―¿Tampoco hay capacidades para ese ómnibus? ¡Desde ayer estoy en la Lista de Espera y la cola de fallos no camina!
―¿Acaso es culpa nuestra que la demanda supere la oferta?
―Es su deber atender las demandas a esa oferta.
―¿Qué pretende? ¿Inventar un fallo para que usted viaje?
―Que no haya invento. La guagua de Santiago vino con seis asientos vacíos y se fue llena.
―Tuvimos que priorizar un turno médico, dos empleados y tres más que alegaron ser técnicos que van a la Renté a echar a andar todas las unidades de esa termoeléctrica para que usted, yo y esta terminal no suframos más apagones.
―Otro fallo, y no precisamente a favor de los que estamos en la lista.
―¿Insinúa que somos un Estado fallido?
―¿Qué tiene que ver la Lista con el billete? Absténgase de cuestionamientos morales.
―A eso iba. ¿No escuchó el discurso de Morales Ojeda en el aniversario 65 de la sublevación de Cienfuegos, cuando fustigó a los que sueñan con otro alzamiento en Cuba?
―Dijo también que «tenemos dificultades, desabastecimientos y carencias innegables, dolorosas algunas, que constituyen cada día la principal preocupación y el desvelo de los que asumen responsabilidades en el Partido, el Estado, el Gobierno»… y la Lista de Espera de Ómnibus Nacionales.
―Nos encontramos, enfatizó, «ante un diseño de guerra económica concebido para generar carencias de todo tipo, que provoquen desesperación en el pueblo».
―Y en los que llevamos aquí más de un día.
―¿Ve como cae solito? El secretario de Organización y Política de Cuadros lo retrató cuando dijo que hay cínicos que «despliegan una feroz campaña mediática de descrédito hacia el socialismo» y «tildan de incapaz al Gobierno y de que no ha sabido encaminar el desarrollo del país, tratando de imponer la idea del Estado fallido».
―¿Cínico porque señalo los fallos de una lista de fallos que no da fallos?
―Pero arremete contra los que «tenemos la responsabilidad histórica de demostrar, en medio del bloqueo y las agresiones, que el socialismo, además de ser el sistema social más humano y justo, puede producir y prestar servicios con calidad y eficiencia». Lo dijo Ojeda.
―Para aceptar a continuación que «Es difícil». «Mi trabajo es usted» es una cantaleta que estamos oyendo hace décadas. Todavía quieren que entonemos «Nadie va a quererte como yo», un éxito de José Valladares de hace cuarenta años. Lo cantó Ojedita.
―Eso es lo que les duele a usted y a unos cuantos: los éxitos de un país que avanza.
―Y de una cola que no lo hace.
―Hay dificultades que, para su solución, necesitan de medidas que ya se tomaron, se toman y se tomarán, pero «requieren inevitablemente de un proceso escalonado y de tiempo para que sus resultados puedan apreciarse».
―¿Más tiempo del que llevo en este recinto?
―Más gente que se apriete el cinto… y menos odiadores. Usted demuestra ser uno de ellos.
―¿Porque reclamo mi derecho a reclamar?
―Porque se rebela y arrastra a sus congéneres a la subversión ideológica, habiendo mil lugares donde protestar, como asegura Con Filo.
―¿Y dónde están los otros novecientos noventa y nueve?
―Donde haya que estar para combatirlos a ustedes. Cualquier cosa les parece mal: ahora critican el duelo oficial por la muerte de la reina Isabel.
―Fue muy decente esa decisión, pero le confieso que me gusta el chiste de que «la calle Reina muere donde comienza Carlos III».
―Nada de extrañar en su persona. No crea que me pasó inadvertido que por la madrugada disfrutó en su celular a la Massiel: «Voy gritando libertad y no quieren oír», menudo llamamiento para otro 11 de julio; «Di que no, di tú también que no», a pocas semanas del referendo del Código de las Familias; «Toma la piedra, deja la flor», un llamado a prescindir de desfiles con rosas y asumir el acto vandálico como norma.
―Conoce bien a esa cantante española. ¿Se la copio?
―Mejor no. Capaz de que me dé una canción, luego haga un discurso sobre su derecho a hablar… y sabotee la Lista de Espera.
―El «sabiotaje» hace más daño, ese que nos imponen los sabios que se las saben todas, cometen errores una y otra vez, y no rinden cuentas de su larga lista… de fallos.
―«¡Vendrán mejores tiempos! ¡Se ha trabajado para eso! ¡A seguir!», ha exclamado el presidente.
―¿Seguir cometiendo fallos?
―Usted no tiene reservación ni reserva su odio para emprenderla contra todo. Regrese a su asiento si no quiere que lo elimine de la lista.
―¿Me impedirá viajar?
―Tómelo como desee. Me arrogo la potestad de regular la salida y entrada de pasajeros desde y hacia el territorio nacional.
―Vaya toque de democracia.
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