Graciela-Pogolotti11-230x300Por: Graziella Pogolotti

Comidillas en colas, paradas de guagua, barberías, centros de trabajo, en todos los lugares donde se toma la temperatura de los estados de opinión, ha sido el fraude cometido en el reciente examen de ingreso a la UniversidadCorresponde a los tribunales de justicia atender el caso, por cuanto nos encontramos ante un delito penado por la ley con profundas repercusiones en la formación ética de las nuevas generaciones. La información pública objetiva del resultado final del proceso tendrá, sin dudas, carácter ejemplarizante.

El análisis del asunto no puede quedar ahí. Los fenómenos de cierta trascendencia social obedecen a la concurrencia de múltiples factores. Los proveedores tarifados de un producto responden a la existencia de una demanda potencial que tiene su origen en la aspiración de todos los padres a garantizar el porvenir de sus hijos. Es un deseo legítimo, pervertido por una visión errónea de la realidad. El acceso fraudulento a un diploma académico considerado patente de corso para asegurar un puesto de trabajo calificado en una plantilla para dormitar allí, recostado en plácidos laureles, conduce a la larga al fracaso, la frustración y el resentimiento o, peor todavía, a medrar en las fronteras de la ilegalidad.

Allá por los años 80 del pasado siglo, en mi condición de Decana, participaba como observadora en los exámenes de fin de curso. Nunca intervine en las decisiones de los tribunales, por haber considerado siempre que preservar la autoridad del maestro es un principio sagrado inviolable. Lo hacía para valorar en lo concreto y tangible la marcha del proceso docente más allá de los acostumbrados controles formales. Al concluir la prueba intercambiaba puntos de vista con los profesores.

Advertí en ocasiones en muchachos apenas veinteañeros limitaciones naturales para proseguir exitosamente una carrera de actuación. Mi comentario al respecto recibió una respuesta tajante: “En su momento, los suspenderá la vida”. Un suspenso en la Universidad —argumenté—, es menos doloroso que el de la vida, definitivo y sin posibilidad de recomienzo. El otro, en cambio, ofrece vías para encontrar el mejor camino.

Un título académico avala el conocimiento adquirido. Cuando no tiene el respaldo de la verdad, se convierte en papel mojado, en materia prima desechable. El saber no ocupa lugar, decían los viejos de antaño. Es un bien invaluable que se preserva y acrecienta a lo largo de la existencia. No es solamente atributo de los universitarios. Podemos reconocerlo en la sabiduría del campesino que domina los secretos del tiempo, de la tierra y de los cultivos; en la creatividad del artesano; en la pericia de quien domina un oficio. Conservo en mi casa una repisa que lleva más de 70 años cargando libros. La hizo un modesto carpintero de la calle Peña Pobre. El barniz no ha perdido el brillo inicial. Para aquel joven, heredero de una tradición, la hechura de cada pieza constituía razón de orgullo profesional.

La improvisación y el paternalismo han conducido a soslayar la importancia de la profesionalidad. En los centros de trabajo encontramos con frecuencia efectos negativos de esa malformación en especialistas resignados a seguir mecánicamente las pautas de la rutina aprendida alguna vez, indiferentes ante la necesidad de mantener una permanente actualización respecto a su área específica del saber en espera pasiva de un seminario destinado a informar sobre un aspecto puntual. El paso por un centro de educación medio o superior implica tan solo la adquisición de las herramientas básicas de un aprendizaje que habrá de renovarse y enriquecerse permanentemente. Siempre ha sido así, pero en el mundo contemporáneo el ritmo de la innovación ha adquirido una velocidad impresionante. La obsolescencia de los equipos puede ir acompañada por la obsolescencia de las personas. En un capitalismo altamente competitivo, indiferente al destino del ser humano, esa trágica caída en el vacío sucede todos los días.

Edmundo García

www.latardesemeve.com

El martes 5 de noviembre se realizaron en el condado Miami Dade unas elecciones en las que participó el 7% de los votantes; según precisó hoy jueves el Alcalde Tomás Regalado en una entrevista para CNÑ-Latino.

Más bien el martes fue el día señalado para acudir a las urnas, porque en realidad se está votando desde hace rato a través de los discutidos procedimientos de boletas ausentes y votos anticipados, para los que hubo 14 días.

Por el uso fraudulento de las boletas ausentes hay políticos de Miami encarcelados y otros en investigación. Y muchos más bajo cuestionamiento moral de la comunidad, porque ese tipo de fraude se basa en la manipulación de ancianos y personas con impedimentos físicos que no pueden trasladarse hasta los precintos electorales.

Una votación organizada de esta manera la decide la maquinaria. ¿Qué es la maquinaria? Pues un grupo de personas que desde unos meses antes de las elecciones se dedica a dejar mensajes en los teléfonos a favor del político que les paga; que ubica propaganda electoral en los correos de las familias o la entregan de puerta en puerta. Hay empleados electorales que van a los comedores de personas de bajos recursos a recordarles que tienen alimentos gracias al político de turno que se intenta elegir. 

Esta es mi visión sobre la transparencia como antídoto ante el fraude.

Por: Jorge Morales

(Respuesta al artículo La confusión puede ser tan mala como el fraude)

Fraude: Acción contraria a la verdad y a la rectitud, que perjudica a la persona contra quien se comete.

Corrupción: En términos generales, la corrupción política es el mal uso público (gubernamental) del poder para conseguir una ventaja ilegítima, generalmente secreta y privada. El término opuesto a corrupción política es transparencia.

En este artículo simplemente trato temas y  conceptos, con  mi opinión y mis vivencias. Para combatir el fraude se debe ganar en transparencia en la gestión, en  exigir menos méritos que tengan que ver con la militancia y elevar más los rendimientos. La principal batalla que libra nuestro pueblo y de la que depende el Socialismo, es la económica, entonces allí en ese terreno se probará nuestro comprometimiento con esta causa tan justa que es la Revolución (con sus defectos y virtudes).

Nuestra lucha contra los yanquis ha sido siempre de león para mono y el mono con las manos amarradas, de ahí hemos asumido el sentido de secretismo que en distintas esferas es tan necesario y nos hace mucho bien, pero en otras muchísimo daño. Quiero para mi Cuba bella y soberana, un país donde la transparencia en su gestión ciudadana (gestión de todas las empresas estatales y sus servicios) sea una regla y no una voluntad de los ciudadanos.

El amigo Jesús González me sugiere que se ganó la batalla contra el fraude en las universidades, pero me parece un poco lejos

confusion sobre el fraude en cuba
«La mayor prueba de democracia no está en más información, sino en la confianza entre los revolucionarios»

Por: Jesús González López

(Respuesta al artículo El fraude: ese mal nuestro)

Las notas que he decidido sumar a modo de respuesta a este artículo no persiguen ganar en una discusión. El autor del mismo merece respeto, pero sus ideas requieren análisis. El artículo mezcla ejemplos de fraude, con ejemplos de incorrecto cumplimiento de funciones, posibles delitos y corrupción. Si bien en la base todos hay una degradación o falta de formación  ética,  no son la misma cosa.

Nos encontramos algo así, como una enumeración amorfa e incoherente de hechos tomados de la realidad, con la intención de satanizar el fraude y solicitar apertura de información para sepamos lo que pasa y nos pronunciemos. Democracia mal entendida, métodos pueriles, conceptos estratégicos omitidos, nada algo sí como una sopa de pollo con frutas para ser servida en el desayuno; a nada se le le coloca en su sitio, eso es tan peligroso como el fraude.

Los jóvenes tenemos que engrandecer la patria y para superar el punto hasta el que nos la están entregando hay que usar el arma que nos han puesto en las manos: la educación recibida, los conocimientos. Seguiré el método de escribir mis notas debajo de lo planteado en el artículo, las opiniones que he vertido sobre el autor no pretenden demeritarlo, deseo hacer que rectifique lo que yo considero que son conceptos erróneos.

El fraude: ese mal nuestro

El fraude es un fenómeno con muchas aristas y