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Havana
lunes, octubre 26, 2020

Lloran los columpios

Por: Roberto Alfonso Lara

Cuando no hubo nada, siempre estuvo el parque.

Cuando faltaron la luz, la candela para cocinar, el televisor, los muñequitos, la ropa y los zapatos, el jabón y el aceite, nunca faltaron los columpios donde mecer nuestras penas.

El parque del barrio, en el pintoresco reparto de La Juanita, era el olimpo en medio del apagón económico que sobrevivimos los cubanos durante la década de los noventa.

Muy pequeño, mi madre me llevaba casi todas las tardes y los fines de semana. Montaba conmigo el cachumbambé, me impulsaba en el columpio y apenas lograba contener sus nervios ante el capricho mío de resbalar por la canal.

Para ambos, y para muchos vecinos, el parque era también la salvación. Nos rescataba del dolor de aquellas terribles carencias para precipitar nuestras esperanzas alrededor del tiovivo.

Siempre fuimos felices en el parque. Nosotros y el resto. Jamás hubo allí razón para la tristeza, incluso cuando a mi madre no le alcanzaran los pies para ir detrás de los carboneros. Mientras el entorno afeaba, aquel sitio lucía hermoso y cuidado. Con los niños del barrio gobernando los aparatos entre miradas chispeantes y sonrisas.

En mi infancia no tenía televisor, pero tenía el “parquecito”. Mis primos y amigos nos apoderábamos a veces del lugar desde bien temprano en la mañana hasta la tarde, cuando la puesta del sol imponía el receso. Corríamos entre sus enormes árboles, nos matábamos a cuentos y desafiábamos la temible altura de la canal como reto para probar nuestra valentía.

El parque nunca dejó de ser entonces el espacio más frecuentado del barrio. El preferido; también el único. Para jugar pelota y fútbol, para coger lagartijas y darle riendas sueltas al primer beso.

Incluso cuando comenzaron a aparecer los juegos de Nintendo y Atari, ni los muchachos ni los padres traicionaron el parquecito. Siguió siendo el sitio de los mejores afectos, con sus atendidos aparatos: los cachumbambés, los columpios, la canal, el tiovivo. Un lugar lindo; el dibujo más singular de mi niñez.

Después ignoro exactamente que pasó. Crecí y el parque fue muriendo. Es muy absurdo que casi al mismo tiempo en que los bolsillos empezaron a desahogarse, el espacio con mayor vida del barrio perdiera poco a poco la respiración.

Algunos hasta dejaron de amarlo. Luego de cierto esfuerzo por recuperar lo que una vez fue, los caníbales destrozaron todas sus ropas. Rompieron columpios y cachumbambés, desaparecieron los bancos de granito, robaron la cerca perimetral, arrancaron árboles de raíz.

Dice mi pequeña sobrina, en el idioma de la inocencia, que es el parque desbaratado. La canal existe, pero no existe. Ningún niño puede deslizar por ella su cuerpo ni sus sueños sin correr el riesgo de salir herido por el zinc feo, mal puesto y oxidado.

Es incomprensible que en época de mejor bonanza, el destrozo sea la inspiración: dos columpios remendados, una canal inservible, par de cachumbambés hastiados de tanta desidia.

La única luz en el parque son los niños, que aún en las tardes, o los sábados y domingos, colman el lugar con sus ilusiones merodeando los escasos y destruidos aparatos. Debería avergonzarnos, pero tampoco sucede.

Para quienes visitábamos el parquecito cuando no teníamos nada, duele mucho escuchar el llanto de sus columpios meciéndose.

Tomado de: La Fogata

13 Comentarios

  1. La culpa la tiene Trump.
    Es el bloqueo que te ha dejado sin tu parque.
    Son los acaparadores, los contrarevolucionarios, que se han robado la indumentaria del parque.
    Pero tranquilo esto es coyuntural, verás que con el plan de desarrollo 2020 – 2030, que tiene el gobierno seguro que les ponen otro parque,asi que paciencia.

  2. Los parques, las edificaciones en estado lamentable que se caen a pedazos, la apatía de la gente, los dirigentes incapaces … todo ello habla de la decadencia de un sistema inmerso en una crisis permanente.
    Todo salió mal para Cuba con el socialismo tropical al bate y terminamos derrotados de tantas «victorias» que nos dijeron íbamos ganando.

  3. Siempre íbamos al parque con mis padres. recuerdo los juegos son las amigas y cómo interactuábamos con los padres y mmadres de otros niños.

    Pero había ninños que paarecía que no tenían padre, porque siempre iban con su madre.

    algunos padres no se implican con la coeducación ni con el reparto de tres domésticas. Un poco más de feninismo https://elfeminismo.com/ creo que es necesario.

  4. No se puede olvidar que los humanos tenemos tendencia a recordar el pasado con romanticismo, nuestra mente peina remolinos, plancha arrugas y tapa huecos; especialmente en los recuerdos infantiles. Pero como sea, ahí están las fotos de testimonio; y el contenido por sí solo debe haber despertado sentimientos de solidaridad en la gran mayoria de los lectores que hemos tenido experiencias similares en los más diversos contextos.
    Para mí, lo más interesante es la referencia al «canibalismo» como uno de los factores importantes en la destrucción del parque. Este comportamiento social se generalizó al grado de transformarse en una forma de robo socialmente tolerada: la luchita. La más refinada consecuencia de la sabiduría callejera sobre el socialismo: lo que es de todos no es de nadie
    En sistemas socio-económicos verticalmente organizados como el cubano, se hace más difícil educar a los individuos sobre responsabilidad social. Especialmente cuando se ha crecido bajo la teoría y la práctica de que el estado es el gran proveedor; es el único con los recursos y los medios para mantener, reparar y construir. Cuando un recurso no tiene un dueño o un representante físico que responda o sea afectado por su pérdida, resulta mucho más fácil interpretar que las consecuencias de un robo son menores. Incluso hasta podría inventarse alguna excusa moral, como cuando en el famoso test del cambio de vías del tren, se coloca algún familiar cercano.
    Un lugar abandonado o casi en desuso, es una muestra de la falta de agilidad de nuestro sistema para otorgar nuevos propósitos o para establecer rentabilidad sobre un activo, pero es también un gran plato servido para quienes creen que pueden darle mejor uso a muebles, techos, paredes. Incluso la simple destrucción de un asiento de una guagua o un parque, es reflejo de la incapacidad para educar a los individuos en el respeto a la propiedad ajena. Los asientos son de todos, por tanto son también míos; y a la vez, los asientos no son de quién protesta o exige cuidado, por tanto no tiene el peso moral de un dueño. El cuadro no se distingue de un padre regañando a un hijo malcriado. Además, ocurre con frecuencia que los directivos desconocen el costo real que implica el daño. Todo ello porque el nivel de concientización y educación cívica requeridos es mucho mayor cuando el comportamiento debe lidiar con un colectivo o representante anónimo, que cuando existe un dueño explícito o representante con autoridad legal y moral para hacer de dueño y por tanto encargarse inmediatamente de las afectaciones.
    «La lucha» es la evolución de la irresponsabilidad social. Hacen equipo ahora los interesados en un recurso y los directivos o personas con determinado nivel de acceso al recurso. El modus operandi cambia al ser más sutil y tener respaldo en papeles, pero el contexto es el mismo: el verdadero dueño(el estado) no tiene manera de saber sobre la afectación hasta que sea muy tarde. Pero como el recurso es de todos, entonces los verdaderos afectados, somos el resto: menos sillas, menos comida, altos precios, suciedad, menos columpios, casas más feas, baches en todas las calles… en fin.
    El contexto social es extremadamente importante en el comportamiento de los individuos, pero a la larga, los individuos también redefinen el contexto social. Ello significa que el contexto no es estático y se necesita mucho mayor esfuerzo para pretender o intentar dejarlo estático. La más sencilla y eficiente manera de lograrlo sería aprovechar las bondades de un contexto social minimalista, que saque provecho de la voluntad humana de vivir y prosperar y castigue a quienes violan tal voluntad. En el momento que se empiecen a edificar construcciones sociales forzadas sobre tan simple esquema, habrá que preparase para más vicios y contrastes, especialmente cuando la creación de riqueza y abundancia se hace exclusiva y no inclusiva.

  5. Siento que el peor daño, el gran abandono y el mayor deterioro no están en los edificios rotos, ni en las calles o parques destruidos por el desimterés y la desprotección: está en nosotros y será muy difícil arreglarnos.

  6. Cuando se perdio el humanismo , el companerismo , la amistad , la vencindad , el respeto publico , la educacion formal ……..?
    Cuando se rompio la mentira politica de nuestro falso desarrollo general , cuando se briso la campana de cristal donde viviamos y pudimos verdaderamente mirarnos como somos , cuando tocamos con las manos nuestra falsa independencia .
    Entonces …donde estan los responsables ? ….los que mintieron al pueblo cubano , los que nos hicieron vivir del reflejo en el espejo , los que nos hacen dependientes y servidores de un sistema colapsado por su propio peso .
    Entonces como quieren que seamos bajo las condiciones que descubrimos un dia que nos moviamos ? DIFERENTES ……………….somos el resultado del tratamiento recibido , las influencias negativas de vuestra mala educacion y vuestras mentiras .
    Somo lo que hay.

  7. Les quiero señalar un lado un poco diferente de este mismo problema pero primero les exhorto a que busquen un documental que está (al menos hasta hace un año atrás) en youtube sobre el parque infantil de Nueva Gerona en la Isla de La Juventud para que entiendan lo que les quiero decir.
    La cosa no es que los parques se destruyan, PEOR es que el gobierno no permite que los vecinos con su esfuerzo propio los arreglen. “Que Nadie Toque Nada, Yo Solo Puedo Tocar”
    !Increible!

  8. Nadie piense que con añoranzas y lamentaciones vamos a resolver los problemas. Son los cubanos, los de adentro y los de afuera los que tenemos que resolverlos. Pero para hacer un parque hacen falta financiamiento, materiales, horas de trabajo, etc. etc.etc Lo lamentable es que desde el mismo momento en que se construyen se hacen mal con materiales sin la calidad requerida porque se roban la mitad. Lo mismo sucede con los edificios, las aceras, etc. etc. etc. Y para que sirven los Delegados de las Circunscripciones y el Partido y la UJC, y los CDR y la FMC y las Organizaciones de Pioneros y los Gobernadores y los Intendentes, y tantos y tantos dirigentes y tantos y tantos Organismos.
    Donde estan ? Ahora el Ministro de Economia dice que no se puede importar lo que se puede producir en el pais pero los que tienen que producir en el pais no cumplen……entonces ?
    Ni una cosa ni la otra. Resultado…….total desabastecimiento.
    Creanme que no he perdido la esperanza pero llevamos 60 años esperando.
    Y esperando por los parques y los juguetes que para los niños son tan importantes.

  9. Uno de los grandes problemas de esta ciudad, es la inmigración incontrolada e incontrolable, que no posee un ápice del sentido de pertenencia que siempre caracterizó a los habaneros.

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