"Existe una conciencia de la importancia de Internet, pero a la vez hay un desprecio extremo a la importancia de Internet para los ciudadanos"

Por: Harold Cárdenas Lema

(Esta es la segunda parte de la entrevista realizada a Leonardo Padura, les sugiero leer antes la primera parte)

El término revolución se refiere a procesos de cambio o transformación respecto al pasado, aun así, existe la noción de que durante años el país se cambió o transformó muy poco a sí mismo. Leonardo, ¿hasta qué punto seguimos siendo una revolución?

Esa es una pregunta muy difícil de responder porque es un término que se ha viciado con una retórica y con una realidad demasiado prolongada. Creo que la revolución es un momento en el que se producen grandes cambios y partir de estos se trata de generar un tipo de sociedad diferente y esta tiene que tener otro calificativo distinto al de revolución, porque incluso en términos marxistas cubanos, en este país no creemos en la “Revolución Permanente” de Trotsky.

El hecho de la revolución es importante en la medida en que haya actitudes revolucionarias, en el sentido en que las cosas sigan cambiando, se sigan perfeccionando y exista el espacio para poder darle la acepción principal de la palabra: darle vueltas a las cosas. Pero precisamente esa intención de mover las cosas, cuando no se hace desde arriba, en Cuba se ha considerado incluso como contrarrevolucionaria, porque a veces no corresponde con determinados cánones y maneras de pensar a las que hoy se les llama ortodoxias: y si no se corresponde con ciertas ortodoxias, es muy atacada.

Yo pienso que la sociedad cubana necesita seguir revolucionándose, y que los individuos revolucionarios son los que están a favor del cambio, no en el sentido de cambiar un sistema por otro, sino de mover la sociedad en el sentido del progreso. La imagen de la historia como una espiral en ascenso, en progreso, solo puede lograrse a través de una revolucionarización de la sociedad de manera general, en lo político, económico y social.

Hubo un punto en Cuba, después del primer impacto del Período Especial, en que se generó más el inmovilismo que la revolución. Por eso siempre he dicho que con independencia de lo profundo que sean los cambios y lo radicales o no que estos puedan ser, me siento mucho más identificado con una política de cambios que con una de inmovilidad, y aunque a veces me perjudiquen, tienen mi simpatía, porque siento que la sociedad cubana se ha vuelto a poner en movimiento, ha vuelto a poner en marcha sus revoluciones.”

“Que existan jóvenes como ustedes, que puedan expresar un pensamiento no ortodoxo y no se conviertan o los quieran convertir inmediatamente en el enemigo... es una señal de lo mucho que ha cambiado esta sociedad”

Por: Harold Cárdenas Lema

El pasado mes de febrero tuve el placer de compartir durante más de tres horas con Leonardo Padura, uno de los escritores más reconocidos de Cuba y alguien muy comprometido con su país. Esta es una entrevista al Padura ciudadano, al escritor inmerso en una sociedad y que es ajeno a los elitismos que algunos desconocedores podrían achacarle.

Las preguntas que verán a continuación buscan examinar nuestra realidad a través de la singular mirada que nos brinda Leonardo, hablaremos mucho de política con un poco de literatura, espero les sirva para entender de alguna forma este presente que nos tocó vivir. Comienzo preguntando ¿quién es Leonardo Padura? y este me brinda una respuesta novelada:

“Sigo siendo, en mis maneras de pensar y actuar, el muchacho que nació en 1955 en esta casa, en un barrio que ya tenía una relación histórica bastante larga con mi familia por la parte de los Padura. Cuando yo tengo cuatro años triunfa la Revolución, en el 62-63 comienzan ya las escaseces y los problemas, y ya era difícil en aquella época comprar un guante en una tienda.

A pesar de ello tuve una niñez muy feliz porque era muy libre, y creo que la libertad es la medida de casi todas las felicidades. Andaba por este barrio “suelto y sin vacunar”, con unos tenis sin medias, con pantalón, sin camisa, jugando pelota, robando mangos, cazando lagartijas. La escuela ocupaba un espacio pequeñísimo en mi vida, pero era muy agradable.

Esto hizo que fuera una infancia feliz, muy gregaria, con muchos amigos. De esos amigos aquí en el barrio ya quedan muy pocos, algunos murieron, otros se fueron de Cuba o del barrio, y eso es algo que resiento mucho. En el barrio me llamo “Nardito” porque mi padre se llama Leonardo y todo el mundo le dice “Nardo”. En lo fundamental, trato de seguir siendo Nardito.”