En economía, suele decirse que el salario es el precio del trabajo, o el precio de la fuerza de trabajo, según la escuela de pensamiento que se trate. Aquí eso no va a ser relevante. Lo que sí va a ser relevante es el monto de ese precio que se fijará para ser cobrado a las empresas extranjeras que quieran contratar a nuestros trabajadores, en especial la mano de obra calificada.

Por: Harold Cárdenas Lema

¿Cómo sería un cambio de sistema político en el país? ¿Cómo sería la entrada del modelo capitalista a nuestra realidad? ¿Cuántos beneficios y perjuicios podría esto representar a los cubanos? ¿Hasta qué punto resulta conveniente el camino que nos hemos trazado y los numerosos sacrificios que hacemos día a día?

En el caso de un cambio radical de sistema, habrían muchos factores a considerar, solo voy a mencionar algunos. Seguramente ganaríamos en desarrollo tecnológico, tendríamos grandes obras arquitectónicas de las que sentirnos orgullosos, Internet en los aeropuertos y eventos deportivos internacionales de mayor talla. Aun así, los rascacielos serían privilegio de unos pocos y ni hablar de los aeropuertos, sería irónico ver a Eliecer Ávila contemplar satisfecho los numerosos vuelos internacionales, pero como todo guajiro de Puerto Padre antes de la Revolución, no poder subirse nunca a un avión. Quisiera preguntarle un día al muchacho de la UCI, si está defendiendo los privilegios de las élites o nuestro derecho a salir y regresar del país libremente, algo con lo que si me identifico plenamente.

Contaríamos con un ejército de profesionales formados dentro de la Revolución, pero como la instrucción no tiene ideología, servirían igualmente en una sociedad capitalista. Otra curiosa ironía que no podemos desconocer, en todo caso, este es un elemento que nos da cierta ventaja respecto a otras naciones del área. Pero tenemos que estar claros, de ahí en adelante la universidad no sería para todos, y un “hijo de papá” no estudiaría en la misma escuela que un guajiro de Las Tunas.

Es el momento de tomar las decisiones necesarias para salvar al deporte nacional.

Por: Osmany Sánchez

Desde finales del mes de noviembre en matanzas se vive y respira béisbol. Por primera vez en casi veinte años el estadio Victoria de Girón se llena en cada uno de los juegos del equipo local. Los niños imitan a los peloteros de la provincia y se ve una mayor afluencia de pequeñitos en el área del “beisbolito”, donde se forman las nuevas generaciones de peloteros matanceros.

En Cuba el béisbol, la pelota, es pasión. Los resultados del equipo de Matanzas se reflejan también en la vida socioeconómica de la provincia. En las guaguas, en la colas, en las peñas deportivas, en las aulas, en cualquier lugar se habla de pelota. Alguien me dijo una vez que en los años de gloria del equipo Henequeneros, sus resultados deportivos tenían relación con el aumento de la productividad de la provincia.

No es de extrañar entonces que las decisiones que relacionadas con este deporte tengan también una connotación política. Hace pocos días leía la noticia de que en una reunión celebrada en Cuba con Ricardo Fraccari, presidente de la Federación Internacional de Beisbol (IBAF), se habló, por primera vez, de que Cuba estaría dispuesta a analizar el tema de los peloteros que han abandonado el país y que actualmente juegan en Grandes Ligas y en otras ligas profesionales.

No se especificaron los puntos en los que estaría basada esta “conversación” ni cuando sería, pero el solo hecho de que se analice esa posibilidad es ya algo positivo.

Aunque tratar el asunto con las Grandes Ligas es nuevo, no es la primera vez que peloteros cubanos han manifestado la necesidad de insertar jugadores en ligas profesionales lo que sin duda tributaría a la

Por: Osmany Sánchez

 Hace pocos días conversaba con un amigo sobre los compañeros de aula y de beca que ya no estaban en el país pues emigraron a diferentes países, unos casados, otros por reunificación familiar o algunos que se “quedaron” luego de que le otorgaran alguna beca en el extranjero.

 Muy pocos están trabajando en lo que estudiaron y eso es una verdadera lástima pues se perdieron excelentes profesionales.

 Contrario a lo que algunos nos quieren hacer creer la “fuga de cerebros” no es un fenómeno exclusivo de Cuba sino que es un mal que desangra a todos los países del tercer mundo.

 Esa es una de las causas que más difícil hace la puesta en práctica de la anunciada reforma migratoria pues se debe buscar la fórmula que permita que todos los cubanos tengan el derecho a salir pero que a la vez nos proteja del robo descarado de profesionales que contra nuestro país tiene dirigido el gobierno de los Estados Unidos. Un ejemplo claro de esto es el programa creado para incentivar que los médicos cubanos que están de misión, salvando vidas en los países pobres, se presenten en las embajadas de los Estados Unidos donde reciben una visa y la residencia al año de permanecer en ese país.