El radical José Martí y los radicalismos actuales

(Foto: Kaloian Santos Cabrera)

Uno de los problemas más acuciantes del mundo actual, y de Cuba en particular, es el de la extensión de los extremismos de diferente signo político. Su mecanismo principal de formación es el llamado proceso de radicalización, que puede dar lugar a posturas que van desde dogmatismos ideológicos hasta el terrorismo en sus diferentes manifestaciones, tanto el practicado por el Estado como el de grupos y organizaciones que postulan el empleo de la violencia para lograr sus fines políticos.

En nuestra historia, el término radical ha tenido una connotación asociada más a caracterizar posturas políticas e ideológicas de izquierda que a describir métodos de acción violenta. Si como bien decía Martí: «Por la confusión de los términos se confunden los hombres. No hay que estar a las palabras, sino a lo que está debajo de ellas»,[1] entonces es preciso dilucidar cuánto de radical había en él, o mejor: ¿qué tipo de radical era y cuáles serían sus puntos de contacto y diferencias con los radicalismos actuales?

En el 169 aniversario de su natalicio, analicemos esta faceta de su obra política que tanto lo acerca a los problemas cubanos de hoy.

-I-

Según el Diccionario Panhispánico del español jurídico, radicalismo es una: «Actitud extremada e intransigente de las personas que no admiten términos medios»; mientras que radicalización es aquel: «fenómeno por el que las personas se adhieren a opiniones, puntos de vista e ideas que pueden conducirlas a cometer actos terroristas».

Entre las acepciones de radical que ofrece el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, se encuentran cuatro que pueden aplicarse a la vida política: «Fundamental o esencial; Total o completo. Cambio radical; Partidario de reformas extremas; Extremoso, tajante, intransigente». Esta última, es la que impera en el lenguaje político de estos tiempos.

En la contemporaneidad, ambos términos se asocian al crecimiento del terrorismo internacional, y las personas que asumen estas posturas son denominadas radicales. De modo que, aunque subsistan hasta partidos tradicionales que se autodefinen como «Radicales», de acuerdo a las expresiones al uso cualquier grupo, partido o ideología que sea calificado de esa forma puede ser relacionado automáticamente con la promoción y práctica del terrorismo. 

No obstante, en el discurso político martiano el término en cuestión estaba más apegado a su origen latino: radix (raíz), de ahí que postulara: «las cosas hay que verlas en sus causas y objeto, no en la superficie […] A la raíz va el hombre verdadero. Radical no es más que eso: el que va a las raíces. No se llame radical quien no vea las cosas en su fondo». (T. 3, p. 32 y T. 2, p. 380).

Monumento a José Martí en el Parque de la Libertad, Matanzas.

En la Cuba del último cuarto del siglo XIX, en torno a la posibilidad de la revolución se libraba una aguda lucha de ideas entre los defensores del estatus quo, que la negaban o tergiversaban, y los revolucionarios radicales, que la auspiciaban como única solución viable ante los desafueros coloniales. Martí encabezaría esta segunda tendencia entre 1891 y 1895, época en que funda el periódico Patria, el Partido Revolucionario Cubano (1892) y se convierte en el líder que organizaba y dirigía los preparativos la Guerra Necesaria.

La radicalidad de su pensamiento no estaba en la adopción de métodos terroristas que provocaran la caída de los gobiernos a través del miedo generalizado y la destrucción de la riqueza pública y privada. Aunque tuvo que apelar a la reanudación de la lucha armada como medio de alcanzar la independencia, lo hizo mediante una estrategia que minimizara la magnitud de los daños humanos y materiales y beneficiara al mayor número de cubanos, españoles e inmigrantes de todas las razas, ocupaciones, ideologías y estratos sociales.

Solo reconociendo el carácter de necesidad histórica que tenía para Cuba la revolución, pudo resolver Martí el grave problema ético que significaba para un humanista de su talla ser el inspirador máximo de una guerra devastadora. Para él, la guerra era la forma más violenta que podía asumir la revolución; un procedimiento político para lograr realizar el brillante destino a que aspiraba el pueblo cubano y que España le negaba tozudamente. Por eso declaraba:

«Es criminal quien promueve en un país la guerra que se le puede evitar; y quien deja de promover la guerra inevitable. Es criminal quien ve ir al país a un conflicto que la provocación fomenta y la desesperación favorece, y no prepara, o ayuda a preparar, el país para el conflicto». (T.1, p. 315).

Lo radical de su análisis se extendía al plano internacional, pues pensaba que la contienda revolucionaria se realizaría para bien de América y del orbe, ya que sus causas eran locales pero de idea e interés universales. Así lo explica al mundo en el programático «Manifiesto de Montecristi»:

«La guerra de independencia de Cuba, nudo del haz de islas donde se ha de cruzar, en plazo de pocos años el comercio de los continentes, es suceso de gran alcance humano, y servicio oportuno que el heroísmo juicioso de las Antillas presta a la firmeza y trato justo de las naciones americanas y al equilibrio aún vacilante del mundo». (T. 4, p.100).

La radicalización de la lucha por la independencia con el aporte del moderno contingente obrero de Tampa y Key West era una peculiaridad de la época que fue aprovechada por el Apóstol, quien acudió a estas poblaciones floridanas a crear su obra mayor: el Partido Revolucionario Cubano. Allí reconocería que aquella: «turba obrera» [era] «el arca de nuestra alianza, el tahalí (…) donde se ha guardado la espada de Cuba, el arenal redentor donde se edifica!». (T. 4, p. 278).

En medio de esos avatares políticos, creo Martí el periódico Patria, órgano del pensamiento revolucionario antillano más radical y patrimonio de él y sus más allegados ideológicamente. Su artículo inaugural, «Nuestras Ideas», explicita cómo aspiraba que fuera la república cubana, fruto de una verdadera revolución:

«El cambio de mera forma no merecería el sacrificio a que nos aprestamos, ni bastaría una sola guerra para completar una revolución cuyo primer triunfo solo diese por resultado la mudanza de sitio de una autoridad injusta. Se habrá de defender en la patria redimida la política popular […] y ha de levantarse […] un pueblo real y de métodos nuevos, donde la vida emancipada, sin amenazar derecho alguno, goce en paz de todos». (T. 1, p. 319).

-II-

La radicalidad de Martí sobrepasó su obra práctica y se plasmó en su ideal de la   revolución como transformación hacia una sociedad más justa: «La justicia, la igualdad del mérito, el trato respetuoso del hombre, la igualdad plena del derecho: eso es la revolución». (T. 3, p.105). Su fruto sería la instauración de una república cubana: «[…] justa y abierta, una en el territorio, en el derecho, en el trabajo y en la cordialidad, levantada con todos y para el bien de todos […] una nación capaz de cumplir, en la vida histórica del continente, los deberes difíciles que su situación geográfica le señala». (T. 1, pp. 272 y 277).

Estatua en el Parque José Martí, de Cienfuegos.

En ese sentido, distinguía muy bien su lugar en los dos momentos del proceso revolucionario que se avecinaba, la guerra y luego la paz: «¿Qué dónde estoy? En la revolución; con la revolución. Pero no para perderla, ayudándola a ir por malos caminos!». (T. 22, p. 73). Esos desvaríos no eran otros que la recaída en los viejos caudillismos militaristas, tan dañinos para Latinoamérica. Al respecto aseveraba de manera clara y contundente:

«La idea de la persona redentora es de otro mundo y edades, no de un pueblo crítico y complejo, que no se lanzará de nuevo al sacrificio sino por los métodos y con la fuerza que le den la probabilidad racional de conquistar los derechos de su persona, que le faltan con el extranjero, y el orden y firmeza de su bienestar, imposibles en la confusión y rebeldía que habrían de seguir, en un pueblo de alma moderna, al triunfo de una guerra personal, más funesta a la patria mientras más gloriosa». (T. 2, p. 280).

Martí estaba decidido radicalmente a impedir en Cuba la prevalencia de una sociedad autoritaria —concepto poco mencionado en los estudios de su pensamiento—,a la que consideraba: «basada en el concepto, cierto o fingido, de la desigualdad humana, en la que se exige el cumplimiento de los deberes sociales a aquellos a quienes se niegan los derechos, en beneficio principal del poder y placer de los que se los niegan: mero resto del estado bárbaro». (T. 19, p. 204).

Su radicalidad se expresaba también en una disposición permanente a la crítica y el debate político entre compatriotas, acordes con el ambiente de libertad de criterios que se postulaba en las comunidades de emigrados cubanos, ansiosos de practicar la libertad de pensamiento, opinión y prensa que les negaba el gobierno colonial. Para Martí: «El culto a la revolución sería insensato si no lo purgase el conocimiento de sus errores». (T. 2, p. 23).

Esa unidad en la diversidad la extendería al PRC, al que los clubes patrióticos se integraban sin perder su autonomía de criterios y acción, pues: «Abrir al desorden el pensamiento del Partido Revolucionario Cubano sería tan funesto como reducir su pensamiento a una unanimidad imposible en un pueblo compuesto por factores diversos, y en la misma naturaleza humana». (T. 2, p.177).

Para lograr la imprescindible unidad, el procedimiento fundamental de Martí era el diálogo, regido por el conocimiento profundo de los problemas a dilucidar, pues: «O se habla lo que está en el país, o se deja al país que hable». (T. 2, p. 216). El debate posibilitaría el intercambio de experiencias, conocimientos y puntos de vista diferentes hasta alcanzar un consenso fundado en la razón, no en entusiasmos pasajeros o compulsiones externas.

En este punto es donde se bifurcan totalmente los caminos del Martí radical y los radicalismos actuales, tendientes al terrorismo o a la negación absoluta de la pluralidad. Martí es radical por sus fines políticos, no porque privilegiara métodos violentos o una voz única para alcanzar sus objetivos.

La causa política de esta aparente contradicción —más allá de su ética humanista—, radica en la falta de democracia y diálogo sincero que encontraba en las organizaciones armadas de la sociedad militar, basadas en el caudillismo de ordeno y mando, a diferencia del debate franco y abierto que caracteriza a la sociedad civil. Por ello sostenía:

« (…) ¡que los pueblos no son como las manchas de ganado, donde un buey lleva el cencerro: y los demás lo siguen! […] Si se desgrana un pueblo, cada grano ha de ser un hombre. La conversación importa; no sobre el reglamento interminable o las minimeces que suelen salirles a las asociaciones primerizas, sino sobre los elementos y peligros de Cuba, sobre la composición y tendencias de cada elemento, sobre el modo de componer los elementos, y de evitar los peligros». (T. 2, p. 17).

La ideología liberal y democrática de su tiempo, encontró en Martí uno de sus representantes más radicales. La ideología terrorista y autoritaria de los radicalismos actuales, tanto de los defensores a ultranza del Gobierno/Partido/Estado; como la de sus opositores extremistas, dispuestos a destruir el país si es preciso para hacerse con el poder, en nada coinciden con la genuina radicalidad martiana.

***

[1] «Autonomismo e independencia», New York, 26 de marzo de 1892, Obras Completas, 28 tomos, t. I, p. 355. Todas las citas de Martí corresponden a esta fuente, en las sucesivas solo se consignará, entre paréntesis, el tomo y las páginas.

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13 comentarios

Al Rojas 28 enero 2022 - 6:26 AM
no hay alguien más manipulado y tresvigersado que Marti de parte del castrismo dominante, si se sigue al Apóstol los cubanos hace rato se debieron de alzar en armas contra la familia real y sus secuaces.
Barba E Truk 28 enero 2022 - 6:46 AM
De Marti no nos podemos olvidar nunca, ni nos podemos olvidar de los malos cubanos, que hablan mal de la Revolución y hacen campañas contrarrevolucionarias. Como ayer hablaban mal de Maceo, como ayer hablaban mal de Máximo Gómez, de Martí y los llamaban con los peores calificativos y las peores palabras; a mi, me han puesto el Barba E Truco
manuel figueredo 28 enero 2022 - 10:19 AM
Honremos al Apóstol JOSÉ MARTÍ rechazando, en todas sus formas, la DICTADURA que oprime la patria en que nació. ¡ Viva Cuba Libre ! Patria y Vida.
dario 28 enero 2022 - 11:07 AM
Salvando distancias temporales,todo el mndo sabe que Marti,un liberal,nunca hubiera estado de acuerdo con posturas totalitarias n determinismos politicos ni economicos.Solo los que han tenido a osadia de ligar el pensamiento martano a las posturas politicas de ordeno y mando,esgrimiendo diversas ideologias son los que preteden invocar el partido unico martiano a los fines de la dictadura totalitaria clasista,la division enre Mejores,Vanguardias y pueblo en general.Como un liberal no puede ser marxista,marti no pudo ser predicador de la lucha entre cubanos,sino la democracia mas plena y la soberania basada en la voluntad popular.El totalitarismo es incompatible con la patria con todos y para el bien de todos.
El inagotable, Orlando J Martinezi 28 enero 2022 - 11:21 AM
Sacaron un video de una mulata riendose. Dice estar feliz de vivir en ese pais. Pago 2 000 pesos de factura electrica, se comió el arroz y la cuota de azúcar del mes. 150 pesos le costo una caja de cigarros, y 600 pesos un pomo de champú
Oscar+Alvarez 28 enero 2022 - 11:41 AM
El caudillismo que Marti hizo tanto por evitar para que no se impusiera sobre unas instituciones republicanas que garantizaran los derechos de todos los cubanos y no dictaduras que impidieran el libre ejercicio de todos los derechos de cada ciudadano, en un pais de composicion tan compleja como la Cuba de esa epoca, radica la causa de su caida en Dos Rios, en la cruz que forman el Cauto y el Contramaestre. Horas antes habia expresado "yo, por Cuba, me dejo clavar en la cruz". Los caudillismos que sufrimos durante una Republica castrada y que Marti hubiese podido evitar que surgieran. Un estudio mas profundo y "radical" del debate ocurrido en La Mejorana y de porque en su diario de campana escribe: nos vamos como echados y tambien, por que no, de porque se piede del diario recuperado por Gomez de una pagina del mismo, podamos encontrar una respuesta de por que estamos hoy en una situacion politica y social que en algunos de sus aspectos esta tan alejada de las aspiraciones de Marti. Creo que se ha privilegeado hacernos una historia romantica y heroica expurgada de cualquier hecho que pueda enfrentarnos con verdades que nos sacudan desde la raiz y nos muestren que nuestros heroes tienen imperfecciones y hasta vilezas que desdibujarian la aureola de la que falsamente les hemos rodeado. Si no llegamos a entender plenamente de donde venimos, tampoco entenderemos donde estamos y hacia donde nos dirigimos.
Rolópez 69 28 enero 2022 - 5:54 PM
Gracias, Profe Mario. Excelente artículo para honrar al Apóstol en el Aniversario de su natalicio. Creo que nadie mejor que usted hoy en LJC por su devoción a Martí. Mi abuelo se hubiera sentido orgulloso al leer sus análisis y mi padre también, el primero descendiente de un colaborador de Martí en Tampa y que atesoró una bandera cubana traída por él del exilio y el segundo un masón que desde niño me inculcó el respeto y la veneración al Apóstol al que no logran enseñar en nuestras escuelas y que Ud perfectamente nos ha disertado en su texto. Le reitero mi gratitud y también a LJC por estar a la altura de estos tiempos. Saludos.
Rolópez 69 28 enero 2022 - 6:02 PM
Recuerdo que siendo niño mi abuelo reunió a toda la familia en el patio y se dispuso a quemar la bandera porque estaba deteriorada por el paso de los años. Yo no salía del asombro al ver aquello y me tranquilizó diciendo que había que obrar así para evitar que fuera deshonrada. Yo sabía de su amor por nuestro Símbolo Nacional y en especial por esa bandera que una vez fue testigo de un acto donde participará el Apóstol Le confieso que ese día, viendo arder en llamas la bandera de las cinco franjas y la estrella solitaria, reunida toda la familia, escuchando a mi abuelo tocar con su filarmónica el Himno de Bayamo y entonándolo luego, aprendí más de amor a la Patria y respeto por Martí que en todos mis años de estudiante.
Mario+Juan+Valdés+Navia 28 enero 2022 - 9:30 PM
Gracias por los comentarios. Rolopez, no sabe cuánto me ha conmovido su comentario porque estuve haciendo la historia del club Ignacio Agramonte de Tampa, el que invitó a Martí a la famosa visita donde pronunció Con todos y para el bien todos y Los pinos nuevos, y elaboró junto a los patriotas locales las Resoluciones de Tampa que darían lugar a las Bases del PRC. Lamentablemente no he podido concluirla. Su bisabuelo fue uno de esos patriotas que lo recibieron y aclamaron en Tampa y esa bandera flotó en los actos donde hablaba el Apóstol. Usted tiene un heroico antecesor. Gracias por sus criterios.
Carmen 29 enero 2022 - 1:44 AM
Ser radical hoy puede conservar su sentido positivo de "ir a la raíz", que implica tomar una decisión o un grupo de ellas hacia un estado de no vuelta atrás, aunque ello encarne desgarraduras que están en la esencia misma de ser radical. Ese sentido hay que rescatarlo aprendiendo de la capacidad martiana de dialogar, de la cual son muestras las cartas que dirigió a Gómez y a Maceo, desde donde aprendimos aquello de "una república no se gobierna como se manda un campamento". Hay que razonar abiertamente sobre la realidad cubana aunque uno se vuelva sospechoso, pero con buena voluntad, rescatando también la eticidad martiana, y no permitir que la opinión diferente, aunque fundada y coherente, vaya a caer en el saco de los lugares comunes de la estigmatizacion.
Carmen 29 enero 2022 - 1:48 AM
Muy oportuno su trabajo, profesor Mario. Me ha dejado pensando. Ser radical hoy puede conservar su sentido positivo de "ir a la raíz", que implica tomar una decisión o un grupo de ellas hacia un estado de no vuelta atrás, aunque ello encarne desgarraduras que están en la esencia misma de ser radical. Ese sentido hay que rescatarlo aprendiendo de la capacidad martiana de dialogar, de la cual son muestras las cartas que dirigió a Gómez y a Maceo, desde donde aprendimos aquello de "una república no se gobierna como se manda un campamento". Hay que razonar abiertamente sobre la realidad cubana aunque uno se vuelva sospechoso, pero con buena voluntad, rescatando también la eticidad martiana, y no permitir que la opinión diferente, aunque fundada y coherente, vaya a caer en el saco de los lugares comunes de la estigmatizacion.
José A. Huelva G. 29 enero 2022 - 4:18 AM
Bueno, voy a dar una opinión que sé (sin empezar) que puede resultar un poco controvertida. Me querrán crucificar, pero... que le importa al Tigre una raya mas... Creo que el uso de Martí como referente político patriótico en ocasiones excede los límites. Son muchos los periodistas, escritores y estudiosos de todo tipo que invocan constantemente al Héroe Nacional y su impronta política desde uno y otro bando, de forma que prostituyen sus ideas pretendiendo justificar su actos y pensamiento basados en este. Pero ocurre lo siguiente: La verdad pura y dura es que el pueblo de Cuba jamás se identificó plenamente con el pensamiento Martiano. Y para decir esto me baso en el hecho de que en las Guerras de Independencia pelearon muchos mas cubanos del lado de España que del lado de los Independentistas. Son hechos históricos demostrados y corroborados. Mi abuelo, (campesino humilde), siempre nos contó a sus nietos como el tata agradecía a los norteamericanos la Independencia porque sin ellos nunca hubiera sido posible. El tata peleó con ellos en contra de España. Y también nos dejó muy claro que una mayoría de criollos nacionales estuvieron a favor de España. Yo recuerdo que yo no discutía jamás con él, (eran tiempos del "ordeno y mando" familiar a rajatabla), pero yo creía que estaba equivocado porque en la escuela nos hablaban de las glorias mambisas, y de la "injerencia americana". Nunca se nos decía que algunos de nuestros propios generales solicitaron ayuda a EEUU, amen de la declaración de Guerra entre ellos y España. Solo vine a conocer la verdad estando fuera de Cuba y entonces asocié con las historias del abuelo. Después de la Guerra, la ideología Martiana se ha usado indistintamente como el "sentir del pueblo cubano", pero una cosa son las palabras y otras las acciones. El hombre escribió muchas cosas de las cuáles hoy muchos "expertos" pretenden hacer interpretación, sin tener idea real de que quiso decir, en que contexto y porque. Entonces ocurren las confusiones y por eso es mejor ir a los hechos. No estoy criticando a nadie. Solo expongo mi punto de vista que también está basado en mi realidad y no pretendo que todos piensen como yo.
nelsonrodrigueztriana 31 enero 2022 - 3:14 PM
Gracias Rolopez por su relato sobre la quema de la bandera. Son muchas las que ondean y no están en condiciones de ser izadas. Claro que su relato tiene una fuerte carga patriótica pero así debe ser cada vez que se tenga que proceder a una quema del estandarte

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