la guagua Mi Habana es una ciudad única, seductora, enajenante, histórica, histérica; Con mucho sol y poca luz; con mucho agua… albañal. Es una ciudad de muchas mujeres. Ciudad de contradicciones. La Habana es la única ciudad del mundo donde tu le preguntas a los taxistas para donde van, y ellos te responden a voces, a veces. Los taxistas son como los dueños de la ciudad; y no solo de la ciudad, sino también del lenguaje. La habana es una ciudad maravillosa. Es la ciudad de las colas; colas del pan, colas de guagua, refresco gaseado de cola. La ciudad de las colas: La Habana ; es inconfundible. Imagínense por ejemplo, 200 italianos haciendo cola en Roma pa’ comerse una pizza. (No pueden).

Yo tampoco; porque desafortunadamente, jamás he ido a Roma. La cola en la Habana tiene su ética y sus reglas. Se puede poner un amigo, se puede rotar, y se puede marcar 2 veces. Párese 5 minutos donde usted quiera, y vera como se forma una cola detrás de usted. En la cola de la guagua de la Habana hay una química. Un compromiso, una empatía entre sus integrantes. Por ejemplo: Se puede llegar a la cola y decir: – Por favor, quien es la ultima persona de la cola de la ruta 195 ? … y te entienden!. O Puedes llegar y decir: – 95? – y También te entienden!.

La Habana es la ciudad más culta del mundo, donde se han hecho descubrimientos científicos inéditos. Por ejemplo, se ha logrado darle sabor a la temperatura, con la fabricación del ” Frozzen “, que sabe a frío.

La Habana , ciudad con un médico por cada 120 habitantes, y 1 vendedor de aromatizantes por cada 10. Un médico por cada 120 habitantes! … que cifra esa! Sólo superada por algunas ciudades de Venezuela.

¿Has visto a un funcionario recibir una crítica a su trabajo? La respuesta nunca puede ser matar al mensajero de las malas noticias
¿Has visto a un funcionario recibir una crítica a su trabajo? La respuesta suele ser matar al mensajero de las malas noticias.

Por: Harold Cárdenas Lema

El pasado jueves fui invitado a una de esas reuniones que los cubanos somos tan eficientes en programarnos. Allí vi un fenómeno común de estos espacios, un funcionario escuchando un tema de nuestra realidad bastante espinoso y como respuesta, optó por algo habitual: matar al mensajero.
Una muchacha pidió la palabra e hizo referencia a la nociva tendencia de “llevarle un regalito” al médico. A veces el sistema hospitalario nuestro (que es gratuito gracias a la Revolución y fuera mejor de no ser por el bloqueo) se vuelve insoportable debido a la burocracia y la indolencia de algunos. La muchacha había vivido numerosas dificultades contrastando su caso con otras ocasiones en las que un regalo cualquiera, mágicamente soluciona cualquier impedimento que pudiera surgir.
Creo que no estoy loco al desear un sistema médico ajeno a estas prácticas, que son una realidad objetiva muy peligrosa de ignorar. Cuando uno de los funcionarios que presidía la reunión escuchó a la muchacha, inmediatamente pidió el micrófono e intervino “para ayudar” el cauce del debate. Aplicó entonces la consabida técnica de atacar la mensajera de esa realidad incómoda, preguntándole cuál había sido su actitud y argumentando que era algo muy escaso.