Por: Rafael Hernández La presunción de que la llamada “prensa independiente” es la negación de los males del […]

   

Manuel David Orrio, el periodista.
Manuel David Orrio, el periodista.

Cortesía de  Manuel David Orrio ex Agente Miguel de la Seguridad del Estado cubano con La Joven Cuba. Fragmentos de un libro suyo en preparación.

Integré el contrarrevolucionario “periodismo independiente” como respuesta acertada dela Seguridaddel Estado a una solicitud de renuncia de su agente Miguel. Nada en conflicto, en verdad. Mi labor había comenzado en 1992 como uno de los fundadores estatutarios de la llamada Corriente Socialista Democrática Cubana, advertido de inicios de que cualquier pugna con Elizardo Sánchez Santacruz, “cabeza a la sombra”, significaría mi aislamiento. “Si por cualquier motivo vas contra él, te anula; no admite discrepancias, aunque parezca que sí”, me dijo mi primer jefe.

  Tomé nota y actué al pie de la letra. Pero en la labor de los servicios especiales la vida obliga a decisiones contradictorias. Se produjo al interior del grupo una pugna de poder en la cual, por orden superior, no tuve más remedio que enfrentar a Sánchez…y pagué el precio. Para 1995 no veía utilidad en mi esfuerzos, amén de que mi situación económica y la de mi madre eran desesperantes, incluso para lo “desesperado general” del momento. Así, honestamente, presenté mi renuncia y solicité ayuda para conseguir un mejor empleo.

  Razones personales me condujeron en 1991 a trabajar como sereno de un agromercado, en busca de paz y tiempo libre para reordenar una vida —  y para nada una vida “mala” —  que había pasado por un huracán: pérdida de un buen trabajo a causa de denunciar a un burócrata mentiroso

Por June Fernandez

Os dejo con la segunda parte de la entrevista a La Joven Cuba, blogueros comunistas defensores del “debate franco y la polémica respetuosa” entre diferentes. En esta segunda parte hablan del papel de la sociedad civil, valoran la situación de la prensa e internet, y opinan sobre las reformas de Raúl Castro. Conviene leer primero la primera parte.

Sociedad civil

J.F. Se pone obstáculos para que la comunidad LGTB de organice, pero surge un colectivo, el Observatorio de los Derechos LGTB, que es claramente opositor. Dado que la disidencia siempre se va a organizar, ¿no sería mejor permitir movimientos autónomos?

H.C.: Sí, eso es absurdo.

O.S.: ¿En qué consistiría eso?

J.F.: Pues en que un grupo de lesbianas pueda reunirse para hacer lo que le parezca: tener un local, hacer debates, organizar jornadas, celebrar manifestaciones…

H.C.: Eso no es una decisión política, es un fenómeno social. Si la sociedad está de acuerdo, yo creo que tiene que ocurrir. Lo que sí es absurdo es dejar que los opositores lo hagan y lo tuyos no lo hagan, porque entonces creas la imagen de que todo el movimiento LGTB es opositor.

O.S.: Dicen que destinaron [desde EEUU] unos 350.000 dólares a una marcha gay en Prado. Pero es lo que tu dices: ¿por qué no aceptar una cosa cuando ocurre esta otra?

H.C.: Yo lo veo claro.

J.F.: Estaréis de acuerdo en que es sano que exista una sociedad civil fuerte, que se organice a su manera. En la actualidad se exige a las asociaciones que estén tuteladas por instituciones.

O.S.: Es verdad, pero hay experiencias de asociaciones, financiadas incluso por organismos internacionales. A veces es un problema de autocensura y autolimitación.

H.C.: Sí que hay limitaciones legales. Ese concepto de “sociedad civil” estuvo mal visto durante años porque se vinculaba con la disidencia. La disidencia a su vez secuestró ese término, y el Estado no supo dar pie para que se formara espontáneamente. Había demasiadas reservas. Para la mentalidad de muchos funcionarios, que existiera una sociedad civil al margen del aparato estatal era una idea subversiva. Ahora, no sé si sería una política

El pasado mes de enero el equipo de administradores de La Joven Cuba sostuvo un encuentro con la periodista española June Fernández que administra un Blog nombrado Mari Kazetari. Del encuentro dicha periodista publicó un artículo el cual compartimos con los lectores.

  La Joven Cuba: blogueros comunistas que debaten y toman cervezas con anticastristas (1. parte)

Por: June Fernández
“Las ideas más ‘peligrosas’ son las que no se dicen, de ahí la importancia de crear espacios de debates en los que todos puedan expresar su opinión. No debemos edulcorar la realidad cubana ni conformarnos con satanizar al resto del mundo”. Lo escribe Osmany Sánchez, uno de los tres impulsores del blog La Joven Cuba, que se define como un espacio de jóvenes profesores universitarios que opinan sobre la realidad cubana. Invitan a sus lectores a mantener un “debate franco, de polémica respetuosa” en “una plataforma que propicia la confluencia de opiniones (muchas veces opuestas) en un lenguaje tolerante con la opinión ajena”.

Que aboguen por la pluralidad no significa que sean imparciales. Durante la entrevista se atribuyeron varias veces ese valor, pero también tienden a hablar en términos de “nosotros” y “los otros”;“los de nuestro lado” y “los del otro lado”. Están firmemente comprometidos con lo que llaman “el proyecto político cubano”, es decir, lo que “los del otro lado” llamarían el régimen castrista. En las múltiples clasificaciones ideológicas de los blogs cubanos que abundan últimamente por internet, se les suele definir como oficialistas independientes. En todo caso, LJC destaca entre otros blogs defensores del sistema político cubano, no sólo porque propician el debate y el encuentro entre personas con posiciones políticas encontradas, sino porque en sus posts también hay espacio para criticar errores y reclamar reformas.

Me citan en el Parque de la Libertad de Matanzas. Por el tono serio y vehemente del blog, me imaginaba a unos jóvenes cabreados, tensos, panfleteros. Ellos también tenían prejuicios: me esperaban mayor y fea, me dijeron nada más verme, entre risas. Hicieron gala de una actitud afable, fresca y hasta vacilona.

“El blog surgió de la insatisfacción que nos provocaba no poder dar nuestra opinión en internet”, explica Roberto Peralo. “Nos censuraban nuestros comentarios o nos encontrábamos con que no se ofrecían formas de replicar un artículo”. El malestar lo suscitaba la prensa de las dos tendencias: “La disidencia especula mucho sobre Cuba, de forma hipercrítica, y de nuestro lado había artículos con

Por Tatu