Raul Cepero BonillaPor: La Joven Cuba

Motivado por el artículo “ Mi Marx entre el salario real y la nostalgia” recibimos varios correos con comentarios muy interesantes. Uno de ellos del profesor de economía de la Universidad de la Habana Lázaro Díaz Fariñas que nos daba algunos observaciones sobre estos problemas. Por lo útil de sus reflexiones queremos compartirlas con los lectores de La Joven Cuba.

Estimados compatriotas,

Les adjunto un trabajo que se publicará en la Revista Economía y Desarrollo, en el que reproduzco íntegramente el artículo Inflación de Raúl Cepero Bonilla y parcialmente un artículo de Juan F. Noyola donde se enuncia la teoría estructuralista de la inflación por este autor con el objetivo de ofrecer una mirada a este complejísimo problema de nuestra realidad. En los últimos informes oficiales ya se usa el término desterrado por años de este tipo de publicación, como otos como el índice de precios al consumidor que no siempre son bien ponderados ni científicamente analizados con profundidad.

En la discusión del anteproyecto del código del trabajo una de las consideraciones más ampliamente tratadas en nuestro ámbito fue el derecho que tienen los trabajadores de discutir el nivel del salario mínimo y cual debe ser el indicador para su fijación si el IPC IPC y la Inflación, lo cual es muy complejo o el enfoque neoclásico que establece la relación salario medio productividad.

Lo que si está muy claro para la mayoría es que la fijación del salario mínimo no puede ser exclusivamente del consejo de ministros ” oído el parecer de los trabajadores”; a este nivel parecía que el dueño tendría que recibir lo que el representante del dueño cree y no el hecho real de que el dueño decide cuanto va a consumir y cuanto va ahorrar-otra categoría con un enorme grado de distorsión, pero para ello necesitamos no sólo recuperar a Marx para los trabajadores como señala el artículo, sino que el sindicato se convierta en potente instrumento de cultura económica.

Los sindicatos de antaño lograron altas cotas en esa dirección, solo recordar que el Sindicato de trabajadores de la Industria Azucarera bajo la dirección del “general de las cañas” arrebató al imperialismo la famosa cláusula de garantía, conocida como “diferencial azucarero”, por la cual si subían los precios de las importaciones proporcionalmente subían los precios del azúcar. Esa epopeya fue el resultado de la labor científica de Jacinto Torras, considerado por muchos el iniciador de los estudios marxistas en economía en Cuba. Esa idea inspiró al compañero Fidel para defender los ” precios resbalante” en el seno del CAME, pues algunos países dentro del acuerdo trataron de imponer la misma práctica de los monopolios de subir los precios de sus productos industriales, a costa de los precios de las materias primas de los subdesarrollados. Creo que nuestros historiadores económicos tienen una deuda tremenda con el país y las nuevas generaciones. Nadie crea que las relaciones de Cuba de con el CAME y la URSS no estuvieron matizadas por una conflictividad que aun no aparece en los textos de historia.

La historia victoriosa del sindicalismo revolucionario cubano fue percibida con preocupación por el imperialismo, les recomiendo leer el informe La Nueva Cuba, realizada por organizaciones académicas norteamericanas en 1934 o el informe de la Misión Truslow, son dos monumentos al hecho, de ser Cuba posiblente el país más proletarizado de América Latina y también el que mejor organizado tenía su clase obrera. Lo avanzado de la constitución de 1940 tiene una estrecha relación con ello, y con la labor del Partido Socialista Popular- sometido a una mordaz,demoledora y prejuciada campaña de desprestigio, por alguna nuevas “carrientes historiográficas”-pues este partido logró calar hondo en la sociedad cubana de su tiempo, más allá de errores tácticos muy propios de su contexto.

 

La oreja peluda de la burocracia se asoma mediante su herramienta favorita: el funcionario.

Por: Harold Cárdenas Lema

“la burocracia, como la organización civil del Estado, se opone al Estado Social de los civiles” Karl Marx

Hoy voy a referirme a un personaje que siempre me ha resultado interesante: el funcionario cubano. Los hay de muchos tipos, mejores y peores, pero me referiré mayormente a estos últimos. En su mayoría cargan con un lastre burocrático y muchas veces son la viva estampa del peor cliché cubano: camisa de cuadros con lapiceros en el bolsillo, maletín en mano, su mirada sugiere que “todo está bajo control” y una fraseología fácilmente distinguible.  Pero hoy no me limito a criticarles, al contrario, nunca lo hubiera creído pero me toca por esta vez defenderlos y hacerles justicia también en lo que toca.

Conozco los tipos de funcionarios que tenemos, el demagogo que denota oportunismo hasta en su sonrisa (pero por alguna extraña razón ha logrado escalar en la pirámide de dirección) y conozco al funcionario que es verdaderamente ejemplo, que es muestra de sacrificio y le ves dándolo todo por su trabajo y la sociedad mientras su casa se cae a pedazos. A ninguno de los dos se le ha hecho justicia, al primero se le ha permitido ostentar cargos de dirección utilizando para ello métodos dudosos y al segundo el destino le ha recompensado con mucho menos de lo que merecía. El primero olvidó desde hace mucho la premisa de hacer coincidir los intereses personales con los colectivos y el segundo no ha hecho más que sacrificar su propia vida en aras de un bien común que se demora en llegar.