Lo más importante

(Foto: ADN Cuba)

Allí estaban, flamantes en su azul carrocería, las diez concreteras recién compradas en Bélgica. No convenía publicitar que ya tenían más de una década de uso y habían sido remotorizadas con unidades recuperadas del parque anterior de vehículos de la hasta ayer desierta base. Por ello se informó a la prensa sobre una tecnología que revolucionaría el vertido de concreto en las atrasadas obras constructivas de la capital.

Pero no bastaba con una información a secas sobre la importancia del hecho. Había que sepultar la intrascendencia con un acto político, televisión mediante, que reuniera a los mejores trabajadores del sector. Organizarlo costó tanto como cualquiera de las concreteras, pero valió la pena. Daba gusto el colorido de los estrenados uniformes y las banderitas en manos de los obreros. Y qué decir del escenario, armado con la madera que debió hace rato formar parte del encofrado del segundo piso de la obra que servía de sede a la celebración.

Después de las declamaciones de rigor y alguna que otra canción laudatoria, el dirigente tomó la palabra para resumir la actividad. Los presentes hubieran querido que también resumiera su discurso. Habló mucho de concreto, pero no fue concreto.

De su oratoria sobresalió un fragmento que dejó complacida a toda la concurrencia: «¿Puede haber una labor más importante que la de un constructor? ¿En qué obra de la sabiduría humana no están presentes ustedes con su sudor y sacrificio? El hombre habita una casa, acude a un centro de trabajo, disfruta del arte, descansa en una base de campismo porque antes se desbrozó un terreno, se abrieron huecos, se fundió una zapata, se erigieron columnas y surgió, ladrillo a ladrillo, mezcla a mezcla, carpintería a carpintería, el espacio arquitectónico que forma parte del paisaje urbano. Nada como el orgullo de ver erguirse la edificación que se convertirá en símbolo, a partir de entonces, de nuestra obra».

El sol hizo lo suyo. Concluido el acto el dirigente ameritó de una prolongada escala en su oficina. Se tiró un rato sobre el sillón de la terraza para recuperar fuerzas antes de salir a las cuatro hacia la inauguración de la fábrica de fósforos en las afueras de la ciudad.

Se ordenó a la prensa no asistir, televisión mucho menos. Se temía que con tanta cámara, grabadoras y celulares surgiera una chispa que hiciera estallar la pequeña pero explosiva industria, y con ella volara por los aires una inversión aún mayor que la necesaria para adquirir las concreteras de por la mañana. Los malayos no habían cedido un ápice en rebajar ceros al cheque con el que se compró una fábrica que había suministrado cerillas a las tropas norteamericanas que combatieron en la guerra de Corea.

En el acto inaugural eran pocos los concurrentes. Sobraron algunas banderitas en la obra arquitectónica de por la mañana que bastaron para adornar la velada vespertina.

Esta vez el discurso fue breve, pero no faltó el fragmento que ya traía escrito: «¿Puede haber una labor más importante que fabricar una cajita de fósforos? ¿En qué ceremonia gastronómica no están presentes ustedes con su sudor y sacrificio? El hombre almuerza y come, a veces hasta desayuna y merienda, porque antes se moldeó una cartulina, se mezclaron componentes químicos y fue surgiendo pliego a pliego, inflamables a inflamables, esa caja simple o familiar que formará parte de un hermoso rito que acontece a diario en nuestros hogares. Nada como el orgullo de ver prenderse en una cocina, como luz redentora, esa llamita que se convertirá en símbolo, a partir de entonces, de nuestra obra».

Llegó agotado a la residencia construida ladrillo a ladrillo, mezcla a mezcla, por explotados albañiles del primer lustro del pasado siglo. Tras la frugal cena de todos los días se sentó en la biblioteca a pensar el discurso de mañana en el recibimiento a los atletas que regresaban derrotados —pero victoriosos— del campeonato mundial.

¿Podría haber una labor más reconfortante que poner a trabajar las neuronas para asombrar cada vez más a los interlocutores?, pensó. ¿En qué acto conmemorativo, congreso o inauguración no estaba él presente con su sudor y sacrificio? Hay gente que se sienta en una luneta o se para bajo el sereno a orientarse, a vislumbrar su futuro, porque antes hubo alguien que estilográfica en mano o laptop en mesa localizó un verbo aquí, un adjetivo allá, para que surgiera esa cuartilla que formaría parte al otro día de la primera plana de todos los diarios de circulación nacional. Y para ello, nada como el orgullo de ver erguirse, terminada, esta copa de champán embasado en los días luminosos de la Comuna de París.

Textos relacionados

Método

En cualquier dinastía

La honda bahía de la impunidad

9 comentarios

El inagotable, Orlando J Martinez 23 enero 2022 - 9:11 AM
Asi somos los cubanos. No perdemos el sentido del humor. Nos reimos de nuestras desgracias. Copio En Cuba se acabaron las vacas. ¿Es que no hay yerba para que coman? ¿o no hay guajiros para ordeñar las bestias? No se sabe lo que nos ocurrio, pero el caso es que no hay leche ni filete. Las vacas pueden tener epidemias, llagas, impetigos, incluso apatia emocional, pero de ahi a extinguirse… solo los dinosaurios y porque les cayo encima un aerolito. Me pregunto si en Cuba cayo un meteorito que acabo con las vacas de los potreros, los puercos de las cochiqueras, las chivas de los traspatios, las jutias de las matas, las yaguasas de las lagunas y las biajacas de los rios. ¡Que desmadre!©varela
juanaBacalao 24 enero 2022 - 7:51 AM
por supuesto que en cuba cayo un aerolito, lo lanzaron en Biran y aterrizo en la habana, despues de eso comenzo a extinguirse todo.
Rolópez 69 23 enero 2022 - 10:23 AM
¿Y acaso habrá tarea más importante que la que realiza Jorgito de revisar cada día las noticias más"trascendentales", analizarlas y confeccionar estos magníficos artículos-resúmenes y alegrarle los domingos a los lectores de LJC? Muchas gracias, hermano, mi primera sonrisa y muchas veces mi carcajada de domingo te la debo a ti. Un abrazo.
Luis Roberto Gómez 23 enero 2022 - 10:54 AM
Excelente. Así vamos de siempre...
Manuel Figueredo 23 enero 2022 - 12:27 PM
Con el don de la palabra han embarcado a un pueblo, no para bien, sinó, para mal. Cómo siempre Jorge, buen trabajo.
Carmen Corella Musteliee 23 enero 2022 - 3:20 PM
Aguda,jodedora y vertical esta columna como siempre. Gracias.
El inagotable, Orlando J Martinez 23 enero 2022 - 6:51 PM
Doble uso de un cuchillo Todas las semanas, en esta ciudad, un venezolano desesperado asalta a alguien con un arma blanca. Yo, desde que un joven me amenazo, no se su nacionalidad, porto un cuchillo. El arma me sirve ademas para desprender las pegatinas comunistas que pegan por ahi. Jaja ja. Vamos a ver quien gana. ¡Que se vayan a joder a otro lado! Saludos
Barb A Truk 24 enero 2022 - 6:33 AM
Con permiso de la Joven Cuba. Voy a cambiar mi pseudonimo para rendir sentido homenaje a la Piedra
Nilda Bouzo Torres 24 enero 2022 - 7:57 PM
Muy bueno, Jorge. Mejor reir. Gracias!

Los comentarios están cerrados.

Agregar comentario