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Mella nos enseñó que la ortodoxia es uno de los mayores peligros de una Revolución, preferimos ser como él: poco ortodoxos.

Por: Harold Cárdenas Lema

Dicen que antes de morir ves pasar toda tu vida ante tus ojos, espero sea cierto, así tendríamos al menos algo de perspectiva sobre el mundo que vamos a abandonar y cuál ha sido nuestra huella en él. Tengo 25 años y 10 meses de vida, la misma edad que tenía Mella cuando murió asesinado en el DF mexicano. Un cuarto de siglo parece mucho pero en realidad es bastante poco tiempo en una vida. Si hiciera un balance de cuál sería mi legado a mi muerte quedaría muy insatisfecho, no es el caso de Julio Antonio Mella.

Mella vivió una vida multifacética, creó organizaciones y órganos de prensa revolucionarios por doquier, conoció a varias de las principales figuras del universo comunista de la época y de una u otra manera todos los que le conocieron tuvieron que tomar partido a su favor o en su contra. Con sólo 20 años hizo una huelga de hambre que movilizó el país a su favor (cosa rara en la época tratándose de un comunista) y obligó al tirano Machado a liberarlo y sufrir así una derrota pública, posiblemente la primera hasta entonces.

Si tuviera algo que criticarle, creo que sería precisamente lo que más admiro de él, su espíritu de sacrificio y total entrega a la causa revolucionaria, que por una parte lo convirtió en un adversario formidable y por otra lo llevó a descuidar a su familia y de manera indirecta su esposa e hija, quienes tendrían que sufrir las mismas penurias económicas que él. Mella tuvo que enterrar en un cementerio mexicano a un hijo que le nació muerto, tuvo que cavar la tumba él mismo y obviar cualquier tipo de funeral por carecer de fondos suficientes, todos sus bienes estaban  dedicados al Partido.

Por: Gabriel Torres

Al igual que en todas las instituciones educacionales del país, el día de ayer abrió sus puertasla Universidadde Matanzas Camilo Cienfuegos. Nuevamente los pasillos largos, las aceras y aulas se colman de jóvenes, de risas y murmullos, de profes en carrera. Los espacios universitarios vuelven a ser nuestros después de 2 meses de playa y sol, de viajes en familia. Y otra vez comienzan las dulces angustias de las clases, y la universidad cobra su razón de ser…

Para todos los que se inician en esta enseñanza será un nuevo reto, un camino largo a transitar, lleno de sorpresas, sinsabores, madrugadas extenuantes y también, porque no, de algarabías y de fiestas, de las novias y los novios, de los amigos para siempre. Para los que continuamos aquí, resulta la certeza de que queda mucho menos; nos queda menos cada día para separarnos de esta gran casa que nos acogió, nos recibió como una gran madre y nos legó sabiduría, madurez, grandes responsabilidades. Y sabemos que pronto saldremos de aquí, formados y seguros, para aportar, cada uno desde su puesto de trabajo, nuestro aporte al fortalecimiento de este país y su Revolución.

Por: Harold Cárdenas Lema

En la historia de Cuba y su movimiento comunista existen varias posiciones y maneras de asumir la construcción del Socialismo. Los errores cometidos en este sentido estuvieron no sólo después del triunfo revolucionario sino desde los orígenes del movimiento comunista cubano. La improvisación y la copia mecánica de los mecanismos soviéticos estaban a la orden del día desde la misma creación del Partido en 1925, ya desde entonces la URSS no buscaba lograr la revolución mundial (que tanto preconizaba en sus discursos políticos) sino construir una estructura internacional conformada por partidos como el cubano, que sirviera de instrumento y garantizara la solidez de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Los dirigentes de nuestro primer partido eran una mezcla de genuino espíritu de sacrificio revolucionario y un dogmatismo que los limitaba en sus  funciones. En este contexto tan complejo nació un joven que cambiaría para siempre la historia de Cuba y el movimiento comunista cubano: Julio Antonio Mella.

El 25 de mayo de 1903 nació un niño en la Habana Vieja llamado Nicanor MacPartland, era el nieto de Ramón Mella,  famoso general de la independencia en República Dominicana. Por ser un hijo bastardo (algo normal en la época) viviría con su padre, madrastra y medio hermanas. Era un niño que debido a su estatus de hijo nacido fuera del matrimonio, en la casa se rebelaba  a menudo contra la autoridad del padre y la madrastra.

El padre contrató a una niñera para ayudar a la madre, la mulata Longina O´Farrill cumplió esta función.  Una mujer tan bella, que inspiró al compositor Manuel Corona a hacerle una canción que se haría famosa en toda Cuba. Es fácil suponer cómo se formó el gusto de Mella teniendo a la “Longina seductora” como nana, quién además sería la que le enseñara sus primeras palabras en español.

El destino nos hace a todos jugarretas y la casualidad interviene en nuestras vidas más a menudo de lo que imaginamos, ocurrió un hecho insólito en una estancia del joven Mella en los Estados Unidos en vísperas de la Primera Guerra Mundial. El muchacho parecía mayor por su tamaño y robustez, entonces las personas lo insultaban en la calle por no vestir el uniforme del ejército norteamericano. Avergonzado, ingresó al ejército yanqui alegando una edad falsa y de no ser por intensas gestiones de la Embajada Cubana, Mella hubiera combatido en la Primera Guerra Mundial bajo la bandera norteamericana (país al que dedicaría su vida combatir años después para lograr la independencia política de los latinoamericanos).