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Por: Osmany Sánchez (jimmy@umcc.cu@JimmydeCuba

Mucho se habla de las oportunidades y las amenazas de la actualización de nuestro modelo económico, pero en la práctica, para Cuba existen dos vías –sólo dos- la primera, mantener el socialismo como sistema y continuar perfeccionándolo cada día. La segunda, retornar a un capitalismo salvaje tercermundista que es el que nos tocaría y no el noruego o el sueco como piensan algunos.

El socialismo cubano está constantemente sometido a debate mediático. Por una parte la gran prensa –y sus colaboradores dentro de la isla- se ha empeñado todos estos años en demostrar su supuesta inviabilidad y por la otra –y más reciente- una pujante comunidad de blogueros dentro de la isla que desde diversas posiciones se implica en el fortalecimiento –y no solo mantenimiento- de un sistema que llegue a todos por igual, sin igualitarismos, pero sin olvidos.

En medio de este debate aparecen personas con buenas intenciones –me inclino a creer que son buenas- pero que al desconocer nuestra realidad, les es difícil realizar un análisis objetivo de la misma. Hace algunos meses sentado en una acogedora cafetería en Cartagena, coincidía con la opinión de un español cuando me decía que en Cuba hacía falta más información, pero no estuve de acuerdo cuando me dijo que no entendía por qué en los estanquillos no se vendía El País y otros periódicos del mundo que tienen en su agenda una “particular” visión de Cuba.

Respeto el derecho de todos a opinar y actuar en la construcción de lo que consideran una Cuba mejor pero a veces no me quedan claras las intenciones. He visto que desde otras latitudes ofrecen espacios para que los cubanos –sobre todo los jóvenes- hablen de la “realidad cubana” y de eso modo contribuir al debate, pero mi duda está en si ellos quieren la misma Cuba que quiero yo o una Cuba a imagen y semejanza de sus países. Lo que es imposible en la vida real.

3WkAq.Em.84 Por: Roberto G. Peralo   (roberto.peralo@umcc.cu)

Me arriesgo a afirmar que la aplicación de la nueva ley de inversión extranjera será la que determine el éxito o el fracaso del nuevo modelo económico cubano. Es fácil percatarse que las transformaciones realizadas en la economía no han dado el resultado esperado hasta el momento. No es porque las medidas tomadas no han sido las correctas sino porque carecen de un enfoque integral y unido a la resistencia de un importante grupo de funcionarios “al cambio“ se ven muchas transformaciones pero muy pocas mejorías.

Junto a las reformas en la gestión empresarial y la unificación monetaria, esta nueva Ley va a significar un punto de viraje a la economía cubana: para bien o para mal. Aparecerán riesgos para la sociedad cubana, donde ni leyes ni resoluciones serán suficientes para mitigar su impacto. La clave va a estar en la interpretación y la forma en que lo lleven a la práctica, los responsables de implementar dicha Ley.

Uno de los riesgos latentes tienen que ver hacia dónde se dirigirán las inversiones. En el nuevo modelo económico la estructura de la propiedad está cambiando, para algunos decisores lo estatal es la forma de empresa más avanzada en el socialismo. Las empresas que no lo son serán consideradas solo como necesarias, pero villanas, que deben ser mantenidas en los márgenes del sistema económico y eliminadas cuando se logre fórmulas que hagan efectiva la gestión estatal.

Tomado del Blog de Jorgito

 El General de Ejército Raúl Castro Ruz ha advertido en varias ocasiones, que cada paso relacionado con la actualización de nuestro modelo económico, debe ser profundamente meditado. El razonamiento anterior  impone una reflexión  sobre el daño al trabajo por cuenta propia, que ocasiona el descontrol, por tanto debemos analizar la necesidad urgente que tiene el país de aprobar leyes que regulen el comercio.

Este tema ha sido tratado anteriormente por varios colegas, hoy será visto desde la óptica de un estudiante universitario cubano. El  concepto de oferta y demanda, se basa en la relación entre el precio de un bien y las ventas del mismo, se asume que en un mercado de competencia perfecta, el precio de un producto se establecerá en un punto de equilibrio,  en el cual no se produce un desabastecimiento del mercado, pero a la vez, todo lo producido se vende y no queda demanda insatisfecha.

El modelo de gestión que estamos implementando no cumple con este postulado. Muchas veces el estado se queda sin