Un largo camino a Yuma. Parte I

(Imagen: Wallpaperstock)

Mi nombre es Irma. Tengo cincuenta años y estoy cansada. Cansada de  promesas, mentiras  y  consignas. Cansada de esconderme y esperar por el momento preciso para avanzar. Y cansada también de tanto correr desde que aquel señor, luego de exactamente treinta días con sus noches, diera la orden final: «¡Corran ahora!». Yo miré en ese momento a mi hija —mi única consigna era: Todo el sacrificio por sus veinticinco años—, y al río que se abría fraternal frente a nosotras, y me lancé a correr.

Serían las once de la mañana cuando mis pies descalzos se lanzaron al agua sin que me importaran los guijarros del río, ni  la humedad, ni el fango que se mezclaba con los dedos. Corrí, no recuerdo cuánto, creo que hasta reí en alguna ocasión cuando la vi a mi lado, corriendo feliz hacia el resto de su vida. No debía parar pero lo tuve que hacer para recobrar el aliento y, pocos segundos después, la escuché decir «¡Vamos, mami!» y seguimos en carrera desenfrenada hacia la entrada, hacia cualquier uniformado que hablase con acento norteño.   

No sabía qué esperar de todo aquello, por eso corría para no pensar, hasta que en algún momento su voz me dijo: «Ya, mamá. Ya llegamos. No hay que correr más». Quise voltearme a mirar ese último trozo de recuerdo, pero a ese pasado reciente le tenía tanto miedo, de hecho le tengo miedo aún. Tantos días huyendo, escondidas de tantas cosas. ¡Fue mucho lo que tuvimos que dejar atrás! Pero mi país ya no era un lugar que nos garantizara un futuro.

Llegamos a una gran entrada a lo largo del muro. Supuse eran periodistas los que nos tiraban fotos allí. Había autos y claro, los militares. Intenté no doblarme, a pesar del dolor en el vientre y la agitación en el pecho de tanto correr. Traté de mantenerme erguida al entrar a ese nuevo país, pero las palpitaciones eran fuertes. Nadie vino por mí, nadie me tocó, y allí estuve hasta que por mis medios me repuse, dispuesta a ponerle fin al sufrimiento y enfrentar lo que viniese.

Atrás quedaban mi casa, mis gatos, mis amigos y la escasa familia que me restaba luego que la mayor parte decidiera irse también; unos a España y otros a los mismos Estados Unidos.  Atrás  mi vida, mis títulos, mi oficina, mis sueños, mi país. Conmigo, mi hija. ¡Qué más! Mis piernas, mis sueños de madre. Delante, todo el futuro, una gran incógnita y un militar con cara y voz de militar. ¿Lloré? Puede ser.

 

Dolió mucho tener que botar la mochila y las pocas pertenencias que llegaron conmigo hasta acá, pero era el precio por abrir un nuevo capítulo en nuestras vidas. Exigían entrar solo con la ropa puesta, el teléfono y cualquier cosa que cupiera en una pequeña bolsa de nylon de 20 x 20 centímetros.

Mostramos  los  pasaportes para que tomaran los datos principales y nos dieron de esas comidas para emergencias. Vino un jeep por nosotras, una especie de furgoneta para presos, con mallas en las ventanas y más militares. Unos pocos minutos de travesía duró el primer viaje en suelo estadounidense, hasta que llegamos al centro.  

Cuando vi la explanada y las carpas comencé a creer que la decisión había sido correcta y que habíamos triunfado en el empeño. Hasta ese momento no había pensado en ello.  La opción de la salida nos había llegado sin tiempo y las decisiones tuvieron que tomarse con premura: vender algunas cosas, dejar contactos, pensar en mi ciudad y mi gente o mejor, aprender a olvidar a mi ciudad y mi gente. ¿Para cuándo el retorno?  

Allí nos dieron otra vez de comer y de beber. Revisaron lo que traíamos en las bolsitas y nos inscribieron en listados. Solo unas pocas cosas permitieron entrar al país. Tomaron fotos de nuevo, huellas, datos del pasaporte y dirección a declarar. Éramos prisioneros y como tal nos trataron; algunos oficiales de forma más profesional, otros menos, pero, prisioneros al fin,  ese sentimiento fue de los que primero me sacudió. Yo, mujer universitaria, madre, trabajadora, escoltada por militares, presa; es algo que nunca concibes y  te perturba aunque lo esperes.

Nos llevaron a unas carpas de nylon anchas y grandes, cubiertas de colchonetas muy limpias, la hielera, le decían. Debíamos permanecer ahí. Hombres a un lado y mujeres al otro. Dos filas, yo detrás de mi hija, con miedo a una separación. Quedamos separadas, ella para un lado y yo para otro. El siguiente miedo se cumplió. No estaría conmigo.

El frío adentro era intenso y las luces no se apagaban, quizás por eso me parecían más brillantes y molestas, o quizás por los días que llevábamos de monte en monte, de luna en luna.   

En aquel lugar traté de dormir, a pesar de la luz y de las veces que venían a higienizarlo. Debíamos salir cada vez que lo hacían. Volvieron a darnos meriendas y comida. No teníamos los móviles y perdí el control del tiempo, también las ganas de saber. Cuando la supervisión fue menor logré pasarme a la carpa de mi hija. Dormimos durante varias horas y me sentí con algo más de fuerzas. No sabía cuánto tiempo íbamos a permanecer allí. Las historias que nos contaban hablaban de un día, tres, una semana y hasta diez.

En la mañana vinieron por nosotras. Más controles y preguntas. Entre ellas, quiénes deseaban recibir la vacuna Pfizer. Yo tuve miedo, no hacía mucho había terminado mi ciclo con la Abdala y me negué. Nos colocaron unos grilletes electrónicos que no debíamos quitar nunca, ni para bañarnos. Para mantenerlos funcionando siempre era necesario cambiarle las baterías dos veces al día. Entonces me dieron unos papeles y pude leer que estaba en Yuma, jamás imaginé que realmente existía una ciudad con el nombre con el que llamábamos a los extranjeros en mi país.  

 A la sazón llegó un autobús y resurgió el nerviosismo de otra  separación. Yo salí primero, nos llamaron por una lista, todo muy bien organizado. A ella la nombraron quince minutos después para abordar otro transporte. El vehículo era muy cómodo y nos condujo en una travesía que se extendió por unas cuatro horas, para la que no nos prepararon. Tuve hambre, pero más me afectaba el deseo de dar con mi hija, ¿en dónde nos habríamos de encontrar? Era mi pregunta.

El bus se detuvo en otro campamento improvisado. Nos instalaron en carpas, estas a cielo abierto, y nos hicieron exámenes de Covid. Mientras esperábamos por el resultado llegó el que trasladaba a mi hija y tuve la tranquilidad de saber que nos llevaban al mismo lugar.  Luego nos condujeron hasta el  aeropuerto de Phoenix, Arizona.

Entonces comprendí que aunque luego vendrían las tensiones de reencontrarme con mi hija, cambiar el dinero mexicano que ya no servía para nada, comprar comida y dormir aquella noche en una ciudad desconocida, para luego hacer una larga travesía de un extremo al otro del país; podía sentirme verdaderamente libre y en menos de veinticuatro horas lo fui.  

La pesadilla que habíamos vivido desde el 16 de marzo del 2022, podía quedar atrás. Ahora quiero encontrar a mi hija, a mi familia, y contar la historia.

***

Este texto narra una historia real contada al autor por su protagonista, quien ha pedido que se respete su identidad.

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23 comentarios

El inagotable, Orlando J Martinez 21 mayo 2022 - 7:30 AM
Segun el periodico 14 y medio, el Gobierno de Cuba presiona para que Rep. Dominicana le de entrada a los cubanos sin visado. De ahi pa Nicaragua y que anden unas decenas de miles de kilometros en total tirando un monton de dinero y expuestos a riesgos inimaginables para llegar a Texas. Pero, ¿Seran tan hijos de (censurado) o son ideas que yo me hago?
El inagotable, Orlando J Martinez 21 mayo 2022 - 7:39 AM
¡Que dolorosa la tragedia del cubano! Asi estan tambien los venezolanos, los nicas y peor aun, los ucranianos por la maldad y ambicion de un grupito de desalmados. Solo lei el final. Llegaron a los EE UU. Por mucho trabajo que les toque pasar, al menos ya tendran que comer, atencion medica y lo imprescindible para sobrevivir Con un poco de suerte y empeño, tendran su pedacito de sueño americano Les deseo lo mejor.
Emelina 21 mayo 2022 - 7:45 AM
He leído casi sin respirar, dejar atrás TODO!!!, que valentía!!!! Me alegra que hayan cumplido su objetivo después de tanto sacrificio, enhorabuena!!!
GB 21 mayo 2022 - 9:26 AM
Mi cunado agave una semana entro por la Yuma gracias a dios escapó del garrote castrista
Adri 21 mayo 2022 - 8:35 AM
Lloré como boba y envidié a esa señora que ya conoció Yuma. Le deseo lo mejor, a ella y a todo aquel que pueda hacerlo. Yo sigo de este lado en ese universo paralelo, sacado de un libro de Welles, que es Cuba.
Sanson 21 mayo 2022 - 8:42 AM
Nadie escapa asi de su pais si no es por motivos muy graves. Creame, todos hemos sentido de una forma u otra la sensacion de asfixia que la hizo tomar esa decision. Vio como le permitieron entrar y como la atendieron a Usted y a su hija?. Profesionalmente. Respetuosamente. Nadie se propaso ni trato de humillarlas y las atendieron en sus necesidades y sus decisiones.Nadie les exigio nada. Un consejo, vivan alla como se debe. Sin visibles annoranzas ni debilidades inutiles y cuando nazcan sus nietos, ensennenles que ese es su pais y que esa es la tierra que deben defender y honrar. Para que como ustedes, y como otros, que durante siglos pudieron entrar cuando lo necesitaron y cuando era la ultima alternativa que les dejaba el lugar de donde venian,, en el futuro otros tambien puedan hacerlo. Suerte..
dario 21 mayo 2022 - 9:06 AM
bueno,como prometio el Magnifico : el futuro pertenece al Socialismo !!
Livio Delgado 21 mayo 2022 - 9:20 AM
Historia de vida y desgarramiento emocional de más de 100 mil cubanos en los últimos 6 meses han entrado a territorio americano solo por la frontera sur en ese sueño de futuro en su duro camino hacia a los volcanes. Pero peor aún aspiración frustrada de nadie sabe cuántos miles que no ven otro futuro de progreso y bienestar para sus vidas que no sea pasar de "la continuidad" a la maroma. Suerte y prosperidad en su nueva vida al autor anónimo y a todos los que fuera nuestra isla hemos decidido continuar nuestras vidas. En mi caso casi 20 años después de partir a la maroma con mi esposa, dos hijos y muchas incógnitas, día a día confirmo lo acertado de nuestra desición familiar, la certeza que en aquel entonces ya tenía y hoy sigo viendo cada día más nítida, de que esa otra clase que surgió de la institucionalización del socialismo de estado en la nación y que impuso "La Continuidad" como manera de asegurar sus propios intereses de casta, van condenando el país a un enfrentamiento de clases en donde "el soberano" no le queda otra solución que imponerse por la fuerza, porque toda posible modificación democrática de la situación a la que se ha llegado a sido tapiada. Buen fin de semana para todos.
Alejandro-2 21 mayo 2022 - 9:27 AM
Dos cubanas menos para desarrollar Cuba. Esa es la continuidad
Mildred 21 mayo 2022 - 9:44 AM
Esa es la triste realidad de los cubanos. Bendecidos los que tienen el valor de hacerlo y lo logran!! Así hemos hecho muchos, dejarlo todo atrás para empezar de cero!!
Juan izquierdo 21 mayo 2022 - 9:56 AM
Pronto estarán haciendo trámites de viaje al infierno del que salieron,se asombran de lo malo que está Cuba y se preguntan por qué no hacen nada para cambiarlo.
Manuel Figueredo 21 mayo 2022 - 10:14 AM
Un relato conmovedor. Otros no se quedan atrás, donde se cuentan las travesías por mar, por tierra. Horrores y más horrores. Muchos no lo podrán contar, porque, sencillamente quedaron sin cumplir sus sueños. Si cada cual contará su historia y las escribieran, no bastaría la Biblioteca Nacional para albergarlos. La libertad tiene su precio y éste relato es uno de ellos. ¡ Cuando un pueblo emigra los gobernantes sobran !
Evelio H 21 mayo 2022 - 1:34 PM
Alguno podra decir que somos iguales al resto de los latinoamericanos que hacen la misma travesia, pero no es cierto. Los latinoamericanos que la hacen, no son ingenieros o medicos, en ejercicio de sus profesiones, a esos no se les ocurriria ese paso, a los cubanos si. Los latinos no fueron a Angola, a la plaza, no hicieron giardias cederistas, doble moral, e incluso a michos en sus paises se les permitia gritar. Yo vivo en Latinoamerica, aca el serio y trabajador vive, en Cuba nadie vive por muy serio y trabajador que seas. Los latinos hasta cambian gobiernos, sin libres, pueden escoger que medio leer y que informacion divulgar, los cubanos son todos presos de un gran general. La revolucion asesino en vida a todos y cada uno de los cubanos. Irse es casi que nacer otra vez Bienvenida a la libertad y animo, mi padre llego a Costa Rica con 50 y lleva 24 años aqui y en esos 24 ha vivido mas, mucho mas, que sus 50 en Cuba, yo ni jablar, cumplo 50 en una semana y vivo, vivo! Ahora tu futuro, y el de tu hija dependen de ustedes, y solo de ustedescomo siempre debio ser.
Laritza Morales Ramos 21 mayo 2022 - 1:46 PM
Mis respetos al escritor de quien soy lectora asidua y ferviente seguidora.Y ese mismo respeto multiplicado a la persona q protagoniza la historia x su valor al tomar este riesgo y aun más al compartirlo sabiendo q ni Arturo con toda su fluidez lingüística y riqueza de palabras podrá describir exactamente los sucesos como ella los vivió.Muchas gracias a ambos y espero con ansias el próximo capítulo.
maría teresa* 21 mayo 2022 - 2:00 PM
De tanto entremezclar patria -revolución- socialismo se ha perdido el sentido de lo que se huye, de lo que se aborrece y de lo que se reniega. Muchísimos cubanos sabemos lo que significa la exclamación DPEPDPE, no hace referencia a gobernante alguno, ni a la UNE ni a ETECSA y mucho menos al bloqueo, explícitamente recae en el país la responsabilidad del desastre y por eso solo les interesa huir del DPDPE, al hacerlo no solo huyen de Canel, y de Murillo y del del NTV y de Gaesa, lo triste es que también huyen de Martí y de Maceo y renuncian a los huesos sagrados de sus muertos. Despiadada emigración que dejará huellas amargas en los corazones de quienes vivieron días de incertidumbres y travesías de espanto, historias personales y familiares algunas con finales felices y otras no. Llegará el momento para los investigadores convertir en material de estudio estas historias, habrán partidarios del borrón y cuenta nueva porque perdonar es de sabios, otros pedirán responsabilidad y castigo por el dolor vivido. ¿ Alguna vez se podrá contabilizar los muertos y desaparecidos?. Deseo que todas las personas que emigran alcancen sus expectativas. Sé que si se proponen trabajar fuerte contarán con muy buenas posibilidades de recolectar en corto plazo el fruto de ese trabajo. Dios les de inteligencia y perseverancia en sus intentos. El que vaya con ideas de delinquir ojala se aconseje y aproveche la oportunidad que les da el país que los aceptó. Los que deciden no emigrar deberán también trabajar duro para tratar de salir en el hueco en que estamos, pero para mi gusto siguen los experimentos, decretos, planes, consignas, muchas reafirmaciones revolucionarias en horarios laborales, muchos pescando en aguas revueltas y mientras sea más importante demostrar adhesión al gobierno que generar riquezas propias y colectivas, no se …..pero, p'alante que los años pasan y la juventud se pierde en un santiamén.
Alejandro-2 21 mayo 2022 - 9:40 PM
Estimada María Teresa, lo que usted refiere como entremezcla, fue una estrategia muy "exitosa" de Fidel de elevar el término Revolución al nivel de Patria. Exitosa obviamente para sus intereses. Esa aberración ha conducido a muchos cubanos a rechazar a su propia patria, uno de los efectos más destructivos del daño antropológico. Aunque el PCC se empeña en conservar el término revolución para apuntalar su maltrecho sistema, todos sabemos que de la revolución de 1959, solo queda en Cuba un caldo podrido, al que se añade continuamente consignas relacionadas con patria. Dicho genialmente por Martí, PATRIA ES ARA, NO PEDESTAL Quien hizo de ésta su pedestal no tiene derecho a ser absuelto por la historia. Yo lo condeno, y usted?
Rita vega 21 mayo 2022 - 7:19 PM
Menos mal que es cubana. Otros, no cubanos, han perdido sus hijitos posiblemente para siempre. Miles de ninos centroamericanos han sido enviados a prisiones, por ejemplo en Homestead, Florida. Ahi he pasado muchos dias marchando por su liberacion.
Sanson 22 mayo 2022 - 9:09 AM
Para siempre?. Hasta donde se el regimen cubano es el que separa a las familias. Por ejemplo, cuando uno de sus miembros abandona una "mision". Nunca oyo eso?. Lo malo es que alla si se pone a marchar por su liberacion, lo mas probable es que sea Usted la que no no vea a SUS "hijitos" en largo tiempo.
Comunista hasta la Muerte 22 mayo 2022 - 1:39 AM
En el 1957 teniamos mas o menos 6 millones de habitantes y 6 millones de cabezas de ganado vacuno. Habia comida en abundancia para todos los gustos y los poderes adquisitivos. Nuestros problemas hoy estan creados porque tenemos 12 millones de habitantes y solo medio millon de vacas. Si emigran otros 11.5 millones mas de cubanos podremos regresar a la abundancia de alimentos de 1957.
Alejandro 2 22 mayo 2022 - 4:05 AM
Interesante conclusión. Yo propongo que sólo se queden los del PCC, aunque ni siquiera llegan a 500,000 y, sobre todo, ninguno trabaja duro. Así que si mantienen el mismo sistema, en poco tiempo habrán 500,000 cubanos, y se habrán comido ya todas las vacas. Volverá a comenzar el ciclo. Nada hermano, tampoco esa es la solución
cubanuestraeu 22 mayo 2022 - 3:05 AM
Tremendo testimonio si estas son las consecuencias del Socialismo que baje Marx y lo vea. Lo comparto.
El inagotable, Orlando J Martinez 22 mayo 2022 - 7:08 AM
Copio "pude leer que estaba en Yuma, jamás imaginé que realmente existía una ciudad con ese nombre" El nombre viene de una muy buena pelicula del Oeste. El tren de las 3:10 a Yuma.
Un largo camino a Yuma. Parte II - Todo lo relacionado con Cuba 28 mayo 2022 - 7:37 AM
[…] además de la ayuda de mi hermano, que siempre estuvo al tanto de todo desde Estados Unidos. Nunca habíamos viajado y esa noche no se durmió en casa. Pasamos el tiempo recogiendo cosas para botar o dejarle a las […]

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