politica-cubaPor: Harold Cárdenas Lema (harold.cardenas@umcc.cu)

Hace 2300 años Aristóteles escribió que el hombre es un zoon politikon, un animal político en toda su expresión, y tenía razón. Desde la antigua Atenas hasta ahora, los funcionarios públicos necesitan del respaldo popular para su gestión, necesitan hacer política porque ella es la que crea el consenso que los legitima en el poder. Por su parte los ciudadanos tienen el derecho de participar activamente en la política, tiene sentido si tenemos en cuenta que las decisiones que se toman en este campo influyen directamente en sus vidas. Desde la antigüedad hasta ahora ha sido necesario hacer política a todos los niveles.

Con el triunfo de la Revolución Cubana, en pocos años se cumplieron las promesas que cinco décadas de República no habían podido satisfacer y esto dotó al nuevo Estado revolucionario de una autoridad moral inédita en la historia nacional, el consenso político estaba construido sobre bases sólidas. Este pudo mantenerse durante mucho tiempo gracias al magnetismo de Fidel Castro y sus métodos de dirección, incluso durante el Período Especial la ideología nacional resistió los embates provocados por la necesidad. La política se hacía a diario y se personificaba principalmente en la figura del líder, esto traía consigo varios problemas pero estos no se harían tan evidentes hasta su salida de la política oficial.

La oreja peluda de la burocracia se asoma mediante su herramienta favorita: el funcionario.

Por: Harold Cárdenas Lema

“la burocracia, como la organización civil del Estado, se opone al Estado Social de los civiles” Karl Marx

Hoy voy a referirme a un personaje que siempre me ha resultado interesante: el funcionario cubano. Los hay de muchos tipos, mejores y peores, pero me referiré mayormente a estos últimos. En su mayoría cargan con un lastre burocrático y muchas veces son la viva estampa del peor cliché cubano: camisa de cuadros con lapiceros en el bolsillo, maletín en mano, su mirada sugiere que “todo está bajo control” y una fraseología fácilmente distinguible.  Pero hoy no me limito a criticarles, al contrario, nunca lo hubiera creído pero me toca por esta vez defenderlos y hacerles justicia también en lo que toca.

Conozco los tipos de funcionarios que tenemos, el demagogo que denota oportunismo hasta en su sonrisa (pero por alguna extraña razón ha logrado escalar en la pirámide de dirección) y conozco al funcionario que es verdaderamente ejemplo, que es muestra de sacrificio y le ves dándolo todo por su trabajo y la sociedad mientras su casa se cae a pedazos. A ninguno de los dos se le ha hecho justicia, al primero se le ha permitido ostentar cargos de dirección utilizando para ello métodos dudosos y al segundo el destino le ha recompensado con mucho menos de lo que merecía. El primero olvidó desde hace mucho la premisa de hacer coincidir los intereses personales con los colectivos y el segundo no ha hecho más que sacrificar su propia vida en aras de un bien común que se demora en llegar.