No todos pueden presumir de dar origen a una palabra

A 50 años de su desenmascaramiento, revisitamos la microfracción

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agricultura_campesino_cubano Por: Roberto G. Peralo (roberto.peralo@umcc.cu)

Si el hombre sirve, la tierra sirve. José Martí

En Cuba la producción de alimentos fue declarada un tema de seguridad nacional. Sin embargo se ha convertido en algo habitual y casi endémico escuchar en la Asamblea Nacional sobre los incumplimientos en la producción de los principales productos agropecuarios; provocando el gasto de 2 500 millones de dólares anuales en compra de alimentos.

Hace 20 años la Unión Soviética (URSS) era uno de los principales importadores de alimentos.Hoy los países de la ex Unión Soviética se han insertado en el comercio agrícola mundial, no como importadores sino exportando. En estos momentos están entre los principales exportadores de granos del mundo compitiendo de igual a igual con Estados Unidos, Argentina y Brasil.

Raúl Castro explica,en unos de sus discursos, cómo enseñamos a cultivar café a los vietnamitas, convirtiéndose pocos años después en el primer país exportador del aromático grano y nosotros, en cambio, en fieles importadores. Es vergonzoso escuchar cosas como estas. Estoy convencido que la construcción del socialismo no tiene nada que ver con la ineficiencia agrícola aunque un análisis rápido y superficial de los hechos históricos demuestre lo contrario.

El recurso más seguro y duradero con que cuenta esta isla es la tierra, con bloqueo económico, con guerras internacionales o crisis financieras a escala planetaria, siempre va a estar ahí. Lo único que se necesita es hacerla producir; pero qué trabajo nos cuesta.

Por: Darío Alejandro Escobar “ … Un pueblo no se funda, General, como se manda un campamento.”                                                                         […]

Por: Osmany Sánchez Durante el V Pleno del Comité Nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) se […]

El Che en pleno trabajo voluntario...

Por: Ernesto Che Guevara*

A modo de introducción:

Muchos sentirán sincera extrañeza ante este cúmulo de razones nuevas y diferentes, otros se sentirán heridos y habrá quienes vean en todo estos artículos sólo una rabiosa posición anticomunista disfrazada de argumentación teórica. Pero muchos (lo esperamos sinceramente) sentirán el halito de nuevas ideas y verán expresadas sus razones, hasta ahora inconexas, inorgánicas, en un todo más o menos vertebrado.

A ese grupo de hombres va dirigido fundamentalmente estos artículos (“que gracias a la colaboración del Blog La Joven Cuba han compilado para compartirlo y debatirlo con nuestros lectores”**), también a la multitud de estudiantes cubanos que tienen que pasar por el doloroso proceso de aprender «verdades eternas” en las publicaciones que vienen, sobre todo, dela URSS y observar cómo nuestra actitud y los repetidos planteamientos de nuestros dirigentes se dan de patadas con lo que leen en los texto.

A los que nos miren con desconfianza basados en la estimación y lealtad que experimentan respecto a los países socialistas, les hacemos una sola advertencia: la confirmación de Marx, asentada en las primeras páginas de El Capital, sobre la   incapacidad de la ciencia burguesa para criticarse a si misma, utilizando en su lugar la apologética, puede aplicarse hoy, desgraciadamente, a la ciencia económica marxista…

Por: Osmany Sánchez

Quizás otro en mi lugar trataría de hacer más emocionante este post y describiría cómo fue disfrazado a las 11 de la noche a una “Biblioteca independiente” y arriesgando su vida se llevó a casa un libro que si la «policía secreta» se lo descubre le costarían varios años de cárcel y torturas.

La realidad sin embargo fue muy diferente y el libro lo compré en el centro de la ciudad de Matanzas, en un local donde venden libros de uso. La visita a las librerías de la calle medio es uno de los “rituales” que tengo después de cada cobro y en esta ocasión me encuentro con un «ejemplar» que desde que lo vi supe que tenía potencial para compartirlo con los lectores de La Joven Cuba.

El autor del libro es Arkadi N. Shevchenko, diplomático y asesor personal de Andrei Gromiko, en ese entonces Ministro de Relaciones Exteriores de la Unión Soviética, que desertó

Por: Harold Cárdenas Lema

“La sospecha corroe la cabeza mi gente
 pero que no nos coma el corazón
por tantos años de tirar pa´l frente
 entre bloqueos y mala administración”
Buena Fe (π 3,14) 

Cuando yo nacía, la Unión Soviética comenzaba ya a morir lentamente, de un fallecimiento lamentable pero natural (si se tiene en cuenta la magnitud de los errores cometidos y lo tardío del reconocimiento de estos). En fecha tan temprana como el año 1986 ya se veían los síntomas: después de un año en Bulgaria, al llegar a Cuba mi padre sentaba a la familia a la mesa y con toda la seriedad del mundo les aseguraba su convicción en el derrumbe (al menos en las ideas) del socialismo europeo. Siempre me pregunté las razones principales que provocaron la caída soviética; sopesé la corrupción y la burocracia, el divorcio entre el Partido y las masas, etc., y aunque seguramente peque de reduccionista o simplista, al final tuve que resumirlas todas en una sola: la sospecha.

Fue la pérdida de confianza en el proceso y sus líderes lo que provocó el efecto dominó a finales de los 80 y comienzos de los 90. Hace poco tuve la oportunidad de conversar con una persona que vivió precisamente en Bulgaria y otros países del campo socialista durante este período, me expuso sus puntos de vista y su mirada particular al respecto. Mientras me contaba la separación gradual entre el Estado y las masas, provocada por la corrupción y excesos de sus dirigentes; entendía por qué en el imaginario social de esos pueblos se destruían los ideales socialistas.