende porque a pesar de mis supuestas desventajas en el orden material, insisto en defender tanto el sistema social en el que nací y al cual le debo todo lo que soy. Acabo de leer un comentario que me invita a leer historia de Cuba, y no me ha quedado más remedio que esbozar una sonrisa.

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Por Eduardo

Reinaldo, no te hagas el superconocedor en Martí, que tú no lo has leído más que muchos de los que escribimos en el blog. Si no hemos caído en academicismos y citatorios es precisamente para que en la discusión no predomine la jurisprudencia, y sí la espontaneidad. No obstante, te prevengo que no juegues al erudito con nosotros, que te ponemos a toda la Cátedra Martiana y a la Sociedad Cultural de nuestra Universidad, y de algunas otras más, a caerte a leña, y no te va alcanzar toda la pomada china de la tierra para friccionarte las asentaderas, de lo caliente que te las dejaríamos.

Ahora mismo que te escribo tengo sus Obras Completas delante de mí, y no sé de donde tú sacas que las nuestras están mutiladas, porque que yo sepa sus papeles están en la Fragua Martiana y en el Centro de Estudios Martianos, y las Obras Completas de Martí, son copia fiel de la papelería que él le dejó a Gonzalo Quesada y Aróstegui, que fue su hijo en el ideario, y uno de sus más fieles discípulos.

Si de algo adolecen esas Ediciones que mencionas de las Obras Completas es que estaban incompletas. Sospechosa y misteriosamente faltaban algunos documentos que denotaban la esencia antimperialista de Martí, y su vocación suprema “de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”, agregando más adelante “Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso. En silencio ha tenido que ser y como indirectamente, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias para alcanzar sobre ellas el fin”. Como dice un personaje entrañable para los cubanos de hoy “que cada cual saque, sus propias conclusiones”.