MIPYMES: licencia para hacer

No debe ser responsabilidad del Estado manejar hasta el más mínimo detalle de las redes gastronómicas. Las experiencias privadas en ese sector son muy positivas (Foto: EFE/Alejandro Ernesto)

Hablemos de MIPYMES. La opción cero consistía en declarar un estado de «sálvese quien pueda», «búsquese la vida», «cace su comida», «acarree agua desde un río y quite los marcos de puertas y ventanas para hacer leña, alumbrarse y cocinar». Puede parecer la trama de un libro post apocalíptico, pero en la década de los noventa estuvimos a un paso

¿Por qué nos salvamos? Porque el país se reinventó, se implementaron nuevas política económicas: primero, la inversión extranjera y la total apertura al turismo; luego, la legalización de unos pocos negocios por cuenta propia, y, cuando hizo falta, la ampliación de ese trabajo hasta convertirlo en un cuasi sector económico.

Fue una evolución progresiva y necesaria, que se iba renovando a medida que hacía falta, una revolución en la economía hasta ese momento híper-regulada y centralizada de la Isla. Pero en algún momento se detuvo la inventiva y, aunque hacía falta y las fuerzas productivas estaban maduras y la psicología individual estaba lista, no se dio el siguiente paso, ese que pudiera ayudar a convertir la economía cubana en economía funcional: la implementación de un verdadero sector privado, encarnado en las micro, pequeñas y medianas empresas, o MIPYMES.

No se trata de un tema actual ni surgió de la crisis generada por Trump y el coronavirus –o Coronatrump directamente–, sino que es un tema más antiguo que el patógeno y el magnate –valga la redundancia–, y que, con la tragedia económica devengada, toma vigencia nuevamente. Es necesario repensar nuestras formas de gestión y las MIPYMES son una respuesta lógica y una evolución natural a lo que se ha venido haciendo en Cuba en materia económica, porque estas no entran en contradicción con el modelo socialista, al contrario, pueden aportarle mucho.

No se trata de potenciar una oligarquía ni fundar grandes consorcios privados. Las MIPYMES pueden dividirse en tres grupos: microempresas, con sólo 10 trabajadores; pequeñas empresas, que pueden emplear hasta 50 trabajadores; y mediana empresa, que pueden tener en nómina hasta 250 empleados. ¿Por qué no se implementa esta forma de gestión?

Quizás sea temor gubernamental. Si es así, es un temor basado en la política y no en la economía –sin desestimar la primera–. A la vez, los medios de difusión nacionales promueven comprensibles campañas a favor del trabajo digno y honrado y del crecimiento económico que este traería a la sociedad, pero en Cuba actualmente existe un proto-modelo del sector privado, muy rudimentario, llamado trabajo por cuenta propia (TPC), que no tiene la capacidad de ofrecer desarrollo económico real al país porque, amén excepciones –y las hay–, el trabajo por cuenta propia no rebasa lo micro, ni tiene una perspectiva de desarrollo más allá de la subsistencia.

Por demás, no logra el abaratamiento de los costos, ni la generación progresiva de ingresos. Entonces, el TCP tiene una influencia muy limitada en el crecimiento económico nacional.

Una de las cosas que más lastran esta forma de gestión es el sistema de licencias, restringido y muy caprichoso, ya que la emisión o no de estas, muchas veces obedece a misteriosas políticas estatales y no a la importancia de la misión social de un negocio o a la generación de bienes.

Así sucede que si se te ocurre una idea o un producto innovador que cubrirá una demanda y aportará al país por concepto de bienes, impuestos y puestos de empleo, debes cruzar los dedos de las manos para que esté tipificado en la lista de licencias. Si lo está, cruzar entonces los dedos de los pies para que no esté sujeta a restricciones. De lo contrario, ¡quieto!, o estarás contraviniendo leyes y serías, por definición, en vez de un emprendedor, un delincuente. Así de escuálida es la frontera entre los dos términos.

Por otra parte, el sector estatal tampoco es todo lo productivo que pudiera. Para empezar, cuenta con un superávit de trabajadores, y este es uno de los pocos casos donde superávit no significa nada bueno. Este exceso de plantilla quedó demostrado con el advenimiento de la epidemia –la viral, no la presidencial republicana– cuando quedaron cesantes temporalmente centenas de miles de trabajadores –con remuneración, por supuesto– y el aparato estatal siguió funcionando como antes.

Claro que cantidad y calidad aquí son términos sin relación alguna y se pagan miles de salarios de más y a cada trabajador estatal, según la matemática euclidiana de pañoleta azul, le tocan miles de pesos menos.

Este exceso de nóminas saltará con la inflación resultante de la unificación monetaria, que obligará a las empresas estatales a prescindir de muchos trabajadores. Por supuesto, la política no puede ser tirarlos a la calle, el deber estatal sería ofrecerles ayuda económica y, en resumen, seguirían siendo asalariados del Estado, vía seguridad social, con la curiosa característica de que no trabajarían.

La implementación de las MIPYMES podría emplear a esta masa laboral, experimentada y en muchos casos con altos niveles de formación –incluso el proto-sector del TCP, con todas sus limitaciones, redujo el clásico empleo estatal a un 75% en sólo una década–. A la vez, los trabajadores que queden en el sector estatal podrán asumir de forma menos traumática la inflación, ya que la remuneración por su trabajo se incrementaría al disminuir la responsabilidad estatal de pagar miles y miles de nóminas improductivas.

En esencia, uno de los mayores beneficiarios de la completa implementación de las MIPYMES sería el propio Estado. Se establece aquí una relación simbiótica entre ambas formas de gestión que se aleja mucho del pensamiento tradicionalista que opone lo estatal a lo privado.

Las MIPYMES pueden llegar a ser generadoras de innovación científica y grandes bancos de soluciones en cuya búsqueda se desangra el país, muchas veces sin encontrarlas, con un coste económico y político prohibitivo y, en este momento, peligroso. Manejar hasta sus últimos resquicios las redes gastronómicas y comerciales; ser el responsable de cada complemento, objeto y pieza, no debe ser –excepto donde sea pertinente– la labor del Estado.

He aquí la causa de una hemorragia que luego se nota en la anemia de sus verdaderas responsabilidades, a saber, la salud, la educación, la seguridad social, la explotación y el manejo de los recursos del país, la industria farmacéutica, el medio ambiente, la seguridad de sus ciudadanos.

La implementación completa de las MIPYMES puede liberar a la dirección del país de deberes fútiles y reorientar la voluntad política y las cuentas nacionales hacia donde pueda potenciar con más eficacia el socialismo, que no es precisamente en una cafetería, ni en una fábrica de conservas. He ahí otro aspecto a tener en cuenta a la hora de hablar de simbiosis y sinergia entre las formas de gestión.

El tema no es que el Estado cubano considere al mercado como protagonista de la economía. Sería una contradicción con el modelo socialista, además, el rotundo fracaso del Bloque del Este, mal aplicando este híbrido –con más política entonces que economía– les sirvió de ejemplo a los legisladores y economistas cubanos para saber lo que no se debe hacer. 

No obstante, no parece haber tal contradicción entre el modelo socialista y las formas de gestión de las MIPYMES, que sí han mostrado excelentes resultados en otras partes del mundo, tanto en países socialistas como capitalistas. Por supuesto, estos países responden a otras realidades y la implementación de esa forma de gestión encierra ciertos peligros, como el del surgimiento de una pequeña burguesía, por ejemplo.  

Es algo que debe manejarse con inteligencia, pero es mucho más peligrosa la burguesía informal e invisible que ya existe, cuya única materia prima es la incómoda posición económica en que se encuentra el país desde hace décadas, la improductividad, el desabastecimiento. Entonces, lo ideal, lo inteligente, lo justo, sería quitarles la materia prima, desabastecerlos, y si de tipificar licencias se trata, tipificar una sola: la licencia para hacer.

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8 comentarios

tony crespo 27 noviembre 2020 - 8:23 AM
Lo mejor de su opinión a mi entender lo deja usted para final o colofón de su aporte al foro....Usted en su artículo define cual de las 2 burguesías es la más peligrosa para el socialismo.......la que se nutre de las ilegalidades toleradas por el poder gobernante, roba, malversa, no paga impuestos, abusa de sus privilegios....la otra, la menos peligrosa la insipiente burgesia controlada, ahogada por impuestos, regulaciones, inspect-ores y que a pesar de ello o quizá por eso mismo se desborda de las limitaciones, controles e inspecciones florece, se multiplica y como la “buena yerba” empieza a cubrir el patio y es la ÚNICA que puede salvar lo que va quedando de la borra del llamado socialismo criollo
Jagger Zayas Querol 27 noviembre 2020 - 9:17 AM
Compañero Muñoz, comprendo su afan constructivo en este articulo. Sin embargo, el "cuasi" sector privado actual no le aporta a la economía ni al desarrollo. Todos son timbiriches para la subsistencia y como bien dice, todos están en la frontera de la marginalidad y la delincuencia, mientras han sido un escape para el escandaloso desempleo y subempleo que padecemos y no se publica. Todos los recursos los tiene el estado y no los cede a esos emprendedores y eso no va a cambiar a menos que las remesas para inversión y la importación en MLC por privados a través de las ineficientes y burocráticas empresas estatales de comercio exterior. Ya en 1968 tuvimos la "Ofensiva Revolucionaria" que barrió mpymes, TCP y cuánto habia, quedandose el Estado con todos los activos fijos de ellos. Hoy los timbiriches solo pueden a lo sumo,arrendar locales que eran privados, a altos alquileres o de lo contrario,montar el timbiriche. Para qué hablar de la marginalidad,las ilegalidades, el acaparamiento y la especulacion que son la base de casi todo el "cuasi" sector privado? La ANAP agrupa a los agricultores pequeños (Donde están los grandes??). Ese es un sector privado y aunque aporta el 80% de los alimentos agricolas del país, no lo desarrolla. Las UBPC al igual que las CPA son un fracaso y no por sus fundamentos,sino por las ataduras a que la administración estatal las tiene aferradas. Quién garantiza que las nuevas Mmpymes no correrán la misma suerte? Quien garantiza que si el país remonta la crisis actual, luego no se detendran las medidas como tantas veces nos ha sucedido? Realmente, usted resulta muy optimista. Ha leído por casualidad, la obra Cándido o El Ingenuo, de Voltaire? Gracias!
Alejandro Muñoz Mustelier 27 noviembre 2020 - 3:36 PM
Gracias por su comentario, no he leído la obra de Voltaire que me sugiere, pero sin dudas lo haré. Gracias por su comentario
tony crespo 27 noviembre 2020 - 10:14 AM
Para Jorge Zayas....no todo es malo en la viña del Sr.......unos de los pocos renglones exitosos de la producción agrícola cubana es el sector del tabaco en Rama sea “ tapado o abierto” hoy totalmente en manos de productores privados que aportan más de $100,000,000.00 ( US) a la economía socialista....esto es posible por que es para exportación y reciben TODOS los insumos que requiere su producción.....y la paradoja es que al product-or privado de leche le es limitado el acceso a los insumos necesarios como lo son pienzo, alambre para cercar, medicamentos, etc....mundialmente los gobiernos desalientan las producciones de tabaco por los males que acarrea pero en Cuba se estimula la producción(fábrica de cigarros de capital brasileño el Mariel) en detrimento de la producción de leche solo es para consumo nacional
Carlos 27 noviembre 2020 - 12:11 PM
Menos restricciones, y control. Dejen que el cubano decida que hacer.
Alejandro Muñoz Mustelier 27 noviembre 2020 - 3:41 PM
Por supuesto, y yo agregaría que sólo el control y las medidas pertinentes para la organizar y potenciar la enorme capacidad creativa y las ganas de hacer del cubano.
Alejandro Muñoz Mustelier 27 noviembre 2020 - 3:50 PM
No soy un defensor de ningún tipo de burguesía, pero sí de lo dialéctico, por eso entiendo que lo único posible para el país es sustituir una burguesía (aunque realmente el término sería Cártel) que no está sujeta a ningún tipo de control moral o fiscal, por una clase productiva, motivada por una libertad de acción razonable. Ahora mismo es la única forma.
Eva 28 noviembre 2020 - 5:33 PM
Mi gratitud por su artículo Habrá que demandar muchas cosas a este gobierno Y mi primera demanda es que se inicie un nuevo referéndum votaciones libre Transparencia auditorías antes durante y después a todos los que gobiernan desde la base hasta Diaz Canel Transparenciaaaa

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