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jueves, octubre 22, 2020

La impunidad

Por: René Fidel González García

¿Quién podría ser libre en un lugar en el que el capricho de cada hombre pudiera dominar sobre el vecino?

Locke

Hace ya unos meses atrás visité una dependencia del Consejo de Estado de la República de Cuba y vi con asombro cientos de cartas allí depositadas, también el interminable goteo de personas que llegaba a entregarlas personalmente. Algunas de las misivas estaban con los matasellos aún húmedos, otras denotaban en los sobres las evidencias de travesías postales acaso más escabrosas.

Me conmovió de inmediato que el contenido de la mayoría de cartas que estaban allí abiertas, en lo que parecía ser un ríspido intento de pre clasificación realizado por silentes y diligentes funcionarias, estaba manuscrito en una impresionante multitud de caligrafías y colores, y no en los negros tipos de las impresoras que hoy pululan en centros de trabajo y no pocos hogares cubanos, pensé: el país se queja, pero la evidencia de aquella huella escritural de la antropológica política de nuestros tiempos me llevó a responderme: es tan solo la letra del pueblo, y casi de inmediato, por esos tirones que da la conciencia de la existencia del otro, me vino a la mente un vecino de cualquier parte del país escribiéndole sudoroso y dispuesto a su Presidente, como si su carta y cada rasgo trazado sin el pudor de la mala ortografía, fuere adarga suficiente para poner de rodillas a algún poderoso gigante.

En casa de mis padres alguna vez noté que a Hugo Chávez, en los lugares y oportunidades más insólitas, muchas personas –en ocasiones hasta infantes que por su edad no podían escribir– se le acercaban y le entregaban misivas que éste recogía y guardaba, o entregaba a algunos de sus ayudantes, también que eran gente, por su apariencia, casi siempre muy humilde. Recuerdo que mi padre me respondió en esa oportunidad, mientras le comentaba el problema de seguridad que aquello podía significar para un hombre que atrajo suficiente odio de sus enemigos, que al principio de la Revolución, cuando nuestras instituciones no se habían desarrollado lo suficiente, así pasaba con Fidel y con muchos de los dirigentes que en aquel entonces caminaban por nuestras calles.

La palabra queja no tiene, por lo menos en la Constitución cubana, por lo menos para los constitucionalistas cubanos, una connotación peyorativa, no puede tenerla: es un derecho ciudadano, como lo son otros que proclama, reconoce y pretende garantizar el texto de nuestra carta magna.

Recibirlas, así como a las peticiones que hagan los ciudadanos, es para cualquier organismo del Estado cubano y los funcionarios que en ellos trabajan para el bien común de la población una obligación, tanto como tramitarlas, investigarlas, darle atención y respuestas pertinentes y en un plazo adecuado, pero no pocas veces son también la última esperanza de quienes reivindican la razón y la justicia.

Muy pocas veces reparamos en ello, pero cuando nuestro pueblo envía sus quejas y peticiones a las instituciones públicas, ya sean gubernamentales o políticas, no es solicitando favores y prebendas, beneficios y privilegios personales, es casi siempre, por el contrario, apelando a encontrar la justicia que le han negado la arbitrariedad y la insensibilidad, el oportunismo, la abulia y la indiferencia de quienes deberían servirle. Esa apelación es también una denuncia.

En esa actitud insatisfecha e irreductible, en esa cultura de la inconformidad y de la búsqueda y consecución de la justicia que todavía integra el patrimonio ético de los ciudadanos cubanos, más allá del duro peaje que no pocas veces ha pagado –y paga– en su vida cotidiana a quienes han hecho del ejercicio de funciones públicas un zoológico de sus dogmas, caprichos e ineptitudes, descansa parte del espíritu que levantó y sostuvo a la Revolución en Cuba hasta hoy como una lógica extraordinaria nacida del pensamiento popular para hacer, por lo menos desde esa perspectiva, del Estado y de la política, por primera vez, los instrumentos esenciales de la transformación de su realidad.

El lado oscuro de todo esto puede ser, sin embargo, un correlato de la impunidad. No es éste un tema escabroso y difícil de abordar, como no lo es ninguno. La impunidad es sobre todo un enorme fracaso a costa de nosotros mismos, que muchas veces confundimos como una consecuencia.

Nacida de prácticas antisociales y marginales aprendidas o validadas por el éxito obtenido en algún momento de la historia de vida de sus actores, cuando encuentra acomodo y ocasión en cualquier estructura social alcanza entonces su máxima expresión, ésta vez como una deformación del poder político público, opuesta, por su propia naturaleza a la cultura ciudadana, a la eficacia del Derecho y de las leyes y a la sociedad en su conjunto, a la que, por eso mismo, intentará defraudar siempre en su zona más sensible: los valores.

No disponemos de datos suyos en nuestras estadísticas públicas, y muy probablemente no sea un problema y un área de investigación de nuestras ciencias sociales, puede que porque identificarla como tal, e investigarla, acaso parezca una contradicción demasiado grande, demasiada amarga, con nuestras aspiraciones y concreciones como proyecto político. En cambio, desde cualquier punto de vista, su importancia como fenómeno es inobjetable, su existencia innegable.

Bastaría recordar los casos presentes en nuestra memoria histórica en que sus actores disfrutaron de ella por demasiado tiempo para por lo menos intentar meditar en sus peligros y las condiciones que la propician, y su enorme capacidad para viciar insidiosamente el funcionamiento de cualquier diseño de institucionalidad previsto a través de las relaciones endogámicas y las invisibles alianzas y redes de solidaridad que se producen entre funcionarios al interior de la ecología de las instituciones. Es sencillo: la impunidad conduce a la corrupción política.

Esa es una memoria colectiva que se inicia en la saga de crímenes, atropellos y violaciones cometidos a lo largo de tres siglos coloniales y se extiende íntegramente a la experiencia de nuestro primer ensayo republicano como un poderoso recordatorio de hasta qué punto la impunidad puede volverse un patrón de éxito y la coartada para hacer de la vileza y la ruindad, lo abyecto y abominable el método confiable para alcanzarlo; también de los nichos que le proporciona el irrespeto al otro, la ambición y el individualismo cuando la ausencia de transparencia, la acumulación de facultades discrecionales y el monopolio de la toma de decisiones públicas caracterizan el funcionamiento de las instituciones.

La impunidad necesita, se vale, del silencio tanto como del poder, aunque siempre tenga hambre de más poder. Si lo primero es su medio de acción, un recurso por excelencia para flanquear el civismo, la decencia, el sentido y el bien común, lo segundo lo necesita para distorsionar y oscurecer la realidad, para violar, atenuar, interpretar, o crear excepciones y pretextos a las normas sociales y jurídicas que burla, o que usa y crea selectivamente, también para conseguir el manto de la complicidad colectiva que le urge siempre, para abrumar, anonadar, aislar y perseguir a quienes le identifiquen y resistan.

Conspira igualmente para desterrar la noción de empatía y la tolerancia de la política, desprecia la igualdad y la demoniza, intenta desactivarla para legitimar la noción de la diferencia –y de la naturalidad e inevitabilidad de la diferenciación social, política y económica– mediante la creación de los estatus y –discretos– privilegios asociados a las funciones públicas.

La impunidad es una suerte de santo grial del abuso de autoridad, y por eso intenta pervertir los principios y la ética, para hacerlo los condiciona y favorece su aplicación circunstancial y casuística. Creará y entronizará de antemano zonas de justificación, discursos sociales de desmovilización y desidia en los que el control popular y la rendición de cuentas, la crítica y la posibilidad de la auténtica interpelación pública se vuelva una mascarada, un ritual dentro de estrategias comunicativas tan inertes y huecas como complacientes cajas de resonancia, o algo irreverente, inconveniente y contrario al orden, e incluso al ideal de ¨cordura¨ y ¨madurez¨ que postula como currículo de sus más aventajados alumnos.

Busca el agotamiento y el desistimiento para encubrir su ocurrencia, para acallar y descalificar su denuncia endilga generosamente calificativos de ¨resentidos¨ o ¨criteriosos¨, pero cuando se siente amenazada suele mostrar su rostro más vulgar y soberbio, grotesco, o intentar confundir sus intereses y necesidades con los de todos, con los tuyo y el mío, o con los de la sociedad y la política, o con la ideología, es su forma de crear el control social que le evita exponerse. Su escudería tiene tallada una divisa absurda y surrealista – como apuntaran hace poco tiempo dos compañeros – pero muy eficiente: ¨mientras más pública y evidente sea la impunidad en más impunidad resultará¨.

El retrato de la impunidad es de seguro incompleto sin el de los que la practican y buscan desesperadamente. Uno sencillo, típicamente minimalista, los podría describir así: ¨personas pequeñas, cobardes, oscuras y tristes, que tienen plena conciencia de lo anterior porque perciben la dignidad, la integridad y la decencia que les es ajena e incomprensible¨. Aún así, en nuestro caso, ese retrato tendría una nota al pie descomunal y precisa para un estudio más ambicioso: ¨no son revolucionarios¨, porque para serlo hay que ser primero y ante todo, como decían nuestros abuelos, buenas personas.

Deberíamos tomar nota de ello en Cuba, ahora que nuevas generaciones de funcionarios y representantes en todos los niveles de lo gubernamental y lo político, electos o no, adquieren, o se aprestan a adquirir una responsabilidad – cada vez más enorme con nosotros – que siempre estuvo limitada por la presencia de una generación anterior de revolucionarios cubanos; ahora que parece que la reforma constitucional pasará muy lejos de asumir integral y decididamente el reto de construir con urgencia el Estado y la cultura de Derecho que en libertades, garantías e institucionalidad nos hace falta para completar y preservar los esfuerzos y sacrificios de nuestros abuelos, padres y hermanos.

No sea que mañana, esos mismos que ahora sueñan inconfesablemente con convertir un Estado poderoso y desarrollado como el nuestro en un parque de diversiones de sus intereses y caprichos, crean que puedan quitarnos la sonrisa, esa misma alegría que les asusta e insulta y que aborrecen porque no saben entenderla, o quizás tan solo, porque le falta amor, y lo saben.

Tomado de: Rebelión

21 Comentarios

  1. La impunidad, como la de Alexis Leiva Machado «Kcho», hasta que caen en desgracias, no por lo que han hecho, sino por los cambios que hay «arriba», entonces la impunidad desaparece y vienen los nuevos Kcho, mientras los viejos Kchos van al plan piyama…ciclo doloroso y repetido hasta el cansancio en la isla de Cuba. 😉 Saludos

  2. Tony a veces tengo la impresión que no lees los artículos, solo lees el título y buscas la manera de usarlos para tu agenda.
    Harold

    • Este lo comencé a leer pero me pareció muy FANTASIOSO desde el inicio…como que fue escrito por inspiración «divina» y no basado en HECHOS concretos.

      Si hay algo que ha caracterizado al proceso historico vivido en las ultimas decadas en cuba ha sido preciosamente !LA IMPUNIDAD!

      Y esta impunidad fue la que INCENTIVO la lanzadera de huevos, el poner etiquetas de Gusanos, traidores, apatridas, revolucionarios, contrarev, etc

      Y la justificacion mayor para esa impunidad INTERNA fue la de tener un enemigo EXTERNO

      Saludos

    • Como referencia, el autor del artículo del link, lamentablemente, es un fariseo y por tanto, queda invalidado el juicio que realiza. ..

      • El autor del texto se identifica con nombre y apellidos a dar su opinión. Podría identificarse usted también Nelson?

  3. Nelson:

    Cuando dirigió Granma inició la sesión Cartas a la Dirección, más o menos por el 2008, a la que le envié mi artículo «EL ESLABÓN FUNDAMENTAL», destacando postulados teóricos que motivan las quejas de los lectores, del que he utilizado citas en los debates en La Joven Cuba.

    Te dejo una de esas citas:

    «Lázaro y yo nos conocemos desde 1968, cuando él era corresponsal de Juventud Rebelde, en Oriente (Norte y Sur), y Juan Varela Pérez y yo, apoyábamos al periódico Sierra Maestra. Toda mi vida la he dedicado a la comunicación social, con experiencia en varias profesiones relacionadas entre sí, como la filosofía, en la Especialidad de Comunismo Científico. Esto lo aclaro, para que quede bien definida la procedencia de lo que expondré, e iré acotando sus fuentes teóricas.

    «Desde antes de que tomáramos el poder, nuestras luchas sufrieron los embates de los oportunistas, revisionistas y demás «istas» que incluyen a los anexionistas, los que al nosotros lograrlo el 1° de enero, pasaron a ser los arribistas metamorfoseados en burócratas. Unos, ellos mismos se apresuraron a meterle zancadillas al proceso, desde el gobierno que unitariamente los revolucionarios les permitimos compartir, y que la claridad de nuestro líder, con el apoyo de nuestro proletariado, los hizo saltar al cubil de sus amos. Otros, tomando lección de ese ejemplo del pueblo como poder, continuaron su metamorfosis convirtiéndose en burócratas «moderados», para no decir solapados, y desde allá han ido escalando posiciones tomando como escalera las espaldas de los revolucionadores que fueron plagiando, difamando y pisoteando desde sus puestos de «funcionarios» que no saben de lo que dirigen, pero, que si dominan el «arte de ganar amigos» para, cayendo bien, ir granjeándose voluntades y posiciones.

    «El orden de prioridades en la «cadena de acontecimientos», como le llamó Lenin, es el siguiente:

    «1°- GOBIERNO POR EL PUEBLO y no a nombre del pueblo, el gran aporte de la Comuna de París de 1871, según Marx, Engels y Lenin.

    «2°- DISTRIBUCIÓN CON ARREGLO AL TRABAJO, ¡a rajatabla!, para que se cumpla el principio bíblico y marxista de que «el que no trabaje que no coma», que no quiere decir desamparar al desamparado, sino, cortarle las garras al LADRÓN.»

    A pesar no haberse publicado el artículo, ni la síntesis de 250 palabras, este que publica «Cubadebate», ME DA TODA LA RAZÓN.

  4. Lic Barredo no le publico su ariculo en el 2008 y 10 años despues usted, contento porque le da razon a lo que escribio usted hace una decada.?…..lo habra tenido guardado y plagiarlo ahora? piense Lic , piense….

    • «cubano»47:

      El trabajo no es plagio, es que lo que expliqué teóricamente la práctica lo demostró… Aunque lo informado en ese trabajo de Lázaro Barredo es la punta del iceberg.

      En mi artículo «EL ESLABÓN FUNDAMENTAL» expliqué:

      «Mucho antes de la traicionada Perestroika y la mal interpretada Glasnost, desde 1895, Lenin en su obra «Contenido económico del populismo y su crítica en el libro del señor Struve», advirtió sobre el origen, función, daños y lo imprescindible de hacerle constantes depuraciones a la necesaria burocracia, para eliminar su burocratización al actuar en el seno del proletariado y en las primeras etapas de la FES Comunista, como agentes conservadores de las tradiciones e intereses de la burguesía… Les llamó “…gente burguesa ‘salida del pueblo’- vinculada a la burguesía con miles de fortísimos hilos”. Desde 1915, en su obra «La bancarrota de la II Internacional», alertaba sobre la necesidad de “la ruptura completa con el oportunismo y la eliminación de este último de los partidos obreros…”, destacando como, y cito:

      “Ha madurado toda una capa social de parlamentarios, periodistas, de funcionarios del movimiento obrero, empleados privilegiados y de ciertos estratos del proletariado ; esta capa social se ha fundido con su burguesía nacional, la cual supo apreciarla en su justo valor y ‘adaptarla’ a sus objetivos”. En El Estado y la Revolución, Lenin los catalogó como “…personas privilegiadas, divorciadas de las masas, situadas por encima de las masas”.

      “Que cada cual aporte según su capacidad, y reciba según la cantidad y calidad de su trabajo” fue orientado por Marx, en la Crítica al Programa de Gotha, para que se inscribiera en las banderas de las primeras etapas de la FES Comunista. Y para que se fuera fiel a ello, salario nominal y salario real debían estar equiparados, para evitar una demagogia burocrática oportunista.

      El Che caracterizó y destacó el modo operandi y vivendi de ese proceder, cuando
      Señaló que:

      “Contrarrevolucionario es todo aquel que lucha contra la Revolución, pero también es contrarrevolucionario el señor que valido de su influencia consigue una casa, que después viola el racionamiento, que después tiene lo que no tiene el pueblo y lo ostenta o no lo ostenta, pero lo tiene. Ese es un contrarrevolucionario, a ese si que hay que denunciarlo enseguida.

      “Y el que utilice sus influencias buenas o malas para su provecho personal o de sus amistades es un contrarrevolucionario y hay que perseguirlo, pero con saña, perseguirlo y aniquilarlo”.

      Los que así actúan son malos ejemplos que destruyen, desde adentro, el trabajo educativo que se hace para que el factor subjetivo pase a ser el transformador de la sociedad, no los instintos animales y mezquinos.

  5. Casos de Impunidad que mas rapido me vienen a la mente

    Obligarte a no visitar TU PAIS por mas de 10 años

    Obligarte a pagar «costos» fantasmas en los aeropuertos

    Obligarte a renovar un pasaporte QUE NO SE HA VENCIDO

    Obligarte a inscribirte en organizaciones de «masa» o no llegarías a ningun lado jamas

    Obligarte a asistir a «trabajos voluntarios», marchas , mitines, etc

    Obliogarte a no escribirle cartas a ningun familiar que viviese fuera de cuba

    etc

      • Tony y me falto una que pense poner aunque me enfrentase a esa impunidad ahora mismo

        !Borrar comentario cuando a los moderadores no les gusta! 🙂

        !Eso es IMPUNIDAD!

        Saludos

      • @ Raudelis…es que cuando le ponemos el nombre al mono, explicamos que es King Kong el responsable de esto y aquello con argumentos, ahi, la impunidad entra en juego al aflojarse las patas de los ¨centristas¨, el «animal» es demasiado grande y como godzila «el tamaño cuenta¨… 🙂 🙂 🙂 🙂 🙂 🙂 Saludos

      • #Qué pareja más simpática… Raudelis y Tony… como El Gordo y El Flaco, me hacen reir cada vez que se ponen en modo divertido. Raudelis es administrador de un blog que ha borrado, mutilado, censurado, todos los comentarios que no gustaban a ese micrófono abierto… ¡meses sin darme una vuelta¡

        Y el Pobre Señor Tang, ha estado años recibiendo taloncitos firmados por el gov USA, un país que todavía mantiene la Impunidad Más Rechazable ante agresiones injustificadas hacia aquellos países que considera enemigos.. pero con otros países no se atreve a ir muy lejos porque cobarde, cobarde.. ya hace años que ha demostrado serlo… cuando apoya a Marruecos en su agresión a la República Democrática del Sahara Occidental, cuando se arrodilla ante Israel en su genocidio al pueblo palestino, etc.

        Ya hace tiempo que EEUU no hace una de las suyas con plena Impunidad.. y así de nuevo Raudelis, Santo Domingo y Tang, EEUU como patrocinador de sus andanzas durante años, se unen en esto..

        «La segunda ocupación estadounidense de la República Dominicana (1965-1966), además llamada Operación Power Pack,2​ comenzó con la entrada del Cuerpo de Marines de los Estados Unidos en Santo Domingo el 28 de abril de 1965. Más tarde, se le unió la mayoría de la 82ª División Aerotransportada del Ejército de Estados Unidos y su casa matriz la «XVIIIth Airborne Corps».

        No hay problema. EEUU puede actuar con total impunidad. ¿Será como decía Franco…. «por la Gracia de Dios»?

  6. El artículo es muy bueno, reflexivo, valiente y equilibrado, por eso no encuentra ecos en los parlanchines palabreros y esforzados alabarderos de la diatriba, la mentira y la descalificación. Es obvio que el mecanismo reflejo incondicionado del principio de la supervivencia el principal promotor de la impunidad, y los oportunistas,los arribistas, los burócratas, los acomodados, los negligentes, los indolentes, los cobardes, los guatacas, los rendidores, los cara de palo y los inertes son la fauna que florece y se desarrolla en los pantanos deletéreos de la impunidad. Las victimas? El proceso revolucionario en primer lugar, la sociedad, el pueblo y sus individuos, especialmente los revolucionarios que respiran viven y sueñan revolución. Es obvio que los mecanismos actuales que impulsan los resortes telúricos que desencadenan las avalanchas de misivas las cuales reflejan en primer lugar la ocurrencia de una injusticia, una expectativa no satisfecha, una aspiración postergada o lapidada, un conflicto no resuelto, en fin un disgusto una decepción y un resentimiento, luego toda esa parafernalia de sucesos no deseados en la vida de un ser humano fecunda la matriz en una gestación que termina por parir un apático, un emigrante (de esos que votan por los pies) o un adversario y soy del criterio que cualquiera de los tres casos no constituyen réditos para el sistema político que construimos y soñamos. Esa impunidad debe combatirse sino por principios revolucionarios fundamentales; al menos que sea por un principio elemental de supervivencia. Tocará tal vez a esa tan cacareada reforma constitucional que según el autor parece que solo va a rozar la superficie, introducir los cambios necesarios para que los roles en la administración de justicia no se vean tan confusos que un ciudadano de a pie como este servidor por ejemplo le cueste infinito esfuerzo y sin resultado alguno discernir donde comienza la acciónpolicialcomocontinua elministeriopúblicoycmolesigueeltribunal y todo ello sin poder entender para que sirve el concurso de un letrado de la defensa. Los que apelan al recurso de las cartas y a la exposición dolorosamente impúdica de sus quejas ante las instancias que se aluden son los más genuinos exponentes de la confianza que existe aun incluso en los substratos más profundos de la sociedad en su proyecto político ellos no pueden quedar con la sensación que reza el gracejo popular criollo que aquí cito:»si tu queja no llega no te preocupes si no hay pechuga come molleja».

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