No se trata de realizar mil asambleas ni intercambios con la población, sino eficiencia

Francisco López Segrera
Historiador cubano. Profesor Adjunto del Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI), La Habana. Asesor académico de la Red Universitaria Global para la Innovación (GUNI), Barcelona. fsegrera@telefonica.net

Debilidades de la democracia consensuada
Es previsible que en los próximos años, el sistema político cubano se mueva hacia la descentralización y hacia un mayor pluralismo. Se fortalecerá la participación popular en él, gracias al desarrollo de medidas organizativas y normativas de carácter institucional y jurídico. Se elevará el perfil de la sociedad civil y de sus expresiones orgánicas, ante un Estado más regulador y menos total y abarcador. El nuevo modelo debe implicar el perfeccionamiento del modelo de democracia consensuada, vigente desde los 60 como han argumentado algunos autores (Juan Valdés Paz, Carlos Alzugaray, Fernando Martínez, Aurelio Alonso, Julio César Guanche, Mayra Espina, entre otros).
El nuevo sistema político, en proceso de conformación como resultado de la reforma política que se inició en 1992, y a partir de lo enunciado por Raúl Castro en varios discursos desde el 2007, tendría, entre otros, los siguientes rasgos:
1. El sistema político deberá descontaminarse de los rasgos incorporados de la experiencia soviética y reforzar en cambio su condición de poder popular dirigido por un partido de vanguardia; con un Estado basado en la autonomía de poderes, sin una definición ideológica del mismo de carácter excluyente y donde la descentralización suplante la burocratización de las decisiones y su carácter meramente administrativo.