Por: Osmany Sánchez

El presente y el futuro de la Revolución cubana están en sus jóvenes, de ahí que la esperanza es que nosotros nos decepcionemos y optemos por la emigración o por la apatía que irremediablemente destruiría nuestro sistema social lo que constituye el sueño de algunos desde hace más de 50 años.

Yo pudiera hablar aquí de las muchas razones que tengo para continuar confiando y defendiendo la construcción del socialismo en Cuba pero me voy a limitar a una de ellas.

A algunos les llamará la atención pero sí, yo “cargo mis pilas” cada vez que leo lo que escriben los supuestos patriotas que bajo el manto de “disidentes” o “independientes” pretenden “liberar” a Cuba.

Hace poco uno de estos personajes

Por: Harold Cárdenas Lema

«Nuestras controversias parecerán tan raras a las edades futuras,

como las del pasado nos han parecido a nosotros.»

Rousseau

 

En el año 1762 Rousseau publicó El Contrato Social, un texto del que se dice fue incitador de la Revolución Francesa. En este se abordaba la libertad e igualdad de los hombres bajo un Estado instituido por medio de un contrato entre este y las masas. Dicho modelo se ha mantenido hasta la actualidad y en nuestro caso adquiere matices y particularidades que lo hacen digno de análisis.

El contrato se basa en una relación armónica entre la masa humana que conforma al Pueblo y el Estado como ente que ostenta el poder más o menos centralizado. Esta relación siempre estará condicionada por muchos factores, siendo uno de los más importantes la respuesta sistemática a las necesidades sociales y la capacidad de este para trazarse nuevas metas que se cumplan realmente, no que queden en vagos proyectos olvidados por el tiempo. El nivel de gestión de un gobierno también dependerá de la presión popular que se haga sobre este, si se deja al libre albedrío de las personas que ocupan los altos cargos y no se hacen compromisos económicos y políticos específicos que permitan medir los éxitos o fracasos, se corre el peligro de que el Estado de por sentada la fe depositada por el Pueblo.[1] Es entonces cuando los errores se suceden unos a otros con celeridad y surge el peligro de que, independientemente del carácter altruista del Estado y el proyecto que este lidere, las masas pierdan la confianza política en sus líderes.

La Joven CubaPor: Harold Cárdenas Lema

♫♫ Cuando te cante dolores,
ponte atento al silogismo
pues derivará en amores,
aunque no suenen lo mismo♫♫
Buena Fé

Siempre que escribimos algo lo hacemos por una necesidad de compartir nuestras ideas, nuestros puntos de vista y esclarecer mitos o tergiversaciones (muy comunes en el caso cubano). Yo personalmente lo hago para exorcizar mis demonios, criticar lo que me parece incorrecto y arrojar luz sobre las sombras. Me parece que el país necesita fortalecer un pensamiento crítico de su realidad; no la crítica destructiva, impositiva y maliciosa que se nos hace desde el exterior, pero sí una que se contraponga a los rezagos de periodismo mediocre y apologético que lamentablemente persisten en nuestra prensa. Siempre me ha parecido irónico que sea el presidente del país el mayor promotor de la crítica.

Ernesto Che Guevara y Aleida Guevara
Che y su hija Aleida

Por: Guiteras (Harold Cárdenas)

Desde pequeños, los niños cubanos tenemos como paradigma del revolucionario a Ernesto Che Guevara. En las escuelas primarias del país, es común escuchar a los pioneritos  expresar su consigna: “seremos como el Che”. Pero, ¿realmente sabíamos lo que decíamos? ¿Decirlo nos daba conciencia política? ¿Decirlo a coro nos hizo más revolucionarios o nos acercó al Che?
Desde esa edad y durante el resto de los niveles escolares se nos habló sobre los mártires, sobre las guerras de independencia y sobre la Revolución. Voy a hablar ahora de mi caso particular, pero no creo ser la excepción en mi generación, el impacto real de estos intentos por formar una conciencia en mí fue muy pobre. Pasó como pasa actualmente con algunos spots televisivos y el manejo que se hace de estos temas en relación a la juventud, una saturación de mensajes políticos que puede terminar en aversión o apatía, exactamente el objetivo contrario de lo que se busca.