Los peligros del trumpismo para la democracia estadounidense

por Mauricio De Miranda Parrondo
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Al parecer, en las elecciones estadounidenses de 2020 no solo se están enfrentando los dos partidos tradicionales de los Estados Unidos –Demócrata y Republicano-; ni dos concepciones ideológicas que, en otra época, no eran sustancialmente diferentes, sino que la disputa en esta ocasión es además entre la defensa de las instituciones democráticas y el intento de destruirlas.

En su intervención desde la Casa Blanca el pasado jueves, el presidente de los Estados Unidos dijo, literalmente, que «Detroit y Filadelfia son dos de los lugares más corruptos del país» y, antes de realizar semejante afirmación, dejó claro que «nuestro sistema es corrupto». Todo esto para negarse a aceptar lo que ya es evidente: perdió las elecciones. Las perdió en el voto electoral y en el voto popular. La tendencia ya parece ser definitiva en los Estados de Pensilvania y de Georgia, en los que la inmensa mayoría de los votos que se están reportando y que pertenecen a los que fueron enviados por correo, se inclinan por Joseph Biden.

Desde hace meses, Trump ha insistido en que habría un «fraude masivo» en su contra, sin aportar evidencia alguna. Incluso ahora, cuando abiertamente acusa de fraude a los Estados en los que se invirtió la tendencia en su contra y al Partido Demócrata mismo, no ha aportado ni una sola prueba.

Trump no es el primer gobernante que pretende destruir las instituciones democráticas, usándolas o acusándolas de corruptas. Varios en el pasado y en diversos países han utilizado la democracia para alcanzar el poder y luego la han suprimido, estableciendo sistemas totalitarios.

Ése es uno de los peligros del trumpismo. El presidente de los Estados Unidos es una persona autoritaria y autocrática, acostumbrada a usar la ley en su beneficio. Así se comportó como empresario y así se ha comportado como presidente. Entre los gobernantes de ese país en los últimos años tiene un récord de despidos de sus colaboradores más cercanos, a quienes no les ha aceptado criterios diferentes al suyo. De acuerdo con muchos de sus excolaboradores, es del tipo de líderes que no los necesita como asesores, sino para que cumplan sus órdenes.

Antes de las elecciones, se negó a confirmar que aceptaría una derrota, en caso de que se produjera. Para él esto no era una opción. Solo lo era la victoria o un litigio en las cortes, aludiendo un supuesto fraude que ya desde antes de la elección estaba denunciando.

Por esa razón, aprovechó el fallecimiento de la jueza Ruth Bader Ginsburg para designar a la jueza Amy Coney Barrett, e inclinar más a su favor la balanza de la Corte Suprema de Justicia, con seis jueces conservadores frente a tres progresistas. Con ello, pretende asegurar fallos orientados a abolir el Obamacare y el matrimonio entre personas del mismo sexo, así como una posible querella relacionada con las elecciones en el máximo órgano judicial del país. Sin embargo, sería difícil imaginar que la Corte Suprema, por conservadora que sea, se someta a su voluntad, abandonando su misión de preservar la legalidad.

Cuando aun estaban por contar cientos de miles de votos y permanecían varios Estados sin confirmar quién habría ganado en ellos, se atribuyó la victoria y a partir de allí no ha parado de usar las redes sociales y sus propias intervenciones públicas para denostar la elección, acusar de fraude donde quiera que está perdiendo y al sistema de corrupto.

La acusación de corrupción de las instituciones y del sistema puede ser el primer paso para que sus huestes reclamen su destrucción y reemplazo por otras que se acomoden al «líder iluminado». Puede conducir al peligro de una sublevación de sus seguidores que creen fielmente en sus sistemáticas mentiras, porque le siguen, como fanáticos, sin detenerse a contrastar la certidumbre o no de sus afirmaciones. Esto podría significar el inicio de un desorden social de incalculables proporciones que desestabilizaría al país y profundizaría la polarización política que ya lo divide.

De negarse a reconocer la derrota, se crearía una crisis institucional para la cual no existe precedente en el país.

Si la democracia y la legalidad ceden ante las presiones del actual presidente y de sus huestes enardecidas, podríamos estar ante la posibilidad de un golpe de Estado en los Estados Unidos, que se manifestaría en la destrucción de las instituciones democráticas.

Por esa razón, pareciera que es el momento en el que demócratas y republicanos deben cerrar filas para salvar la institucionalidad del país. Todo sistema democrático es perfectible, pero lo que sí ha resultado muy difícil es establecer o restablecer la democracia por vías pacíficas, a partir de un sistema autoritario y dictatorial. Esperemos que ése no sea el escenario por venir y que las instituciones estadounidenses sean capaces de respetar la voluntad popular, con independencia de las diferencias políticas.

10 comentarios

Luis Enrique 6 noviembre 2020 - 5:27 PM

Yo creo que el apoyo popular (innegable, lo que reqiere un análisis profundo y extenso) que tiene Trump no se refleja en la institucionalidad. Esa diferencia es tal vez el verddero problema y quizás sea un componente importante de la alarmante popularidad de Trump. En la práctica sí hay mucha desconfianza en las instituciones, incluso desde el lado no-trumpista.
Los siguientes gobiernos, deberán trabajar muchísimo en ese sentido si de verdad pretenden salvar algo.

Grisel Mora 7 noviembre 2020 - 1:13 AM

Concuerdo con el comentario anterior. Los ciudadanos han perdido confianza en las Instituciones, que deben ser teoricamente los pedestales de la democracia. Ese es un fenómeno también europeo, y ha incentivado el apoyo creciente de las poblaciones a los partidos populistas (Marine Le Pen en Francia, etc). Los ciudadanos tienen q exigir a las instituciones que cumplan sus funciones, y estas por su vez trabajar para defender los valores de la democracia.

Ubaldo Luis Soto Garcia 8 noviembre 2020 - 6:40 PM

Puede ser que el tema incuestionable de la globalización meta miedo a muchos. No es fácil aceptar los cambios tan grandes que trae esta nueva situación que si bien es indetenible no deja de ser «peligrosa» para muchos.

dario45666 7 noviembre 2020 - 8:49 AM

los padres fundadores de los EEUU se enfrentaban a similares problemas politicos,que existen desde que el hombre es hombre.El deseo malsano o bien intencionado (que para el caso es el mismo) de los hombres de llenarse de poder ,gloria y llegar a la eternidad.Y, de paso hacerce rico el y su familia y amigos……Por eso,se han ido tomando medidas serias,teniendo en cuenta esta particularidad humana….La divison de poderes ,contar con un cuerpo de leyes que,a partirr de una constitucion que marca el camino,se vayan adaptando a la modernidad y sea reflejo del pueblo. Preservar los derechos es fundamental en la lucha contra la corrupcion y los devarios autocraticos.El fuerte Estado de Derecho y la Sociedad Civil,siempre vigilante,unida a la transparencia de la informacion,es la unica cura contra los depredadores.Aunque quizas ofenda a la Academia,una democracia como la de EEUU ,no existe en ninguna parte del mundo y se demostrara otra vez.A nadie le gusta perder y mientras todo este bajo la ley,se seguira luchando,despues,solo son cuatro anos…..

Observador 2020 7 noviembre 2020 - 10:19 AM

Parece el asunto mucho más complicado que solo un intento de Trump de apertrecharse en el poder, que también está en el tintero. Mas de 60 millones de votos a su favor, de todos los estratos sociales, etnicos, culturales, etc, no se logran así como así e incluso acusándolo de ser el causante de los efectos de la pandemia, que también tiene su parte pero no el protagonico en solitario. Mas de cuatro años acusado desde todos los flancos y de los mas disimiles delitos y faltas que se han estrellado en el fracaso.

Ahora también acusado de desequilibrar la Corte Suprema. Si los demócratas no hubieran implantado la decisión de aprobar por simple mayoría el nombramiento de los jueces de la Corte Suprema cuando la tuvieron hace algunos años, abrogando la que exigia los 2/3, Trump no podría haber nombrado a sus tres candidatos. La miopía y la ambición de los demócratas le pusieron en bandeja de plata la intención del rubio loco. Tampoco los fenómenos de violencia policial, de venta de armas y episodios lamentables en escuelas los introdujo Trump, eso ya tiene una larga historia.

Y para colmo, aceptar como irrefutables los testimonios de colaboradores despechados que hasta ese momento eran igual o peores que el jefe impositivo. Todo vale.

Sin menospreciar la indudable incorrección política de Trump, sus logros en varios campos y haber sembrado una esperanza en la gente acerca del fortalecimiento de unos Estados Unidos indudablemente desgastados en conflictos internos y externos le han tributado apoyo y respaldo.

Es sabido que el voto presencial, anticipado o no, es preferido por los republicanos. El voto por correos es mas utilizado por los demócratas y sin dudas es una via proclive a cualquier tipo de acciones indebidas, aumentada por la inusitada preponderancia de ese voto tanto por la pandemia (que no limitó a los republicanos) como por la alta participación. Como si fuera poco la inconcebible demora en los conteos y recepción de ese voto postal, no previsto debidamente por las autoridades de varios estados, azuza el fantasma del fraude.

Yo confío que la intervención de las cortes definan la justeza y legalidad de la eleccion, lleve el tiempo que sea necesario y todos queden convencidos que la democracia triunfará y siga imponiendo el destino de EU. Aunque salga electo un intempestivo elefante de cristalería o un manipulable y desgastado político con techo de vidrio.

Mauricio De Miranda Parrondo 9 noviembre 2020 - 4:01 PM

No cabe dudas de que el Partido Demócrata falló al imponer la elección de los jueces por mayoría absoluta. Antes no era 2/3 sino una mayoría cualificada de 60 votos. A fin de cuentas, la jueza Ginsburg fue elegida con 96 votos a favor y 3 en contra, lo cual indica que la inmensa mayoría de los republicanos votaron por ella. Sobre el tema del voto por correo, no se trata que los republicanos previeran el voto presencial y los demócratas el del correo, sino que en el contexto particular de la pandemia, Trump atacó el voto por correo y dijo que sería fraudulento, a pesar de que él mismo lo había usado antes. Una gran parte de sus votantes son seguidores fanáticos y lo que él diga es «palabra santa». El Partido Demócrata, en cambio, llamó a utilizar el correo o el voto adelantado para evitar las aglomeraciones. Eso explica que fuera masivamente demócrata en esta elección.

P. Estopinan. 7 noviembre 2020 - 2:31 PM

Respecto al comentario que ya veo no me publicaron porque no les conviene, porque saben que expresé la pura verdad. Gracias a Dios porque en Cuba hay patriotas como Alexander Pupo Casas, porque uds tan pena realmente.

Pablo 8 noviembre 2020 - 7:09 PM

«Trump no es el primer gobernante que pretende destruir las instituciones democráticas, usándolas o acusándolas de corruptas. Varios en el pasado y en diversos países han utilizado la democracia para alcanzar el poder y luego la han suprimido, estableciendo sistemas totalitarios». …» tiene un récord de despidos de sus colaboradores más cercanos, a quienes no les ha aceptado criterios diferentes al suyo. De acuerdo con muchos de sus excolaboradores, es del tipo de líderes que no los necesita como asesores, sino para que cumplan sus órdenes». Esto se me hace muy familiar.

Los peligros del Trumpismo para la democracia estadounidense – Opinión Propia 13 noviembre 2020 - 9:43 AM

[…] Publicado originalmente en La Joven Cuba. […]

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