Una vez que pasan las elecciones la política sigue su curso y el pueblo sigue engañado
Una vez que pasan las elecciones la política sigue su curso y el pueblo sigue engañado

Por: Osmany Sánchez

Durante semanas han estado llegando noticias sobre las campañas electorales que se desarrollan en diferentes latitudes. En tiempo de elecciones me convenzo aún más de que multipartidismo no es sinónimo de democracia. Aunque muchos se empeñen en querer demostrarlo y otros con las mentes nubladas se las crean.

En las elecciones del mundo “democrático” no gana el candidato que mejor programa electoral presente, el resultado de las elecciones no depende de él sino de su equipo de campaña que es quien organiza el show. Para más información ver por ejemplo las películas: Frost/Nixon o The Ides Of March. A los debates electorales los candidatos van con sus respuestas preparadas y entonces todo depende de la imagen (el candidato pone el rostro, la imagen la diseña su equipo de campaña). Cuentan que el sudor fue el que provocó la derrota de  Richard  Nixon en su debate con Jhon F. Kennedy durante la campaña electoral.

Me dicen que la existencia del multipartidismo, que muchas veces se reduce a dos en la práctica, permite que el partido que está en la oposición  fiscalice el trabajo del partido que está en el poder y que eso impide casos de corrupción y garantiza una buena gestión del gobierno. Eso suena muy lindo pero en la práctica la vida demuestra que el partido que está en la oposición se dedica a torpedear todas las iniciativas del otro para crear malestar en la población y garantizar el retorno a través del voto de castigo.

El pueblo mientras tanto, manipulado por los politiqueros y por la prensa que está en manos de los grandes grupos de poder, aplica el voto de castigo y cambia a un partido por otro. Esto no es democracia sino estar a merced de los demagogos, si tienen dudas vean el caso de España y comparen

Por Eduardo

A todo hombre se le enseña en la vida a no hablar de si mismo más de lo que sea necesario. Sin embargo todo hombre tiene el derecho de hacer valer su verdad en descargo de su honor y sus principios. Es evidente que algunos del bando contrarrevolucionario que visita La Joven Cuba me perciben como el enemigo a derrotar. Un comunista de línea dura me llaman, otros me tildan de demagogo, otros insisten en mi supuesto inmovilismo, y casi ninguno entiende porque a pesar de mis supuestas desventajas en el orden material, insisto en defender tanto el sistema social en el que nací y al cual le debo todo lo que soy. Acabo de leer un comentario que me invita a leer historia de Cuba, y no me ha quedado más remedio que esbozar una sonrisa.