Las pocas veces que los medios cubanos han informado sobre casos de corrupción no han sido alertas, sino autopsias. Informan luego de que el caso ha sido descubierto y resuelto por otro y en muchas ocasiones el informe no corresponde siquiera a los periodistas, sino al ministerio implicado

cambio-cubaPor: Harold Cárdenas Lema (harold.cardenas@umcc.cu)

Cuba es ahora el país de lo posible, en los últimos años nos hemos transformado más que en varias décadas de historia, sin embargo las incertidumbres persisten. ¿Cuál es el objetivo final de ese cambio? ¿A dónde vamos? ¿Existe algún plan respecto al futuro del país? ¿Cuál es el papel de los ciudadanos? Estas son algunas de las preguntas que existen en torno a un país que cambia.

Los cubanos nos sentimos mucho más identificados con una nación que cambia que una estática, es por eso que nos interesa tanto conocer cuál es la dirección que tomamos, y cuál es el objetivo final. Si no conocemos esto, ¿cómo podremos medir cuánto hemos avanzado? ¿Cómo puede existir consenso social respecto a un modelo de país al que aspiramos pero todavía sigue siendo vago en detalles? No se trata de encontrar certezas en una obra que se construye paso a paso, pero sí deberíamos buscar garantías de algún tipo.

 Algunos dicen que existe un Plan Maestro, otros creen que en nuestro rumbo predomina la incertidumbre, otros ven en los Lineamientos una dirección definida, el caso es que el asunto no está claro para muchos. Conocer el rumbo es muy importante, la Revolución del 59 triunfó porque existía un plan definido y el Programa del Moncada dejaba claras las metas, los Lineamientos palidecen junto a la obra que escribió Fidel encarcelado y cuyas metas ya están mayormente cumplidas. Leyendo los Lineamientos podemos saber más cuál es el país que no queremos que el que estamos buscando, resulta necesario para corregir el rumbo y salvar las finanzas del país pero el economicismo tecnocrático no aúna voluntades ni nos dice cuál es el puerto al que nos dirigimos.

Por otra parte, el cambio es esperanzador pero este no significa que sea automáticamente para bien porque el rumbo se lo dan los

el cuentapropismo que no importaPor: Harold Cárdenas Lema (harold.cardenas@umcc.cu)

Si algo hemos aprendido en los últimos años es que las transformaciones operadas en el país no han provocado cataclismo alguno. Los hoteles no cerraron por afluencia de cubanos, no hubo crisis inmobiliaria con las casas, los autos no inundaron las carreteras y cuando los cubanos pudieron viajar libremente: no hubo un éxodo. Cada paso ha demostrado que podía haberse hecho desde mucho antes. En estos días se están eliminando en Cuba las pequeñas tiendas particulares que venden ropa a la población, por cualquier ángulo que lo vea no le encuentro lógica al asunto, parece un paso atrás.

Todo comenzó con un discurso de Marino Murillo en la Asamblea Nacional donde dejó entrever que las licencias de sastrería se estaban utilizando para vender ropa importada y eso acabaría pronto. El vicepresidente tenía razón, los locales donde se comercian las prendas foráneas rara vez tienen que ver con sastre alguno y por tanto es legítima la preocupación gubernamental. Pero la solución al asunto no puede ser la usual: botar el sofá por la ventana. No debería ser, pero ya es un hecho. En vez de crear licencias para esa labor o adecuar las ya existentes para que contemple esta nueva realidad, la respuesta ha sido cerrar dichos establecimientos.

Existe un entramado social que depende de estas tiendas,