Ese país que llevamos dentro

Obras sin terminar de la Central Electronuclear de Juraguá en Cienfuegos. (Foto: Fernando Medina/Cachivache Media)

Un grupo de personas se reúne alrededor de una hoguera. Contemplan las llamas en silencio. Pudiera ser el origen del mundo, pero estamos en el oriente cubano y transcurre el siglo XXI. Alguien comienza a contar una historia que habla de un pueblo que ya no existe. Ahora está bajo las aguas de una presa. No es visible para nosotros, pero allí todos saben dónde estaban el parque, la calle, el pequeño mercado. De forma inevitable se evocan los muertos. Nadie se asusta, han aprendido a convivir con ellos.

Al día siguiente dos ancianos emprenderán ese viaje. Ya no les queda nadie, mejor sería volver con los suyos. Han sobrevivido en un islote y quieren que sus cuerpos sean colocados, sumergidos, en la glorieta del parque donde se conocieron. Una misteriosa mujer llega con una jaula, cubierta con un trapo negro. Dentro, presumiblemente, está el pájaro de la muerte. Quien lo contemple, cerrará sus ojos para siempre.

Es la historia que nos cuenta El rodeo (Carlos Melián – 2021), una película independiente filmada en la Cuba profunda, con personajes reales que habitan en algún punto perdido de la Isla, donde el tiempo y las cosas existen bajo otra dimensión.

Un poco más al sur, en Santiago de Cuba, todos recuerdan a Mafifa, «la flaquita chiquitica, que tocaba la campana» en la conga de Los Hoyos. Hace cuarenta años murió, pero los que la conocieron le guardan respeto. «No es fácil caminar todo Santiago golpeando un pedazo de hierro», dice un vecino. Apenas hay fotos de ella, así que su retrato se va desvelando a través de recuerdos imprecisos. Un vestido, una actitud, un viejo recorte de prensa, un gesto. En un mundo dominado por hombres, ella supo cómo sobrevivir e imponerse. Se llamaba Gladys y su casa ahora está en ruinas.

La joven directora Daniela Muñoz Barroso trabaja sobre el vacío. Mientras reconstruye la vida de esta mujer (Mafifa – 2021), se va descubriendo a sí misma y, de paso, capta las dinámicas existenciales de una nación. La cámara recoge instantes de los carnavales, vemos gente anónima que bebe, que se busca la vida imitando un sinsonte, que observa en silencio la nada. Algunos bailan, transpiran, se agolpan en la multitud. Hoy están aquí, mañana volverán a sus rutinas. «¿Qué es la felicidad?», se pregunta Daniela.

Miles de cubanos han atravesado la selva del Darién que divide Colombia y Panamá. Algunos han muerto o desaparecido. Todavía les espera un largo y peligroso camino en su sueño de llegar a Estados Unidos. Es solo el comienzo. Cada uno tiene una dura historia que contar y lo están haciendo utilizando sus celulares, sus voces, sus mensajes. En un campamento, bajo tiendas de campaña y tendederas de ropa, esperan para continuar la ruta. Ellos también anhelan la felicidad.

Hasta allí se desplazó el realizador Marcel Beltrán para filmar La opción cero (2020), documental que recoge los testimonios de estos seres en transición. No es solo lo que cuentan, sino también lo que han dejado atrás. Familias, estudios, casas, amigos, pertenencias; buena parte de lo que son, para quizás alcanzar lo que quieren ser. Los hechos ocurrieron en el 2016, un adelanto de lo que aún estaba por venir. Cinco o seis años después, la huida se ha multiplicado.

En algún momento el documental inserta imágenes de Cuba. En la Plaza de la Revolución se prepara un desfile, se monta un espectáculo con la réplica del yate Granma y unos pioneritos que simulan el mar. Todo es escenografía, «Parece una ciudad de cartón», como diría Sergio en Memorias del subdesarrollo (Tomás G. Alea-1968). En pocas horas miles de cubanos agitarán banderas y consignas. ¿Cuántos de ellos no estarán mañana cruzando esa selva o las peligrosas aguas del Río Bravo?

Hace seis décadas se hizo una revolución, que luego se declaró socialista. Prometió un mejor país para todos. ¿Cuántas cosas se han ganado y perdido en ese tiempo? Se produce una sensación de vacío. ¿Dónde está la verdad y termina la simulación?         

En Los viejos heraldos (Luis A. Yero-2018), dos ancianos sostienen su humilde hogar. Es lo único que tienen luego de noventa años de vida. En la televisión, el canciller Bruno Rodríguez protesta por las nuevas medidas de Estados Unidos contra Cuba. El hombre, somnoliento, mastica un tabaco y ella, a su lado, se queja del calor. Siguen las palabras, las quejas. El anciano se levanta y cambia los canales, pero todos trasmiten lo mismo.

Hay también sonidos de una estática y voces imprecisas. Al siguiente día, el Parlamento se reúne y Díaz Canel es nombrado nuevo presidente del país. El televisor en blanco y negro, transmite la sesión de la Asamblea, pero la anciana lidia con las telarañas de la casa.

Se escuchan aplausos y el himno nacional. Nadie observa. Afuera, el anciano cuida una pira de carbón vegetal… la patria os contempla orgullosa, no temáis una muerte gloriosa... Los relatos marchan paralelos. Todo resulta aburrido, premeditado. Gestos que acompañan una rutina que cumple muchas décadas.  

Cerca de allí, en Bahía Honda, al norte de Artemisa, existe un desguazadero de barcos. En un país que, siendo isla, apenas cuenta con alguno, las imágenes resultan sorprendentes. Entre el hierro, el óxido, los desechos, las llamas y las ruinas, se desplazan algunos hombres. Como sombras chinescas, los vemos sobredimensionados por las luces de sus linternas. Trabajan allí, pero apenas se hablan y cuando lo hacen, cuentan extrañas historias de superpoderes, muertes o reencarnaciones.

En un camarote aparece el plano del navío, la armazón de una litera, un salvavidas. Son vestigios del pasado. En un recoveco se esconde una paloma. Parece estar perdida. El símil con la vida de estos hombres no es casual. En ese universo post-apocalíptico y fantasmagórico se desarrolla Abisal (Alejandro Alonso-2021), un corto que, como otros, intenta explicar nuestra historia desde la subjetividad y la memoria íntima.

Es lo que hace Carla Valdés cuando explora, para su documental Días de diciembre (2016), los recuerdos de varios veteranos de las guerras en África. No importa el gran relato, ni los argumentos oficiales que legitimaron la aventura. La épica se mide desde otra instancia, más personal o real, porque fueron acciones que impactaron en sus cuerpos, y la conciencia de todo aquello se enfrenta al paso del tiempo y la dureza de la vida. ¿Qué sentido tuvo ese sacrificio? ¿Quiénes son ellos ahora mismo?

Hace apenas un año la propia Carla filmaba a sus padres (Los puros  2021), que recordaban sus años de estudio en la URSS. Las fotos y anécdotas funcionaban como piezas de un rompecabezas. Varios amigos intervenían en el proceso y, aunque hacía tiempo no se veían, los sentimientos y memorias compartidas mantenían la cercanía. Detrás de ese sencillo ejercicio autorreferencial, pervive una historia poco visibilizada que involucró a cientos de miles de cubanos durante varias décadas. ¿Dónde están y qué hacen ahora?

Los puros, de Carla Valdés (2021).

Buscando esa respuesta el realizador Carlos Quintela viajó a la localidad de Juraguá, muy cerca de Cienfuegos, en el centro sur de la Isla, para filmar La obra del siglo (2015). Allí se edificó, a mediados de los ochenta, una moderna ciudad donde vivirían los operarios e ingenieros de la primera planta nuclear del país. Ahora aquello parece una ciudad fantasma, un lugar como cualquier otro, tragado por la monotonía, el tedio, la fealdad. El domo, las torres e instalaciones son solo un esqueleto deformado que rodea los edificios de apartamentos.

Varios personajes mascullan sus dramas. Conforman diferentes generaciones en una misma familia. Apenas se hablan, más bien pelean, los rencores afloran, las frustraciones también. De pronto, aparece una brigada uniformada, son fumigadores contra el mosquito Aedes. El espacio se llena de humo, las imágenes se ralentizan, se tornan extrañas, inquietantes.

Un personaje, el jefe de la brigada, habla del cosmos, los cohetes, la Guerra Fría. Lo hace con añoranza y sabiduría: «Gagarin era un hombre lindo, con su escafandra y una sonrisa como la Luna. Él solo, ganó más seguidores que toda la propaganda del Kremlin en cuarenta y siete años».

Está en un balcón, junto al dueño del apartamento, observando la ciudad. No sabe que ese hombre fue uno de los mejores ingenieros del país, formado en la URSS para la central nuclear. Un alto edificio se levanta frente a ellos. «Luce abandonado, inconcluso. Parece un cohete», dice el fumigador. «A mí me gustaría haber viajado al cosmos. ¿A usted no?». 

Son apenas pocos diálogos, pero que contienen toda una historia, una época, muchos deseos, un sueño. La película, siete años después de realizada, aún espera por su estreno en Cuba. Nos hace pensar, es incómoda, amarga. Es arte.              

Recuerdo a Borges, el escritor argentino: «(…) somos nuestra memoria, ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos». Es quizás la idea que mueve a los jóvenes realizadores del presente. Recuperar una memoria, explorando esa otra Cuba contenida en los recuerdos de nuestros padres, las palabras de un amigo, el dolor por las pérdidas, el exilio, las ausencias. Son las pequeñas cosas que conforman una nación.

No son sólo películas, sino reflexiones de una generación nacida en los noventa o el siglo XXI, que recibe un país fragmentado y a la deriva, un territorio que tiene que ser repensado, reconstruido. Jóvenes o artistas que necesitan expresarse en sus propios términos, no para negar una historia sino para empezar a edificar las suyas.  

Son las dos amigas separadas por el exilio que se intercambian cartas y mensajes en A media voz (Heidi Hassan y Patricia Pérez – 2019). Es el poeta incómodo que debe ser aislado, vigilado y repudiado en Santa y Andrés (Carlos Lechuga – 2016). Es Pablo Milanés (Juan Pin Vilar – 2016) recordando una ciudad que ya no existe, pero también su paso por las granjas de trabajo forzado (UMAP) a mediados de los sesenta. Son las últimas palabras que le escribe un joven de dieciocho años a su madre, antes de morir accidentalmente mientras pasa el servicio militar en Las muertes de Arístides (Lázaro Lemus – 2017).

Son los dos homosexuales que emigraron por el Mariel, rehaciendo sus vidas una y otra vez, en Sexilio (Lázaro González – 2021), o el testimonio del trovador Mike Porcel (Sueños al pairo, José Luis Aparicio y Fernando Fraguela – 2020) sobreponiéndose al desprecio de amigos mientras recuerda toda la vileza de los actos de repudio.        

Por eso entiendo perfectamente a Daniela, quien un día estuvo muy cerca de la muerte: «Cada viaje que hago es una puerta que se abre. Quiero salir de este viejo planeta que soy yo misma. Llegar a un sitio desconocido y convertirme en otra, en alguien nuevo que no olvide quien fue».   

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19 comentarios

Felicia 23 mayo 2022 - 8:50 AM
Profesor, cómo se pueden ver estas obras?...Como todo lo que escribe, conmovedor y doloros
Maurasofia 23 mayo 2022 - 9:01 AM
Y no somos, al final, más que:ese montón de espejos rotos "
Belkis 23 mayo 2022 - 9:01 AM
Gracias, Gustavo por este recorrido necesario ! Censurar obras no impide que existan pero sí que nos miremos de otra forma y en esa búsqueda, podamos encontrar nuestras propias preguntas, escondidas a veces hasta para nosotros mismos. Tengo el privilegio de haber podido ver varias de ellas y su lugar es entre nosotros, con este pueblo que las ha vivido. La realidad existe, independientemente de que la filmemos o no pero cada propuesta estética refleja la mirada del creador y la mirada de una generación que no se considera continuidad está en estas obras. No verlo es estar ciegos.
Karen Diaz 23 mayo 2022 - 9:11 AM
Un buen resumen de ésa filmografía de la que apenas se nada. Pero interesante saber que existe un visionado diferente de nuestra realidad.
Manuel Figueredo 23 mayo 2022 - 11:07 AM
Tendremos que buscar a John Wick el hombre del saco para que pueda arreglar aquello. ?
El inagotable, Orlando J Martinez 23 mayo 2022 - 9:55 AM
Dice un cantautor, que las dificultades economicas, en parte tienen un apellido: Made in USA. Esta contra la guerra, pero no es antirruso. Que se vayan los jovenes es un drama nacional. Pero agrega la frase coyunturas económicas, a veces impuestas y dice: reaccion puntual Luego. Una de sus fans opina que el cantamañas nunca decepciona. Espero me publiquen.
juanaBacalao 23 mayo 2022 - 1:02 PM
da pena que se siga paseando el yate ese en desfiles por todo el pais, con el nivel de desgracia que nos produjo.
Sanson 23 mayo 2022 - 1:48 PM
Por favor. Lo que existe es un incontable museo de fracasos y tiempo perdido que se llevaron el esfuerzo y la vida a la basura sin que se haya sustituido todavia a los que no tienen problemas con fracasar y dilapidar constantemente sin que puedan ser destituidos, despedidos o juzgados. Lo que existe es una realidad paralela de mentiras y triunfos invisibles donde hubieron promesas, llamados, obligaciones y sacrificios. La Nuclear es un ejemplo vivido de aquello como lo son las secundarias y preuniversitarios en el campo y la Zafra millonaria. Como lo fueron el cordon de la Habana y el metro que ibamos a hacer. Como fueron los quesos prometidos y los rios de lecha. Como fue la carne que se mezclo y se mezclo hasta que se esfumo de la mesa como un experimento o un truco magico. Lo mas importante y grave es que, al igual que el ganado vacuno el humano esta desapareciendo rapidamente porque sencillamente lo estan exportando indiscriminadamente. Yo diria que la nacion esta erosionandose hasta el nivel cero. Ya solo quedan represores y reprimidos. Comelones y descomidos, mantenidos y decepcionados que dentro de quince annos estaran mas, mucho mas mal que hoy. Yo vi esa diferencia de lo que habia a lo que hay cada quince annos y la caida seguira hasta que no se quite del medio a esa plaga que nunca pago por sus errores.
Alejando-2 23 mayo 2022 - 2:56 PM
Excelente tu crónica Gustavo. Cada vez qué te leo comprendo porque estamos como estamos. Las personas en Cuba no tenemos cabida en la construcción del país por el talento, sino por el grado de chicharronería. Ni siquiera se puede decir que es por ideología, porque la inmensa mayoría, incluyendo a los del primer nivel (como se autodefinen), son unos oportunistas. Sobrecogedores los trailers, gracias por mostrarlos, ojalá pudiéramos ver las obras completas
Juan 23 mayo 2022 - 4:29 PM
Gracias Gustavo.
maría teresa* 23 mayo 2022 - 3:32 PM
Hoy le eché un vistazo al código penal, Si me preguntaran que me pareció, responderé como El Bacán : NO ME PUEDO QUEJAR
Mila 23 mayo 2022 - 5:31 PM
Profesor, siempre que leo sus artículos siento mucha pena; en nuestro país solo se escucha un tipo de discurso y otras formas de pensar se censuran, se evaden, se agreden. Tal parece que somos robots programados para un tipo de forma de pensar que alguien dicta y no hay derecho a réplica . Nunca he podido ver esas películas a las que ud se refiere, cuántos libros me he perdido!! cómo puedo comparar mi forma de pensar con la de otras personas que no repitan el mismo discurso monotematico, tedioso, oportunista e hipócrita que dominan hoy los medios de comunicación en mi país? Qué bochorno!!! Gracias por la luz en medio de este apagón de ideas
Livio Delgado 23 mayo 2022 - 4:10 PM
Como siempre muy impresionante la forma que usted nos dibuja una "historia del cine" reciente y escrita, y poco conocida para muchos que se lo agradecemos, por censura o por desidia institucional el cine joven cubano documental se mueve casi solo en circuitos alternativos digitales y desde fuera pues pasa a ser poco o nada conocida si no estás en el giro, así que gracias por ese catálogo de documentales y obras más grandes que menciona en su escrito para buscarlos y disfrutarlos en sala con luz de la internet. De su escrito me quedo con esta verdad aplastante que los que pasamos de los 50 a veces no es muy difícil de aceptar, "No son sólo películas, sino reflexiones de una generación nacida en los noventa o el siglo XXI, que recibe un país fragmentado y a la deriva, un territorio que tiene que ser repensando, reconstruido. Jóvenes o artistas que necesitan expresarse en sus propios términos, no para negar una historia sino para empezar a edificar las suyas." Aclaro no es mi caso, creo que después de casi 20 años que vivo fuera de Cuba mi idea de la Cuba real que asumo como cierta, es cada vez más deforme y lejana de la real Cuba y sus gente, por ello creo que los jóvenes tienen hoy tanto derecho de edificar esa otra Cuba, como lo hizo la generación que aceptó ese hombre nuevo y las promesas nunca cumplidas de los históricos que aún manejan el país a sus propios intereses de casta resultante.
Zullín 23 mayo 2022 - 4:27 PM
Siempre siento curiosidad por esa Cuba profunda, oscura, engavetada que no conocí. Siento que mi (nuestra) existencia está llena de vacíos que obras como estas van llenando y a la misma vez nos ahuecan el alma. Gracias por perpetuar esa memoria colectiva y desconocida.
Juan Pin Vilar 23 mayo 2022 - 5:54 PM
Emotivo. Informado. Inteligente. Bien escrito. Gracias Gustavo.
Observador 2022 23 mayo 2022 - 10:28 PM
La Cuba profunda, más auténtica y real que la virtual que ocupa todos los medios oficiales, va siendo conocida a duras penas y a duras experiencias: censura, prohibiciones, marginaciones, pero va haciendose cada dia mas visible. Para una mayor desgracia al poder oficial, el cine se va haciendo mas independiente no solo por el pensamiento de sus autores, tambien porque la tecnología le hace posible no depender de esa industria costosa y monopolica que tan facil le hacia al ICAIC cumplir su tarea de dirigir y controlar el cine cubano. No solo el cine, es la literatura, el periodismo independiente, el teatro: la cultura libre desbordando el marco y la atadura oficial. Con el creciente deterioro y degradación del nivel de vida y de todo el entramado institucional, será aún más dificil coartar ese pensamiento y ese arte contestatario. Aunque hayan decretos, códigos y juicios ejemplarizantes como el que se anuncia para Luis Manuel Otero Alcantara y los muchachitos de Con Filo pretendan vender mercancia ideologica vencida y en mal estado. Aunque el presidente de a dedo intenta promover una imagen de participación, diversidad y profundidad de pensamiento: su servilismo e incompetencia se hace patente por dia y para colmo, ni cuenta se ha dado que tiene que quitarle el móvil a su mujer que no para de serrucharle el piso sin querer con su twittear cada vez mas estupido. Por cierto, como segun el ha dicho aqui no hay Primera Dama y en Venezuela le llaman la Primera Combatiente, aqui parece que la van a tener que nombrar la Primera Imbeciliente.
Alejandro 2 24 mayo 2022 - 4:28 AM
Observador 2022. Nunca ha sido un secreto que los "cuadros" en Cuba son promovidos por su incondicionalidad al sistema, en lugar de por sus capacidades. Es algo que viene desde la época de Fidel Castro, pero que ahora alcanza niveles estratosféricos, en correspondencia con la degradación de los valores de la sociedad toda. Los dirigentes están más preocupados en conservar sus cargos, que en resolver los problemas por los cuales están en ellos. Yo llevo casi 30 años de médico, y nunca vi a los funcionarios del ministerio de salud pública en una condición de incompetencia tan precaria como la que vemos hoy. Es un fenómeno generalizado, en cualquiera de los niveles. No puede decirse que la catástrofe que ocurrió con la Covid-19 en Cuba sea responsabilidad únicamente de MINSAP, a fin de cuentas, por increíble que parezca, el presidente personalmente se tomó el atrevimiento de dirigir las medidas sanitarias. Esto es algo que hacía Fidel Castro, por ejemplo con las epidemias de dengue. Sin embargo, no se puede negar cierta genialidad en Fidel Castro, que contrasta como el blanco y el negro, con la torpeza de Díaz Canel. Así que considero que tampoco estaba bien que lo hiciera Fidel Castro, pero al menos tenía cierto nivel de análisis. Si Díaz Canel es un monigote de GAESA y los verdaderos círculos de poder alrededor de los Castro, el ministro de salud pública, lo ha sido de un personaje que lo único que tiene claro son los ojos. Sin embargo, no soy optimista con la caída de ese régimen despótico e incompetente. El entramado de militares, inteligencia, contrainteligencia, y todos los enredos habidos y por haber, hacen difícil la unión de personas con deseos y capacidad para cambiar el país, aún cuando ocupen cargos importantes o altos grados militares. Cómo dicen por ahí, esto no lo tumba ni el que lo inventó. Entretanto el país sigue en una espiral hacia un abismo, especialmente ahora con la emigración masiva de gran parte de sus recursos humanos más valiosos. No puedes pedirle a Díaz Canel que le quite el teléfono a su esposa, no se le piden peras al olmo. Díaz Canel es la viva imagen de lindoro incapaz, sólo que sin inocencia
Ernesto Daranas 23 mayo 2022 - 10:47 PM
Gracias Gustavo. Excelentes películas que nos miran a los ojos. Lamentablemente, algunas de ellas apenas han podido ser vistas por nuestro pueblo.
Observador 2022 24 mayo 2022 - 11:31 AM
Alejandro 2, coincido con usted. La ingenuidad e irresponsabilidad de la mayoría de los cubanos en darle todo el poder a Fidel, o para decirlo mejor, consentir que se apoderara totalmente de todos los recursos materiales, espirituales e institucionales de la nación , nos ha conducido a este desastre que nadie sabe como solucionarlo. Ya el malévolo en jefe se dio cuenta del fracaso, y ese es algo que reconforta mucho, que vio podrirse en sus narices lo que pensaba era la obra perfecta que lo eternizaría en la historia y esa derrota íntima le acompaña inseparable dentro de la enorme piedra. . Aunque parezca indestructible, el proceso politico iniciado en el 59 ( para no decirle revolución porque ya hace rato dejo de serlo), está herido de muerte y como todo cadaver, se convertirá en polvo y resurgirá otra Cuba que nuestras futuras generaciones deberán salvar y proteger. Aunque nos parezca imposible.

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