María Luisa Carrasco

(Imagen: besthqwallpapers)

Dichoso el árbol

que es apenas sensitivo.

Y más la piedra dura,

porque ella ya no siente.

Rubén Darío

***

Después de ocho años volví a una película —y tendrán que disculparme las referencias cinematográficas más de dos veces en estos comentarios sabatinos— que asumo como un clásico sobre la violencia. A priori, muchos pensarán de inmediato en los hermanos Coen, Haneke, o en el tremendísimo Tarantino. Este viaje nos conduce más al Peloponeso: Yorgos Lanthimos, el director griego, y su película del 2010 Kynodontas.

Presumo que algunos lectores preferirán verla a que yo se las narre. Pero en mi afán por contarlo TODO, necesito hablar sobre la primera escena. Uno de los tres hermanos protagonistas propone un juego en el baño. Para ser el ganador debes sostener la mano bajo el chorro de agua hirviente el mayor tiempo posible. Basta decir que la película va subiendo la parada de la violencia intrafamiliar a tales dimensiones, que todos los implicados estarán muy dañados para cuando pasen los créditos.

También el espectador. También yo, al punto de llamar por teléfono a varios amigos minutos después de verla para comentar sobre la película, no sin antes venderles como aperitivo esa primera escena.

Y más que a la violencia, ese momento me remite a la tenacidad. A todo lo que puede soportar el ser humano, incluso sin razones de peso aparentes. «A brindar por el aguante», como de manera tan erudita nos invita René Pérez, el Residente de Calle 13.

Quizás algunos coincidan conmigo en que por estos días estamos soportando mucho, aguantando demasiado. Metafóricamente hablando, casi todos tenemos una mano, o ambas, bajo el chorro de agua caliente, esperando el fin del juego.

Y es cierto que no solo en Cuba. Por solo citar un ejemplo, ya solo veo documentales en Rusia Today, porque son especialistas en ponerme los pelos de punta si de noticias aterradoras se trata: guerras, hambrunas, sequías, la mala distribución de los recursos en el planeta, la maldita emigración, etc, etc, etc…

La lista pudiera ser particularmente extensa, pero creo que otros coincidirán conmigo que, en lo que vamos arreglando la Pacha Mama, hay cosas que pueden ser resueltas a nivel de país. Es más, a nivel de provincia, incluso de municipio, en el caso de Cuba. No me parece que tengan que intervenir la OTAN o la OMS para que distribuyan las toallitas sanitarias, nuestras archiamadas y siempre bienvenidas íntimas, a la farmacia del reparto. A este asunto, que me encanta, regresaremos dos páginas más adelante.

Porque primero pretendo hablar del chorro de agua caliente. El mío, el de muchos cubanos de a pie. Y es que no me lo puedo quitar de la cabeza, porque se ha convertido en un eje central de nuestra vida: las tiendas en MLC, rebautizadas con el nombre femenino de María Luisa Carrasco desde su nacimiento, hace poco más de ¿un año? ¿dos?

Está bien, ya me lo explicaron, había que hacerlo, pero… ¿y? ¿Y los que, como yo, no tenemos MLC? Dios, mi esposo y mis amigos no me dejarán mentir. Jamás he puesto un pie en ningún establecimiento para comprar con tarjeta, y aquí les va el aumento de temperatura del agua: la historia del día en que casi entro a una. Casi. Por equivocación, por supuesto.

Mi esposo y yo andábamos por el Centro Comercial Todo en uno, en Varadero, buscando zapatos para los niños. Claro que no conseguimos zapatos, querido lector, pero di de narices en el mercado con una cola que prometía.

Solo quienes hayan vivido momentos semejantes, pueden dar fe de mi entusiasmo. Las paredes transparentes me regalaron una vista espectacular. Ya me imaginaba a mis hijos con los yogures de platanito, qué de plátano… conté como cuatro sabores diferentes. En la tablilla informativa mis ojos pasaban del queso al puré de tomate, las pastas italianas, el jamón serrano, las pintas de aceite… Y yo nada más había guardado ochenta CUC en la cartera… Qué mujer tan poco previsora.

Una muchacha me aseguró que ella era la última, pero que en lo que la cola andaba, iba a tomarse una cervecita con su novio. ¿Cerveza? ¿Aquí? La cuestioné mentalmente y seguí haciendo cuentas, hasta que llegó mi turno y la muchacha sin aparecer. Abrió el custodio la puerta para darme paso, no sin antes aplicarme desinfectante en las manos y junto a la desinfección abrió en mi pecho la grieta más honda que manos cirujanas pudieran suturar.

Creo que nunca terminé de leer lo que decía el cartel en dos idiomas: Solo tarjetas. Y mostraba las referencias de las tarjetas que podían comprar en el mercado/Jauja. Inocente yo.

No sé cómo lo habría tomado el custodio de haber conocido la verdad. Atiné a musitar, de la manera más creíble y pausada: ah, caramba, dejé la cartera con las tarjetas en el carro. ¡Qué cabeza la mía! 

Lo que salió para el parqueo fue un bólido. Mi esposo me esperaba, no con cerveza pero sí con agua, y me tomé su pomo y el mío, y aun así no lograba calmarme. Le soné par de cocotazos a la guantera del carro, pobrecito, y mi amor tuvo que soportar el recordatorio histórico una vez más:

«que ya estaba harta de ser de la generación de las escuelas al campo, de comprarme zapatos solo cuando se rompían los que llevaba puestos, que si las tiendas del oro, que si las diplo-tiendas, que si mis padres profesionales jamás pudieron ir a ningún hotel después de los noventa, que si mi papá tuvo que ir para Angola, que si mi suegro se quedó con la carta en la mano para comprar el carro, y ahora esto… Otro lugar donde no podía entrar».

En fin, la catarsis de una mujer cubana que pareciera replicarse en tantas y tantos que conozco, con equívocos y recordatorios históricos semejantes.

Ha pasado el tiempo y las tiendas ahí, sin recibir mi cálida visita. Y he tenido que comprar lo necesario, lo vital, a otros precios; o esperar a que venga alguito a la TRD del barrio. En ese estado de cosas, las manos de amigos o de la familia han sido inequívocamente imprescindibles, porque las toallitas sanitarias, las sempiternas amigas íntimas de toda mujer, se compran en MLC. 

Y lo demás también.

Almohadillas sanitarias marca Mariposa (Foto: Laura Rodríguez Fuentes / Cubanet)

Dice mi suegra que las hay de todo tipo: nocturnas, diurnas para flujo normal, para flujo normal plus ¿?, con barreras antiderrames, delgadas con o sin alas, con o sin gel absorbente, excelentes canales de distribución…

Dios sabe todas las cosas. A lo mejor por lo ignorante que soy ante semejantes especificaciones, es que no tengo acceso a comprar toallas higiénicas con María Luisa Carrasco. En Cuba solo he conocido las íntimas Mariposa, cada vez menos absorbentes, con menos pegamento y menos arribos a la farmacia.

Como bien le comenté a un amigo hace muy poco: esa mariposa hace rato que no vuela para mí.

Y no vamos a hablar de los precios. Bueno, los de MLC no los conozco. Supongo que la cotización de los paquetes vaya en consonancia con la cantidad y la calidad. Los que me sé son los de Mariposa. En los primeros meses de la COVID los paquetes de diez, sin dibujitos ni especificaciones, costaban cuarenta pesos en monumento nacional. Quiero decir, en moneda nacional.

En momentos de crisis los he pagado a setenta, como si fuera a comprarme una mariposa Monarca, ese espléndido ejemplar de la fauna mundial. En otras ocasiones solo he tenido que dar las gracias, porque la sororidad entre mujeres cubanas merece un comentario aparte.

La historia se repite una y otra vez, y mi suerte está echada con mis dos hijos varones. No me imagino como mi mamá, cortando y preparando trapitos para que pudiera malpasar el período en la beca. Eso sería semejante a meter, no mis manos, sino la cabeza bajo el chorro de agua hirviente, por muchíiiiisimo tiempo. La verdad es que TODO tiene sus límites.

Y no puedo desdecirme de tal manera que cierre este momento, este tópico tan ¿íntimo?, sin compartir el poema que publiqué en uno de mis libros, en el 2016.

El año tiene doce meses

pero a mí me da la menstruación trece veces por año.

Como las fases lunares. Cada veintisiete días.

En la Biblia que si impuras,

los egipcios que si baños especiales después de cada regla,

los chinos antiguos que si la sangre menstrual

no debía tocar el suelo por temor a ofender

al espíritu de la Tierra.

Las mujeres como yo en la historia de la humanidad

han sangrado dos veces:

por el truco de la sonrisa vertical,

el orificio de entradas y salidas,

el túnel excavado en el cuerpo para dar y recibir

y por el pecho,

también se menstrúa por el pecho

con más fuerza,

con más peste,

con más regularidad,

quizás más de cien veces por año.

Sangra,

sangra el pecho,

mana,

mana la sangre,

y no hay almohadas,

toallitas,

íntimas,

pacas de algodón

que contengan un torrente tan doloroso.

***

Posdata: Soy el número 288 en el censo de las íntimas en la farmacia del reparto. No distribuyeron en enero. No saben si yo alcance a comprar en febrero. ¿Cuál otro poema le escribo a mi cuerpo? ¿Alguien me puede resolver el gmail de Lanthimos?

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Cien

12 comentarios

Manuel Figueredo 19 febrero 2022 - 7:46 AM
Maylan me parece que el más indicado para comentar su escrito es el flamante Ministro Gil. Estoy seguro que él le buscará una solución inmediata a los interrogantes que plantea . Le ruego tenga paciencia, ellos los que llevan las riendas del país llevan más de 63 años tratando de resolver estás pequeñeces. La felicito por publicar sus vivencias, que son las mismas de la mujer Cubana. Le ruego tenga paciencia, mucha paciencia.
Armando 19 febrero 2022 - 9:49 AM
Confieso que me reí mucho cuando descubri quien era María;hay que reconocer que las mujeres y los niños son los más afectados con la crisis económica,ha sido una crisis de mucho años,sufrida por varias generaciones.
maría teresa* 19 febrero 2022 - 11:04 AM
Esa es una ventaja para las de 72 años, no las necesitamos, en mi entorno con la descendencia joven fuera del país no se toca ese tema, estaba ignorante del asunto, pero era de esperar pq lo único que abunda en Cuba es la escasez, busque cualquier cosa y seguro no la encontrará. A mi edad el drama son los medicamentos, el transporte a las consultas médicas con los imprescindibles regalitos, a eso súmele las violencias en las colas y el abuso que cometen algunas veces con los que no sabemos contar el vuelto que nos tienen que dar. Ayer pagué por una frazada de piso $200 me sentí feliz porque llegaron a estar a $300 y siento que ahorré $ 100. Einstein y su relatividad. Mi vecina hoy por la mañana me dijo que ayer se había acostado con hambre y aún no había desayunado y no tenía con qué, me partió el alma, gracias que la pude ayudar. Dios nos proteja.
Comunista hasta la Muerte 20 febrero 2022 - 1:13 AM
Sra Maria Teresa* Creo hizo mal en darle de comer a su vecina. Esta demostrado que hacer una comida al dia mejora la salud y alarga la vida. La quota mensual y algo del agromercado es suficiente. Su vecina puede estirar la pension y la quota haciendo 72 horas de ayuno. Las primeras 24 son las mas dificiles despues no se siente hambre. Coma lo que la Revolucion le vende y vivira mas.
Sanson 19 febrero 2022 - 11:55 AM
Lo malo es que han adoptado esa basura como si fuera una religion y eso se ve ante la resignacion generacional con que la aceptan. Como en cualquier religioon o secta la gente conoce los nombres de los profetas pero aun cuando lleven mucho tiempo de muertos los mas bichos se encargan de mantener al resto jodido escudados en las creencias o los dogmas que estos dictaron.. Para poner un ejemplo, las mujeres de la religion musulmanas no tienen clitorix, Segun la religion este debe ser extirpado al cumplir los 13 annos. En Africa hay incluso etnias en las cuales, aun sin pertenecer a esa religion, las ninnas sufren esa mutilacion y para eso hay un grupo de creyentes musulmanes que se las ejecuta como si fuera una campanna de vacunacion. Vienen y les dan el piquetico. Aun asi he visto como bailan y festejan en las fiestas religiosas esas mujeres que jamas experimentaron ni experimentaran un orgasmo ni el placer sexual para el cual estan imposibilitadas porque alguien dijo que se les prohibia. Y lo mas horroroso es que se resignan aun sabiendo que sus pequennas hijitas seran mutiladas tambien cuando les toque. Eso mismo pasa en Cuba donde existen obligaciones y prohibiciones antinaturales para todo y donde a pesar que estas son antinaturales se han establecido por estos sesenta y pico de annos y si no ruedan las cabezas seguira para siempre.
Rolópez 69 19 febrero 2022 - 4:15 PM
Gracias, Maylan, por su conmovedor relato, igual que hace Jorgito los domingos me parece excelente que con la licencia de LJC se adueñe de este espacio sabatino, siempre son muy bien recibidos sus textos y en especial sus poemas. Gracias a LJC y a los foristas que enriquecen este foro. Saludos.
Manuel* 19 febrero 2022 - 4:55 PM
No entiendo cómo un país que sacó varias vacunas contra el COVID, no es capaz de garantizar almohadillas sanitarias a las cubanas. Logran lo difícil y fallan en lo fácil.
Dany 19 febrero 2022 - 6:33 PM
Porque con las vacunas se puede hacer politica, justo como se ha hecho desde el minuto cero... Que mas da que mueran otros cubanos por falta de antibióticos básicos, que se nos dispare el índice de infartado por falta de sus medicamentos y asi sucesivamente...
Manuel Figueredo 19 febrero 2022 - 8:24 PM
DANY, a usted le asiste toda la razón.
Comunista hasta la Muerte 19 febrero 2022 - 10:43 PM
El compañero Gil parece muy influenciado por los principios economicos capitalistas. La idea de que se necesitan divisas para importar productos es contrarevolucionaria. Lo que necesitamos es credito. Mucho credito. Los productos a credito salen gratis porque muy pocas veces los pagamos.
Enrike 20 febrero 2022 - 9:52 AM
Triste realidad para millones de compatriotas , cuando lees estos relatos te convences más de lo inútil de este sistema de la continuidad ,
juanaBacalao 23 febrero 2022 - 3:52 PM
pueden, por favor, virar atras en el tiempo y determinar quien fue el presidente cubano (si es que era presidente en realidad) que determino, de un dia para otro y sin consultar con el pueblo, dejar al peso cubano sin valor? ahi esta la fuente de todos los males que padecemos en ese pais.

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