Por: Yadira Escobar

MIAMI – Si Estados Unidos es el paraíso de los derechos civiles y de la prosperidad material, ¿cómo es posible que cada día miles y miles de jóvenes se quieran escapar por medio de las drogas? Algún mal profundo que no reconocemos a plenitud, arrastra las nuevas generaciones al uso de esas sustancias que trastornan por completo los sentidos en un escapismo hacia los paraísos artificiales.

Aparentemente cada vez más adolescentes quedan esclavizados a ese vicio que no distingue entre clases sociales, y lo más preocupante es que están descendiendo las críticas serias a ese flagelo que crece sin despertar el escándalo apropiado en la sociedad civil que lo padece. En plena guerra fría, uno de los grandes argumentos del mundo socialista contra el occidente capitalista era la enajenación de la juventud occidental, que vivía al margen del desarrollo social, sin establecer  compromisos  comunitarios coherentes y sacudida por el uso de narcóticos. Hoy esa crítica desde el exterior ya no existe, y dentro de las sociedades de mercado los organismos que se involucran en el problema tienen la batalla perdida, porque