Por: Yusdel Meriño Almaguer

“El Presidente no dijo “es quizás la última oportunidad”, sino “ésta es la última oportunidad”. Cuando lo dijo hizo una apelación a muchos, a millones, pero particularmente a quienes nosotros representamos. Creo que nuestro deber más profundo y más grande es hacer el último esfuerzo para que nuestro tiempo no se pierda.”

Fueron las palabras de Eusebio Leal Historiador de la Ciudad de La Habana, en el encuentro con intelectuales y artistas el pasado 29 de diciembre de 2010 refiriéndose al histórico discurso del General Presidente, como él mismo le llama al compañero Raúl, el pasado 18 de diciembre ante el Parlamento Cubano.

Reiteradamente y en los últimos meses con más frecuencia a la redacción de los principales periódicos nacionales y en particular a las secciones que reflejan las quejas e inquietudes de la población como Acuse de recibo y Cartas a la Dirección, de Juventud Rebelde y Granma, respectivamente, llegan cientos de cartas que reflejan preocupaciones, indignación y

Por Eduardo

Especial del Asere de “La Joven Cuba”.

Napo, nací en un barrio donde los tipos que no llevan los pantalones bien puestos no asoman ni la cabeza, y donde los hombres más humildes tienen las Fotos de Fidel y de Raúl al lado de los Elegguas y las piedras de Shangó. Donde conviven todavía hoy el delincuente más malo, y los viejos estibadores que hacían el juramento abakuá de no decir ni una palabra cuando descargaban en el puerto las armas para defendernos de los ataques de los yanquis y de la contrarrevolución. Donde tenemos médicos nacidos en el barrio en un montón de países, y Doctores en Ciencia dando clases en la universidad, que se comen la harina con quimbombó del ritual Yoruba, y se suenan un ronazo como el más pinto. Entonces como dice un reguetón del Insurrecto, ¡Que estás formando tú! Si tú no sabes nada de mí.

Te paso una anécdota de Martí recogida en el Anecdotario compilado por Gonzalo de Quesada Miranda, y que fue contada a este por la propia María Mantilla.

Propiedad del autor

Por Eduardo

Reinaldo, no te hagas el superconocedor en Martí, que tú no lo has leído más que muchos de los que escribimos en el blog. Si no hemos caído en academicismos y citatorios es precisamente para que en la discusión no predomine la jurisprudencia, y sí la espontaneidad. No obstante, te prevengo que no juegues al erudito con nosotros, que te ponemos a toda la Cátedra Martiana y a la Sociedad Cultural de nuestra Universidad, y de algunas otras más, a caerte a leña, y no te va alcanzar toda la pomada china de la tierra para friccionarte las asentaderas, de lo caliente que te las dejaríamos.

Ahora mismo que te escribo tengo sus Obras Completas delante de mí, y no sé de donde tú sacas que las nuestras están mutiladas, porque que yo sepa sus papeles están en la Fragua Martiana y en el Centro de Estudios Martianos, y las Obras Completas de Martí, son copia fiel de la papelería que él le dejó a Gonzalo Quesada y Aróstegui, que fue su hijo en el ideario, y uno de sus más fieles discípulos.

Si de algo adolecen esas Ediciones que mencionas de las Obras Completas es que estaban incompletas. Sospechosa y misteriosamente faltaban algunos documentos que denotaban la esencia antimperialista de Martí, y su vocación suprema “de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”, agregando más adelante “Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso. En silencio ha tenido que ser y como indirectamente, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias para alcanzar sobre ellas el fin”. Como dice un personaje entrañable para los cubanos de hoy “que cada cual saque, sus propias conclusiones”.