titulo 006 Por Karina Marrón

Si bien es cierto que la mayoría de los animales tiende a reunirse en grupos, la realidad es que los seres humanos hemos hecho de esta práctica no solo un modo de compartir con nuestros semejantes, encontrar parejas y socializar conductas; sino también una manera de ponernos de acuerdo conscientemente, discutir ideas, resolver problemas, en fin, podría decirse que hemos llevado las reuniones a su máximo desarrollo dentro de la naturaleza.

Nadie ha aclarado nunca, sin embargo, si el hecho de reunirse con mayor frecuencia y para cualquier cosa, nos distancia más del resto de los animales; vaya, algo así como si incrementar las reuniones fuera directamente proporcional a convertirnos en seres humanos más evolucionados.

Estaría bien que los especialistas (me refiero a sociólogos y antropólogos, no a especialistas en reuniones) estudiaran el asunto con seriedad y ofrecieran criterios sólidos desde la Ciencia, pues serían nuevas armas para enfrentarse a cierta tendencia que, al menos en Cuba y contra todos los llamados a lo contrario, hace que las reuniones crezcan como una plaga.

titulo 11212 Por: Roberto G. Peralo

Como el resto de los trabajadores cubanos tuve la oportunidad de participar en la asamblea sindical donde se debatió El Anteproyecto de Ley del Código de Trabajo. En lo personal, me gusta este método de participación. Por unas horas me sentí Diputado de la Asamblea Nacional y aunque en la práctica no apruebo la Ley, mi criterio al igual que el del resto de los trabajadores serán tenidos en cuenta para confeccionar el documento final.

No comparto la opinión (ínter-pasillo) de un colega, antes de comenzar la asamblea dijo: “Esta reunión es puro formalismo, ya esa ley está aprobada”. Este ejercicio de participación es similar al aplicado con los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución y en aquella ocasión el 68% de los lineamientos fueron modificados.

Me habría gustado ver la presencia en la reunión de algún Diputado. Los canales de comunicación serían mucho más directos y no se correría el riesgo de que una idea importante se pierda entre los cientos de actas, transcripciones de las miles de asambleas que se realizan por todo el país

Por: Harold Cárdenas Lema

«Nuestras controversias parecerán tan raras a las edades futuras,

como las del pasado nos han parecido a nosotros.»

Rousseau

 

En el año 1762 Rousseau publicó El Contrato Social, un texto del que se dice fue incitador de la Revolución Francesa. En este se abordaba la libertad e igualdad de los hombres bajo un Estado instituido por medio de un contrato entre este y las masas. Dicho modelo se ha mantenido hasta la actualidad y en nuestro caso adquiere matices y particularidades que lo hacen digno de análisis.

El contrato se basa en una relación armónica entre la masa humana que conforma al Pueblo y el Estado como ente que ostenta el poder más o menos centralizado. Esta relación siempre estará condicionada por muchos factores, siendo uno de los más importantes la respuesta sistemática a las necesidades sociales y la capacidad de este para trazarse nuevas metas que se cumplan realmente, no que queden en vagos proyectos olvidados por el tiempo. El nivel de gestión de un gobierno también dependerá de la presión popular que se haga sobre este, si se deja al libre albedrío de las personas que ocupan los altos cargos y no se hacen compromisos económicos y políticos específicos que permitan medir los éxitos o fracasos, se corre el peligro de que el Estado de por sentada la fe depositada por el Pueblo.[1] Es entonces cuando los errores se suceden unos a otros con celeridad y surge el peligro de que, independientemente del carácter altruista del Estado y el proyecto que este lidere, las masas pierdan la confianza política en sus líderes.