Y documentos sobre el cable de fibra óptica Cuba-Venezuela

Se sigue culpando a agentes externos de nuestros problemas y sus causas

Compartimos con ustedes nuestro segundo boletín quincenal. Con la publicación del primero hemos recibido muchas opiniones desde Cuba […]

Hoy logramos una aspiración demasiado postergada. La Joven Cuba tiene más de 6 mil usuarios suscritos por correo […]

Por: Alvaro Alvarez Vergara (alvaro11592 ) En el panorama sociocultural de Cuba ha aparecido un fenómeno que resuena […]

Por:  Roberto Peralo  (roberto.peralo@umcc.cu) Esa necesidad casi insaciable de querer saber más de lo que se me está […]

Graciela-Pogolotti11-230x300Por: Graziella Pogolotti

Comidillas en colas, paradas de guagua, barberías, centros de trabajo, en todos los lugares donde se toma la temperatura de los estados de opinión, ha sido el fraude cometido en el reciente examen de ingreso a la UniversidadCorresponde a los tribunales de justicia atender el caso, por cuanto nos encontramos ante un delito penado por la ley con profundas repercusiones en la formación ética de las nuevas generaciones. La información pública objetiva del resultado final del proceso tendrá, sin dudas, carácter ejemplarizante.

El análisis del asunto no puede quedar ahí. Los fenómenos de cierta trascendencia social obedecen a la concurrencia de múltiples factores. Los proveedores tarifados de un producto responden a la existencia de una demanda potencial que tiene su origen en la aspiración de todos los padres a garantizar el porvenir de sus hijos. Es un deseo legítimo, pervertido por una visión errónea de la realidad. El acceso fraudulento a un diploma académico considerado patente de corso para asegurar un puesto de trabajo calificado en una plantilla para dormitar allí, recostado en plácidos laureles, conduce a la larga al fracaso, la frustración y el resentimiento o, peor todavía, a medrar en las fronteras de la ilegalidad.

Allá por los años 80 del pasado siglo, en mi condición de Decana, participaba como observadora en los exámenes de fin de curso. Nunca intervine en las decisiones de los tribunales, por haber considerado siempre que preservar la autoridad del maestro es un principio sagrado inviolable. Lo hacía para valorar en lo concreto y tangible la marcha del proceso docente más allá de los acostumbrados controles formales. Al concluir la prueba intercambiaba puntos de vista con los profesores.

Advertí en ocasiones en muchachos apenas veinteañeros limitaciones naturales para proseguir exitosamente una carrera de actuación. Mi comentario al respecto recibió una respuesta tajante: “En su momento, los suspenderá la vida”. Un suspenso en la Universidad —argumenté—, es menos doloroso que el de la vida, definitivo y sin posibilidad de recomienzo. El otro, en cambio, ofrece vías para encontrar el mejor camino.

Un título académico avala el conocimiento adquirido. Cuando no tiene el respaldo de la verdad, se convierte en papel mojado, en materia prima desechable. El saber no ocupa lugar, decían los viejos de antaño. Es un bien invaluable que se preserva y acrecienta a lo largo de la existencia. No es solamente atributo de los universitarios. Podemos reconocerlo en la sabiduría del campesino que domina los secretos del tiempo, de la tierra y de los cultivos; en la creatividad del artesano; en la pericia de quien domina un oficio. Conservo en mi casa una repisa que lleva más de 70 años cargando libros. La hizo un modesto carpintero de la calle Peña Pobre. El barniz no ha perdido el brillo inicial. Para aquel joven, heredero de una tradición, la hechura de cada pieza constituía razón de orgullo profesional.

La improvisación y el paternalismo han conducido a soslayar la importancia de la profesionalidad. En los centros de trabajo encontramos con frecuencia efectos negativos de esa malformación en especialistas resignados a seguir mecánicamente las pautas de la rutina aprendida alguna vez, indiferentes ante la necesidad de mantener una permanente actualización respecto a su área específica del saber en espera pasiva de un seminario destinado a informar sobre un aspecto puntual. El paso por un centro de educación medio o superior implica tan solo la adquisición de las herramientas básicas de un aprendizaje que habrá de renovarse y enriquecerse permanentemente. Siempre ha sido así, pero en el mundo contemporáneo el ritmo de la innovación ha adquirido una velocidad impresionante. La obsolescencia de los equipos puede ir acompañada por la obsolescencia de las personas. En un capitalismo altamente competitivo, indiferente al destino del ser humano, esa trágica caída en el vacío sucede todos los días.

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 Por: Roberto G. Peralo (roberto.peralo@umcc.cu)

Cuando leo la notica de la página web CubaPeriodistas sobre los vacíos informativos en la prensa cubana me percato que este fenómeno es inexplicable para mí.¿Cuál es la información que puede afectar la seguridad nacional y cuál puede revelar la mala gestión de un funcionario? ¿Qué información es trascendental y cuál es pueril?¿Quién lo decide?

Mientras estas preguntas sigan siendo soslayadas, pronostico muchas más reuniones y muchos más congresos hablando sobre lo mismo. Lo que más me llama la atención es el término que se emplea para denominar el problema “vacíos informativos“.

Me entero a través de “radio bemba“ que desde hace más de un mes se viene desarrollando uno de los juicios más grandes y complejos que se han realizados en Cuba.  Uno de los acusados, un ciudadano canadiense, a través de tráficos de influencia, regalos y dinero corrompió a varios dirigentes del primer nivel, “muy confiables“, causándole a la economía cubana perdidas millonarias.

¿Esto es “vacíos informativos“ o responde a una política de La Contralora General de la República, Gladys Bejerano?  La vicepresidenta plantea que “publicar los casos de corrupción en la prensa “no siempre trae