stalin-cubaPor: Harold Cárdenas Lema (harold.cardenas@umcc.cu)

Continuación de: Stalin: la perversión de la Utopía (I)

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, se dijo que habían muerto siete millones de soviéticos en la Gran Guerra Patria, no fue hasta que se desclasificaron los documentos de la época que se supo la cifra real de 26 millones de fallecidos. Los errores continuarían, la propaganda nacional además de exagerar los logros de la nación influyó decisivamente en la política y la filosofía. En ese entonces la ciencia, la cultura, la economía y muchas otras aristas de esa sociedad estaban completamente secuestradas por la clase dirigente.

Stalin no fue el culpable del posterior derrumbe del campo socialista pero sin duda fue el punto de ruptura que marcó el comienzo del fin. Trotsky diría que fue un mero apparatchik, un miembro de la burocracia partidaria que trepando hábilmente por la escalera jerárquica terminó encaramándose en el poder para apropiárselo en forma exclusiva. Este es un peligro existente en cada experiencia socialista, los cubanos no somos la excepción.

Foto Raúl Ángel Pupo Olivares

Por: Harold Cárdenas Lema

Hace unos días leo un artículo del Granma sobre la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) que me da la impresión tenía como objetivo moverle el piso a un par de gente, pero se queda corto, y lo entiendo, hay cosas que no se dicen en la prensa, pero aun así es valiente y válido el intento. Veremos hoy qué le falta y qué le sobra a esta organización a la que pertenezco.

El Granma reconoce que “dejó de ser de vanguardia cuando empezó a ser masiva”, pero olvida cómo ocurrió esa masificación. Ese proceso premiaba años atrás a los centros que más jóvenes incorporara a sus filas, le exigía a los municipios y provincias cuotas de ingreso a sus filas, porque si no era así, no estaban trabajando bien. De la noche a la mañana la cantidad sustituyó la calidad, y nadie pudo detener ese fenómeno.

Fui uno de los muchos militantes que criticó esto, pero como venía “de arriba”, no nos prestaron atención alguna. Ahora reconocen que les salió mal la jugada pero ¿de quién fue la culpa? Habría que ver dónde están los que promovieron esas políticas y si aún continúan con nuevas ideas calenturientas en otros lugares.

Viajar de CubaPor: Harold Cárdenas Lema

Cuando Tomás Moro escribió en el siglo XVI su utopía socialista, quizás tuvo una visión futurista (al más puro estilo de su contemporáneo Nostradamus) de otra isla que intentaría construir el Socialismo y en la que el tema de los viajes sería una constante para muchos cubanos. Difícilmente tendría este autor un éxito de ventas en Cuba, cuando este describe en su obra Utopía una isla en la que no era necesario viajar y por tanto la población no viajaba en absoluto. Para nosotros este es un tema sensible, está semi-impregnado en nuestro ADN el espíritu aventurero y el ansia de repetir el choque entre culturas que experimentara Cristóbal Colón, pero tanto es así que se convierte en un problema y adquiere dimensiones políticas.

Tampoco le agradezco a Moro haber proclamado desde tan temprano una supuesta separación entre Socialismo y la libertad migratoria o simplemente la posibilidad de viajar. Saben Dios y todos los santos que esto es fuente de mucho disgusto e incomprensión en la sociedad cubana. Al comienzo creí que Utopía estaba siendo un best-seller entre aquellos que toman las decisiones  en esta rama, pero para no pecar de superficial y llegar a una conclusión definitiva al respecto, me dispuse a investigar un poco.

Después lo encontré clarito en el artículo 13 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos:

  • Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado.
  • Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país.