Solo los pozos se hacen de arriba para abajo y, si no se estudia bien el suelo, a veces, no dan agua.

Por SAYLI SOSA BARCELÓ

En los ya lejanos ´90, mi tía Ana obtuvo la licencia para elaborar alimentos ligeros. Montó un pequeño timbiriche en los bajos del edificio y comenzó a vender refrescos instantáneos, galletas caseras, hasta pizzas. En aquellos días era muy difícil acceder al permiso, las disponibilidades para este tipo de ocupación eran limitadas y casi se concedían de mala gana. Y si por alguna razón la perdías…era mejor olvidarla.

El cuentapropismo entonces se veía, oficialmente, como un mal necesario, al que no debíamos darle tanto margen, porque traía implícito el germen del capitalismo. Solo unas pocas actividades eran legales, mientras el resto de los “trabajos” informales campeaban por su respeto en medio de una economía maltrecha, aislada y bloqueada que, sin embargo, se empecinaba en mantener invariable el mandato social de ofrecer gratuitas, entre otras conquistas,  la educación y la salud.

Tiempo ha pasado desde las aciagas jornadas que buena parte de los cubanos de hoy vivimos y sufrimos, algunos con más secuelas que otros. Y aunque parezca lo contrario, los días que corren  trajeron cambios en cuestiones que se creían esenciales y no lo eran tanto, dejando al descubierto temores y prejuicios que fueron solo eso.

Resulta que uno de los pilares de la actualización

Por: Roberto G. Peralo

Una vecina acude desesperada a que la auxilie, encontrándose en medio de una situación muy difícil. Con una mirada simplista lo ocurrido parece algo absurdo y hasta risible, pero que es producto de uno de los sistemas de gestión empresarial más esclavizante que he conocido.

La mujer con los ojos hinchados de llorar trae en la mano un celular. Me cuenta que es la única vía de comunicación que tiene con su hija que se encuentra cumpliendo misión internacionalista como colaboradora de la salud. Tienen implantado un sistema de comunicación que la hija todos los días a una hora fija le manda un mensaje y la madre le timbra en señal de que lo recibió.

En esta ocasión la madre recibió el mensaje que le envía su hija pero sin poder timbrarle porque se le había vencido el plazo que establecía la empresa (una vez al mes) para al menos depositar5.00 C.U.C a la cuenta del celular. La situación adquiere un matiz dramático porque la hija al no recibir el siempre esperado timbrado de la madre y sabiendo que el celular tenía dinero suficiente, piensa que a la madre le había pasado algo y comienza a pasar más de 10 mensajes seguidos de desespero y preocupación.

La madre imaginándose el agobio de la hija y sin saber que hacer sale en busca de ayuda para poder mandarle un mensaje a la hija. En este caso no pude ayudarla porque no cuento con celular. Otro vecino rápidamente se ofreció y le enviamos un mensaje a la muchacha.

Nuestra vecina nos dice que cuenta con más de12 C.U.C en el celular, pero con las colas de estos días por las nuevas ofertas de este servicio no podía recargar la cuenta. Perdiendo así el derecho de hacer uso de su celular a pesar de contar con dinero todavía. Más absurdo todavía es que si en el plazo de un mes no recargas su celular. Pierdes la línea así tengas 1 millón de pesos.

Este mecanismo, para mi diabólico, obliga a los usuarios a depositar todos los meses al menos $ 5:00 C.U.C el equivalente a $ 125.00 pesos para no peder la inversión inicial que hiciste al comparar la línea. Traduciendo esto,