Por Yarislay García Montero

Este no puede ser el premio de los que se quedaron. Así dice la pobre mujer cada vez que la lluvia le inunda el barrio. Lo peor es al día siguiente cuando la calle se adorna, como cualquier baño público, con las heces fecales del bodeguero, del maestro, de la arquitecta, de las amas de casas y el albañilPero ahí no termina la historia. El remate final llega con el cobro del sistema de alcantarillado. Sí, como si la alcantarilla cumpliera su función. ¿Ese es su premio? Yo no lo quiero tampoco. Y sabrá Dios cuántas veces, cada vez que la lluvia amenaza, se pregunta: ¿Este es mi premio?

Un simple cuestionamiento sobre las redes de alcantarillado que me hace reflexionar- inevitablemente- sobre los premios que me otorgaron. No quiero más organizaciones de masas que solo demuestran su poder de convocatoria en caso de realizarse un concierto de Buena Fe o de la agrupación del momento.

Solo pido tener una Unión de Jóvenes Comunistas -no importa con qué nombre- que me haga sentir orgullosa como aquella primera vez que integré sus filas con lágrimas en mis ojos. No quiero una organización que muera después de cada reunión, que se apague con la cotización de cada mes y que no capte a más jóvenes por miedo a trabajos voluntarios y obligaciones formales.

Una nueva Asociación de Jóvenes Rebeldes, como la de antaño, que no necesite un congreso para desnudar nuestra realidad y ser cómplices del cambio todos, no un puñado de jóvenes.

Solo quiero una economía que se refleje en mi viandero

Como eternos rebeldes, siempre que podamos romper cualquier tipo de censura lo haremos, aunque sea la nuestra.

Por: Harold Cárdenas Lema

Siguiendo el espíritu de la época y como un gesto de buena voluntad, los administradores de La Joven Cuba hemos decidido eliminar las restricciones de acceso a comentarios, que por violaciones del código de ética han tenido algunos de los lectores de LJC.

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