La paja en el ojo ajeno

La mayoría de los países de nuestra región parecen convencidos de que la superación de sus problemas sociales y económicos no debe implicar el sacrificio de la democracia (Foto: Antonio Augusto/Ascom/TSE)

Desde los medios estatales cubanos, algunos periodistas y analistas del acontecer internacional, acordes a su rol de propagandistas del Partido, suelen simplificar los sistemas políticos y electorales de los países considerados democráticos. Recientemente, durante la emisión vespertina del Noticiero de Televisión correspondiente al día 6 de noviembre de 2020, la presentadora afirmó, al referirse al sistema electoral estadounidense, que «se ha querido vender como el más democrático del mundo, pero que en esencia está diseñado para perpetuar una élite en el poder […] que se diferencia entre distintas facciones, que no coinciden en métodos, formas, etc., pero sí coinciden en esencia».

Es posible que la joven periodista o los editores del noticiero hayan confundido los conceptos de régimen político, sistema electoral y sistema político. Lo cierto es que existe el consenso de que en los Estados Unidos está en vigor una democracia de corte liberal, con un sistema político presidencialista y un sistema electoral que, efectivamente, en la actualidad puede considerarse injusto y anacrónico.

Con todo, afirmar que el sistema electoral fue diseñado para perpetuar una élite en el poder es una simplificación que se vuelve más problemática cuando se habla desde un país con un sistema electoral donde el rol principal no lo ejercen los ciudadanos, sino una Comisión de Candidatura, la cual, tal madre superiora de un convento, preelige, con base en criterios de lealtad política e idoneidad ideológica, a todos los aspirantes a ocupar un asiento en la Asamblea Nacional del Poder Popular. Tal como fue concebido, en el sistema electoral cubano los ciudadanos en lugar de elegir, ratifican o no, una decisión ya consumada. A su vez, corresponde a los diputados y no a los electores, elegir entre ellos quiénes serán los presidentes de la República y de la propia Asamblea Nacional. Este último, según la actual Constitución, asume también la presidencia del Consejo de Estado.

Ese sistema de voto indirecto poco tiene que ver con el establecido en democracias parlamentaristas, como es el caso de España, Holanda, Reino Unido o Canadá, donde no se vota por una figura en sí, sino por el partido político que tendrá la responsabilidad de conformar un gobierno, a veces, en alianza con otros partidos que integran el parlamento.

En otro ejercicio de simplificación, ciertos «analistas» pretenden justificar la reelección presidencial ilimitada en Venezuela, alegando los 15 años que lleva Angela Merkel al frente del gobierno alemán. No hay muchos chances de establecer sinonimias entre sistemas políticos tan diferentes. Tampoco puede decirse que las votaciones en Cuba son una versión tropicalizada del sistema electoral de las democracias parlamentarias, en las que, como se sabe, existe más de un partido político legalizado y apto para disputar el poder a través de las urnas, previa conquista del voto de una parte significativa de la ciudadanía.

Como demuestran Singapur, Emiratos Árabes Unidos, China y Vietnam, la democracia puede no ser un valor universal, ni condición sine qua non para alcanzar indicadores económicos positivos y llevar a buena parte de sus ciudadanos unos mínimos de prosperidad. Una prosperidad esa que sigue pendiente en no pocas democracias de América Latina.

No obstante el pasado marcado por dictaduras y guerras civiles sangrientas, la mayoría de los países de nuestra región parecen convencidos de que la superación de sus problemas sociales y económicos no debe implicar el sacrificio de la democracia. La calidad de esas democracias y su compromiso con la justicia social merecen una evaluación aparte.

Independientemente del sistema electoral establecido en cada país, el aspecto más importante de las elecciones es que son la vía legal para renovar o ratificar la máxima dirección política de las naciones donde con más o menor éxito, rige la democracia en su vertiente liberal, socialdemócrata, etc. 

La renovación del poder político no se reduce al cambio de presidente o de la formación política que dirige los destinos de una nación, sino que es reflejo de la evolución y retroceso de las sociedades. En ese sentido, existen ejemplos positivos harto elocuentes, como la elección de Cristina Fernández de Kirchner y de Dilma Rousseff, primeras mujeres electas para la presidencia en Argentina y Brasil, respectivamente; el triunfo de Evo Morales, el primer indígena en presidir Bolivia; y, por qué no, la icónica llegada de Barak Obama a máxima magistratura de Estados Unidos. Y también hay ejemplos negativos, como el ascenso de Viktor Orbán en Hungría, Donald Trump en los Estados Unidos y Jair Bolsonaro en Brasil.

Con la reciente victoria electoral del candidato Joe Biden, no solo llega a la Casa Blanca Kamala Harris, la primera mujer negra e hija de inmigrantes en asumir la vicepresidencia de ese país, sino que se plantea la conformación de un gabinete con afroamericanos, latinos y con un equilibrio entre el número de mujeres y hombres. Y no solo eso. El presidente electo colocó en su equipo de transición a Shawn Skelly, mujer transexual quien fue, además, veterana de la Marina. Por si fuera poco, en esas elecciones «diseñadas para la perpetuación de una elite en el poder», en Delaware, Sarah McBride, otra mujer trans, fue electa senadora estadual.

En la papilla ideológica que los medios estatales cubanos reparten, se habla del carácter imperialista de Estados Unidos, pero allá, a diferencia de Cuba, la Corte Suprema legalizó en 2015 las uniones de personas del mismo sexo sin que mediara consulta popular alguna, pues los derechos no se plebiscitan. Vale decir que, considerando el carácter laico del Estado cubano y la poca influencia de las iglesias cristianas en el gobierno, otros factores, como el conservadurismo social de los máximos decisores y el cálculo político, determinaron la forma y el tiempo que tomará el reconocimiento legal de las uniones homoafectivas.

Bastante más al sur, más de 147 millones de brasileños fueron convocados para 17 de noviembre pasado a elecciones municipales, calificadas como un referéndum a la gestión del presidente Jair Bolsonaro. Para que se tenga una idea del cambio el mapa político de Brasil y de la renovación que ya está en curso, conviene comentar brevemente unos números. Bolsonaro fue electo con 55.13% de los votos válidos, frente al 44.87% de Fernando Haddad, candidato del Partido de los Trabajadores. Sin embargo, parte del electorado que en 2018 escogió al llamado «Trump de los trópicos» para presidir la República, en estas municipales impuso una derrota significativa a los candidatos que recibieron su apoyo.

Según el sitio de noticias G1, de los 45 concejales de diferentes municipios que recibieron el respaldo público de Bolsonaro, solo 10 consiguieron la reelección. En la ciudad de Río de Janeiro, apenas Carlos Bolsonaro, hijo del presidente, mantuvo su curul en la Cámara Municipal. Los 106 mil 647 votos que Carlos Bolsonaro recibió en 2016, la mayor cantidad de la historia, contrasta con los actuales 70 mil que lo dejaron en segunda posición entre los más votados, justo detrás de Tarcíssio Motta, del Partido Socialismo y Libertad (PSOL).

Para colmo de males, los bolsonaristas candidatos a alcalde consiguieron no ganar las elecciones en ninguna de las principales ciudades del país. En São Paulo, el bolsonarista Celso Russomanno quedó fuera del segundo turno, en el que medirá fuerzas el actual alcalde Bruno Covas, de centro-derecha, y Guilherme Boulos, socialista. 

En Río de Janeiro se espera que Eduardo Paes, quien fuera alcalde en la época de los Juegos Olímpicos, se enfrentará en segundo turno al actual alcalde Marcelo Crivella, pastor evangélico fundamentalista, enemigo jurado del Carnaval carioca y tal vez, uno de los peores gobernantes que ese municipio ha tenido.

Y en Belo Horizonte, capital de Minas Gerais y ciudad natal de Dilma Roussef, Frei Betto y Milton de Nascimento, resultó reelecto Alexandre Kalil con el 63% de los votos válidos. Bruno Engler, pupilo de Bolsonaro, obtuvo el segundo lugar con el 9.95%.

La actitud negligente de Jair Bolsonaro ante el avance de la Covid-19, su falta de sensibilidad y de respeto hacia las más de 160 mil víctimas mortales y sus familiares, su forma de [in]gobernar y las denuncias de peculado, lavado de dinero y organización criminal que envuelven a su hijo, el senador Flávio, no solo hicieron naufragar las posibilidades de sus pupilos en las elecciones municipales, sino que, parafraseando aquella canción de José José, es posible que para Bolsonaro, lo que un día de 2018 fue, no será en 2022.

La renovación no solo se hace evidente en el retroceso de los bolsonaristas, sino también de partidos tradicionales, como el PT de Lula y el PSDB de Fernando Henrique Cardoso, en contraste con el ascenso del Partido Socialismo y Libertad (PSOL), considerado la locomotora de la nueva izquierda democrática, y otras formaciones de la derecha moderada. .

Aunque bienvenida, la derrota de la extrema derecha brasileña no fue el resultado más significativo de estas municipales. Medios locales informaron que varios candidatos transexuales obtuvieron votaciones históricas en São Paulo, Río de Janeiro y Belo Horizonte, las tres mayores ciudades de la región sudeste. Esto ha sido posible, entre otros factores, gracias a que el órgano electoral permitió por primera vez que personas trans usaran su nombre social, no el que aparece en su registro de nacimiento, en la candidatura.

En São Paulo, hasta hace poco uno de los bastiones del bolsonarismo, de los diez candidatos al legislativo municipal más votados, dos son transexuales. En Belo Horizonte, desde donde escribo, Duda Salabert, una mujer trans y profesora de enseñanza media, fue la candidata a concejal que más votos recibió –37 mil613– en la historia del legislativo de esta ciudad.

Para Duda se trata, según afirmó, de «una victoria de los derechos humanos, porque formo parte de un grupo históricamente excluido y marginado de la sociedad. Pero es, sobre todo, una victoria para la educación, ya que soy profesora desde hace 20 años. Colocar a un docente en el centro de las políticas públicas de esta ciudad demuestra que Belo Horizonte crece desde el punto de vista educacional».

Si bien es cierto que los Estados Unidos a través de la industria cultural, la diplomacia y la guerra se han presentado como una de las naciones más democráticas y libres del mundo, por más que me esforcé, no pude localizar en mi memoria alguna referencia concreta a la presunta superioridad indiscutible del sistema electoral estadounidense. Sin embargo, sí recuerdo perfectamente que Fidel Castro Ruz dijo en más de una tribuna que el cubano era el modelo más democrático del mundo.

Esa afirmación es bastante discutible. Más allá de los procedimientos, de las singularidades del modelo cubano, de sus déficits democráticos y del blindaje que le proporciona a la vanguardia política del país –léase élite–, analicemos en qué medida las votaciones en Cuba coadyuvan a la renovación de las instituciones políticas. Y como de democracia hablamos, pensemos en la participación activa de la sociedad civil cubana en la elaboración de las leyes y normas legales que regulan su día a día. Participación activa no debe confundirse con consulta popular.

La primera significa ejercer la iniciativa legislativa que permite elaborar proyectos de ley para que el parlamento los discuta, y estar en diálogo constante con los legisladores que han de representar nuestros intereses. La consulta consiste en discutir algo ya elaborado y hacer propuestas que, por lo menos en Cuba, no tienen carácter vinculante.

¿Es el parlamento cubano un reflejo de la diversidad y la pluralidad presentes en la sociedad civil cubana? Por supuesto que no. La morosidad de los diputados en particular, y del parlamento en general, contrasta con la resolución de los activismos ciudadanos que demandan una ley que reconozca y proteja los derechos de los animales, la adopción de medidas que prevengan y combatan la violencia contra la mujer, la aprobación de normas que criminalicen el racismo en cualquiera de sus manifestaciones o denuncian la censura que el Decreto 349 y el Decreto-ley 370 imponen a los artistas y los usuarios de Internet, respectivamente.

Sin embargo, las y los diputados seleccionados por la Comisión de Candidatura representan el amplio sector de la sociedad civil a los que la Revolución y el modelo social que la sucedió, acostumbró al ejercicio de una ciudadanía que prácticamente se activa previa convocatoria estatal-partidista. Así lo demuestra el debate de los Lineamientos de la Política Económica y Social y la consulta en torno al proyecto de nueva Constitución. El resto del tiempo, la ciudadanía cubana ha de esperar pasivamente las decisiones del gobierno.  

Si aceptamos que la perpetuación de una élite política en el poder es el denominador común de los sistemas electorales aquí comentados, también es verdad que lo que distingue al sistema electoral cubano es la perpetuación del inmovilismo político, incompatible con la evolución y dinamismo de la sociedad cubana contemporánea.

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10 comentarios

Azul 24 noviembre 2020 - 7:39 AM
Si no atenernos a las críticas al Presidente Bolsonaro, y al resultado de las elecciones brasileñas , su artículo sería un buen candidato a aparecer en el Granma o quizás fuera mencionado,e incluso leído.,en el noticiero. Pero,pero, se mete usted también con cositas que son { caquita Pipo }, así que ya está descalificado. Y usted se acaba de ganar automáticamente el título de " Vendepatria, anticubano, mercenario pagado por la mafia anticubana de Miami ". Felicidades. El premio principal : A partir de ahora habrá alguien en el gigantesco departamento ideológico husmeando en toda su vida para desacreditarlo cada vez sea posible.
Edgar 25 noviembre 2020 - 1:33 AM
La paja en el ojo ajeno o Tengo un catalejo Felicitaciones al autor por el artículo y a LJC por publicarlo. Hacen falta mas artículos como esté, sinceros y ubicados en la realidad que vive Cuba hoy y el contexto internacional que para muchos parece que sigue siendo el mismo de 30 años atrás o quizá mas, lo que es sin dudas muy triste.
Abzû 24 noviembre 2020 - 8:06 AM
Se podrá alguna vez publicar sin miedo. Creo que ya es hora de dejar atrás estás ideas-emociones. Si Revolución es cambiar todo lo que debe ser cambiado, entonces aquí sucede la verdadera. Aquí todo el mundo sabe y poco entienden el funcionamiento de la maquinaria electoral de nuestro país. Si yo fuera de la inteligencia cubana no perdería el tiempo en buscar simpatizantes de estas ideas. Desde que soy niño las elecciones son de escasa importancia. Se vota por afiches pegados en el colegio electoral. Se puede hasta escuchar algunos comentarios de barrio. "Vas a votar por la mujer, el negro o la vieja" en clara alusión a características físicas, más que posible desempeño de se cargo. Este es un mal viejo. Nada que nos sorprenda ya. Pero cuidado, que son las mejores... Quizás porque son nuestras...
Alina Lopez 24 noviembre 2020 - 8:47 AM
Excelente tu artículo Alexei, coincido con tu análisis, especialmente en la valoración sobre el sistema electoral cubano como medio de perpetuación de una clase política. Esperamos otras colaboraciones tuyas.
TIMBA 24 noviembre 2020 - 12:29 PM
Buen último párrafo....
pantaleon 24 noviembre 2020 - 4:01 PM
que corresponde exactamente con lo que ha sucedido en cuba, los mismos en el poder, el mismo o peor resultado de siempre.
Javier el otro 24 noviembre 2020 - 5:44 PM
El mero hecho de la existencia de una Comision de Candidaturas, que efectivamente funciona como un blindaje, es un contrasentido de un sistema que se dice democratico. Por un momento, albergue la secreta esperanza de que fuese eliminado al dictar la nueva ley Electoral. Pero no. Un parlamento que se reuna dos veces al anno (y alguna que otra sesion extraordinaria), dejandole las puertas abiertas al Consejo de Estado para que emita Decretos-Leyes a diestra y siniestra, no creo que me represente mucho como ciudadano. Viendo ademas, que la mayor parte son miembros del PCC, cuyo liderazgo ha mostrado unos resultados que estan a la vista de todos, menos aun. Entiendo, sin embargo, que ningun partido politico es totalmente homogeneo y aun dentro del PCC, existen visiones diferentes de como construir un proyecto de pais. Algunos mas "abiertas" que otras. Un Consejo de Estado que es electo por ese mismo parlamento y sobre el cual, yo, como ciudadano no tengo ni la mas remota posibilidad de validarlo con mi voto, me deja un sabor amargo cuando me lo presentan como "democratico". En el caso de America Latina, sobre el cual tanto se abunda en el articulo, con todas las deficiencias y problemas que estas democracias acarrean, pues resulta que tanto los partidos de derecha como de izquierda, pueden llegar al poder por via de elecciones. El hecho de que haya politicos corruptos, populistas e ineptos en ambos lados del espectro se reflejara en su gestion y eventualmente, en su permanencia o no en el poder. Hay ejemplos de sobra de como el poder ha cambiado de manos en esta region en las ultimas decadas, por supuesto, con sus matices. Volviendo a nuestro patio, si pudiera poner mi lista de deseos, me gustaria ver un parlamento que fuese mas plural, donde hubiese una representacion mas amplia de lo que es la sociedad cubana y que se debatieran y promovieran diferentes agendas. Me gustaria tambien ver mas transparencia y como ciudadano, tener la posibilidad de asistir (si asi lo deseara) a una sesion del parlamento como parte de ese soberano que se supone me represente en ese acto. Y por supuesto, validar (o no) directamente con mi voto el liderazgo del pais.
Eva 25 noviembre 2020 - 11:57 PM
Aquí vemos a supuestos representantes del pueblo votar unánime cualquier cosa alzar las manos sin defender la voz popular cuando lo que realmente están haciendo es escondiendo su arribismo para robar desde sus posiciones casas terrenos y cualquier cosa material que se les antoje No hay prueba mejor de falta de democracia que 60 años con lo mismo de lo mismo y el país más miserable Que día será que en marcha unida terminemos con este teatro de mentiras se lo pasan criticando a otros gobernantes y ellos son lo mismo y peor Un pueblo con su dignidad pisoteada una y otra vez Hasta la alegría del pueblo la han Aniquilado
Jose Ramon 26 noviembre 2020 - 6:41 AM
Excelente. Adoré un chiste reciente de un amigo Carioca de Gema: si Dios perdonó al buen ladrón y castigó al falso profeta, ¿Quién soy yo para no votar en Paes?
Charito 26 noviembre 2020 - 3:55 PM
Y algo más muchas personas van a las votaciones por miedo hacer marcados sobre todo cuando tienes hijos jovenes y si les preguntas ¿ Porque quién votaste?, la mayoría de las veces la respuesta es yo que sé.

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