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viernes, octubre 30, 2020

La Habana de Eusebio Leal Spengler: ¿Una utopía que resucita?

Colaboración de: Salim Lamrani*

Jornada de estudios organizada por Gradiva – Créations au féminin, «Le féminin: une utopie? », Universidad Paris-Sorbonne, Instituto de Estudios Ibéricos e Hispanoamericanos, 4 de junio de 2011.

http://gradiva.univ-pau.fr/live/manifestations/manifestations_2011

Alejo Carpentier, en un vibrante homenaje a su ciudad natal, la apodaba “la Ciudad de las columnas”, por la magia de sus innumerables pilares y columnas de esencia barroca que hacen de La Habana un lugar único en América Latina. Con su destino tan singular en la historia del continente, la ciudad natal de José Martí es un espacio mítico que no puede dejar indiferente al alma humana, en virtud de su extraordinario poder de encantamiento. Fruto de una mezcla de estilos arquitectónicos diversos de origen árabe, español, francés, italiano, griego y romano, la capital cubana se define ante todo por su sincretismo tan peculiar[1].

La excelencia del barroco cubano se encuentra en la Plaza de la Catedral, el estilo neoclásico en el Palacio de Aldama, el neogótico en la Iglesia de Reina, el Art Nouveau en la Estación Central, la Universidad o el Capitolio, el Art Deco en el edificio Barcardí, una combinación de esencia colonial y soviética en el Palacio de Convenciones, la presencia del modernismo en el impresionante edificio Focsa o la influencia bizantina en la Catedral Ortodoxa.Al respecto, Carpentier escribía:

“La vieja ciudad, antaño llamada de intramuros, ciudad en sombra, hecha para la explotación de las sombras, sombra, ella misma, cuando se la piensa en contraste con todo lo que fue germinando, creciendo, hacia el oeste, desde los comienzos de este siglo, en que la superposición de estilos, la innovación de estilos, buenos y malos, más malos que buenos, fueron creando en La Habana ese estilo sin estilo que a la larga, por proceso de simbiosis, se amalgama, se erige en un barroquismo peculiar que hace las veces de estilo, inscribiéndose en la historia de los comportamientos urbanísticos. Porque, poco a poco, de lo abigarrado, de lo entremezclado, de lo encajado entre realidades distintas, han ido surgiendo las constantes de un empaque general que distingue a La Habana de otras ciudades del continente[2]”.

Un poco de historia

Fundada el 16 de noviembre de 1519 por el conquistador español Diego Velásquez de Cuéllar, La Habana, atravesada por los ríos Almendares, Martín Pérez, Quibú, Cojímar y Bacuranao, se extiende en la actualidad sobre más de 720 kilómetros cuadrados, acoge a más de dos millones de almas y se divide en quince municipios. La figura de San Cristóbal, patrón de la ciudad, vela por la mayor metrópoli del archipiélago, que alberga también el principal puerto nacional y constituye el centro político, económico y cultural de Cuba[3].

Según los historiadores, el cacique taíno Habaguanex dio su nombre a la capital cubana, y a la sexta ciudad que fundó la Corona española en la Isla. En la Plaza de Armas, centro político de la época colonial, el monumento El Templete celebra la fundación de la ciudad. Se puede leer en su columna conmemorativa que erigió el gobernador Francisco Cajigal de la Vega en 1754 una inscripción en latín:

“Detén el paso, caminante, adorna este sitio con un árbol, una ceiba frondosa, más bien diré signo memorable de la prudencia y antigua religión de la joven ciudad, pues ciertamente bajo su sombra fue inmolado solemnemente en esta ciudad el autor de la salud. Fue tenida por primera vez la reunión de los prudentes concejales hace ya más de dos siglos: era conservado por una tradición perpetua: sin embargo, cedió al tiempo. Verás una imagen hecha hoy en la piedra, es decir el último de noviembre en el año 1754”.[4]

Contra viento y marea La Habana supo preservar su autenticidad, a pesar de los ataques de piratas y corsarios franceses que la redujeron a cenizas muchas veces durante la primera mitad del siglo XVI, más precisamente en 1538 y 1555. En 1556, gracias a la creación del sistema de flotas para el comercio entre la Península Ibérica y América Latina, La Habana se convirtió en el primer puerto del continente. En 1561, la Corona española decidió hacer de la ciudad el centro del Nuevo Mundo y concentró allí las naves cargadas de oro, lana, esmeraldas, cueros, especias y materias primas alimenticias. Para proteger esas fabulosas riquezas, edificó defensas militares en la entrada de la Bahía de La Habana en sitios estratégicos, con la construcción de los majestuosos castillos de la Real Fuerza, la Punta y los Tres Reyes del Morro. La Habana se convirtió en la ciudad más protegida del continente, en “la Llave del Nuevo Mundo y Antemural de las Indias Occidentales”.[5]

Cuando Felipe II confirió a La Habana el título de ciudad el 20 de diciembre de 1592, ya se habían edificado varias iglesias y conventos que daban un aspecto ciudadano a la futura capital. El gobernador de Cuba ya había instalado su residencia oficial allí desde hacía casi treinta años abandonando Santiago de Cuba, sede histórica del gobierno de la Isla. Conscientes de su importancia estratégica, los sucesivos reyes de España no se dieron tregua para fortificarla a lo largo del siglo XVII para disuadir a las potencias extranjeras de apoderarse de ella. Finalmente, en 1607, La Habana fue designada capital de la Isla por una Orden Real que dividió el país en dos gobiernos: uno en La Habana y el otro en Santiago, subordinando el segundo al primero.[6]

Al mismo tiempo se edificó la ciudad usando madera, material disponible en abundancia en la Isla, el cual se mezcló con los diferentes estilos importados de España y más precisamente de las Islas Canarias, creando así un sincretismo arquitectónico de una excepcional riqueza y de una rara belleza, que sería la marca de fábrica de la capital cubana.

Cuando en 1648 una epidemia de peste procedente de Cartagena de Indias en Colombia exterminó a una tercera parte de su población, La Habana, cual fénix, supo hacer frente a la tragedia y renacer de sus cenizas. Pudo enarbolar de nuevo su blasón –el cual la reina Mariana de Austria, viuda de Felipe IV oficializó el 30 de noviembre de 1665– con sus emblemas heráldicos, los tres primeros castillos de la ciudad La Real Fuerza, los Tres Santos y San Salvador de la Punta en forma de torres de plata en un fondo azul y una llave de oro que simboliza la puerta del Nuevo Mundo.[7]

En el siglo XVII, La Habana extendió su territorio con la construcción de numerosos edificios civiles, militares y religiosos como el Hospital San Lázaro, el castillo El Morro o el Convento San Agustín, sin olvidar la Fuente de la Dorotea de la Luna en La Chorrera, el Monasterio Santa Teresa, el Convento San Felipe Neri o la ermita del Humilladero.

Cuando el 6 de junio de 1762 el impresionante ejército naval británico de George Pocock con sus cincuenta barcos de guerra y catorce mil soldados atacó La Habana, los habitantes de la ciudad opusieron una heroica resistencia durante dos meses de encarnizados combates. Pero frente a la superioridad militar de Inglaterra, La Habana cayó en las manos de la Corona inglesa, que la ocupó durante once meses. En 1763, una negociación entre Madrid y Londres desembocó en la liberación de la ciudad a cambio de La Florida. Ese mismo año, después de la salida de los británicos, empezó la construcción de la fortaleza San Carlos de la Cabaña –la más importante que edificó España en América Latina– que duraría once años, con el fin de preservar la ciudad de los futuros ataques y hacer de la bahía de La Habana un baluarte inexpugnable.[8]

En el siglo XIX, la ciudad se modernizó con la creación del primer ferrocarril en 1837 entre La Habana y Güines, de 51 kilómetros, construido principalmente por la laboriosa y discreta comunidad china que cuenta en la actualidad con 100.000 almas. Cuba se convirtió así en el quinto país del mundo que disponía de ferrocarril y el primero de la zona hispana. La edificación de múltiples centros culturales como el teatro Tacón, el teatro Coliseo o el Liceo Artístico y Literario transformó la ciudad en una de las referencias artísticas e intelectuales del continente. El desarrollo de la industria azucarera y del tabaco hizo de La Habana un lugar sumamente próspero, hasta el punto de que en 1863 se destruyeron las murallas de la ciudad con el fin de extender su superficie y construir nuevos edificios de toda índole. Fue en ese periodo, en 1854 exactamente, cuando se erigió el cementerio Colón, museo a cielo abierto de una riqueza arquitectónica única y la mayor necrópolis del mundo después del cementerio Staglieno de Génova.[9]

En 1898, Estados Unidos aprovechó la explosión del acorazado Maine en la Bahía de La Habana para intervenir en la Segunda Guerra de Independencia de Cuba y frustrar los anhelos de emancipación de la Isla. La ocupó hasta 1902 y la transformó en un protectorado después de instalar al frente de la nación a Tomás Estrada Palma, ciudadano estadounidense y anexionista convencido que aceptó la infame enmienda Platt[10].

Durante el periodo republicano, y más concretamente en los años 30, innumerables construcciones emergieron en La Habana, con la aparición de suntuosos hoteles de lujo, flamígeros casinos y clubes nocturnos, a cual más rutilante, todos controlados por la mafia de Meyer Lansky y de Lucky Luciano con la bendición del dictador Fulgencio Batista. Basta mencionar el Hotel Nacional, una joya arquitectónica, edificado en 1930 en pleno barrio del Vedado, a unos pasos del legendario Malecón, que da a La Habana su silueta tan femenina. Monumento nacional, es uno de los símbolos de la historia, de la cultura y de la identidad cubanas. El Focsa y el hotel Habana Libre también son vestigios de la época en que La Habana era la capital continental del placer y la ociosidad, frecuentada por los grandes del mundo, de Winston Churchill a Frank Sinatra[11].

Desde el triunfo de la Revolución en 1959, Cuba ha conocido la más importante transformación política, económica y social de la historia de América Latina. No obstante, a nivel topográfico y arquitectónico han surgido pocos cambios, salvo la construcción de edificios públicos como el imponente Hospital Ameijeras en el centro de la ciudad, u hoteles como el Meliá Cohíba a partir de los años 1990, con la revitalización de la industria turística.

La obra de Eusebio Leal Spengler y el “Período Especial”

Eusebio Leal Spengler, historiador de La Habana, personaje de una excepcional cultura y de un optimismo a toda prueba, autor prolífico, galardonado con las más altas distinciones en el mundo entero, siempre ha tenido una fe inquebrantable en el ser humano, en su pueblo y en su capacidad de realizar las utopías más locas. Nacido en 1942 en la “Ciudad de las columnas”, este doctor en Ciencias Históricas de la Universidad de La Habana es un estudioso de las ciencias arqueológicas. Discípulo del fundador de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, el legendario Emilio Roig de Leusehnring, tomó la dirección de esta institución en 1967. Su misión consiste en contribuir a la difusión de la historia y la cultura cubanas “a través de la preservación de los símbolos y expresiones materiales y espirituales de la nacionalidad […] y de la memoria histórica-cultural de la ciudad y especialmente de su Centro Histórico[12]”, el mayor centro colonial de América Latina.

También es el Presidente de la Comisión Nacional de Monumentos, embajador de Buena Voluntad de las Naciones Unidas y diputado del Parlamento unicameral cubano. Eusebio Leal es un ciudadano comprometido que ha hecho suyo el lema de José Martí: “A la Patria no se le ha de servir por el beneficio que se pueda sacar de ella, sea de gloria o de cualquier otro interés, sino por el placer desinteresado de serle útil”.[13] También comparte esa otra convicción de esencia martiana de que “sin cultura no hay libertad posible”.[14]

En 1968 Eusebio Leal inauguró las primeras salas de exposición del Museo de la Ciudad en el antiguo Palacio de los Capitanes Generales. En 1981 emprendió la obra de restauración del Centro Histórico, monumento nacional desde 1976 y Patrimonio de la Humanidad desde 1982, con la creación de un Departamento de Arquitectura. Desde 1981 a 1990, se restauraron totalmente ocho edificios gracias al ingenio de Eusebio Leal y sus colaboradores y a la relación especial con la Unión Soviética que garantizaba cierta estabilidad económica, llevando a doce el número de dependencias culturales de la Oficina del Historiador. El Museo de la Ciudad se articuló alrededor de un peculiar sistema de galerías, centros culturales de formación artística y de investigación para todos los sectores de la población[15].

El desmoronamiento de la Unión Soviética en 1991 tuvo un impacto dramático en la economía cubana, que perdió a su principal socio comercial. De 1989 a 1993, el PIB cayó un 33% y Cuba tuvo que enfrentarse a la peor crisis de su historia. Cerca del 85% del comercio internacional de Cuba se realizaba con la Unión soviética. Las importaciones pasaron de 8.100 millones de dólares a 1.200 millones de dólares y las exportaciones bajaron un 75%. El consumo total disminuyó un 27% y el de la gente un 33%. La formación del capital pasó de un 25% a menos de un 5% del PIB y el déficit fiscal se elevó de un 7% a un 30% del PIB. El ingreso de la balanza de pagos pasó de 4.122 millones de dólares a 356 millones de dólares. El salario real bajó un 25% y el coeficiente de liberalización de la economía cubana (valor del comercio internacional en el PIB) cayó de un 70,2% a un 25,9%.[16]

Las especulaciones sobre el porvenir de la Revolución Cubana iban a buen ritmo. Estados Unidos se preparaba para asestar el golpe de gracia, al adoptar las leyes Torricelli en 1992 y Helms-Burton en 1996, legislaciones extraterritoriales y retroactivas que agravan las sanciones contra una población agobiada por las dificultades y vicisitudes cotidianas. En medio de este panorama apocalíptico, Eusebio Leal desafió la realidad, rechazó los pronósticos dantescos y se decidió a realizar lo imposible: perseguir la obra de restauración del Centro Histórico, cuando la nación se encontraba sin recursos y abandonada por todos.[17]

Eusebio Leal se sintió investido de una misión, más, de un sacerdocio: salvar la ciudad de la desintegración, con esa abnegación y valentía tan características de la idiosincrasia cubana. De fe cristiana, antiguo miembro de Juventud Acción Católica, de hecho Eusebio Leal habría podido elegir la vía religiosa si no hubiera sentido un amor apasionado por las mujeres, particularmente por su esposa Anita. Humilde, Leal inscribe su obra en una toma de conciencia colectiva y no la disocia de la colaboración de su equipo de historiadores, arquitectos y profesionales de la construcción y restauración: “Creo que todos hemos recibido un llamado: trabajamos contra el tiempo, pendientes de la lluvia, el ciclón y la crisis económica. Tenemos la percepción íntima de que si logramos entregar a la comunidad esta zona antigua de la capital, habremos vencido”.[18]

Para responder al desafío titánico de la conservación de la herencia arquitectónica y cultural de la nación en un contexto de grave crisis económica en el que la consigna era “resistir”, en 1993 Eusebio Leal, a la cabeza de la Dirección del Patrimonio Cultural, nueva institución creada a tal efecto, consiguió cierta autonomía en la gestión de la Oficina del Historiador por parte de las autoridades.[19] Gracias a su talento personal y su perseverancia, ha transformado la institución en una verdadera red económica y cultural con hoteles, restaurantes, tiendas, museos y talleres de construcción y restauración, capaces de generar los fondos necesarios para la preservación del Centro Histórico. Los resultados han sido espectaculares y le han valido una fama mundial. En total, cerca de cien edificaciones antiguas, de estructura compleja y de gran importancia histórica para la mayoría, han sido restauradas alrededor de Plaza de Armas, Plaza de San Francisco, Plaza Vieja, Alameda de Paula, Plaza de Cristo, Plaza de la Catedral, el Prado y el Malecón, sin olvidar la fortaleza San Carlos de la Cabaña[20].

Eusebio Leal también ha reanimado la vida cultural y social de La Habana Vieja con una multitud de actividades, exposiciones, encuentros, debates culturales, científicos, sociales y comerciales que tienen lugar cada mes en los veintisiete museos, casas y salas especializadas, los once centros culturales del Centro Histórico, las catorce bibliotecas, los cinco laboratorios de investigación, los tres gabinetes de estudios centrales, el centro de archivos históricos y en la fototeca. Eusebio Leal es el ejemplo vivo de que la salvaguardia patrimonial era posible en condiciones económicas de una extrema adversidad. Sus cualidades de excelente administrador y su condición de amante de La Habana han hecho de su obra un innegable éxito económico y cultural[21].

Eusebio Leal puede sentirse satisfecho de su obra:

“Hemos devuelto la vida a cada recinto en todas sus manifestaciones, como digno hábitat en que proliferan escuelas, instituciones culturales y de salud. Llamar la resurrección de lo que parecía como muerto, resultaría a miradas pueriles una cruzada romántica. Y si así fuera no nos desentendemos ni nos avergonzamos de ser románticos en tiempos señalados por acontecimientos apocalípticos. Nuestros menesteres proyectan otras formas de la esperanza: aquélla que nace de la recuperación de la memoria, del sueño compartido por muchos de crear un nuevo orden”.[22]

En el Parque Central de La Habana, bajo la mirada azul del cielo, José Martí, el Apóstol cubano, el héroe nacional, el de “por Cuba y para Cuba”, el que unió su “destino al de los pobres del mundo”, el de “la edad de oro”, el de “nuestra América”, el que sabe que “trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras”, el de “Patria es humanidad”, el que alberga la convicción profunda que “toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”, el autor intelectual de la Revolución Cubana, el que supo ser un hombre de su tiempo, el que advierte del peligro que representa “el Norte revuelto y brutal que nos desprecia”, el que se inmoló “cara al sol” en la batalla de Dos Ríos por la independencia de su Patria, el que señala que “en los andes puede estar el pedestal de nuestra libertad, pero el corazón de nuestra libertad está en nuestras mujeres”, éste, levanta el brazo e indica el camino a seguir para preservar la independencia y la identidad nacionales. Al mismo tiempo rinde homenaje a la obra de Don Eusebio Leal, Ulises de los tiempos modernos, incansable trabajador que, como Antonio Machado, sabe que “no hay camino, se hace el camino al andar” y se alcanza la utopía. “Patria y fe” siempre ha sido su divisa personal[23].

Palabras claves: La Habana, Eusebio Leal, Centro Histórico, Periodo Especial, Restauración.

Keywords: Havana, Eusebio Leal, Historical Center, Special Period, Restoration

*Doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de la Universidad Paris Sorbonne-Paris IV, Salim Lamrani es profesor encargado de cursos en la Universidad Paris-Sorbonne-Paris IV y en la Universidad Paris-Est Marne-la-Vallée y periodista francés, especialista de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Salim.Lamrani@univ-mlv.fr


[1] Alejo Carpentier, La ciudad de las columnas. Editorial Letras Cubanas. La Habana, Cuba, 1982.

[2] Ibid., pp. 13-14.

[3] Eusebio Leal Spengler, « Historia de La Habana », Nuevo Fénix. http://www.fenix.co.cu/villa/VhistoriaH.htm (site consulté le 2 juin 2011).

[4] Eusebio Leal, La Habana, ciudad antigua, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1988, p. 7.

[5] José Martín Félix de Arrate y Acosta, Llave del Nuevo Mundo: antemural de las Indias Occidentales. La Habana descripta: noticias de su fundación, aumentos y estados, Comisión Nacional Cubana de la Unesco, 1964.

[6] Eusebio Leal, La Habana, ciudad antigua, op.cit.

[7] Luis Suárez & Demetrio Ramos Pérez, Historial general de España y América, Madrid, RIALP Ediciones, Tomo IX, p. 199.

[8] Francisca López Civeira, Oscar Loyola Vega & Arnaldo Silva León, Cuba y su historia, La Habana, Editorial Gente Nueva, 2005, pp. 28-30.

[9] Josefina Ortega, « La ciudad de los muertos », La Jiribilla, 2006. http://www.lajiribilla.cu/2006/n287_11/memoria.html (sitio consultado el 2 de junio de 2011).

[10] Jorge Ibarra, Cuba: 1898-1921. Partidos políticos y clases sociales, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1992, p. 225.

[11] Enrique Cirules, El imperio de La Habana, La Habana, Editorial José Martí, 2003.

[12] Dirección de Patrimonio Cultural, « Oficina del Historiador », http://www.ohch.cu/patrimonio/patrimonio.php (sitio consultado el 2 de junio de 2011).

[13] José Martí, Obras completas, La Habana, Editorial Nacional de Cuba, 1963, tomo I, p. 196.

[14] Fidel Castro Ruz, « Discurso pronunciado por el Presidente de la República de Cuba, Fidel Castro Ruz, en la inauguración del XVIII Festival Internacional de Ballet de La Habana », 1ç de octubre de 2002. http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/2002/esp/f191002e.html (sitio consultado el 2 de junio de 2011).

[15] Dirección de Patrimonio Cultural, « Eusebio Leal », http://www.ohch.cu/patrimonio/leal.php#conferencias (sitio consultado el 2 de junio de 2011).

[16] Salim Lamrani, Fidel Castro, Cuba et les Etats-Unis (Pantin: Le Temps des Cerises, 2006), p. 140.

[17] Cuban Democracy Act, 1992. http://www.state.gov/www/regions/wha/cuba/democ_act_1992.html (sitio consultado el 2 de junio de 2011); Helms-Burton Act, 1996. http://www.state.gov/www/regions/wha/cuba/helms-burton-act.html (sitio consultado el 2 de junio de 2011).

[18] Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, « Para no olvidar », http://www.ohch.cu/para-no-olvidar/info.php?id_Cat=12&cat=Hostal%20Valencia (sitio consultado el 2 de junio de 2011).

21 Comentarios

  1. Por favor, alguien que le explique al Salim que la ruina de La Habana es mucho más vieja que el Período Especial. Igual, y sin menospreciar el trabajo titánico de Eusebio, hay que mencionar que sin el visto bueno del gobierno y el apoyo incondicional de muchísimas intituciones internacionales, lo de Eusebio no hubiera llegado mucho mas allá de una pataleta histórica.

    • Yo creo, Napo, que los que viven de pataletas son ustedes. Todo se rebate y todo se critica en este blog, ya está, es el objetivo: discutir, enfrentar ideas, contrastar puntos de vista y opiniones, pero a veces se van a los extremos.
      La obra y el trabajo de Eusebio Leal en el casco histórico de La Habana es indemeritable. No lo niego, Eusebio ha recibido importantes contribuciones a su proyecto que le han valido para desarrollar e implementar una política seria de restauración, pero no sólo eso, no cerremos el dispasón. Eusebio ha transformado La Habana Vieja, ha despertado al gran monstruo cultural que estaba encerrado en su arquitectura, en sus museos, en su colonial historia, en su gente, en sus calles. Eusebio y La Habana Vieja son ya una sola cosa, tienen la capacidad para autofinanciarse cualquier proyecto o idea nueva que nazca: vemos ahora como el Museo de la Revolución (antiguo Palacio Presidencial) se encuentra rodeado de andamios para su remozamiento, y todos hemos visto la majestuosidad de tal instalación, y el turismo inunda la ciudad.
      Por otro lado tienes toda la razón, la decadencia de La Habana es mucho más vieja que el Período Especial, recordemos como esa ciudad era conocida como la Ciudad del Pecado durante los años del batistato: la droga, los casinos, los gángteres y la mafia, la corrupción política y adminstrativa, la suspención de las garantías ciudadanas campeaban por su respeto en una ciudad donde los marines yanquis osaron orinar encima del Apóstol sin consecuencias telúricas. Recuerdas?

      • Este, pues la verdad que no recuerdo….no creo siquiera haber estado en los testículos de mi padre cuando se produjo la incontinencia renal del susodicho marine, que por cierto, debió resbalar y haber caído de cabeza sobre el pavimento. Con relación a tu versión «Habana pre-1959», no creo que fuera tan apocalíptica como ciertos historiadores «post-1959» quieren hacernos creer. De todos, se me ocurre una pregunta a ver si me la puedes responder: ¿en qué se diferencia La Haba pre-1959 que me describes, a la que tenemos hoy? Hasta donde la conozco, sigue siendo la Ciudad del Pecado: droga, juego, pandilleros, chulos, prostitutas al por mayor, hay menos garantías ciudadanas que entonces. Bueno, ahora no hay marines yanquis, pero tenemos terroristas refugiados, gallegos pedófilos, piratas aéreos, defalcadores de bancos. Coño, me olvidé: políticos y administradores corruptos al por mayor. Ergo, nada ha cambiado.
        Y por favor, ¿cuál parte de «sin menospreciar el trabajo titánico de Eusebio» no entendiste?

        Saludos

  2. Y ahora tambien vamos a recibir clases de historia cubana de extranjeros?? Ya solo falta que nos digan como se hace el congri y la yuca con mojo.

    Y, aunque estoy de acuerdo 200% con la conservacion del patrimonio, hay que recordar que los ciudadanos cubanos TAMBIEN son parte del patrimonio. Muchos de ellos sin embargo, no tienen todas esas atenciones que las viejas edificaciones han tenido. Ni ellos ni sus hogares.

    El que no sepa eso que no me lo crea a mi. Lo invito que camine la Habana detras de las paredes restauradas.

    No tendran que caminar mucho para ver «lo real maravilloso».

    • habla_claro:
      te convido a hablar claro conmigo. Pasé el fin de semana en La Habana, y como típico provinciano recorrí la Ciudad de cabo a rabo: desde Rampa y Malecón hasta Calle G con sus tribus y muchachos «enrarizados», desde Parque Central a Plaza de Armas, y precismente recorrí las obras en construcción en La Habana Vieja, que gracias al esfuerzo de todo un gran y preparado equipo le están devolviendo la vida, el color, la majestuosidad a esa desgastada urbe.
      Creo que me detuve cerca de la Plaza de la Catedral, y entré a un puesto de cuentapropista detrás de una de esas fachadas que me dices a ofrecerle a mi estómago una alegría y lo que ví me sorprendió: casas y solares reparados, pintados y muy acogedores, y cómo pichón de periodista que me creo indagué con la viejita sobre aquello. La viejita señaló que eso era cosa «de la gente de Eusebio», así que enque quedamos: la chiva o los cinco pesos.
      Si no es por una cosa es por otra, aquí nada queda bien, y eso es culpa del comunismo no?

      • Creo que te tomaste muy literalmente lo de «detras de las paredes restauradas». Por lo que veo estas tan perdido que debi darte distancias en kilometros o algo asi.

        Y, a lo mejor soy yo que como dices lo veo todo mal, pero TODOS los lugares que mencionas son centros de atraccion turistica. La Habana «de cabo a rabo» NO ES la Rampa, el malecon, G y la Habana Vieja.

        Si en serio te crees eso, aunque la culpa no sea tuya completamente, pues me das un poco de lastima.

        Seria como decir que Matanzas es Varadero.

        Pero bueno, como veo que al menos tienes el interes, te propongo que la proxima vez llegues a otros lugares que no estan en el mapa turistico.

        Algunos no estan muy lejos de donde estuviste por cierto. Te caminaste la calle Monte y sus aledañas??

        Bueno, a no ser que para ti Luyano, 10 de Octubre, San Miguel , la Lisa, el Calvario y Marianao no sean parte de la Habana.

        No estaras viendo un mapa incompleto?? Ese que tu crees contiene la Habana es solo la punta del cabo, o del rabo.

      • Ah!, y claro que la culpa del desastre urbano que es la Habana, aunque tus gafas rosadas no te dejen verlo asi, no es del comunismo. Es del castrismo!

      • Vamos pa´lla…Habla_claro. No pretendo cerrar los ojos ante lo que está mal, ante lo que era una tarea de gran responsabilidad por parte del gobierno. Y no supongas que me dediqué a caminar por el pasillo dejando el barro para los demás. Llegué a San Isidro, a visitar a un compañero y ví las condiciones difíciles en las cuales se habita allí, y le decía a los muchachos después, en donde estaba durmiendo, que de esa forma yo no quería vivir en La Habana.
        Creo que podemos suponer el daño que le ha hecho a La Habana el crecimiento poblacional sin una adecuada planificación física, sin una proyección seria de creación de viviendas, planes o proyectos del estado, pero tenemos el riesgo de caer nuevamente en las dificultades económicas que Salim describe y analiza por allá arriba en el post.
        Creo que la culpa no es del castrismo, ni siquiera sé si eso exista. Además el objetivo no es agredir con culpas sino que La Habana Vieja cambia, y mejora. La otra Habana, fuera de los mapas turísticos debe mejorar, pero eso no depende de tí ni de todas las ganas que yo tenga, Depende de un compromiso serio, consecuente, de voluntad estatal para enfrentar eso, recordemos a todo lo que se tiene que enfrentar la realidad cubana de hoy, y la de todos los tiempos, y que a muchos de ustedes les gusta minimizar.

      • Dejame decirte que me gusto tu respuesta excepto el final. Te digo por que.

        Hablas de «la realidad cubana de hoy» como una coyuntura para la mala situacion de la vivienda en la Habana.

        El problema es que la situacion de la vivienda en la capital ha ido continuamente de mal en peor. Esto no empezo recientemente, sino todo lo contrario.

        Tu mismo dices que la solucion «Depende de un compromiso serio, consecuente, de voluntad estatal para enfrentar eso». Ahi esta el detalle!

        Cuantos «estados» han existido en Cuba en los ultimos 50 años?? Pues el veinti-unico que conoces. Entonces si en medio siglo no ha habido muestra SERIA de ese compromiso y esa voluntad, a que esperamos? A otros 50 añitos a ver si aparece?!

        El unico cuasi-intento de mejorar las cosas fue aquel movimiento de microbrigadas en los 80s. Y digo intento porque hasta eso tuvo miles de problemas. tantos que darin para otro post completo. Lamentablemente los muchachos de LJC no vivieron esa etapa.

        Pero en fin, a donde queria llegar.

        Cualquier gobierno, de cualquier plataforma politica que este en el poder por medio siglo y no sea capaz de resolver o aliviar los problemas de sus pais, especialmente cuando de manera detallada fueron enumerados incluso antes de estar en el poder, simplemente deberia darle oportunidad a otros. Aun mas, cuando NUNCA ha habido una oposicion legalizada capaz de frenar los planes de dicho gobierno.

        Control total sobre los todos recursos deberia implicar, al menos el no deterioro de lo que ya existia. Evidentemente este no es el caso.

        La vivienda es solo un ejemplo. Pero sabes que hay muchisisisisimos mas.

        Y me imagino que ahora saldra el bloqueo/embargo a relucir. Cierto, ese pone la situacion mas dificil. Pero ya otros han explicado aqui que esa es una puerta que el propio gobierno de Cuba continuamente cierra y toca a la vez para que le abran. Ademas no es la unica puerta. No es ni siquiera, digamos no oficialmente, una puerta amiga.

        En fin, no se cuan joven seras tu pero si tu edad te permite vivir otros 50 años y ves que los cambios son pa’tras, quizas cambies de opinion.

        Nadie escarmienta por cabeza ajena. Mucho menos los cubanos que somos tan cabezones!

  3. Debo confesar que el señor Lamrani me cae mal, así que ni leí el post, ni lo voy a comentar; para mí él es la antítesis de lo que deber ser un académico.

  4. Este post es una ingenua, cuando no edulcorada visión de la realidad urbanística de La Habana. Es lo que que queda cuando nos apartamos de la referencia historiográfica del texto. Y con algunos desaciertos realtivos a los estilos arquitectónicos. Referir la obra del arquitecto Quintana en el Palacio de las Convenciones como influencia «soviética» es un barbarismo. Como tambien es un error conceptual el siguiente párrafo : …»El Focsa y el hotel Habana Libre también son vestigios de la época en que La Habana era la capital continental del placer y la ociosidad, frecuentada por los grandes del mundo, de Winston Churchill a Frank Sinatra[11]…
    El Focsa en el perfil urbano de La Habana y en el concepto arquitectónico-utilitario no tiene nada que ver con el Habana Hilton. El Focsa fue en su momento un hito en la arquitectura latinoamericana y mundial. El mayor edificio de apartamentos de hormigón armado y con un sistema estructural y financiero pioneros en su momento.
    La apología a Eusebio Leal y su denodado esfuerzo mas allá de las intenciones políticas, es merecida. El intento del artículo de ligar el desmoronamiento de la URSS a la catastrófica, paulatina e ininterrumpida destrucción de la ciudad, no lo es. Y no lo es porque ese abandono, esa desidia y esa permisiva actitud de deterioro nada tienen que ver con ese fenómeno. La destrucción de la ciudad y la total falta de intervención urbana comenzó en 1959 y durante 30 años se mantuvo, se profundizó y volvió irreparable ante la inacción de un gobierno interesado en otros menesteres y contando con el subsidio soviético. La infraestructura de La Habana es la misma de 1959. La mayoría de sus redes básicas, las venas y arterias de la ciudad, tiene mas de 100 años. Y a ellas se le ha sumado la implosión de una ciudad que ha doblado su población en 50 años, creciendo internamente pues el saldo de viviendas nuevas construidas es francamente ridículo y en su mayoría de una calidad tan deplorable que ya las
    adicionan al concepto de ruina.
    No se puede evadir lo obvio. Y el asunto principal no es la vitrina que pueda lograrse en La Haban Vieja, lo cual está muy bien. El asunto fundamental es que el inventario habitacional es alarmante en número y estado actual. Y que las redes estan reventadas y obsoletas. Y que hacen falta ya billones de dólares para resolver esos problemas por no invertir los necesarios millones en el momento apropiado. Y por no haber sido la ciudad una prioridad del estado mas allá de la demagogia.

    • El edificio Focsa fue un acontecimiento historico , !!! ese arquitecto , murio aqui hace poco , y realizo tremendos trabajos que le valieron premios y Honores mundiales por ser de Hormigon , y con esa experincia relaizo aqui y en otros paises projectos similares , en Miami los Hermanos Gurierrez , hicieron el edificio mas grande de Miami en 1974 , de 45 pisos ,en el centro de Miami , es decir frente al mar , y se veia desde bien lejos , respecto al Habana Hilton , fue construido con el dienro de la Caja de Retiros del Sindicato Gastronomico , o sea que era cubano , y los casinos si fueron de Meyer Lansky , o sufradados los gastos por el , igualito que hacen en Cuba los Sol Melia , con la diferencia que el retiro gastronomico participaba de las ganancias del Hotel , y con Sol Melia , se la Reparte con Fidel , ese dinerito , nunca ve la luz delSol , Va derechito para las cuentas del Sr Feudal , el trabajo que hace , tiene su merito , pero , hay un detalle , LA union Sovietica , jamas presto ni regalo un centavo a Leal , tengo entendido , que el casco Historico fue declarado Monumento de La Humanidad por LAs Naciones Unidas y de ahi se financio , y se dono , a LEal , que no se puede desmeritar , ha echo un trabajo magnifico , Mientras que los barrios adjacentes se derrumban y las familias viven por generaciones en edificios a punto de caerse , como ya ha pasado infinidad de veces , mas del 63 % de las casas y apts en La Habana estan en condiciones inhabitables , pero no tienen alternativa , nadie se ocupa de ellos , ahora que a un pincho le haga falta una casita para alguna de sus querididas , y enseguida aparece , !!! y uds lo saben muy bien , Saludos Cordiales , Guillermo Navarro

  5. Segun Wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Eusebio_Leal

    […] …Eusebio Leal Spengler (La Habana, 11 de septiembre de 1942) es el historiador de la Ciudad de La Habana Cuba.

    Nace en 1942. De formación autodidacta, a los 16 años, comenzó a trabajar en el gobierno municipal donde alcanzó el nivel de sexto grado. Como otros jóvenes interesados por la Historia, fue acogido por Emilio Roig y orientado por él en su vocación. Sin haber obtenido oficialmente más nivel escolar, y luego de una ingente preparación, presentó exámenes de suficiencia académica en la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana, que le permitieron ingresar a este centro de altos estudios por Decreto Rectoral para cursar la Licenciatura en Historia en 1974 y concluyó sus estudios en 1979. Doctor en Ciencias Históricas y Maestro en Ciencias Arqueológicas, Historiador de la Ciudad y Director del Programa de Restauración del Patrimonio de la Humanidad, se ha distinguido de manera particular por la conducción de las obras de restauración del Casco Histórico de La Habana, declarado por la Unesco en 1982 Patrimonio de la Humanidad. Director del Museo de la Ciudad y de la Oficina del Historiador, ha asumido importantes obras como la restauración del Palacio de los Capitanes Generales, antigua Casa de Gobierno, hoy sede del Museo de la Ciudad de La Habana. En 1981 se le confiere la responsabilidad de conducir las obras del Centro Histórico de La Habana.

    Ha cursado estudios de post-grado sobre restauración de Centros Históricos, por beca conferida por el Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Italiana… […]

    Eusebio Leal es un gran exponente de que en Cuba existen personas de gran valía por su cultura. Y lo dice la Wikipedia del «Imperio», lo cual es una garantía de certeza.

    Otros muchos cubanos no pueden presumir de tal nivel de cultura, aunque sean «dóciles» a los mandatos de los Castro.

  6. Soy un admirador de La Habana. De su vida cultural, de lo desenfadado de su gente, de sus leyendas e historia real. Salim nos entrega una apología un tanto edulcorada, es cierto, de la labor de Eusebio Leal, pero en resumen ahí está todo. El esfuerzo, las dificultades, los obstáculos y éxitos para lograr convertir a una ciudad en decadencia en, poco a poco, un motivo de orgullo para cada habanero y cubano. No evitemos el descuido y la pereza que en algún momento dominó a los encargados de preservar esta obra, problema que Eusebio encaró y afrontó como, dice Salim, un Ulises de los tiempos modernos.
    Ahora La Habana Vieja pinta de otro color, llena de historia vieja para regalar, de lugares a donde disipar la mente de la carga del día a día, donde superarse y leer, comprar, beber, reír y llorar.

  7. Lo que convierte a una persona en la Isla o en cualquier parte del mundo, en un ser irreal, irracional y despreciativo, es el miedo a contagiarse con los cambios positivos y dignos del pueblo cubano en la construccion de la sociedad socialista. Es realmente sorprendente ver como el miedo, que es el arma del escape hacia fronteras de no reconocimiento por temor a sentirse disminuido ante los que lo rodean, que entre parentesis no deben de ser muchos, por reconocer la obra que hace el gobierno de la Isla y en este caso en particular el senor Eusebio Leal. Los cojos mentales y los siete mesinos de espiritu, siempre florecen bajo el manto del odio y la frustracion, y Cuba no esta exenta de eso, gracias a las polticas agresivas, criminales y desestabilizadoras del gobierno de los Estados Unidos y sus socios mercenarios cubanos que han vendido su alma al diablo por treinta monedas de plata.

    La labor de Eusebio Leal en la vieja ciudad de la Habana, es digna de admiracion, no solo porque lo ha logrado con recursos propios y donaciones internacionales de personas y organizaciones que han reconocido la importancia de esa parte de la Habana, para con el patrimonio de la humanidad, los que no crean, los que no tienen imaginacion, los que critican todo y por todo, los que no aportan algo mas que lo que consumen diariamente de lo que el pueblo generosamente les da, esos nunca seran los que diran la ultima palabra en la Isla, esos pasaran a la historia igual que los anexionistas de las guerras de Independencia de la Isla, si penas ni glorias y nadie los recordara, sino cuando se hable de la traicion y la entrega al poderoso por vanidad, por intereses personales, ambiciones o protagonismo con fines de lucro.

    El que vivio el capitalismo en la Isla, conoce lo que ese sistema le puede dar al pais, ejemplo de ello, vease a los ex-paises socialistas, donde hoy por hoy, la poblacion de esos paises se lamenta de la perdida de todos lo que tenian en esa epoca de construccion del socialismo, eso no pasara en la Isla, pues la poblacion si sabe lo que tiene y sabe lo que vendria si se pierde este proceso, por tanto los que suenan con el retorno del capitalismo salvaje y brutal, deben despertar de su sueno embrutecedor y dedicarse a trabajar por el pais, codo con codo con el resto de la poblacion, la historia no perdona a los pusilanimes, a los vacilantes, a los encubiertos en piel de revolucionarios y a los traidores al servicio de una potencia extranjera, esos los repudia y los repudiara siempre.

    Que el hombre de Galilea nos proteja siempre y que le de la luz a los que odian y tratan de destuir el proceso en la Isla.

    • Elpidio, cada vez que te veo terminando con la coletilla del hombre de Galilea, no puedo evitar pensar que yo no podia llamarle madrina a mi madrina frente a sus compañeros de trabajo o desconocidos. Me acuerdo tambien que, a pesar de que a mi no me molesta, soy ateo porque mi madre, catolica, evito llevarme a la iglesia y enseñarme su fe, no fuese a ser que yo, inocente niño, soltase la lengua con mis amiguitos del barrio o de escuela.
      Yo me imagino que tu seas joven, y que esto que te estoy mencionando es para ti un pasado lejano, que nunca viviste, pero entonces me viene a la mente como pretenden convencerme de lo buena que es la revolucion mencionandome un pasado de batista que tampoco vivi.

      En fin…. no lo puedo evitar Elpido, me parece que tu coletilla es una burla. Quizas la pongas con la mejor de las intenciones, la misma buena intencion cuando yo digo… a mi que me importa Batista y la historia… ups, pero es que el gobierno que le hizo a mi madre no meterme en su fe sigue ahi, y Batista ya esta muerto y enterrado y no podras negar que por ahi, en cuanto a vigencia, yo llevo ventaja.

  8. Eusebio Leal es el mago que le dio vida a La Habana Vieja una vez más. Tuve el gran placer de conocerlo personalmente _ un hombre brillante y todo un caballero. Cuba debe de sentirse muy orgullosa de tenerlo entre sus hijos.

    • Eusebio Leal tiene su merito , pero sin el Merito,…. de los millones de La Onu , todo seguiria igual , ya que el Mayimbe , la queria ver asi destruida y vieja , empolvada , desalinada , acabada , !!! por sus odios a lo que el paso a manos del repudio que sufrio cuando quizo ser Concejal por el Partido Ortodoxo de Eduardo Chibas y jamas salio ni de barrendero ………… !!! Saludos Cordiales Guillermo Navarro

  9. «Por otro lado tienes toda la razón, la decadencia de La Habana es mucho más vieja que el Período Especial, recordemos como esa ciudad era conocida como la Ciudad del Pecado durante los años del batistato: la droga, los casinos, los gángteres y la mafia, la corrupción política y adminstrativa, la suspención de las garantías ciudadanas campeaban por su respeto en una ciudad donde los marines yanquis osaron orinar encima del Apóstol sin consecuencias telúricas. Recuerdas?·»

    Yo no recuerdo haber leído en ningún libro de historia de Cuba, que a la Habana sele dijera «La Ciudad del pecado». Era una ciudad emblemática de este planeta que tenía, entre otras cosas, muchos de las construcciones ,más modernas de AL;; en el año 59, 40 cines más que N York, y toda una serie de atracciones para el turista y para el conocedor de arte, arquitectura,música, etc.

    Hoy La Habana es un ripio de lo que fue; y así todo es bella, pero no por lo que se construyó después ( que fue casi nada, y nada significativo), sino por lo que ya tenía, pero que, si se sigue deteriorando, se va a perder para siempre.

    Eusebio leal tiene un grandísimo mérito al rescatar muchas de las joyas de la Habana Colonial, pero l,o que pasa, como ya dijo alguien, es que La Habana no es sólo el casco histórico, y, en ese sentido, hoy por hoy estamos presenciando la ruina de una de las ciudades más bellas del mundo por abandono, por falta de voluntad política, por despilfarro de recursos, por desatención, por ineficiencia, por regalar lo que hbiera hecho falta para arreglarla.

    Triste, pero cierto,

  10. Yo creo que la «obra de le revolución» en el ámbito urbano de La Habana como expresión, es una especie típica de oxymoron. Es una paradoja retórica tan innegable que se ve, se palpa y se vive a cada momneto. Intentar enmascarar ese paulatino y persistente estado de destrucción en un manto de palabrería hueca y demagogia barata es precisamente lo que la ha llevado a ese estado de depauperación real.

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