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Los jóvenes deben tener confianza en que sus criterios serán escuchados.

Por Yasel Toledo Garnache (Estudiante de Periodismo. Universidad de Holguín. Oscar Lucero Moya)

¿Para qué quejarse, si nada se resuelve? ¿Para qué hablar, si todo sigue igual? Son expresiones habituales en la población cubana.

En ocasiones, las respuestas evasivas y justificativas quebrantan el interés de algunos ciudadanos, quienes pierden el interés en emitir quejas y sugerencias.

Ciertas inquietudes se desvanecen en el aire de las despreocupaciones o en las páginas de una agenda.

A veces, las asambleas en centros estudiantiles y cuadras carecen de espíritu crítico y reflexivo, porque los participantes consideran que sus planteamientos no tendrán respuesta clara, ni rápida.

Es cierto que existen cuestiones sujetas a necesidades económicas, pero también otras que no.

Se necesita más compromiso con el pueblo. Algunos jefes deben bajarse de los carros, caminar entre la gente de “a pie”, visitar cafeterías estatales, montarse en el transporte público, y recordar que ellos no son dioses.

Sólo así comprenderán la dimensión de las quejas. Las respuestas deben ser concretas, sin rodeos, pues las curvas no son buenas ni para manejar.

Cierto dirigente nacional –ninguno de los grandes grandes- en cierta ocasión me dijo: “Ah! Pero ese es un problema