9 miradas niñosPor Dayanis Jorgen y Yasel Toledo

Los sueños de una sociedad mejor, más justa, menos peligrosa, viven en la mente de algunas personas. Quizás, la necesidad de un mundo menos globalizado, sea el deseo de otras para el nuevo año. Pero una realidad se impone y pinta un panorama de violencia, drogas, narcotráfico, secuestros y reality—show.

Los desajustes financieros, las crisis económicas, el caos, persisten en la contemporaneidad. Mensajes electrónicos, programas en Internet, amigos en Facebook y otras redes sociales no vencen las diferencias. Y, aunque para subsistir tratamos de obviar esas dificultades, resulta imposible pasar por alto lo que nos afecta. Hoy aumentan los indigentes y las tasas de mortalidad por suicidio. La prostitución, el hambre y el desempleo son males innegables. El hombre en busca de una luz bastante oscura alimenta su podredumbre más criticable: la explotación de sus semejantes para beneficiarse.

Vivimos una era de maltratos y guerras, de tristezas y muertes. Los niños no se libran de esa tempestad.

Por: Harold Cárdenas Lema

¿Cómo sería un cambio de sistema político en el país? ¿Cómo sería la entrada del modelo capitalista a nuestra realidad? ¿Cuántos beneficios y perjuicios podría esto representar a los cubanos? ¿Hasta qué punto resulta conveniente el camino que nos hemos trazado y los numerosos sacrificios que hacemos día a día?

En el caso de un cambio radical de sistema, habrían muchos factores a considerar, solo voy a mencionar algunos. Seguramente ganaríamos en desarrollo tecnológico, tendríamos grandes obras arquitectónicas de las que sentirnos orgullosos, Internet en los aeropuertos y eventos deportivos internacionales de mayor talla. Aun así, los rascacielos serían privilegio de unos pocos y ni hablar de los aeropuertos, sería irónico ver a Eliecer Ávila contemplar satisfecho los numerosos vuelos internacionales, pero como todo guajiro de Puerto Padre antes de la Revolución, no poder subirse nunca a un avión. Quisiera preguntarle un día al muchacho de la UCI, si está defendiendo los privilegios de las élites o nuestro derecho a salir y regresar del país libremente, algo con lo que si me identifico plenamente.

Contaríamos con un ejército de profesionales formados dentro de la Revolución, pero como la instrucción no tiene ideología, servirían igualmente en una sociedad capitalista. Otra curiosa ironía que no podemos desconocer, en todo caso, este es un elemento que nos da cierta ventaja respecto a otras naciones del área. Pero tenemos que estar claros, de ahí en adelante la universidad no sería para todos, y un “hijo de papá” no estudiaría en la misma escuela que un guajiro de Las Tunas.