stalin-cubaPor: Harold Cárdenas Lema (harold.cardenas@umcc.cu)

Continuación de: Stalin: la perversión de la Utopía (I)

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, se dijo que habían muerto siete millones de soviéticos en la Gran Guerra Patria, no fue hasta que se desclasificaron los documentos de la época que se supo la cifra real de 26 millones de fallecidos. Los errores continuarían, la propaganda nacional además de exagerar los logros de la nación influyó decisivamente en la política y la filosofía. En ese entonces la ciencia, la cultura, la economía y muchas otras aristas de esa sociedad estaban completamente secuestradas por la clase dirigente.

Stalin no fue el culpable del posterior derrumbe del campo socialista pero sin duda fue el punto de ruptura que marcó el comienzo del fin. Trotsky diría que fue un mero apparatchik, un miembro de la burocracia partidaria que trepando hábilmente por la escalera jerárquica terminó encaramándose en el poder para apropiárselo en forma exclusiva. Este es un peligro existente en cada experiencia socialista, los cubanos no somos la excepción.

Sobre el Mundial
Galeano brinda sus impresiones del mundial

Por: Eduardo Galeno

Pacho Maturana, colombiano, hombre de vasta experiencia en estas lides, dice que el fútbol es un reino mágico, donde todo puede ocurrir. El Mundial reciente ha confirmado sus palabras: fue un Mundial insólito.

Insólitos fueron los diez estadios donde se jugó, hermosos, inmensos, que costaron un dineral. No se sabe cómo hará Suráfrica para mantener en actividad esos gigantes de cemento, multimillonario derroche fácil de explicar pero difícil de justificar en uno de los países más injustos del mundo.

Insólita fue la pelota de Adidas, enjabonada, medio loca, que huía de las manos y desobedecía a los pies. La tal Jabulani fue impuesta aunque a los jugadores no les gustaba ni un poquito. Desde su castillo de Zurich, los amos del fútbol imponen, no proponen. Tienen costumbre.