Una Iglesia en aguas turbulentas

Monseñor Carlos Manuel de Céspedes García-Menocal. (Foto: EFE)

Motivada por la publicación el pasado 12 de diciembre del Mensaje de Navidad de los Obispos Católicos, La Joven Cuba le ofrece a sus lectores algunos fragmentos de esta entrevista, la última que se le realizara a Monseñor Carlos Manuel de Céspedes. Fue publicada de manera parcial en el número de enero de 2014 de la revista Palabra Nueva, dedicado íntegramente a él por haber fallecido el día 3 del mismo mes.

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La mañana del lunes 2 de diciembre de 2013, la ciudad estaba como deshabitada. El sonambulismo propio del último mes del año daba al ambiente un aburrido tono gris. La iglesia de San Agustín, en el municipio Playa, contenía en su interior esa atmósfera: poco más de una docena de ancianos, dispersos por los bancos del enorme templo, participaban de la misa que oficiaba otro anciano quien, sentado en silla de ruedas, casi se diluía entre los mármoles del altar.

El motivo de mi visita era precisamente ese sacerdote que repetía con la monótona seguridad de quien lo ha hecho incontables veces, las frases rituales de la ceremonia. Enfermo, con la voz como un silbido, anacrónico bajo los arcos inmensos del templo, resultaba difícil definir al que, dentro de poco tiempo, sería mi entrevistado.

De él se sabía casi todo. Que descendía de dos de las familias más encumbradas del país, con patriotas, presidentes, artistas e intelectuales en su nómina. Que fue Vicerrector del desaparecido Seminario El Buen Pastor, Rector del Seminario San Carlos y San Ambrosio, Director del Secretariado General de la Conferencia Episcopal y Canciller del Arzobispado de La Habana. Que fue honrado con la distinción honorífica de Capellán Papal, con el Premio de la Latinidad y con la Real Orden de Isabel, la Católica. Pero, ¿quién era realmente Monseñor Carlos Manuel de Céspedes García-Menocal?

Es difícil aventurar una respuesta. A mi juicio, la fórmula que lo convirtió en una personalidad tan interesante estaba cimentada en una mezcla proporcional de inteligencia, astucia, y coherencia que lo hizo capaz de moverse en terrenos minados por la intolerancia de las ideologías –tanto a una que veía en la religión al opio de los pueblos; como a otra para quien el comunismo era el verdugo de la fe–.

Con tal carácter, al igual que el incienso, Monseñor de Céspedes hizo estornudar a más de un «endemoniado». Pues este hombre –que nunca llegó a ser obispo y cuya muerte fue asumida con ártica frialdad por el gobierno y la prensa oficial– en su caminata por la cuerda floja se ganó la ojeriza de algunos a ambos lados del tablero, porque para quienes se colocan en los extremos, el ángulo dificulta una visión adecuada de los que intentan estar en el centro.

Me recibió al terminar la misa en su despacho. Imágenes de los de Céspedes, de los García-Menocal, de Perucho Figueredo, de Cristo, de los Papas, de José Martí, ocupaban repisas, paredes y mesas en un concierto de Patria, religión e intelectualidad pocas veces ejecutado con semejante armonía en esta isla de ritmos extremos y disonantes.

Desde su acostumbrado sillón rosa pálido, como si de una cátedra universitaria se tratará, recreó algunas de las estaciones del Vía Crucis que ha sido la relación de la Iglesia Católica con el Gobierno Revolucionario.

-Llegaste muy temprano –dijo después de tirarse en su sillón y acomodarse–.

-Sí. Estuve en la misa, sentado al final.

-Ah, por eso no te vi. Después del tercer banco no distingo si lo que hay es una vieja o un muchacho.

Terminados los preámbulos, entramos en la materia que motivó mi visita.

-Monseñor, es sabido que a la Iglesia no le agradan las revoluciones. ¿Con respecto al movimiento que se desarrolló en la Sierra Maestra y en las ciudades de Cuba en los años cincuenta, qué postura adoptó?

No hubo una postura única. Había distintas opiniones. La mayoría de los católicos no simpatizaba con la dictadura, pero, al menos los más conocidos, tanto sacerdotes como laicos, preferían una solución por la vía política.

Cosme de la Torriente, un señor que fue muy conocido porque se vinculó con gente importante desde el principio de la República, creó un grupo al que se le dio el nombre de Comité Cívico conformado por asociaciones civiles, para establecer un diálogo con Batista y pedirle que renunciara, establecer un Gobierno Provisional y convocar a la reorganización de los partidos. Por supuesto, Batista no aceptó. Al fracasar ese Diálogo Cívico –así fue como se le llamó al proceso– muchas personas comenzaron a inclinarse a favor de la guerrilla, pero solo al ver que no quedaba otra opción.

Por otra parte, había algo que también tenía adeptos y detractores. Hoy se llamaría «actos de terrorismo», pero en aquel tiempo se denominó «sabotajes»: poner una bomba en una tienda, un cine, o en cualquier sitio para evitar que la gente fuera a los lugares públicos y crear terror, malestar. Después del fracaso del Diálogo Cívico, dentro de la Iglesia algunos comenzaron a estar de acuerdo con la guerrilla, pero no con los sabotajes, porque ahí podía morir cualquiera.

-En la guerrilla hubo sacerdotes.

Sí, varios sacerdotes. Todo el mundo conoce al Padre Guillermo Sardiñas, que fue Comandante, pero en un momento llegaron a cinco: el padre Jorge Chabebe, quien fue párroco de la Catedral de Santiago; el padre Rivas, un jesuita; el padre Chellada, de Holguín, y otro al que no recuerdo.

Los sacerdotes, por lo que me contó Sardiñas, no combatían. Él fue a la Sierra porque supo que Fidel quería un sacerdote allá, porque había mucha gente católica que lo necesitaba para confesarse, comulgar. Se lo dijeron y él aceptó, pero debía pedirle permiso al Arzobispo de La Habana, el Cardenal Manuel Arteaga. Este se lo dio, como superior suyo, pero la Sierra está en Oriente y el Obispo de esa zona era Monseñor Enrique Pérez Serantes. Por lo tanto, debía pedir permiso a él también para poder ejercer el ministerio en su Diócesis. Igualmente lo obtuvo.

Por lo tanto, Sardiñas estuvo en la Sierra con permiso de los dos obispos. Allí oficiaba misa cuando podía y, sobre todo, bautizaba mucho, porque aquellos campesinos se querían bautizar y que Fidel fuera el padrino y Celia, la madrina. Y así fue, la mayoría están bautizados con esos padrinos. En la guerrilla había de todo.

-¿Y en las ciudades? ¿Aquí, en La Habana?

Aquí se hacían los sabotajes, las manifestaciones contra el gobierno, a cargo del Directorio Estudiantil Universitario, donde también había de todo –gente católica y gente que no lo era–. El Presidente de la FEU en ese momento era el gordo José Antonio Echeverría, Manzanita le decían, que era católico practicante. Un muchacho bueno, muy vinculado a los franciscanos y a los dominicos.

El día del asalto a Radio Reloj, que fue lo que le tocó a él, sabía que podía morir en la corrida y se confesó, comulgó y le dijo al sacerdote, que era un franciscano, si mal no recuerdo el Padre Serafín Ajuria: «Padre, hoy tengo un asunto grave. Si me pasara algo, dígale a mi madre que vine a misa y que comulgué, porque sé que se va a alegrar». O sea, él era un muchacho católico y no lo negó nunca. Inclusive, al principio de la Revolución, Fidel lo dijo más de una vez, que Echeverría era católico, que cómo se iba a negar que los católicos estaban presentes.

Otros no eran tan de la Iglesia. Hay un muchacho, José Garcerán se llamaba, no muy conocido. Era de mi edad, compañero mío de colegio y de Universidad. Murió en un acto de sabotaje de un cañaveral por allá por Ceiba Mocha.

O sea, estamos hablando de gente que murió combatiendo por la Revolución. Hubo un grupo de cinco muchachos de la Agrupación Católica Universitaria que iban a unirse a las tropas que había por Pinar del Rio, en los últimos días de diciembre, y los mataron por la zona de Mariel, Bahía Honda, por ahí.

-¿Pero declaración de la Iglesia no hubo?

No, declaración oficial no hubo. Después de que triunfó la Revolución algunos obispos hicieron declaraciones: que no solo era sacar a Batista, que había muchas cosas que cambiar. Quien más habló fue Monseñor Pérez Serantes, ¡Ese sí habló muy claro! Otros simplemente saludaron.

-En el libro «Fidel y la religión», Fidel afirma que «el Cardenal Manuel Arteaga tenía excelentes relaciones con Batista». ¿Qué tan cierto es esto?

Las relaciones eran normales. El Cardenal era un hombre muy demócrata y no le gustaban las dictaduras.

Manuel Arteaga fue el primer Cardenal cubano. En la foto, al centro con sombrero. (Foto: Ernesto Fernández)

Te cuento una anécdota. Cuando fueron a inaugurar la estatua del Cristo, en diciembre de 1958, el Cardenal no tenía intenciones de ir. Dijo que mandaría a Monseñor Alfredo Llaguno, capellán de Palacio, en su nombre, pero él no iría. Claro que esto disgustó a Batista, quien se encontraba en una situación sumamente compleja, basta mirar la fecha.

Pero resulta que llega un sacerdote a la residencia del Cardenal, en el edificio donde hoy está el Centro Cultural Félix Valera, aterrado porque a su hermano lo habían encarcelado y estaba en la Quinta Estación de Policía, en las manos de Esteban Ventura. Decir eso en aquel tiempo era casi lo mismo que decir muerto. Entonces fue a pedir ayuda al Arzobispo. Delante de él, el Cardenal cogió el teléfono y llamó a Palacio. Consiguió hablar con Martha Fernández, la Primera Dama:

-Necesito hablar con su esposo.

-Espere a ver si puede atenderlo.

Demoró un momento y volvió: -Oiga, él ahora no puede venir al teléfono porque está muy ocupado, pero dice que es una lástima que usted no quiera ir a la inauguración del Cristo, pues allí podrían hablar.

Entonces le respondió –Dígale a su esposo que voy a ir a inaugurar el monumento.

Cuando colgó el teléfono, su secretario, Monseñor Raúl del Valle, le preguntó si realmente pensaba ir y él le contestó que la vida de un hombre vale más que todo, por eso iría. En la ceremonia se acercó a Batista y cuando este lo vio, antes de que empezara a hablar, le dijo: «No se preocupe, Eminencia, yo sé lo que usted quería y el hombre ya está en la calle».

Esa era la relación. Algo muy formal, porque el Cardenal era un hombre educado y caballeroso. Además, como figura pública importante tenía que cumplir ciertos compromisos, pero eso no implicaba una buena relación. Con Martha, la Primera Dama, eran mejores, o regulares, porque ella era una buena mujer.  

***

¿Cuál fue el detonante de los problemas entre la Iglesia y el nuevo gobierno? ¿Quién tiró la primera piedra?

¡Ah, eso yo no lo sé! No lo sé porque empezó a haber católicos a favor y en contra desde el primer día. La Iglesia no manda en eso, la Iglesia no da órdenes en materia política. Había gente que no estuvo de acuerdo con la Revolución desde el día primero de enero. No le tenían simpatía, a lo mejor tampoco la tenían hacia Batista, pero no querían la Revolución, no querían a Fidel Castro.

-¿Cómo fueron esos primeros tiempos?

El año 1960, hasta mediados, no había pasado nada demasiado grave. El 28 de enero de 1960, aniversario del nacimiento de Martí, Fidel organizó un evento, que no se ha hecho después, como una manera de demostrar el carácter martiano de la Revolución. Le llamó Cena Martiana y fue en la Plaza de la Revolución.

Había mucha gente invitada de todos los barrios, en mesitas puestas por toda la Plaza y la comida estaba presidida por Fidel Castro, pero a la derecha quien estaba era el Arzobispo de La Habana, Monseñor Evelio Díaz. Me acuerdo que salió, yo estaba en Roma entonces, una foto en la que se veía a Fidel y a Evelio Díaz, los dos hablando con una cara muy contenta y al pie del retrato decía: «Vale más que una pastoral». Así que imagínate.

Unos días antes de eso hubo un incidente muy desagradable que no comprometió a la Iglesia en Cuba como tal, pero llevó a que decididamente Evelio tuviera que ir, porque a él no le gustaban mucho esas cosas, no porque fuera con la Revolución ni nada sino porque no le gustaba aparecer en ese tipo de actividades.

En un programa de la televisión que se llamaba Ante la Prensa, donde un grupo de periodistas entrevistaban a alguna personalidad, Fidel había hablado muy fuerte en contra de Franco. Entonces Cuba era muy antifranquista y los universitarios sobre todo. En la época mía de Universidad en los aniversarios de la instauración del gobierno de Franco se quemaban muñecos de él en la escalinata y todas esas cosas.

Pero como te decía, mientras estaba hablando se apareció allí el embajador de España, Juan Pablo de Lojendio, Márquez de Vellizca, un español muy recalcitrante, y llegó a parar a Fidel porque había hablado mal del Caudillo. Todo eso salió por radio y por televisión. Fidel lo mandó a salir de allí y le dijo que se fuera de Cuba inmediatamente, lo declaró persona no grata ¡Como iba a insultar al Primer Ministro en público por la televisión!

-¿Qué relación guarda ese hecho con la Iglesia?

Pues que casi todas las congragaciones religiosas tenían superiores provinciales españoles, y casi todos eran franquistas, menos los franciscanos, que eran vascos y republicanos; pero todos los demás eran franquistas: jesuitas, dominicos. Entonces, al día siguiente, antes de que el embajador se fuera para España, le hicieron una reunión de desagravio por el insulto que le había hecho Fidel a él y a Franco.

Esto molestó a Fidel enormemente. «¿Quién ha visto? Los religiosos cuando están en un país no tienen que estar en eso. Están en Cuba, ya no están en España, pueden ser franquistas en España, pero aquí no tienen que hacer eso y el Primer Ministro soy yo y me han faltado al respeto». Se molestó mucho con eso, cosa que se supo porque lo dijo, se publicó y todo.

Como se estaba organizando esa cena y habían invitado a Evelio y él estaba dudando si ir porque no era hombre de gustarle la rumbantela, decidió aceptar la invitación, porque si los españoles le salieron con eso, él tenía que decirle que era cosa de ellos y de su franquismo, no de él ni la Iglesia cubana. Eso fue así. Ese fue el primer roce que hubo, pero no directamente con la Iglesia cubana y enseguida se pasó con la presencia de Evelio en la Plaza.

Ya en el año 59, a fines del 59, sucedió el Congreso Mariano en la Plaza, que trajeron a la Virgen del Cobre, a la Caridad del Santuario. Fueron todos los obispos y fue Fidel Castro, la madre, las hermanas y todos ellos a la misa. O sea, que en ese primer año no pasó nada.

Para el verano de 1960, a mucha gente la habían sacado de sus cargos en el Consejo de Ministros, gente católica. El Presidente Manuel Urrutia había renunciado. Su señora, Esperanza, era muy católica. En fin, había dificultades con la gente que estaba rompiendo con el gobierno y dejaban los puestos o se los quitaban.

Por estos motivos, los obispos hicieron una Carta Pastoral en el año 60, que no era una condena así tal cual, pero sí era como una advertencia de que había muchas cosas que no les gustaban. Esto le molestó mucho al gobierno. Desde ahí la palabra «pastoral» se volvió casi una mala palabra en Cuba. Fíjate que cuando los obispos volvieron a sacar otra Carta Pastoral sobre el tema social, en el año 69, le pusieron Comunicado, porque de lo contrario nada más que de leer el título les iba a dar sarampión.

A partir de ahí, fines del 60, había mucho roce. Todavía no se había decidido el estatus de la educación en Cuba. ¿Cómo iba a ser? ¿Se respetarían las escuelas privadas o no? Hasta donde sé, esto no se ha publicado nunca y yo lo conocí por Armando Hart que era Ministro de Educación en aquel momento, el proyecto inicialmente se pensó de manera tal que toda la educación fuera estatal, bajo la subvención del Estado, pero que los religiosos que tuvieran colegios se quedaran con ellos, prácticamente como empleados del Estado. O sea, el Estado asumiría los gastos de esa educación para que todo el mundo pudiera estudiar y entonces ahí podrían enseñar religión.

Eso no lo aceptaron las congregaciones religiosas. No lo aceptaron porque si el Estado asumía la dirección de la educación, los planes, los libros de texto, ellos se iban a ver muy limitados de criticar si había cosas que no les gustaban.

De manera tal que cuando llegó Playa Girón, ¡ahí si las cosas se presentaron! Se presentaron porque Playa Girón no fue un movimiento católico como tal, pero había mucha gente católica que lo dirigía. Lo dirigía los Estados Unidos, eso ya lo sabemos, eso está más que dicho y es verdad; pero quien aparecía como cubano era Manuel Artime, que fue el presidente de la Acción Católica Universitaria hasta el triunfo de la Revolución. Estaba Artime al frente de eso, venían cuatro o cinco capellanes para los brigadistas…

-¿Entonces Playa Girón puede ser el gran detonante?

Sí, creo que el gran detonante fue Playa Girón. Aquello fue realmente un triunfo que le dio la vuelta al mundo. Yo estaba en Roma y me acuerdo de la noticia. Nadie lo podía creer: que un paisito como este hubiera sido capaz de vencer un ataque que todo el mundo sabía de sobra que era Estados Unidos quien estaba detrás. Un compromiso que venía desde Eisenhower, Kennedy se lo encontró hecho.

-Kennedy también era católico, el primer Presidente norteamericano en serlo.

Exacto, también era católico. Pues ya el asunto estaba planificado. El Partido Republicano y el Demócrata –eso lo he sabido después porque he conocido a alguna gente de la familia Kennedy–se comprometieron a que saliera quien saliera de Presidente, debía asumir el compromiso de la invasión.

El que salió fue Kennedy y lo asumió sin gustarle, pero bueno, él era el Presidente y aquello era un compromiso de su Partido. Vino la invasión, fue derrotada, había muchos católicos y se presentaba como una gran cruzada contra el comunismo, como había sido la Guerra Civil española, que tampoco fue tal, pero así la presentaban.

Eso fue el detonante porque terminando todo, inmediatamente Fidel nacionalizó los colegios, en mayo del 61. Nacionalizó toda la enseñanza y los edificios de los colegios empezaron a formar parte del Estado, menos los que tenían capilla. Se suponía que los que tenían capilla o iglesia abierta al público, directamente a la calle sin pasar por el colegio, seguirían siendo capilla. Algunas se respetaron y otras no.

***

-Se habla de los sucesos de la procesión del 8 de septiembre de 1961 y de la salida de los sacerdotes en el Vapor Covadonga, el 17 de ese mismo mes y año. ¿Qué pasó en aquel septiembre «fatal»?

Así mismo, podríamos catalogarlo así. Entonces yo no estaba en Cuba, te hablo por lo que me dijeron cuando llegaron Monseñor Eduardo Boza Masvidal y compañía a Europa.

Monseñor Eduardo Boza Masvidal, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de La Habana, fue expulsado de Cuba en septiembre de 1961 y se convirtió en una figura de la oposición a la Revolución en el exterior.

Todo sucedió en la Iglesia de Nuestra Señora de la Caridad, que está en la esquina de las calles Salud y Manrique. La procesión no llegó a salir. Se organizó a pesar de que el clima estaba muy malo y de que el gobierno no había dado permiso, porque la cosa estaba tensa por la nacionalización de los colegios, que había sido en mayo. Había un tumulto muy grande y, por supuesto, esas cosas siempre se manipulan por los dos lados, en contra y a favor.

Entonces en medio de aquello se sintió un tiro –que no se supo de dónde salió, pero a Monseñor Boza le parecía por lo que le dijeron algunas de las personas que estaban en la calle, que había salido de un edificio del frente, no del templo–. Acusaron al Padre Agnelio Blanco –quien murió hace muy poquito en Venezuela–, de haber disparado desde la iglesia a un muchacho que era miliciano o soldado y que murió.

Pero resulta que Agnelio no estaba allí, estaba en Isla de Pinos. Después él decía: «Nunca nadie ha tenido tanta puntería en Cuba. Yo estaba en Isla de Pinos y maté a un muchacho en la calle Salud».

-¿Él no estaba allí?

No, no estaba, pero claro, como estaba siempre y era quien tocaba las campanas… Él había ido a su casa a celebrar la Caridad en Isla de Pinos, entonces ahí con la acusación se equivocaron.

-¿Quiénes se equivocaron, Monseñor?

No lo sé (Sonríe). Eso se quedó así, no se habló más de aquello, pero fue un patuleque tremendo. Fue de golpe, una cosa muy mala que determinó la expulsión posterior, la detención de Monseñor Boza, en fin.

Finalmente fue uno de los expulsados, Monseñor Boza, junto con muchos sacerdotes; con un criterio que no está claro. O sea, uno pensaría que eran los sacerdotes más destacados pastoralmente porque pudieran tener más influencia en la gente. Algunos eran sacerdotes jóvenes o medios tiempo pero con una vida muy activa, pero otros no. Recuerdo al Padre Rivas, jesuita, que era un hombre muy mayor y tenía ambas piernas cortadas por problemas de diabetes. Lo bajaron de su cuarto de la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, la de Reina, y se lo llevaron en el barco. Ese hombre ni a favor ni en contra de la Revolución, lo único que hacía era decir misa privada en su cuarto y nada más que eso.

-¿No le pareció una situación rara?

Sí. La situación estaba en conflicto y creo que aquello lo impulsaron, lo animaron, lo estimularon, los elementos más antirreligiosos dentro del equipo revolucionario, para dar una especie de golpe de gracia contra la Iglesia y que no levantará más la cabeza. De hecho, sí fue un golpe muy grande. Entre los que se habían ido en junio después del cierre de los colegios, que se fueron casi todas las congregaciones que tenían colegios, y el cierre de los asilos, imagínate. O sea, no cerraban los asilos, los tomaba el Estado y se fueron echando a perder. El único que quedó fue Santovenia en ese momento que no los expulsaron.

De hecho, en honor a la verdad, a las monjas de los asilos no las expulsaron, casi siempre se fueron porque sus superioras de España tenían miedo. Aquí se manejó mucho, desde la Embajada de España, pero me imagino que eso no venía directamente de Madrid sino de Washington, la hipótesis de que esto iba a ser igual que la Guerra Civil y que, en su momento, iba a haber ese desbordamiento de gente sobre los conventos, con matazón de sacerdotes y de monjas, como sucedió en España.

-¿Por eso se fueron?

Por eso. Por lo menos a la gente de los asilos el gobierno le suplicaba que se quedaran. El de Santiago, por ejemplo, estaba frente al Arzobispado, y me contaba Monseñor Pérez Serantes que él se opuso mucho a que se fueran. Él hizo lo imposible. Decían:

-¡Es que nuestra superiora nos manda a irnos!

-¿Y qué van a hacer esos viejitos?

-Nosotros nos vamos a ir. Aquí dejamos todas las llaves y las cosas. Usted se las da al gobierno que nosotras nos vamos.

Las llevaban para La Habana y aquí se montaban en el primer barco que salía. Pero el gobierno no quería que se fueran porque los asilos estaban bien atendidos y, además, que se hace con aquella caterva de viejos que había. En Cuba casi todos los asilos eran religiosos, no civiles.

Santovenia no se cerró y sigue andando porque era el lugar de estancia de las monjas del interior, que venían y se quedaban ahí hasta que conseguían el pasaje en el barco. Cuando ya no quedara ninguna de las que se iban a ir del interior, entonces se iban las de Santovenia también.

La Santa Sede se opuso mucho a que la gente se fuera, los sacerdotes diocesanos o religiosos y las monjas, pero seguían yéndose, y los laicos, por supuesto, a montones. Mandaron a Monseñor Odi, que era Nuncio en Egipto, para evaluar exactamente cuál era la situación, porque Monseñor Cesare Zacchi, el Encargado de Negocios de la Nunciatura Apostólica en Cuba, les dijo que el éxodo de religiosos era un tremendo disparate y pidió la intervención de la Santa Sede con esas superioras españolas.

Entonces mandaron a este hombre y Zacchi lo fue a esperar al aeropuerto y cuando lo montaron en la máquina, le preguntó:

¿Y usted qué quiere exactamente?

-La primera cosa es impedir que se vayan más monjas de los asilos y después, no sé, reunirme con el gobierno. Es escandaloso que se vayan, esto no puede seguir. El Papa está muy disgustado con eso.

Pues mire, si quiere impedir que se vayan más monjas, las últimas que quedan están en Santovenia y se van mañana.

Entonces fueron directo para allá, antes de ir a la Nunciatura. Hablaron con la Superiora y ella les dijo:

Padre, yo no me quiero ir. Si usted se responsabiliza con que va a conseguir que mi Superiora cambie esa decisión, yo no me voy, ni ninguna de mis monjas. Nosotros no nos queremos ir, no queremos dejar a estos viejitos.

Bueno, se quedaron, pero la Superiora no se los perdonó nunca. Mientras esa monja fue Superiora en España, que es de donde eran ellas, las consideró rebeldes y desobedientes; hasta que llegó otra, porque ni les escribía. Ellas les escribían cartas y no les contestaba. ¡Como si fueran cismáticas, las pobres, porque se quedaron contra aquella orden, pero ellas obedecieron a la Santa Sede que está por encima de todo lo demás! Y así fue.

Era un acontecimiento detrás de otro. Yo no estaba aquí. Me enteraba por la gente que me escribía y los de la Embajada en Roma, que eran amigos nuestros y nos mandaban la prensa o nos visitaban. No estuve hasta el 63. Esos golpes tremendos no los viví en Cuba. Después del 63 fue difícil, una etapa muy difícil.

-¿Cómo influyó Monseñor Cesare Zacchi en suavizar la relación de la Iglesia con el gobierno? A veces se habla de una amistad entre él y Fidel.

No, la palabra amistad es muy fuerte. Es decir, normalmente se decía que sí. La palabra que se usaba era esa. Yo no diría que había una amistad. Para mí el concepto de amistad es muy serio. Pero era una relación buena, sin duda. Digamos que tenían química. Se entendían bien.

A él muchas cosas que pasaban en Cuba no le gustaban, por supuesto, pero por otro lado las justificaba. Decía que este era un país que necesitaba la Revolución, que era una lástima que hubiera tomado el camino del marxismo, pero quedándose, dialogando, se podía lograr otra evolución, como se está logrando ahora después de tantos años, pero bueno, él pensaba que esto se podía haber conseguido en los años 60 si se hubiera adoptado otra actitud.

En aquella época el gran problema para la Revolución cubana –¡hay que decir las cosas como son!– era que en definitiva a la Revolución quien la sostenía política y económicamente era la Unión Soviética y la Unión Soviética, no la Rusia de ahora, la Unión Soviética de entonces, la de inmediatamente después de Stalin, con el estalinismo a flor de piel, tenía una manera muy antirreligiosa de entender el marxismo.

Por otra parte, los Estados Unidos eran enemigos y hubieran dado cualquier cosa por haber tumbado el gobierno de Fidel Castro. El único país poderoso que apoyaba era la URSS. Cuba en ese sentido, toda la situación de la Revolución, inclusive el problema de la Iglesia con la Revolución, fue una víctima de las malas relaciones entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. Cuba fue el campo de batalla.

-Estábamos en el medio y no se podía andar con medias tintas.

No, no, porque los Estados Unidos no hubieran transado con Cuba nunca, había que quitar a Fidel y punto, y poner un régimen capitalista como antes del 59; y la Unión Soviética tenía que obligar a vivir un marxismo, no un marxismo distinto como lo hubieran vivido Fidel, Raúl y el Che y todos los demás…

-Adaptado más a las condiciones de aquí.

Claro. Digamos que un marxismo menos antirreligioso, porque no tenía por qué serlo. Me acuerdo, hablando después, por los años 70 y pico, con un ruso de la embajada que llegó a ser amigo mío. Un muchacho joven muy simpático, muy buena gente. Él me preguntaba cosas de esa época, como había sido, y yo le decía esto mismo, con todas sus letras, hablando de la influencia política tan negativa. Ayudaron mucho económicamente, es verdad; apoyaron políticamente, es verdad también. La Revolución sobrevivió gracias al apoyo dentro de Cuba, pero también gracias a ese apoyo internacional de la Unión Soviética, eso es cierto.

Pero impusieron unas líneas ideologías tremendas, una burocracia tremenda. Y él me decía: «Carlos Manuel, tú eres aficionado a la historia. Toda la vida, en la historia, el que paga pone la música. Y aquí los que pagamos somos nosotros. La música de esta Revolución, el ritmo con el que hay que bailar, lo ponemos nosotros. Sé que es muy descarnado decirte eso a ti, pero es así». Y ha sido así siempre.

Los países que están con Estados Unidos, este es el que pone la música y aquí nos tocó la Unión Soviética. No es la que nosotros queríamos oír, pero fue la que nos pusieron. Después eso se desmoronó y en el hecho de que las cosas empezaran a cambiar en Cuba con respecto a la Iglesia, por supuesto, entró el factor de que la Iglesia en Cuba cambió, la personalidad del Cardenal Jaime Ortega y todas esas cosas que ya sabemos, de Raúl y todo eso que sabemos; pero también que no existía la Unión Soviética. Rusia se convirtió en un país laico en el año 1991, con una excelente relación con el Patriarcado Ortodoxo de Moscú.

-Posiblemente después de 1991 fue cuando empezamos a poner la música nosotros mismos.

Exacto, la poníamos nosotros. Como tú dices, por primera vez en la historia de Cuba, en toda la historia de Cuba desde que llegaron los españoles y se fueron los indios, o se murieron o lo que fuera. Porque en tiempos de la colonia éramos colonia española, la música venia de Madrid. Después, en la República, la intervención americana, que más que intervención fue ocupación realmente, y la Enmienda Platt y todo, la música en Cuba la pusieron siempre los Estados Unidos, eso es verdadero.

La Revolución rompió con aquello, pero entonces la música la ponía la Unión Soviética y ahí sí que la Iglesia estaba, dicho muy groseramente, muy «fastidiá», por no decir muy jodía, porque la Unión Soviética tenía una actitud muy fuerte contra los religiosos. Desapareció el sovietismo, no solo en Rusia sino en Polonia, Checoslovaquia, Alemania, como ya sabemos, pues entonces aquí ya mantienen el Socialismo.

Nosotros no teníamos nada contra el Socialismo. Si tú me preguntas a mí, prefiero el Socialismo como sistema de gobierno. Un Socialismo democrático es un sistema muy aceptable. Dile a un sueco o un noruego que ellos no son socialistas. Es un Socialismo de otro tipo, pero es un Socialismo, con propiedad privada, con democracia en las elecciones, todo con una gran preocupación social. Eso es una cosa y aquel marxismo estalinista era otra.

Esa es la causa de todo, lo demás son anécdotas, pasó esto, pasó aquello, pasó lo otro, pasó lo demás. En el fondo lo que había era la presión soviética que quería, por supuesto, que la Revolución saliera adelante y le parecía, dentro de sus esquemas, que no podía hacerlo si la Iglesia era más o menos fuerte, presente.

Al mismo tiempo, la Iglesia se dejaba manejar, sin darse cuenta quizá, por el criterio de Estados Unidos, porque en definitiva hubo mucha gente que apoyó Girón, católicos que se ponían endiablados si tú les decías que era cosa de la CIA y de Estados Unidos. Si es evidente y después lo han dicho y además, ahora se han publicado los archivos y todo. ¡Qué cosa de los cubanos exiliados! ¿Cómo los cubanos exiliados van a tener los barcos, los aviones, van a entrenarse en Centroamérica y todo? Es Estados Unidos y punto. Había mucha ingenuidad con esas cosas.

En cuanto a tu pregunta sobre la influencia de Zacchi. Tuvo esa buena relación con Fidel y por eso quizás pudo parar algunos golpes. Pero influencia sobre Fidel creo que nadie ha tenido mucha.

-Es muy autónomo.

Sí, muy autónomo. Me parece que la persona, esto si es una opinión particular nada más, la persona humana, individual, que haya tenido en su momento una influencia, capaz de discutir con Fidel puntos de vista muy clarito, me parece que la única ha sido Celia Sánchez. Ella podía fajarse con Fidel, de palabras, por supuesto, y decirle las cosas con muchísima claridad y él no ponerse bravo con ella. Confiaba en su lealtad enormemente.

La muerte de ella la lamentamos todos. Yo la quería mucho porque era amiga de mi familia. Su padre era amigo de mi abuelo allá en esa zona de Manzanillo, Niquero. Era muy atenta, atentísima; más que atenta, cariñosa, como lo fue Vilma también.

-¿Era católica?

Fue católica de jovencita, muy católica. Era una de las manos derecha del sacerdote que estaba en El Cobre. Lo llevaba a distintos lugares de la Sierra. Más tarde, se apartó de la práctica, era muy curioso porque no iba a la Iglesia, quizás por todos esos conflictos o lo que fuera, pero en cuanto un pariente se ponía grave, unas tías que tenía que vivían aquí a la entrada de Miramar, las Manduley, en cuanto alguien se ponía grave mandaba a buscar al cura para que no se muriera sin sacramento ningún pariente suyo.

-¿Y ella, falleció sin sacramento?

Ella falleció sin sacramento, por lo menos que se sepa, a mí no me llamaron. Una de las hermanas de ella sí, me llamó y yo le di los sacramentos. Esa también murió de cáncer, los otros hermanos murieron de cáncer, parece que es una cosa genética supongo.

Celia fue extraordinaria. Para contarte una anécdota, cuando empezó la Libreta de Abastecimiento y todas estas cosas, Fidel iba a almorzar a su casa, en la calle 11, entre 10 y 12, en el Vedado, en un apartamento grande. Entonces llega un día y se encuentra con que, en su puesto, hay como seis o siete cartuchitos cerraditos por todas partes. Le pregunta:

-¿Qué es eso?

-En uno hay arroz, en otro hay frijoles, y así. Esos cartuchitos son lo que tú pretendes que se coman cada uno de los cubanos durante un mes. Mira a ver si tú puedes vivir un mes con eso que hay ahí, que es menos de lo que tú comes en un día aquí. Esa era Celia.

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¿Cómo influyó en la vida de la Iglesia la visita del Papa Juan Pablo II en 1998?

¡Ah, mucho! Si el ENEC sacó a la Iglesia de la actitud defensiva a la actitud evangelizadora, simplificando mucho las cosas, la visita de Juan Pablo II, con esos actos públicos en plazas y en todas partes, porque fue una visita larga, muy preparada, con actos de mucha gente, en La Habana sobre todo, sacó la Iglesia a la calle por primera vez desde el año 59. El último acto masivo, católico, en las calles de La Habana fue el Congreso Católico del año 59 y desde entonces no había habido otra cosa así. Tanto tiempo y con el Papa, por primera vez en Cuba un Papa, con ese carisma de comunicación que tenía Juan Pablo II, impresionante.

La visita del Papa Juan Pablo II en 1998 fue la primera de un Sumo Pontífice a la Isla.

Uno puede discrepar de algunas cosas, pero tenía una capacidad de comunicación, una simpatía desbordante y fue una visita muy bien preparada, con mucha resonancia mundial y nacional, con mucho efecto en el público católico y en el no católico en cuanto a que vieron a la Iglesia en la calle, una Iglesia que a pesar de todos los pesares estaba viva y sabía organizar esas cosas.

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-El nuevo milenio que se ha mostrado más calmo en las relaciones. A su juicio, cuáles son los cinco acontecimientos más importantes en la vida de la Iglesia cubana en estos años.

El recorrido de la Virgen de la Caridad cae ahí y la visita de Benedicto XVI también. La beatificación de Olallo, el primer cubano que beatifican en Cuba, porque está también el muchacho de Jatibonico, que probablemente tú no lo conozcas, José López Piteira, beato igual que Olallo.

(…)

La mediación del Cardenal Jaime Ortega para la liberación de los presos políticos, algo totalmente nuevo y con muy buenos resultados. Y el quinto puede ser, no es un hecho en sí, la situación de mejor comunicación entre la Iglesia y el Gobierno que se ha dado en los últimos años de manera sostenida, en la que se destacan de manera especial el Cardenal Ortega y Raúl Castro, pero que no son solo ellos dos evidentemente. Jaime cuando habla lo hace en nombre de los obispos y Raúl en nombre del gobierno.

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-Hay algo en el horizonte de la Iglesia Cubana que motiva no solo a los católicos sino también a quienes no lo son, y es la posibilidad de que el Padre Félix Varela llegue a los altares. ¿Qué cree usted que significaría para la Iglesia cubana? ¿Hay alguna posibilidad de que ocurra en un tiempo cercano?

Sin duda sería muy importante no solo para la Iglesia cubana, sino también para Cuba en general. Cuando Juan Pablo II vino, quería canonizarlo aquí, aunque no hubiera milagro todavía.

-¿Eso se puede hacer?

El Papa está por encima de esas leyes. Pero se le recomendó que no lo hiciera porque entonces le iban a empezar a llover peticiones de todas las órdenes religiosas para que canonizara a su fundador que nadie conoce y al final se decidió no hacerlo. Para que el proceso se dé hace falta demostrar la santidad de la vida, que ya está demostrada; la de la obra, que también está demostrada y, finalmente, un milagro.

(…)

Para mí en lo personal significaría mucho que el Padre Varela llegara a los altares porque él fue quien me inspiró a convertirme en sacerdote. Cuando joven me pregunté: «¿Cuál es la mejor forma de servir a Cuba?». Varela me dio la respuesta. Y aquí estoy.

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18 comentarios

Observador 2020 20 diciembre 2020 - 9:13 AM
Otro gran regalo de LJC, excelente entrevista a Monseñor Carlos Manuel de Céspedes, sin dudas una personalidad imprescindible en la cultura y la Iglesia en Cuba. Como figura preeminente, fue cuestionado y objetado por unos y venerado por otros. Inconfundible por su conversación rellolla y afable, a la vez erudita y trascendente. Digno heredero de sus próceres y educadores. El tema de las relaciones Iglesia-Gobierno es tan complicado que aun requiere de mucha más investigación, muy dificiles de conocer con exactitud por lo poco transparente de esas instituciones, pero poco a poco vamos avanzando.
Rolopez 69 20 diciembre 2020 - 10:17 AM
Agradezco mucho a LJC por publicar esta entrevista que ya había leído en Palabra Nueva hace muchos años. Me gustaría agregar a la historia de las monjas que crecí asistiendo a un Convento que se encuentra en el Vedado y supe de primera mano lo que cuenta Monseñor. Las Siervas de María no tenían un asilo de ancianos propiamente, pero se dedicaban, o mejor dicho se dedican a cuidar enfermos en las noches, casi siempre muy mayores y en fase terminal, a ellas su superiora les recomendó salir de Cuba pero 14 de ellas decidieron quedarse a pesar de lo peligrosa e incierta de la situación. Ellas fueron una especie de madres amorosas para mi y me enseñaron el valor del sacrificio y el amor al prójimo. En el año 80 yo era un adolescente pero pude de alguna forma participar en el ENEC, tuve el honor de conocer personalmente a Monseñor Carlos Manuel, así como otras personalidades de la Iglesia y sobre todo el privilegio de saludar y compartir unos momentos con la Madre Teresa de Calcuta. Hablando de honor, recuerdo con mucho cariño en la fiesta del Centenario de Las Siervas al poeta Elíseo Diego, quien los últimos años de su vida asistía al convento de 23 y F recitar un hermoso poema dedicado especialmente a esas hermanas que dejaron comodidades y familias en España para llevare a los ancianos y enfermos la salud del cuerpo y el alma. ¡Mis respetos y amor para mi familia religiosa de Las Siervas de María!
Alfonso Rojas 20 diciembre 2020 - 12:03 PM
Me quiero centrar en lqa anecdota de Fidel con Celia y el reto de que sobreviviera con la misera comida que le sirvio, no sobra decir que el regente nunca paso hambre desde que alcanzo el poder y tampoco antes segun creo, es que esa escena demuestra la farsa que fue la Revolucion, nunca se hizo para los pobres y basta mirar la actualidad ahora esas miseras raciones aun son mas pequeñas, que escena en pocas palabras y en pocos hechos se desnudo la miseria y la traicion de Castro contra los pobres de Cuba.
Sofia. 20 diciembre 2020 - 2:05 PM
Es un buen escrito, solo 1ro quisiera agregarle estas muy significativas cosas; la situación estaba en conflicto entre la Iglesia Ortodoxa y la Católica, por una razón humana. Falta recordar que en 1945 miles de NAZIS huyeron con la ayuda del Vaticano a través de la llamada “ ruta de las ratas” principalmente hacia Sudamérica. 2do-Yuriy Andropov, al sustituir a Breshnev, se da cuenta que la URSS era una METROPOLI – la UNICA en la historia saqueada por sus “colonias”. Miles de millones de USD costaba a la URSS la ayuda a los países en vía de desarrollo y países socialistas. (1982-1884). Gracias a LJC.
Alejandro Muñoz Mustelier 20 diciembre 2020 - 3:03 PM
Muy buena entrevista. Es un tema sobre el que es bueno arrojar luz, porque muchas veces la opinión general es que la relación de la Iglesia con el proceso revolucionario del 59 fue homogénea.
tony crespo 20 diciembre 2020 - 3:28 PM
.....algo oscuro y nebuloso en el relato-entrevista.....es una versión de la historia muy resumida y con muchos chismes el del relator-entrevistado a pesar de su “sabiduría”, prosapia aristocrática, cultura, etc, etc, todos elementos imprescindibles en el ascenso de dignidades eclesiásticas le faltó algo que no sabemos para que en el reparto de estas dignidades en 60 años no pasará de “camarero del papa” que es título más bajo en la jerarquía católica....recuerdo que se le criticó muchísimo por su compadreo, disfrute de prebendas y otros picadillos con algunos de los dirigentes del estado.....murió con la ambición frustrada siempre de ser pasado por alto de ser obispo? ....arzobispo....?.....cardenal?
Sofia. 20 diciembre 2020 - 4:04 PM
La Revolución sobrevivió gracias al apoyo dentro de Cuba, pero también gracias a ese apoyo internacional de la Unión Soviética, eso es cierto. Pero impusieron unas líneas ideologías tremendas, una burocracia tremenda. SEÑOR MIO, ESO FUE HACE 30 AÑOS A TRAS , YA HUBO TIEMPO SUFICIENTE PARA HACER EL SOCIALISMO AL ESTILO DE SUECIA, lo que pasa que no somos suecos.
Eva 20 diciembre 2020 - 5:55 PM
Excelente entrevista que bueno poder disfrutarla Celia fue extraordinaria. Para contarte una anécdota, cuando empezó la Libreta de Abastecimiento y todas estas cosas, Fidel iba a almorzar a su casa, en la calle 11, entre 10 y 12, en el Vedado, en un apartamento grande. Entonces llega un día y se encuentra con que, en su puesto, hay como seis o siete cartuchitos cerraditos por todas partes. Le pregunta: -¿Qué es eso? -En uno hay arroz, en otro hay frijoles, y así. Esos cartuchitos son lo que tú pretendes que se coman cada uno de los cubanos durante un mes. Mira a ver si tú puedes vivir un mes con eso que hay ahí, que es menos de lo que tú comes en un día aquí. Esa era Celia. *** Que diría Celia hoy? Creo que estaría atrincherada en la Sierra nuevamente Gracias al autor y a LJC
Sofia. 20 diciembre 2020 - 9:45 PM
Las escuelas cubanas del campo fue la propuesta de SUECIA y no de la URSS. (1975 aqui un fragmento del comandante y ¿que paso después? ) El aporte de Suecia al sector de la educación ha representado el equipamiento de 141 secundarias básicas en el campo, los laboratorios para esas escuelas (APLAUSOS), el equipamiento de 51 seminternados de educación primaria; de ocho filiales pedagógicas; de nueve escuelas de formación de maestros primarios, entre ellas esta bella escuela que tenemos en Santiago de Cuba (APLAUSOS); de siete institutos de superación educacional, y de seis institutos pedagógicos. Además, donaron también todo el equipamiento para dos magníficos institutos tecnológicos: el instituto electrónico de Rancho Boyeros, "Eduardo García Delgado", y el instituto de refrigeración de Santa Clara, "Lázaro Cárdenas" (APLAUSOS). En el sector de la salud pública, la colaboración sueca ha representado el reequipamiento y modernización de 52 hospitales en las especialidades de rayos X, laboratorio, anatomía patológica, anestesia y cirugía cardiovascular (APLAUSOS). A esto hay que añadir las magníficas salas de terapia intensiva con que cuentan hoy muchos de nuestros hospitales.
cubano47 21 diciembre 2020 - 1:22 AM
Eso no fue ninguna colaboracion fue, el pago por los servicios prestados a la estancia de Miles de chilenos llegados a Cuba desde 1973. Esto se puede ver en un documental al embajador sueco en chile tambien hay una pelicula.
cubano47 21 diciembre 2020 - 1:50 AM
No creo que la propuestas de las ESBEC venga de Suecia, ya estas existian desde 1971 pero si que las equiparon con todo lo que usted cuenta y no solo eso tambien la flota pesquera de plataforma recibio motores Volvo para sus barcos.
Rey 20 diciembre 2020 - 10:17 PM
Interesante entrevista, siempre me parece bueno entender que piensan las personas q vivieron la historia. Una pequeña correccion con todo el respeto al ilustre entrevistado, ningun pais de Europa es Socialista, asi q si lo q persiguen es el sistema de Suecia, no tienen q inventar mas, se llama Capitalismo Saludos
Sofia. 21 diciembre 2020 - 12:19 AM
Rey ,asi es, La Rev. Socialista de Suecia fracaso en 1917. Pero este país nunca fue capitalista salvaje ni tampoco socialista como la URSS, es decir Lagom capitalista y Lagom socialista, actualmente su forma de Gob. es Monarquía Constitucional(Rey +Primer Ministro.) También es miembro de la UE. Acentuó que en Suecia se cierran Iglesias por falta de feligreses, es sin duda el país mas secularizado del globo con un alto grado de ateísmo y agrotisismo, aunque no deja de ser culturalmente luterano. El luterano es muy trabajador porque tiene en la medula el mensaje de Lutero: “Que solo con el trabajo se gana el cielo”. No tenemos cabida, no somos luteros somos de Yoruba. Saludos
Alex Garcia 23 diciembre 2020 - 5:31 PM
Ese era el mensaje dictado por la URSS despues del cisma del Movimiento Socialista posterior a la 1ra GM y que todos sus partidos subordinados, incluyendo el cubano, repitieron hasta la saciedad pero ello no indica que sea la verdad. Los socialistas escandinavos, alemanes, franceses y otros, difieren de ello. Cuando nos hacemos la pregunta, sobre quien alcanzo a construir una sociedad mas justa para todos, incluyendo obreros y campesinos: La respuesta es facil. Revise ud. las regulaciones para la composicion de la junta directiva de las empresas en esos paises, como en ellas deben estar representadas, por ley; los sindicatos (los de verdad, no estas marionetas de ventrilocuos), las mujeres y otros. Analice el presupuesto del Estado (que por cierto es de dominio publico en su totalidad) , sus partidas por sector y vea a donde va la plata. Revise sus leyes sobre la transparencia de los asuntos de Gobierno. Revise la tasa impositiva acorde a ingresos, las regulaciones para invertir acorde a las necesidades del pais, trazadas siempre por expertos y sujetas a verificacion por parte de los genuinos representantes del pueblo, documentese sobre sus leyes electorales. El lugar que ocupan en el escalafon mundial sus servicios de salud y educacion publicas, el numero de bibliotecas, los incentivos para que los campesinos quieran vivir en el campo, etc . Aquellos que se guian por los resultados, sabran quien gano la batalla por el derecho a llamarse Socialista. Si algun que otro trasnochado quiere decir que suspendieron alguna prueba de pureza ideologica, pues que siga intentandolo con el "socialismo real", a ver si le acaba de salir bien de una buena vez Marx jamas hablo de estatizar la economia, Stalin, que no era ducho en teorias pero tenia la astucia de un lobo, reimplanto, cambiandole los nombres, aquellas estructuras que sabia que funcionaban para tener a la masa sujeta, las del zarismo vertical e implacable con el disenso. Eso si, se cuido mucho de que los antiguos titulos nobiliarios fuesen cambiados por otros con aroma proletario.
Sofía Graciela 21 diciembre 2020 - 5:56 PM
Interesantísima entrevista. Me dejó con los deseos de leerla alguna vez publicada completa. ¡Cuántas cosas vividas! Me agradó su percepción imparcial de los acontecimientos: de un lado, Estados Unidos presionando para hacer fracasar la Revolución y del otro, la URSS pulsando en la Guerra Fría frente al gran oponente. La comunidad católica arrastrada entre esos extremos y la población en general, rehén de un conflicto que nos sobrepasaba a riesgo de hundirnos en el mar... ¡Qué horror! La independencia cuesta cara, pero es lo verdaderamente salvador. El llamado "socialismo real" de corte estalinista implantado contra natura y por elemental instinto de supervivencia, nos hizo mucho daño y todavía lo sigue haciendo entre los más viejos que han retrasado los cambios necesarios por puro dogmatismo, para llegar hoy al punto de tener que hacerlos en el peor momento con altas dosis de riesgo, a pesar del talento y la vocación de querer arreglar las cosas de los nuevos dirigentes. Y en contraposición, los odiosos mafiosos de la extrema derecha miamense sembrando odios y financiando a un ejército de lumpem proletarios y delincuentes para desestabilizar el país. En los 90 reconocernos jodidos, pero nosotros mismos pataleando por salvarnos, fue en el caso de la generación de mis padres, el motor que los levantaba en medio de las horribles carencias, para seguir pedaleando y darlo todo. Estábamos materialmente en el fondo, pero Cuba todavía conservaba un capital político inspirador. Es una pena que tan pronto apareció Venezuela con su ayuda en petróleo, se hayan paralizado las reformas de entonces. Hoy estaríamos mejor. Y no faltaron voces advirtiéndolo. Con todo lo fastidiado que estamos por la despidiada política de Trump hacia Cuba y tantos años de Bloqueo, no dejo de sentir cierta alarma por el entusiasmo que percibo en sectores de la población por un Biden más hacia el encuentro con Cuba, lo cual sería positivo pero... ojo: Mi temor es que esto vuelva a confundir y a acomodar a quienes desde posiciones decisorias en materia económica y comercial, pretendan ganar dinero fácil del llamado "mercado natural", en vez de producir, porque entonces sí que adiós independencia y tantas generaciones de mi familia se habrían sacrificado en vano.
Lorenzo 22 diciembre 2020 - 10:13 AM
Veo muy pocos datos históricos verificables, más bien opiniones del P. Carlos, casi siempre a nivel de chismes que le encantaba compartir. Conviví con el El P.Carlos desde Sept. 1966-Abril 1969, cuando lo nombraron Rector del Seminario San Carlos. Yo empezaba mis 3 años de Filosofía. Nuestro cuarto estaba al lado de él. Puedo decir que lo conocí; pero no lo recuerdo con simpatía: intelectual acomodado, no aprobado por los obispos de su época (fui sustituído de su cargo en pocos años). Se rodeó de periodistas y seudo-intelectuales que pronto lo hicieron famoso y se dejó utilizar por los Castro por usar sus históricos apellidos y su planchada sotana. Lástima que no utilizó su inteligencia para una mejor evangelización. El polo opuesto ha sido su hermano, gran obispo de Matanzas. La entrevista es pobre y deja mucho qué desar
Edward R. Oliva 22 diciembre 2020 - 12:43 PM
Interesantisima entrevista. Que bueno que haya aclarado tantas cosas y que haya hecho justicia al Cardenal Manuel Arteaga Betancourt quien fue muchas veces calumniado.
Fer 22 diciembre 2020 - 7:05 PM
Interesante entrevista. Lastima no poder leer acerca de importantes figuras de Cuba sólo porque los medios oficiales se centran en otro tipo de personas de la preferencia del gobierno. Saludos.

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