Por June Fernandez

Os dejo con la segunda parte de la entrevista a La Joven Cuba, blogueros comunistas defensores del “debate franco y la polémica respetuosa” entre diferentes. En esta segunda parte hablan del papel de la sociedad civil, valoran la situación de la prensa e internet, y opinan sobre las reformas de Raúl Castro. Conviene leer primero la primera parte.

Sociedad civil

J.F. Se pone obstáculos para que la comunidad LGTB de organice, pero surge un colectivo, el Observatorio de los Derechos LGTB, que es claramente opositor. Dado que la disidencia siempre se va a organizar, ¿no sería mejor permitir movimientos autónomos?

H.C.: Sí, eso es absurdo.

O.S.: ¿En qué consistiría eso?

J.F.: Pues en que un grupo de lesbianas pueda reunirse para hacer lo que le parezca: tener un local, hacer debates, organizar jornadas, celebrar manifestaciones…

H.C.: Eso no es una decisión política, es un fenómeno social. Si la sociedad está de acuerdo, yo creo que tiene que ocurrir. Lo que sí es absurdo es dejar que los opositores lo hagan y lo tuyos no lo hagan, porque entonces creas la imagen de que todo el movimiento LGTB es opositor.

O.S.: Dicen que destinaron [desde EEUU] unos 350.000 dólares a una marcha gay en Prado. Pero es lo que tu dices: ¿por qué no aceptar una cosa cuando ocurre esta otra?

H.C.: Yo lo veo claro.

J.F.: Estaréis de acuerdo en que es sano que exista una sociedad civil fuerte, que se organice a su manera. En la actualidad se exige a las asociaciones que estén tuteladas por instituciones.

O.S.: Es verdad, pero hay experiencias de asociaciones, financiadas incluso por organismos internacionales. A veces es un problema de autocensura y autolimitación.

H.C.: Sí que hay limitaciones legales. Ese concepto de “sociedad civil” estuvo mal visto durante años porque se vinculaba con la disidencia. La disidencia a su vez secuestró ese término, y el Estado no supo dar pie para que se formara espontáneamente. Había demasiadas reservas. Para la mentalidad de muchos funcionarios, que existiera una sociedad civil al margen del aparato estatal era una idea subversiva. Ahora, no sé si sería una política