Tomado de http://lapolillacubana.blogcip.cu

Por Eduardo

Estimado Eloy:

Ayer en la tarde, sostuve con usted un debate prolongado. Estaba muy agotado porque hemos estado sometidos a un trabajo intenso en esta semana, y como no dispongo de todo el tiempo del mundo, decidí retomar una idea que aplicaba muy a menudo en los inicios de la creación de la Joven Cuba. Esta consistía en que de algún comentario dirigido a mi persona, extraía algunas ideas que deseaba comentar, para de esta manera exponer mis puntos de vista. De cualquier manera su intervención es bastante extensa, por lo que no puedo, aunque quisiera, y le juro que yo así lo desearía, responder solo las que me parecen más dignas de respuesta. Hago solo, como siempre alusiones a mi persona, cuando no me quede más remedio que refutar algunas acusaciones que si bien son infundadas, lo son en virtud de los prejuicios establecidos por la maquinaria mediática al servicio del imperialismo, y uno de cuyos objetivos es la destrucción de la Revolución Cubana a lo largo de todos estos años.

Por José Julián

Cuando los argumentos que enarbolan un grupo de personas carecen de sentido y resultan incapaces de convencer, puede rozar el ridículo cualquier declaración.  El tema “Cuba” en la prensa mundial acapara cintillos y titulares, tratando de desvirtuar una realidad muy diferente a la que promulgan. Siempre va a existir algún personaje que –dinero por medio- acepte “informar y opinar” sobre la realidad de la isla.

Esta vez le ha tocado poner la cara al señor Oscar Peña, presidente del llamado Comité Cubano Pro Derechos Humanos (CCPDH), en un artículo titulado El Legado de Fidel Castro publicado en el New Herald de Miami. En él se lanza una vez más, como tantos otros lobos hambrientos, a denigrar la estatura política y moral del forjador y líder del proceso revolucionario cubano.

Es una total farsa comparar a las dictaduras de Augusto Pinochet, en Chile, y la de Marcos Pérez Jiménez, en Venezuela, –dándoles, incluso un carácter benévolo en el campo económico- con el proceso de gobierno desarrollado por Fidel en la Cuba socialista. Es absurdo comparar los ideales, las convicciones que mueven a Fidel con los sátrapas militaristas latinoamericanos que defiende Peña en su artículo. Es indignante y hasta irritable como una gran mentira como esa puede circular por los canales de la prensa mundial.