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Foto tomada de Cubadebate 19.04.2014 Autor: Rogelio Cuéllar/La Jornada.

Por: Julio César Pérez Verdecia (julio.verdecia@umcc.cu)

“El hombre es el único animal que nace dos veces”, dijo el propio García Márquez alguna vez, pero olvidó apuntar, que luego de este segundo nacimiento y, al descubrirse a sí mismo como hombre superior desde la virtud y la cultura, este ya no puede morir con una sola muerte.

Es cierto que han pasado unos días del amago de la parca para robar a uno de los más geniales escritores latinoamericanos, intento fallido para la novia de Caronte. También es cierto que sus enemigos, porque nunca faltan envidiosos, hasta se alegren estúpidamente sin saber que él ha entrado a una dimensión infinita, la creada por sus propios personajes.

Yo en (1973) apenas nacía y ya en ese mismo año le daban justamente el premio Rómulo Gallego, años más tarde en 1982 sería el Nobel de Literatura, dos de los muchos reconocimientos que obtendría por la calidad y universalidad de su obra. Creaciones cuya génesis viene de las experiencias vividas por este colombiano genial en los primeros ocho años de su infancia, puede parecer raro pero según el propio García Márquez, ya para entonces tenía su mundo propio.

A mediados de la década de 1940 publicó en varios periódicos sus inaugurales artículos, algunos cuentos y algo de crónica de cine. Trabajó de redactor de El Universal en 1946 en Cartagena de Indias, en El Heraldo de Barranquilla entre 1948 y 1952, en El Espectador de Bogotá a partir de 1952 y, entre los años 1959 y 1961 fungió como representante de la agencia cubana de noticias La Prensa en Bogotá, La Habana y Nueva York. Siempre sobresaliendo su ética revolucionaria y su alta condición humana.